Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Internacional Socialista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Internacional Socialista. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de febrero de 2011

Túnez y el Tesoro de Ben Alí

    

     Según la televisión pública tunecina, el sátrapa depuesto Ben Alí vivía entre montañas de dinero, oro y diamantes en su palacio de ensueño de Sidi Bou Said, a las afueras de Túnez. ¿Por qué no pensar que pasara muchos de sus días revolcándose sobre esas montañas? Puso su esposa buen cuidado, antes de abandonar por patas el país, de arramplarse consigo ciento cincuenta y cuatro lingotes de oro. Puede que más que el valor crematístico fuera sobre todo el puro valor estético de contemplar en el sórdido exilio todo esos  lingotes juntos,  esa chocolatería espesa del sol más brillante, ese piélago cegador de lisura incomparable delante de los ojos de uno ante el que quedarse mudo. Nos recuerdan a todos esas montañas de oro y diamantes el pasmo boquiabierto de Alí Babá ante la maravillosa visión de aquella cueva atiborrada de refulgencias preciosas, que avistadas encima dentro de una oscura cueva deben asombrar mucho más.
     
      Treinta años le duró la satrapía a Ben Alí. Ahora, cuando me enteré de que Ben Alí, y su partido, y también mi amigo Mubarak y el suyo, eran miembros de pleno derecho de la Internacional Socialista, esa organización por encima de las patrias que vela sin descanso por los desheredados del mundo, después de la guasa facilona,  reflexioné a lo gran pensador, es decir, a lo Sabina y me dije… no-seré-yo el que arroje adrede basura sobre el socialismo internacional, que luego me dirán que sólo me fijo en una parte, que soy un facha sectario y tal, cuando uno sólo quiere que, conocidas de sobra las servidumbres de la realpolitik, y la dificilísima adecuación de medios y fines en los procesos históricos desde que el mundo es mundo, al menos no le den a uno lecciones de bondad universal quienes no dejan sin el más mínimo motivo de presumir de ella.   
      
     Dicen, desde Oscar Wilde para acá, que la Naturaleza imita al Arte. Es esto una verdad incontestable. Véase si no el carácter profético con que el arte de la zambra del grandioso cantaor que abajo pongo anticipó, avant la copla, la fantástica história de Ben Alí, el reciente sátrapa tunecino depuesto, que a su letra premonitoria a pies juntillas esforzóse él en aferrarse: “Ben Alí tiene la esencia de los jardines de Alá”, que como sabemos son los ríos de miel que no cesan de manar, vale decir, las riquezas del mundo terrenal allí traspasadas, al palacio soberbio que Ben Alí mandóse construir. “Y una mora en su presencia que bailaba en Tetuán”, y puede ser ella tanto la señora de Ben como la Internacional de antes, que tanto le bailara el agua a Alí. “Ven conmigo, linda mora a mi palacio a bailar… que a tu casa yo no paso que me puedes engañar”, y tenemos ya ahí el nudo y el desenlace de la historia que nos ocupa, que temía Ben el embrujo de la señora y a la postre fue él quien, palacio mediante, camelóse a ella, que no quería, ella no quería. Y el resto fue chiribiri, chiribiri del tahirir que les cayó encima durante tres décadas a los tunecinos, es decir, silencio.
     Esa canción sí que es verdadero Oro en paño y del bueno, señora de Ben Alí, y no sus lingotes robados, que lo son de los que defecara en una mala noche su señor. Esto si que debería usted escucharlo mil y una veces dondequiera sea el sórdido exilio en que se halle y pedir luego perdón por sus pecados.
    
     (Post-post: y según citan ahora las agencias, las masas tunecinas en triunfo no dejan por las principales avenidas del país de a coro canturrearle a los vientos esta canción, que perseguirá siembre la sombra funesta del tirano allá donde se halle)