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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Halloween anoche en el Antro: una bruja espantosa y yo

   



   Anoche el Antro, esa carnavalada de serie B, estaba además rebozado todo él en una fealdad horripilante. El Halloween, ya sabes, la apoteosis de lo horrendo, para qué entonces describirlo. Allá que me fui, sólo para tener algo luego que contar aquí. Bah, encima un humo apestoso, de zahúrda infernal, que todos aquellos engendros parecían encontrar muy a juego. En el nuevo orden amoroso, creo que lo sabes, resulta casi patético que un tío le tire los tejos a una mujer, y a mí me parece genial la idea, pues como nunca reunió uno aplomo suficiente para ello, te plantas ahí como un pasmarote en vísperas y ya está. Si alguna demenciada de aquellas quería algo, que lo dijera y punto. Pues a la media hora se me acercó por la espalda una bruja, espantosa en grado sumo, y me arreó un empellón con la escoba.
     -Tío, vaya disfraz, no te lo has currado nada, tío.
     -Perdón.
     -De profesor de literatura, eso está ya muy visto.
  Qué decirle bajo la música atronadora, si sólo veía en ella una funesta aparición del averno.
    -Pues el tuyo de bruja, maja, es un fiasco: no consigue sepultar del todo los rastros de tu belleza virginal.
    La bruja rezongó. Me volvió a marcar la cara con las cerdas de la escoba.
    -¿Ves? Te calé: literato en crisis. Muy visto ya. Ahora que lo dices, ¿sabes?, tengo un hermano que tiene ya publicadas dos novelas de zombies veganos y LGTBI, un puto crack el tío, no para.
     -Lo mío tiene mucho más mérito, bruja del demonio: he publicado un libro de relatos de amor.

   Uff, le debió molestar mucho aquello a aquella. Me enseñó entonces ella su dentadura tenebrosa, quiso con la misma morderme en la yugular y chuparme la sangre del cuello y lo que luego sigue, sólo que en hábil movimiento por mi parte, busqué en el móvil la imagen de la portada del mío libro y a modo de crucifijo se la puse delante de sus ojos cavernosos y, mano de santo, mi portada la arrastró lejos de mí, no sin lanzarme antes diabólicas e impublicables imprecaciones. Y ya el resto fue silencio, yes.    

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lunes, 31 de octubre de 2016

Por qué Halloween tiene tanto éxito


   
   Resulta indignante, sí, ver cómo los popes  de la Educación (profesores, sindicatos apas, pedagogos y demás surtido de demagogos) tan sensibles al circuito cerrado de su humanista corporativismo, aceptan y tragan, complacidos además, -tan antiamericanos de consuno ellos- la celebración en los colegios españoles de la ya anual fiesta de Halloween, esa exaltación de lo siniestro y de lo truculento, carente además del mínimo designio para superarlo. Pues Halloween consigue el estúpido milagro de que los propios niños nos parezcan ese día... desprovistos de toda gracia, nefasto logro este, difícil de superar.

   Es seguro que los seculares mitos y ritos que marcan y festejan el fin del buen tiempo y de las cosechas, de los que se deriva el Halloween, incardinados en el seno de las culturas tradicionales, portaban consigo una profunda significación que, consciente o intuitivamente, llenaban de sentido para la comunidad su práctica anual. Igual que en los capiteles románicos y en las arquivoltas góticas, la muestra de animales o presencias diabólicas y horribles cumplían una función simbólica y catártica, fuese esta el ahuyentar los espíritus malignos o recordarle al pecador los males y plagas del infierno. 
    
   Creo que, en el contexto hiperconsumista, hiperhedonista y postmoderno (en el sentido vulgar del todo vale) de la cultura actual, el éxito de Halloween, su reclamo y vigencia, incluso en contextos del todo ajenos a su origen, se explican sobre todo por  su perfecto engarce con esa valorización brutal del feísmo, del frikismo, y del homo gañanis, es decir con la paulatina disolución de todo criterio objetivo de valor y de belleza, a que las hodiernas Sociedades de la Telebasura propenden.

    
   Así deviene sobre todo el Halloween en una propicia ocasión más, sólo una más, con coartada socialmente alentada ahora, para el idiota desparrame, para la confraternización con la horripilancia, para el desagüe de los peores instintos básicos, para la exploración del morboso regusto por la violencia simbólica y por lo monstruoso, para la burda exaltación de la extravagancia desagradable, cuando no directamente repugnante, para, en fin, una viscosa apelación a otra penosa borrachera más, sólo otra más.  Una invitación a la Fealdad que incluso consigue, ya te digo, que hasta los niños nos parezcan ese día desprovistos de toda gracia.  



“VEINTE RELATOS DE AMOR Y UNA POESÍA INESPERADA”. 12 euros, envío incluido. 165 pgs de SENTIMIENTOS, HUMOR Y AVENTURAS acerca de la condición humana enamorada… y desenamorada, en muchas de sus vertientes, cimas y simas, con la emocionante recreación de las más perturbadoras encrucijadas a que nos arrojan los sentimientos inevitables. Personalmente dedicados. Pídemelos aquí o escríbeme a  josemp1961@yahoo.es  Es muy sencillo. 12 E por correo ordinario a la dirección de España que desees; 15 E por correo certificado. Escríbeme aquí y te informo sin compromiso. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Halloween, más mugre, va

   


   Es seguro que los seculares mitos y ritos que marcan y festejan el fin del verano y de las cosechas, de los que se deriva el Halloween, incardinados en el seno de las culturas tradicionales, portaban consigo una profunda significación que, consciente o intuitivamente, llenaban de sentido para la comunidad su práctica anual. Igual que en los capiteles románicos y en las arquivoltas góticas, la muestra de animales o presencias diabólicas y horribles cumplían una función simbólica y catártica, fuese esta el ahuyentar los espíritus malignos o recordarle al pecador los males y plagas del infierno.
    
   Creo que, en el contexto hiperconsumista, hiperhedonista y postmoderno (en el sentido vulgar del todo vale) de la cultura actual, el éxito de Halloween, su reclamo y vigencia, incluso en contextos del todo ajenos a su origen, se explican sobre todo por  su perfecto engarce con esa valorización brutal del feísmo, del frikismo, y del homo gañanis, es decir con la paulatina disolución de todo criterio objetivo de valor y de belleza, a que las hodiernas Sociedades de la Telebasura propenden.

    
   Así deviene sobre todo el Halloween en una propicia ocasión más, sólo una más, con coartada socialmente alentada ahora, para el idiota desparrame, para la confraternización con la horripilancia, para el desagüe de los peores instintos básicos, para la exploración del morboso regusto por la violencia simbólica y por lo monstruoso, para la burda exaltación de la extravagancia desagradable, cuando no directamente repugnante, para, en fin, una viscosa apelación a otra penosa borrachera más, sólo otra más.  Una invitación a la Fealdad que incluso consigue que hasta los niños nos parezcan ese día desprovistos de toda gracia.  



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)