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sábado, 18 de noviembre de 2017

Rosa Montero, Premio Nacional con el PP: confirmación de una teoría

     


   Por supuesto para ella mis respetos todos y mi enhorabuena plena. He leído de ella “Crónica del desamor” y “La hija del caníbal”, y me gustaron. Me cae bien además, me parece una mujer sencilla y accesible. Una vez, cuando era ya ella periodista de postín en EL PAÍS, por hacerle el favor a una profe amiga, fue a la Facul a darnos una charla y así me lo pareció entonces. Se ve galardonada ahora, bajo los auspicios de la Derecha española en el Poder, con un muy principal Premio Nacional. Su perfil ideológico es nítido: plenamente adscribible al Mester de Progresía, ese dorado mundo de abnegadas y archisolidarias buenas gentes,  siempre y por siempre tan biempensante como triunfante. Rosa Montero tiene lectores y editoriales por miles encantados/as con ella. Me parece la concesión de este Honor la enésima constatación de las teorías que en este blog sostengo:  Que el PP, sus Jefes, lejos de impulsar a aquellos escritores que además defienden ideas parecidas a las suyas, suspiran por como mucho ganarse el perdón de las Vacas Sagradas del Progresismo. A los apolíticos que gustan de los libros, perfiles como el de Rosa Montero no les molestan, cuando no les encantan, tal y como entre la bandada progresista naturalmente sucede. A los apolíticos, a causa de la hegemonía ideológica que detenta la progresía, los escritores literarios de perfil liberal-conservador les chirrían, imaginados ipso facto mentalmente como  egoistones ricachones. Pero es que además, entre las bases populares del centro-derecha hispano, salvo honrosas excepciones, una de dos ocurre: o que no son ellos muy de libros literarios, o tampoco impulsan a los escritores que no piensan como ellos. De ahí que los escritores profesionales –no hablo de columnistas-  no izquierdistas apenas existan, y los que existen, con buen olfato comercial, se callan y no se pronuncian políticamente. Y por eso estamos como estamos.  

Y además (post 24-10-2017)
 http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.es/2017/10/haz-como-el-planeta-2017-bobo-no-te.html

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sábado, 16 de abril de 2016

Aprobar Primero de Progresismo

     


     Por la Paz y el Imagine, of course, y contra la violencia, por supuesto… ¿Contra la violencia, dices? Bueno, espera, a ver… 1) si la violencia procede de la extrema derecha ¡NO PASARÁN! y ¡Hay que extirpar a sangre y fuego estos brotes fascistas!  2) si la violencia procede del yihadismo o paraetarras y asociados… quieto parao entonces, hay que reflexionar, reflexionar, hay que reflexionar mucho, hay que reflexionar que Occidente y el Capitalismo han sido, son y serán siempre los verdaderos culpables de la misma. Y 3) si la violencia procede directamente de uno de los nuestros (caso Bódalo, caso Alfon, y qué emoción cuando a un poli le abren la cabeza), ahhmigo, entonces es sólo libertad de expresión y Defensa de la Belleza, eso. Asignatura aprobada. 


 LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
   Porque a mi parecer un libro íntimo, no tanto porque nos revele interioridades escabrosas, sino porque sobre todo consiga con desnudez hablarnos como al oído de los paisajes esenciales del alma de quien lo escribió, es también uno de los más acabados símbolos por los que alguien ofrece al Otro –a quien físicamente no tiene delante, al que de otra forma difícilmente podría hacerlo- la propia mano. Esto soy. En estas historias –no en forma de un discurso, sino con destreza encarnadas en personajes vivos a los que les ocurren cosas, a quienes sorprenden los avatares amargos o alegres de la vida- late la urdimbre sentimental que hasta aquí me trajo.  Quiero ponerlas en común contigo. Quiero revivirlas a tu lado. Puede que te reconozcas también en ellas. Aquí tienes mi mano.

   Por correo ordinario, 10 Euros; por correo certificado, 15 Euros. Personalmente dedicado, si quieres. Pídelas en    josemp1961@yahoo.es

      

miércoles, 29 de julio de 2015

Cuando lo progresista era no casarse

   


   Más que cuestión de años, lo es de memoria, pues no hace de ello tanto, ¿treinta años? Entonces lo genuinamente progresista, lo que demostraba que eras un tío enrollao era… no casarse, pasar de papeles que demuestren qué, irse a vivir juntos el amor libre libérrimo y ya está, sin contratos oficiales, por completo al margen del Estado, qué pintan los matasellos del Estado –ese monstruo frío y cibernético, esa mesa de negocios de la burguesía- en las cosas del quererse, qué intolerable intromisión registradora era esa. Diríase que el progreso entonces tenía una sahumada vitola libertaria… y que se trataba entonces también sobre todo de escandalizar la moral del ciudadano liberal-conservador.

