Es posible que de economía, de idiomas, de historia, de filosofía, en fin, de humanísticas sabidurías ande ZP un poco PEZ, pero habrá que convenir en que sobre marrullerías políticas sábeselas todas el presidente discutido y discutible. Al dominio de ese exclusivo peritaje eligió él dedicar sus muchísimos años (casi veinte) de diputado mudito. Véase, si no, la reciente defenestración de Tomás Gómez, factótum del socialismo madrileño, a quien ZP en su momento encumbró –era el alcalde más votado del mundo- y a quien ahora, como en los sondeos pintan bastos, hay que descabalgar. Sí, algo de vaquero triste, despelujado y cubierto de polvo, al que el caballo de golpe hubiera tirado por los suelos, hásele quedado incrustado en el semblante a TG.
Se trata de detener la sangría de votos en la capital de la nación discutida y discutible. Si sale bien, se apuntará él el mérito. Si sale mal, como los elegidos son sobradamente conocidos, y hasta de relumbrón, sobre sus cabezas rodarán las culpas del estrépito. Y voilá, ahí tenemos, en pleno ferragosto, al tándem ganador haciéndose miles de fotos en la vía pública –porque ellos no son apparatchiks zetapeicos, qué va, son ellos puritita emanación de la misma calle, hijos del duro asfalto-. El día de la presentación se prodigaban ambos tantos y tan cumplidos arrumacos que parecían prestos a marcarse allí mismo el célebre vals de las mariposas.
Aunque a Lissavetzky, que dijo, como un Iniesta de ocasión, “salir a darlo todo”, no acabara de acompañarle el tipo. Su más acabado perfil es el de ese gris funcionario encargado de poner mil medallas en el que, por indudable mérito suyo, nadie repara. ¿Era necesario, señor Ponemedallas, en presencia del mismo TG, ponerle ya una bien grande a Trinidad Jiménez, su rival? Entre deportistas parecería eso juego sucio, desde luego. Y bueno, veíase a una Trinidad J radiante y hasta pletórica. Y de retórica, pletórica relucía también TJ, por cuanto juró y perjuró a los allí presentes, poniendo a ZP por testigo, que de ella y sólo de ella había sido la bombilla de la idea. Pero la verdad es que debe TJ adorar mucho a ZP, pues cuanto a éste de ella le peta, ella, chupa en ristre, al instante acomete, aun cuando nada al cabo concluya: Iberoamérica, Ayuntamiento de Madrid, Sanidad, Comunidad ahora.
Ironías del manifiesto destino socialista, vése ahora Tomás Gómez como el mismo ZP cuando, siendo sólo mudo diputado, se enfrentó a todo el oficial aparato. ZP habríase mutado ahora –pásmense los cielos- en el mismo F González, que apoyó entonces a Bono contra ZP. Oh, tiempos. Repase, pues, TG cuanto entonces maniobraron ZP y su troupe, despliegue esa misma astucia que a todos los descontentos algo promete, explote a conciencia las querellas intestinas y podrá subirse de nuevo al caballo ganador.
Lo que más sobresale en la jugada zetapeica es el horrísono contraste entre la obsequiosa neutralidad y hasta complicidad con que de un lado ZP respeta y secunda cuanto puedan decidir los socialistas catalanes, y de otro, la obscena intromisión con la que mangonea sin pudor alguno desde sus alturas y desde siempre al socialismo madrileño, a quien por sus más caprichosos designios arrastra como si de doncella por rastrojo se tratara.
De tal suerte que si TG, más que como alcalde de Parla, como legendario alcalde de Móstoles obrara y con coraje denunciara la zetapeica invasión, si como Gary Cooper en Sólo ante el peligro se plantara, es seguro que la mayoría de los socialistas madrileños no iban a consentir el soberbio diktat monclovita.



