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miércoles, 28 de diciembre de 2011

A la busca de los Wikileaks perdidos, oh, Mónica Lewinsky


     
      En el día de las Inocentadas se me ocurre rememorar las gansadas, vistas en la distancia reales faisanadas, que sobre los líderes españoles cableó sólo hace un año aquel cernícalo embajador a Washington y que quizás ahora mismo, lector, con las mismas palabras esté atribuyendo a los ahora comandantes del PP para privilegiada información de Hillary Clinton. (Hablando de Inocentes y de valiosísima información, qué habrá sido de Mónica Lewinsky, aquella carnal muñequita con su mítico vestido azul maculado, en qué rincón de Museo de Cera yanqui, recubierta del polvo de la Historia parará ahora ella, que con tantas ganas bebió hasta saciarse de las fuentes mismas del Poder)
     Volvamos a los estultos wikileaks de marras y paladeémoslos como merecen: “¿Zapatero? Un astuto felino en la jungla”. Poor Zetapé, mutado hoy en escaldado gatito zoquete de Somosaguas. Astuto-felino-en-jungla hoy, Rajoy, claro. “¿Bono? Un sabueso mediático”. Poor Bono, averiado potranco, del todo y de todos ahora desplazado. Hoy ese sabueso mediático es, por supuesto, Faraón Gallardón, por mayordomos atalajado. “¿Rubalcaba? Muy capaz, serio, encantador, impactante, inteligente”. Poor Rubalcaba, senecta ave de corral desplumada ahora, presta para caer en la cazuela de los que vengan, plomo en los párpados, más táctica que estratega ave. Ese alud ditirámbico los heredará en cables hoy González Pons. “¿Chacón? Lista, con el típico orgullo español”. Poor Chacón, enredada en los mimitos pijines de sus laberintos secesionistas, en el eco de las barricadas de sus nanas. Esos títulos wikileros se los arrampló ya la niña de Rajoy, la Viceniña que de golpe se hizo mujer. “¿Moratinos? Bienintencionado, idealista”. Poor Moratinos, tan idealista que no dejaba de llorar el día del cese, tanto, que quiso desde la FAO acabar con el hambre en el Mundo y ni eso le salió, en las trincheras de los manifiestos precongresuales hoy atrapado. Ese cable recae hoy sobre su Margallo sucesor.
     Pareciera que hubiera pasado un siglo desde aquellos wikileaks, oh Tiempos, cuán mudables y tornadizos los designios de la Fortuna, encriptados entonces por un embajador cernícalo. (Signo otro de la devaluación de los Tiempos: de la Inocencia vulnerable de la voluptuosa Marylin Monroe cuando JF Kennedy, a la Inocencia calculada de la becaria Mónica Lewinky, en el Oval embebida en los orgasmos zerolos de Bill, qué lío, poor Mónica también, tan bonita ella)      

miércoles, 20 de octubre de 2010

Angelitos del Planeta

    
     Es el Cardenal Rubalcaba el hombre del día. Tiempo tendremos de cumplimentar como se  merece al Faisán triunfador, de cantarle, como cumple, a los reflejos irisados de su plumaje reluciente. Dejémosle a solas por el momento, amancebado de gozo con su propio vuelo hacia la cumbre, para él todo el Poder y la Gloria enteritos, como el Golum del Señor de los Anillos zetapeicos, su tesooooro, que vaya tesoro.  
    
     Permíteme, antes, lector mío, dejarte unas palabras en mi blog, que es también un poco el tuyo, sobre una muy singular especie de literarios fracasati, por quienes uno, aunque sólo fuera por estrictas razones de cosanguinidad, no puede evitar sentir una  apabullante debilidad. Este año no lo he visto, pero en la edición anterior del Planeta repicaban las agencias el estricto dato de que habíanse presentado al certamen, además del ganador, otros cuatrocientos noventa y dos concursantes. Cada año un número mayor, al parecer.
    
     A menudo piensa uno, ya digo, con honda admiración, con indecible ternura, en esos cuatrocientos noventa y dos postulantes anuales, qué vidas secretas y apasionantes en su dorada mediocridad no llevarán consigo, qué ilusiones inmensurables no albergarán esos purísimos corazones, qué humildes y a la vez vibrantes novelas no encerrarán en sus cándidas existencias las biografías de esos seres tan inocentes. Se mofan a menudo los bienpensantes de la dorada ilusión con que muchos niños siguen creyendo en la existencia de los Magos de Oriente. Cree uno, sin embargo, que para misterio insondable, para ingenuidad en verdad candorosa, para simple y ardiente fé, ninguna comparable a  la de esos cuatrocientos noventa y dos angelicales tíos hechos y derechos, con más moral todos ellos que los archifamosos trescientos de Troya.
    
     Les puede casi ver uno a solas, aferrados a la mesa, con su gripe a cuestas, su bufanda raída, el dolor de muelas, su oficina gris, su coche a plazos, un poco incomprendidos de cuantos les rodean, y sin embargo, dale que te pego al manubrio de sus cuatrocientos folios, inquebrantables en su esperanza férrea, por qué no va a ser este año, por qué no me va a tocar esta vez a mí, por qué. Seguirán esperando en vilo el fallo año tras año, conocerán de nuevo la bofetada áspera del desprecio editorial, volverán sus pasos, acaso algo más renqueantes ese día hacia la mesa en la que levantan ellos su mundo, hasta que, digerida la derrota, vuelvan para sí a decirse, como dicen los que de esto saben, lo que cuenta es intentarlo, quizás el próximo año, y de nuevo la ilusión recobrada, los miles de fotocopias, el secreto sueño de que, como en las películas, alguna vez a ellos corresponda una porción, aunque sea algo mohosa, en la tarta del Paraíso. No se sienten, es decir, no son fracasatis. Son angélicos seres. Sólo merecen respeto en su limbo ilusionado. 
    
     No estaría de más que algún día el heroico sindicato de la Ceja, ese ministerio de Cultura a la sombra del Poder, que tanto dice admirar y velar por quienes quedan en los márgenes del Sistema, bien de justicia sería, digo, que les montaran una hermosa obra,  a la mayor memoria de estos otros cuatrocientos noventa y dos en verdad que santos inocentes escribidores. Sí, porque de repartir los seiscientos mil del ala entre ellos, va a ser que no, ¿no?