    
   Ahora por el contrario, a ton de la histriónica reivindicación del matrimonio homosexual lo hemos visto, lo que de forma indudable demuestra que eres persona avanzada y comprometida con las más nobles causas es… el superlegalmente casarse, con todas las de la ley, con notario, alcalde, cura, cornetín, timbre, pólizas, cláusulas y contracláusulas, el  contraer y rubricar el matrimonial contrato entre los contrayentes de la parte contratante que así oficializan y sellan a las claras de la sociedad su superlegal unión… para al poco tiempo separarse y reanudar el lío del montepío del burocrático papeleo, que rejuvenece y moderniza mogollón, debe ser. Diríase sí, que ahora el progreso  ha descubierto el discreto encanto de las formalidades y del Estado hiper-reglamentista, en parte porque es mesa que pro domo sua okupa ya… y que se trata también sobre todo ahora, a través de leyes derivadas que reconozcan derechos y prestaciones que todos sufraguen, de minarle el bolsillo al ciudadano liberal-conservador. Diríase, claro, que, como las ciencias, el Progreso avanza que es una barbaridad, ciertamente.  




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martes, 21 de junio de 2011

Javier Sardá, Ángeles Caso, yo mismo



     
      A los penúltimos que me he encontrado “solidarizándose”, por supuesto, en términos entusiásticos con los de la Spanish Revolution han sido al inefable Javier Sardá, ese homeless, y a la impar novelista Angeles Caso, que para variar, apalancóse también para ella hace poco los cien kilitos del Premio Planeta. Vamos, dos insignes luminarias del star system, del Planet Hollywood patrio, diríamos.
     Veamos, aunque no debería ser necesario precisarlo: una parte de las demandas del 15-M son, a mi juicio perfectamente defendibles: listas abiertas, modificación de la ley electoral para hacerla, entiendo, estrictamente proporcional, -habría que escuchar entonces la que liarían los nacionalistas- independencia del poder judicial frente al político, lucha frontal contra la corrupción, la puesta en cuestión de los privilegios de lo que se va conformando como Casta por parte de los políticos profesionales. No son originales del 15-M. Muchísimos analistas así lo habían diagnosticado. Es igual: con sólo esas ideas-fuerza perfectamente pueden formar un partido que obtenga en los próximos comicios los apoyos electorales necesarios para revitalizar y poner patas arriba con toda la legitimidad del mundo el panorama político. En parte Up y D en Madrid ha cosechado la primicia de ese impulso regenerador, que no es original del 15-M. Lo propio de éste, y lo que uno, que es menos que nada, censura, es el método asambleario, la reclamación exclusiva sobre sí de la soberanía popular, la ocupación permanente de las calles, terreno abonado todo eso para los totalitarismos y las, a mi juicio, empobrecedoras medidas económicas que proponen.
    
     El idolatrado ejemplo islandés, aparte del enjuiciamiento del anterior gobernante –no de la oposición, que yo sepa-, no se está llevando a cabo a través de acampadas callejeras, ni de la exigencia de la liquidación del sistema de partidos en pro de una democracia en todas las cuestiones directa. Habrá que analizar en qué termina el proyecto de la nueva Constitución anunciada, que no se está realizando, creo, en ningún ambiente convulso de algaradas y de urgencias inaplazables.
     Dicen que PP y PSOE lo mismo son, y habría que conceder a Rajoy, al menos como al peor de los delincuentes, si el voto de los españoles así lo decide, el beneficio de la duda, o sea,  la oportunidad de demostrar de lo que, en orden a las inaplazables reformas señaladas, es, o no, capaz de desempeñar. El PSOE de ahora y el de las vísperas de Aznar sí que son, en mi opinión, calcados: paro masivo, desempleo juvenil asfixiante, bancarrota de la Hacienda pública y desesperanza colectiva. No son lo mismo los cinco millones de parados de ahora y de antes de Aznar que los cinco millones de empleos que se crearon después. No pueden en ningún caso significar lo mismo la ruina general y las arcas públicas repletas.
     
