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domingo, 4 de febrero de 2018

Esquizofrenia de los Premios Goya

   


   Fue la de anoche una gala penosa: aburrida y sin gracia como pocas. Tan alegre y combativa con el agit-prop de moda, como estruendosa en su silencio frente al separatismo golpista que nos quiere a todos –también a Europa- desunir. En vez del enésimo numerito de los abanicos rojos, qué guay si cada uno de los Prohombres de la Academia hubiese allí mismo anunciado que en los próximos cinco años renunciaban a hacer cine, dando paso así de verdad a las Promujeres académicas en todos los órdenes de la cinematografía.
   Para otro día dejamos también las peculiares esquizofrenias que azotan el Tinglado de este Sindicato Vertical cinero, que, pedigüeño disfrazado de solidario, una vez al año se pone de tiros larguísimos –en horrible acatamiento de los gustos de las clases dominantes-: es de ver cómo ofreciendo en general las obras de ese mundillo una imagen tan corrosiva como pésima de la institución familiar –castradora, hipócrita y origen de todos los males-, se deshacen sus miembros luego, al recoger el Premio, en la gloria inmensa que su familia es, ¡a la que todo deben! Otrosí acerca de la competitividad: siendo por lo común esas producciones tan refractarias a la ley de la oferta y la demanda, a la egoísta e inhumana lógica de la competencia, asombra precisamente la proliferación de implacables CONCURSOS entre ellas, encumbrando a unos y enterrando a otros. ¿Han de competir además las obras de la cultura entre sí? ¿No deberían en todo caso, más que competir, mutuamente reconocerse en una ceremonia mucho más sencilla: ah, tú has hecho esto, pues yo hice esto, quise reflejar y recrear..., choca, colega, pues nada, que sigamos creando…
     La mejor, anoche, Isabel Coixet: “dedico este Goya a todas las personas que todavía leen libros, a todas esas mujeres que van al cine, compran entradas y hacen que estemos todos aquí”.

    
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miércoles, 4 de octubre de 2017

La vida repleta de las palabras de Isabel Coixet

   

   
  He venido aquí, también yo,  a hablar de mi libro… pero hoy te trasladaré mejor un fragmento del artículo que ayer Isabel Coixet, admirable cineasta para mí, escribió para El País:
   “… Desde hace meses, años quizás, si contamos el momento en que firmé el manifiesto del Foro Babel (que pedía un bilingüismo real), los insultos y las descalificaciones a los que, como yo, no seguimos el pensamiento único del independentismo, y manifestamos nuestro desacuerdo, han sido constantes. Y estos últimos meses el odio que hemos suscitado está alcanzando cotas inusitadas. Hasta ahora, se circunscribían al linchamiento mediático y yo personalmente, las resolvía no teniendo Facebook ni Twitter (este último me lo hackearon, igual que me han hackeado mi WhatsApp atribuyéndome un texto que yo no he escrito), aunque siempre hay alguien que te cuenta la marea negra de basura que te echan encima, pero esta es la tercera vez que me gritan fascista en lo que va de semana (la primera que contesto) y hay algo en mí que se está rompiendo. Me doy cuenta con una claridad espeluznante que, pase lo que pase, no hay sitio para mí ni para nadie que se atreva a pensar por su cuenta en este lugar que me ha visto nacer, que hoy será esto, ayer fue el insulto a gente de mi familia, anteayer, a amigos cuyos amigos critican sin ambages que sigan considerándonos amigos y mañana será algo peor. No importa que condenes absolutamente la brutalidad policial o que pidas (ya desde mucho antes que todo esto pasara) la dimisión inmediata de Rajoy. Como a la vez que condenas el comportamiento del Gobierno, no condonas la actuación del Govern, inmediatamente eres un enemigo, fascista, fascistoide, franquista, la hez. Y piensas en todo el miedo que se ha instalado como esporas en la piel de los que callan y en secreto vienen a decirte que están contigo, que te agradecen lo que haces, que ni en la intimidad del hogar pueden hablar para que los niños no les oigan y en el cole no se metan con ellos. No hablo de anécdotas: esta es la realidad que vivimos los de aquí. La fractura pasmosa de una sociedad que convivía en paz y sin temores, con diferencias lógicas de opiniones y valores y criterios, pero con respeto.

