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martes, 21 de junio de 2011

Javier Sardá, Ángeles Caso, yo mismo



     
      A los penúltimos que me he encontrado “solidarizándose”, por supuesto, en términos entusiásticos con los de la Spanish Revolution han sido al inefable Javier Sardá, ese homeless, y a la impar novelista Angeles Caso, que para variar, apalancóse también para ella hace poco los cien kilitos del Premio Planeta. Vamos, dos insignes luminarias del star system, del Planet Hollywood patrio, diríamos.
     Veamos, aunque no debería ser necesario precisarlo: una parte de las demandas del 15-M son, a mi juicio perfectamente defendibles: listas abiertas, modificación de la ley electoral para hacerla, entiendo, estrictamente proporcional, -habría que escuchar entonces la que liarían los nacionalistas- independencia del poder judicial frente al político, lucha frontal contra la corrupción, la puesta en cuestión de los privilegios de lo que se va conformando como Casta por parte de los políticos profesionales. No son originales del 15-M. Muchísimos analistas así lo habían diagnosticado. Es igual: con sólo esas ideas-fuerza perfectamente pueden formar un partido que obtenga en los próximos comicios los apoyos electorales necesarios para revitalizar y poner patas arriba con toda la legitimidad del mundo el panorama político. En parte Up y D en Madrid ha cosechado la primicia de ese impulso regenerador, que no es original del 15-M. Lo propio de éste, y lo que uno, que es menos que nada, censura, es el método asambleario, la reclamación exclusiva sobre sí de la soberanía popular, la ocupación permanente de las calles, terreno abonado todo eso para los totalitarismos y las, a mi juicio, empobrecedoras medidas económicas que proponen.
    
     El idolatrado ejemplo islandés, aparte del enjuiciamiento del anterior gobernante –no de la oposición, que yo sepa-, no se está llevando a cabo a través de acampadas callejeras, ni de la exigencia de la liquidación del sistema de partidos en pro de una democracia en todas las cuestiones directa. Habrá que analizar en qué termina el proyecto de la nueva Constitución anunciada, que no se está realizando, creo, en ningún ambiente convulso de algaradas y de urgencias inaplazables.
     Dicen que PP y PSOE lo mismo son, y habría que conceder a Rajoy, al menos como al peor de los delincuentes, si el voto de los españoles así lo decide, el beneficio de la duda, o sea,  la oportunidad de demostrar de lo que, en orden a las inaplazables reformas señaladas, es, o no, capaz de desempeñar. El PSOE de ahora y el de las vísperas de Aznar sí que son, en mi opinión, calcados: paro masivo, desempleo juvenil asfixiante, bancarrota de la Hacienda pública y desesperanza colectiva. No son lo mismo los cinco millones de parados de ahora y de antes de Aznar que los cinco millones de empleos que se crearon después. No pueden en ningún caso significar lo mismo la ruina general y las arcas públicas repletas.
     
      Cómo no va a comprender uno la rabia y la desesperación de quienes han perdido su trabajo y su casa, por más que racionalmente no se compartan las medidas que reclaman. Es curioso, porque bastaría decirse uno… vale, estoy con los Indignados, para automáticamente respirar aliviado y decirse, uff,  bueno, estoy con los humildes, con los pobres, con los puteados, patatín, jooder,  ya no soy el enemigo del Pueblo, que diría Ibsen. Claro, la gente que vota a la Derecha, por definición, no es Pueblo. Uno vive de su trabajo –y es odioso tener que explicar esto- y tiene sus ideas, y siendo nada, y porque las cree mejores, las defiende ante los veinticinco que le leen.
     Dicen, algunos del 15-M, revolviéndose cuando se les echa en cara alguna acción violenta, que violencia también es la del Sistema, que hace a miles de ciudadanos no llegar a fin de mes cuando otros muchos se forran. Qué decir entonces de la violencia existente en el resto de los países del mundo no capitalistas. Vendría a ser ésta, como dice Sampedro, la hora de la repartición.
     
      Pero que encima vengan los eminentes triunfadores del Sistema a pasarles paternalmente por el lomo a los del 15-M la complacencia de su supuesta complicidad, que a nada de verdad les compromete, cierra el círculo eso, a mi juicio, de la más cínica miseria moral imaginable. ¿En cuantos miles de millones se cifra el monto del patrimonio acumulado, también sobre el sudor ajeno, por Sardá? Yo defiendo que Sardá gane conforme a ley cuanto pueda, pese a que le censure todo su talento malgastado en ser el rey de la Telebasura, que tanto daño social ha hecho. Son los del 15-M quienes deberían combatir su bárbara riqueza. Sardá les hace un poco la bola, y a otra cosa.
     ¿Qué decir de Ángeles Caso? Decía Caso en tono complaciente y hasta admirativo lo mismito que uno sostiene en plan escéptico: de las filas directivas del 15-M saldrán los futuros gobernantes, los próximos ministros de la élite. Si existe un galardón que representa una estafa colectiva y una especulación agiotista y plutócrata elevada a la enésima potencia es el que ella se aprestó a negociar y recoger. ¿Entonces? Qué curioso el que se le niegue el pan y la sal a las ideas y hasta a la persona del tendero de la esquina y se venere a estos ejemplares soberbios de la impostura. Son los progres multimillonarios, sin duda, los héroes de estos Tiempos de la… eso que tú y yo sabemos, querido lector mío.