Todo lo humano tiene su haz y su envés, claro, -excepto las
construcciones imaginarias de los totalitarios- y no van a ser las empresas
multinacionales la excepción, pero en conjunto, la mejora increíble de las
condiciones de la vida para la inmensa mayoría de la gente guarda relación con
las enormes posibilidades que la economía privada ha abierto en su expansión y
desarrollo. Habrá de todo, ya digo, y deben, para ser benéficas, convivir en
competencia entre sí y con las medianas y pequeñas firmas, pero las empresas
multinacionales son en conjunto el resultado de una acumulación de organización
y saberes impresionantes que han proporcionado a las personas servicios y
prosperidad en una forma insólita en la
Historia de la Humanidad.
A veces las grandes multinacionales vienen a ser como esas gigantescas y
deslumbrantes catedrales góticas, que, teniendo su antecedente en las escuetas
naves románicas –a menudo, por simples, mucho más cautivadoras- sobrepasan la
medida humana y no dejan de maravillar. En la variedad está, suele decir
también el tópico, el gusto.
Sigue también sosteniendo de forma paradójica la leyenda de las
sociedades abiertas –cuyas cualidades intrínsecas arrojaron al basurero de la
Historia a los experimentos totalitarios del siglo XX, aunque no dejan nunca de
cautivar oscuramente desde allí la necesidad de absolutos de los humanos- el repetitivo
mantra de que el Dinero lo puede
todo. Gobierna... quien gobierna, viene a la pata la llana a decirse, como una de
esos axiomas que no necesitan demostración. ¿Rajoy, Zapatero? Bah, el mismo excremento, simples mandados del Capital, se insiste machaconamente una
y otra vez, pese a vivir en sociedades cada vez más imprevisibles y
caracterizadas por una creciente y acelerada complejidad.
Bueno, pues el odioso Capitalismo es a menudo en realidad... un
simple tigre de papel, -como Mao, aquel bárbaro genocida revolucionario, dixit- de papel, digo, no como los felinos que cazaba en África la baronesa… Thyssen, iba a escribir. Los tiranos y los
revolucionarios profesionales –tales para cuales- saben esto de sobra. Lo
tenemos delante de la mirilla: cuántos años, esfuerzos, vidas, proyectos, ingenios, riesgos,
inversiones, cálculos, inteligencias, previsiones no habrán costado el
conseguir edificar y mantener una nave tan colosal como Repsol para que, en un abrir y cerrar de labios inflamados, la Kirchner, es decir, lo Político, ordene desalojarla y apropiársela, que es
que se pide ella un repsol para cenar esta noche.
Coja, pues, Brufau la pluma,
cojámosla todos en la medida en que éramos partícipes de las ventajas de contar
para nuestro país con una firma de esa dimensión, y empecemos: “Yo tenía una
empresa en Argentina… y en éstas llegó
la Kirchner”.
Post/post: gracias a Cincinato, a Winnie0, a Kayla, a Ana Gregorio, a jescriban, por su extrema amabilidad de hacer el blog junto a mí, incluso cuando lo dejé hecho a medias, GRACIAS.