   Le añadiríamos sólo a Coixet que en el “1984” de Orwell, esa genial cosmología de los más feroces totalitarismos, eran obligadas para los súbditos las públicas y semanales sesiones de ODIO en común, a través de las que, desde el Poder, se les inoculaba en vena la letal y adictiva sustancia que en esencia venía a constituirles. En la sarta de Grandes Mentiras Emocionales (ver, por ejemplo, vídeo abajo sobre los mossos en acción, a cuyo lado las cargas del 1-0 resultan pellizquitos de monjas)  en que básicamente el separatismo consiste –lo vimos en el País Vasco ya- no podían, pues, faltar. Es muy posible, I repeat,  que muy pronto añoremos –a pesar de todos los pesares- los mejores y más prósperos y pacíficos, y en libertad,  cuarenta años de la Historia de España.  Hoy como ayer, Coixet, Orwell vive, la lucha sigue

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jueves, 1 de marzo de 2012

Alberto Ordóñez, The Artist, y de su su IRA



      
    Es que está hecho todo un artista, el tío. Su perfil es que pide ya mismo un documental de la Coixet que arrase también en los próximo Goya: “Escuchando a Alberto Ordóñez”. Es él uno de los prendas que lidera las algaradas ultraizquierdistas en Valencia, a quien el PSOE de allí invitó y ovacionó para la Historia en las Cortes. Entre otras lindezas izquierdistas anotó Ordóñez en su Facebook que Esperanza Aguirre “debería mirar SIEMPRE debajo del coche al salir de su casa”. Se ve que andaba el andoba muy espabilado en Educación para la Ciudadanía… para la ciudadanía Terrorista, digo.
    
    Ha borrado a la chita callando luego él, claro, tras el Oscar que el PSOE valenciano le otorgó en las Cortes, el rastro de su íntimo deseo, esa ensoñación de Parabellum que desvela en todo su esplendor el idealismo pacifista que en ese noble corazón palpita, pues son la cobardía y el cinismo las bases genéticas reconocibles en todo aspirante a terrorista que se precie. ¿Le pedirá en público alguien, aunque uno sólo sea, de los miles de utópicos idealistas que participan en las protestas al menos una aclaración sobre tan mercenarios anhelos? ¿Alguno de sus profesores, tal vez?
    
    Por lo demás, esas trazas mentales de filoetarra de los duros que gasta y que apunta Alberto Ordóñez reproducen como en calco el histórico y siniestro telegrama que el IRA le hizo llegar a Margaret Thatcher tras el frustrado atentado (cinco muertos y más de treinta heridos) con el que persiguieron con saña enterrarla entre cascotes:
   
  “Has tenido suerte esta vez. Necesitarás tenerla el resto de los días de tu vida. Nos bastará a nosotros con tener esa suerte un solo día”.

jueves, 23 de febrero de 2012

Toñi Santiago, Garzón, Rajoy, la emoción


     
    Se permitió incluso Escarlata O’Coixet el alarde de relacionar desde el estrado el título de la película más galardonada de la noche “No habrá paz para los malvados” con la Heroica labor de Garzón. Ya lo dijimos: “Isabel, tus palabras me han emocionado” se aprestó a comunicarle éste desde el Infinito y más allá.
    
    El día siguiente a la honda conmoción de Garzón en los Goya, en medio de una espantosa soledad, declaraba Toñi Santiago en el juicio por el asesinato de su hija, Silvia, hace nueve años en Santa Pola. Tuvo que revivir una vez más, entre lágrimas, con la voz entrecortada por el dolor y la pérdida, su calvario. El Juez la reconvino, muy adusto y leguleyo él, cuando se volvió e insultó a los asesinos de su hija.
       
   Los de la cadena-de-favores-garzonita quieren reabrir fosas y heridas, las de un lado, de hace setenta y cinco años, y quieren convencernos a la vez, tras unos porrazos en las manifestaciones ilegales, de que vivimos hoy bajo la bota brutal del Fascismo. Con los hombres de la Paz etarra, en cambio, hay que negociar, hay que olvidar, hay que reinsertar.
        
   Los abnegados etarras, y sus admiradores, -no, ellos ni por asomo son malvados- se han jartado a matar gente inocente. Han celebrado en la misma cara de las familias de los asesinados sus crímenes. Han gritado ETA mátalos mil veces, señalando a quienes se les oponen. Se les ha amnistiado y han vuelto a asesinar, y de forma más cobarde todavía. Se han pitorreado y se pitorrean de nosotros. Buena parte de la izquierda levanta el puño igual que ellos. A la élite izquierdista, Toñi Santiago, su Silvia, los cientos de Silvias, a la vista está, nunca les han emocionado demasiado. A Garzón le hacen ahora su laureado documental, que así más se extenderá su fama, y la del Fascismo imperante en España.
       
