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sábado, 19 de abril de 2014

El Día del Libro, que viene, que viene




(Querido lector: me han invitado mañana domingo a partir de las 13, 30 h en el programa Fin de Semana de la Cadena Cope a hablar de mi libro. Se vé que ahí, de libros, entienden). Gracias

Y eso, que aquí está mi libro, esperando también tu favor.
Te doy un fragmento, va:

“Ella al fin llegó. Traía en la boca el aroma de manzana verde de los miércoles noche –y cómo no olerlo-. Traía también una sentencia. Bueno, eran tres. Uno: “No te quiero”. Dos: “Me voy con él”. Tres: “Y no siento pena al dejarte”. Ni siquiera dio un portazo, ni siquiera me arrojó un insulto. Se largó.
    Sólo acerté a ponerme los zapatos y, con los cordones sin atar, me bajé a la calle. Creo que dejé la puerta de par en par. Sólo quería andar, no detenerme en ningún momento. Como el de la peli aquella, pensé más tarde. Hacía frío afuera, aunque entonces apenas lo notaba, y el viento arrancaba delante de mis pasos sin compás cientos de hojas secas. Hojarasca. Debí cruzarme la ciudad de punta a punta, o dar mil vueltas alrededor de las mismas cuatro calles, yo que sé, sumido en una niebla que no había. Nadie me importunó. Nadie importuna a un fulano a deshoras por la calle en pijama y con los zapatos desabrochados. El pijama de veleros hacia ninguna parte que me regaló mi madre. Mamá. Pero ella ya no podía ayudarme. Cuando empezaba a clarear –hay noches que duran como años- exhausto y aterido me colé en el metro.
   Tras doblar uno de aquellos corredores, una música de violonchelo me envolvió como una manta. Me dejé caer contra los azulejos, frente al que tocaba de pie. Era una china de mediana edad con un gabán dorado algo sucio. Tenía los dientes de abajo separados, el pelo sin brillo pegado a las sienes y dos rendijas a los lados de la cara que me ignoraron. La música sonaba como un lamento, claro, pero a la vez tenía algo de caricia en el lomo. ¿Para qué moverse de allí? Escuchar inmóvil decenas de veces aquella idéntica melodía, fijar los ojos en el suelo gris, perseguir con ellos sólo los meandros del escupitajo que alguien había lanzado. Anestesiar recuerdos. Pero entonces…”


(Fragmento de LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS)



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

3 comentarios:

César dijo...

Qué bien, cómo me alegro! Poco a poco hila la vieja el copo...
Espero que sea el principio de una gran amistad con las ondas...

José Antonio del Pozo dijo...

GRACIAS, Cesar, por tu amistad y por impulsar de veras mi escritura y mi libro. Un abrazo, amigo

Euclides Lentejas dijo...

Por algo se empieza. Ánimo José Antonio que de ahí al "Hormiguero" sólo hay un paso.
Saludos.