    El mismo día que declaraba Toñi Santiago, justo el mismo día, olvidaba en público Rajoy su promesa de promover la ilegalización de los filoetarras. Rajoy, y toda su bancada bovina también. Esta vez no es sólo que no haya, como aquel día en la tele, entendido Rajoy su propia letra; es que ha elegido, sin explicación alguna, taparse los oídos ante el grito de Toñi Santiago, que es el de Silvia, que es el de las miles de víctimas, que también es el mío. ¿Por qué?
   


miércoles, 22 de febrero de 2012

Emoción de Garzón en los Goya



   No, no creo que vayan los Goya premiados de este año, por mucho que ante ellos el ministro Wert haya doblado la cerviz, en alegre cuchipanda a ofrecerle los laureles del triunfo a Rajoy en la Moncloa, como cuando Zapatero solían. Le pasaban el Goya a Zetapé y esposa, en freudiana y más que elocuente “transferencia” de éxito, hacían juntos unas cejitas y se fotografiaban luego estos con el busto del aragonés entre las manos. Va a ser que no con Rajoy, me parece.
   
    Decíamos ayer que discurseó Coixet en prime time para la Uno al recoger un nuevo Goya. “Escuchando al juez Garzón”, su obra, escuchándola todos a ella entonces. (Ironías del destino cretino, apareció justo entonces un espontáneo en la Gala, voilá la foto y el gesto de la Sra, pidiendo… eso, ser escuchado, pero el servicio de seguridad restituyó pronto el Orden progre, llevándose en volandas al indocumentado) Va a hablar Coixet, al loro. ¿Dar las gracias al equipo, a los progenitores, a los amigos, a su Amor, como acostumbran los triunfadores? ¿Aventurar algo sobre las posibilidades expresivas del género documental? ¿Elucubrar acerca de la delgada frontera entre realidad y ficción que el documental permite? No. Tenía Coixet algo mucho más urgente que proclamar.
   
 “El Tribunal Supremo puede apartar a Garzón de la Justicia, pero a la Justicia nada ni nadie podrá apartarla del juez Garzón”
   
   Así habló Zaratustra, que digo, así habló Scarlata O´Hara cuando aquello, en la boca de Coixet ahora. A mí me pareció al oirlo la continuación de la Carta misma de la Niña de Garzón que aquí glosamos. Idéntico tono elemental, idéntico fraseo sensiblero y maniqueo de ida y vuelta, el mismo candor de anotación adolescente y grandilocuente, sólo que en señora muy resabiada en publicidades ahora. “Nada ni nadie podrá apartar a la Justicia del juez Garzón”, fíjate, lector, cosas que yo ya te dije,  pase lo que pase, averiguemos lo que averiguemos, el candado de la Consigna está más que cerrado. Aplauso general, claro.
   Por eso al final de su breve speech en prime time precisamente dio Coixet  las gracias… ¡a María Garzón!, “sin la que todo esto no hubiera sido posible. Tras la gala, tras los parabienes, ante la prensa remachó Coixet el clavo: “Sé que no es un premio a mí, es un premio a la Justicia Universal de Garzón”.
   
    Y el estrambote final. Confesó Coixet allí mismo ante la prensa que el propio Garzón, desde el quinto pino del mundo en que en ese momento se hallara impartiendo Universal Justicia, que es lo suyo, había encontrado tiempo para remitirle un muy urgente mensaje: “Me han emocionado tus palabras, Isabel”. Acabáramos.¡Gable derrumbado ante Scarlata! ¡En esta sensiblería de telenovela boba acaba la Justicia Universal! A mí me recordó este detalle, salvadas todas las distancias, a cuando al final de El silencio de los corderos, llama Aníbal Lecter a una radiante Clarice Starling para felicitarla por su éxito y anunciarle una próxima cena.
   Salvadas todas las distancias, ya digo, porque ni Big Garzón es Anthony Hopkins, ni Coixet es Jodie Foster. Por más que lo intentan. Es posible que Garzón esté dándole vueltas a la pelota para cómo plantarse en la Casa Blanca ante Obama y, de hinojos ante él, ofrecerle la cabeza de Goya.

martes, 21 de febrero de 2012

Y el Goya va... para Garzón, claro

     
     Ya a media tarde, en el previo, Mª Teresa Campos, la gran diva de la Comunicación, se ocupó de calentar en Tele 5 el cotarro. De forma inopinada, mientras hablaba con Peñafiel, como Milá el otro día a propósito de Jesucristo, en una especie de rapto místico y dirigiéndose por derecho a las cámaras declamó: “Lo que está sucediendo en-este-país con Garzón es de vergüenza… Digo más, porque no tiene una ahora treinta años, que si no, vamos, es que me iba de España”. Puso entonces Peñafiel ojos de sapo, que eran de pasmo, ante el éxtasis Teresiano. “Ya está, es que me he calentado”, le dijo Campos, por toda explicación.
    
    Se unía así la gran Mª Teresa Campos -grande su millonario contrato también- a la cadena aquí ya mencionada de los Llamazares-Bardem-wyoming-Trueba-Fidel Castro-antiCamps que con idéntrica matraca de consigna y agit-prop tratan de persuadirnos desde las pantallas de que no hay en nuestro país, ahora que ganó la Derecha, democracia.
   El plato fuerte vino, claro, con la fastuosa gala de los Goya, ese día grande para el Mester de Progresía patrio, en el que no reparan ellos y ellas en lucir galas de banqueros chupasangres del FMI, y en el que todo derroche les parece poco. Yo creo que incluso ese día no mueren niños africanos devorados por las moscas y por el Capitalismo genocida.
   
    Premiaban al mejor documental, ahora. ¿Y quién mejor iba a merecer el Premio y el Honor? Isabel Coixet, la artista documentalista, y el Big Garzón, la estrella documentalizada, por supuesto. “Escuchando al juez Garzón”, lleva por título la pieza hagiográfica, y consiste la misma en una entrevista de una hora y media con el Superjuez, con el caramillo de su voz a cuestas, y sus vagas trazas de Richard Gere en rebajas y algo metidito en arrobas.
    
   Avisaba yo aquí que, de hoz y coz en la campaña de agit-prop como andan los alegres compadres de la cadena de favores garzonitas, nada de lo que pudiera aparecer sobre Garzón les iba ni en un milímetro a mover la pose. Ni la sentencia inculpatoria por UNANIMIDAD, ni la absolutoria por prescripción, ni el cenorrio con Mr X y con Mr Kissinger (se dice pronto para todo un paladín de la Justicia Universal), ni la denuncia de los Colegios de Abogados del Ecuador, ni la carta a Querido Emilio (con lo que dicen todos ellos aborrecer a los ricos), nada les iba a hacer ni siquiera dudar. Son ellos así… de fanáticos.
     Subió en loor de triunfo Coixet a recibir otro Goya más, el Goya de Apocalipsis Garzón now. Y vaya que si habló Isabel. Y qué bien lo fizo. Pero del spot y del speech de Coixet… mañana te hablaré, lector, que no quiero castigar ya más por hoy tu paciencia legendaria with me.
    

jueves, 29 de septiembre de 2011

El Elogio de la mesura


     
    Entonces, si ayer aquí le reconocíamos sus méritos artísticos a la Coixet, sin menoscabo de mantener honda la discrepancia con ella en tantas otras cuestiones, el saber deslindar unos asuntos de otros, el rechazar por tanto como retrógrado el fanatismo monocolor característico de estos tiempos demenciales, en los que los opinantes a menudo nos lanzamos al bulto del adversario, encerrándonos unos a otros en bandos, mejor dicho, en bandas autosuficientes unidas sólo por un monolítica aversión que ni agua concede al que no piensa como nosotros, como bobos hinchas pavlovianos todos de nuestros particulares colores, ¿por qué esa elemental mesura parece ponernos fuera del estricto código binario –conmigo o contra mí- propio del juego ideológico hoy dominante?   
      
      Y no se trata en modo alguno de renunciar a las propias ideas y convicciones (otro cantar son los prejuicios, esos coágulos purulentos de viscosa tirria, inaccesibles a la razón, de los que una mente deseosa de aprender debería avergonzarse), sino de ser capaz de deliberar y de intercambiar reflexiones y argumentos acerca de las mismas con un ánimo siempre abierto a escuchar las razones del Otro.
      
     Que una persona que no tuvo oportunidad de formarse sea incapaz en su dialógo de ir más allá del berreo y del infame exabrupto es en parte entendible. Lo particularmente odioso del Reinado de la Mugre presente es contemplar a los líderes de opinión sociales, quienes sí han tenido el privilegio del acceso a la Cultura, en mil y un debates-basura programados ad nauseam en los estelares escenarios de la representación social, despacharse con maneras y modales tan chocarreras y hooliganescas que harían enrojecer de pudor al carretero y a la verdulera más descarados del arrabal. Y es también el Internete, el anonimato y el disfraz que el mismo hacen posible, su vertiginosa velocidad que disuade de la reflexión, campo abonado y propicio para el insulto rastrero.
    
     ¿Cómo quejarse luego del prestigio creciente de la bárbara violencia entre quienes nada son para resolver sus problemas? Que encima esos supertriunfadores líderes de opinión, y los directivos que les programan, estén encantados de conocerse y de alumbrar además con sus gargajos televisivos la luz del progreso humano es sólo la más acabada vergüenza, el más putrefacto vómito de estos tiempos de cháchara plusprostibularia. Si todo conspira hoy contra la mesura, al menos nosotros, la nada fracasada que somos, alcemos aquí, nuestra débil luz. Hasta que nos la apaguen los ventiladores de las inmundicias. Hasta que nosotros mismos nos vayamos apagando.
     

lunes, 26 de septiembre de 2011

Y de repente una de la Coixet


        
      Me pasó una muy amiga mía un deuvedé de la Coixet. Arrugué el morro, claro. No me mates con la “Coixete”, pensé.  Me repatea el izquierdismo anticapitalista de los forretis. Me vino a la mente el despilfarro millonario de su horripilante Miguelín y del stand de la Expo de Shangay, qué guay, entre otras muchas perlas coixetianas. Como a ellos les encanta proclamar, cuántos niños africanos podrían haberse salvado de las comeduras de las moscas con aquella estulta millonada que entre todos le pagamos. Coixet es además desde hace mucho una de las mandamasas de la industria publicitaria. Sus principales clientes: British Telecom, Ford, Danone, BMW, Ikea, Renault, Peugeot, Pepsi… en fin, la creme de las multis, esas que según nos perjuran los de su humanista cuerda arrapiñan cada día un poco más el mundo y sus pueblos.
     Me exalté de furia destructiva y así lo ideé: ya está, me tragaré la peli esta y la pondré a caldo en un post, como si  fuera uno entonces el crítico mismo del Washington Post, que ya es exaltarse partiendo sólo de un mísero blog que apenas en cuatro puertos, estelares eso sí, de la jodida ciberesfera reporta. De manera que así me predispuse esa noche, con el colmillo faccioso bien retorcido, a buscarle las vueltas al deuvedé de la Coixet. “¿Y cómo se titula esto? ¿Mi vida sin mí? Dabuten, se va a enterar ante el mundo entero esa “divina gauche”.
     Pero a los cinco minutos ya había olvidado todo eso. Es una película para mí maravillosa. Una joven madre trabajadora, con una grisácea existencia a cuestas, recibe un terrible diagnóstico médico. Cómo convertir tan fúnebre arranque, sin empozoñarse en las tentaciones del melodrama, en una conmovedora apelación a mejorar la propia vida de todos los días y en una emocionante aceptación de la inminencia del adiós y de la fragilidad que nos constituye es para mí la nuez valiosa de este intensísimo film.  De nuevo esa mágica capacidad de la Coixet –que yo conocía ya de La vida secreta de las palabras- para hablarte con credibilidad al oído de las cosas esenciales de la vida, encarnadas en personajes bien construidos, que parecen por tanto más personas, con sus diversos humores, complejos y valores, que esquemáticos tipos. Sin aparatosos efectos especiales, oscilando alrededor de las palabras y de las imágenes, a la medida ambas de los hombres y de las mujeres reconocibles a nuestro alrededor, conjugando con arte música y referencias cinéfilas bien incardinadas en lo que se está contando, un alud de cálidos sentimientos nos precipita hacia la película, que consigue una intimidad de comunicación con el espectador en verdad asombrosa. Lo consigue, creo, porque nos habla en voz baja. Y la peli funciona sobre todo, para mí, porque gravita siempre alrededor de su soporte carnal y cenital, el que le brindan esa actriz y ese personaje central, su pureza y bondad interior, que hacen verdad de la buena su sencilla historia de vida y de muerte, de desdicha y ternura y de coraje y poesía revueltas todas ellas entre sí.
              La volvi a ver enterita una vez más –parando la cinta a veces para pensarla, para disfrutarla- y fue una recompensa magnífica el sorprenderme a las tantas contemplando y participando, ganado por un montón de sentimientos engrandecedores, de esa historia tan delicada que ahí la Coixet vuelca.  Había que madrugar a la mañana siguiente, pero no importaba. Perduraban en el pensamiento con fijeza, y lo rebosaban, las primorosas escenas de Mi vida de sin mí. Gracias a Coixet, claro, que como le digo una co le digo la o, y gracias también a mi gran amiga, que tuvo el buen gusto de regalarme ese deuvedé. Me encantó pernoctar con vosotras.