      Cómo no va a comprender uno la rabia y la desesperación de quienes han perdido su trabajo y su casa, por más que racionalmente no se compartan las medidas que reclaman. Es curioso, porque bastaría decirse uno… vale, estoy con los Indignados, para automáticamente respirar aliviado y decirse, uff,  bueno, estoy con los humildes, con los pobres, con los puteados, patatín, jooder,  ya no soy el enemigo del Pueblo, que diría Ibsen. Claro, la gente que vota a la Derecha, por definición, no es Pueblo. Uno vive de su trabajo –y es odioso tener que explicar esto- y tiene sus ideas, y siendo nada, y porque las cree mejores, las defiende ante los veinticinco que le leen.
     Dicen, algunos del 15-M, revolviéndose cuando se les echa en cara alguna acción violenta, que violencia también es la del Sistema, que hace a miles de ciudadanos no llegar a fin de mes cuando otros muchos se forran. Qué decir entonces de la violencia existente en el resto de los países del mundo no capitalistas. Vendría a ser ésta, como dice Sampedro, la hora de la repartición.
     
      Pero que encima vengan los eminentes triunfadores del Sistema a pasarles paternalmente por el lomo a los del 15-M la complacencia de su supuesta complicidad, que a nada de verdad les compromete, cierra el círculo eso, a mi juicio, de la más cínica miseria moral imaginable. ¿En cuantos miles de millones se cifra el monto del patrimonio acumulado, también sobre el sudor ajeno, por Sardá? Yo defiendo que Sardá gane conforme a ley cuanto pueda, pese a que le censure todo su talento malgastado en ser el rey de la Telebasura, que tanto daño social ha hecho. Son los del 15-M quienes deberían combatir su bárbara riqueza. Sardá les hace un poco la bola, y a otra cosa.
     ¿Qué decir de Ángeles Caso? Decía Caso en tono complaciente y hasta admirativo lo mismito que uno sostiene en plan escéptico: de las filas directivas del 15-M saldrán los futuros gobernantes, los próximos ministros de la élite. Si existe un galardón que representa una estafa colectiva y una especulación agiotista y plutócrata elevada a la enésima potencia es el que ella se aprestó a negociar y recoger. ¿Entonces? Qué curioso el que se le niegue el pan y la sal a las ideas y hasta a la persona del tendero de la esquina y se venere a estos ejemplares soberbios de la impostura. Son los progres multimillonarios, sin duda, los héroes de estos Tiempos de la… eso que tú y yo sabemos, querido lector mío. 

domingo, 24 de abril de 2011

De cómo la Milá le toquetea los gabilondos a un paje

    
     Entregábanle a la gran Mujer del periodismo hispánico otro Premio. El Premio Limón, qué marrón, asignado a la Gran Hermana que, en inmejorable signo de los Tiempos de la Mugre, habíale tomado el relevo televisivo al mítico Gabilondo, dispuesto ahora él, tócanos Iñaki otra vez los gabilondos, nada menos que incluso a votar a Rajoy. Puede que Milá le palpe también en la próxima entrega de su grandioso programa a Rajoy los dídimos, que le escrute las bolas a don Mariano bajo los focos en prime time, tan metido que anda ahora el hombre entre interminables piernas rubias del Sálvame telecinquiano, que mucho deben turbar y dar votos, y hasta botes, cosas de ese jaez.
    
     Bueno, nos ha dejado Mercedes Milá, la Condesa obsesa, con su morbosa escenita del sobeteo testicular al reportero, una entrega más para la posteridad del coleccionable “El discreto encanto de la Progresía” que ya prologábamos aquí el otro día, y que habría que ir encriptando y poniéndolo a salvo –porque la Historia, que cofrades suyos la escriben y la escribirán, nunca lo recogerá- para enseñanza y deleite, no se sabe si más ético que estético, de las generaciones venideras. Para salvaguarda de la verdad, también. Hablo de hacer otro “Libro de los Exiemplos Progres”, de similar afán, salvadas todas las cualitativas distancias, al clásico del conde Lucanor: “Et entendiendo que estos exiemplos eran muy buenos, fízolos escribir en este libro, et fizo estos viesos en que se pone la sentencia de los exiemplos”.
      
     Vamos allá, hermano lector. Arrímase el gacetillero a la Condesa, ataviada para la ocasión con sencilla camiseta beige de virtuosa pionera del Oeste, collar de abalorios de madera que remite a la secular indumentaria progre y un par de aparatosos relojes blancos que remiten sólo a la tontería. Bueno, pronto se ve que, como mandan los más severos cánones clasistas, antes de nada la persona de rango superior pasa revista, inspecciona, fiscaliza de arriba abajo con la mirada al humillado don nadie que se le acerca: “… Pero eres mucho más guapo de lo que me habían dicho… a ver que te vea YO los dientes, la boca, la nariz, todo… date la vuelta… bien peinadito, bien cuidadito…”, le mueve, le pellizca varias veces la cabellera, como si un poco le despiojara, le da órdenes, claro, porque el Superior tiene siempre prerrogativa no escrita para, a pesar de ponerse en jarras a un palmo suyo y en bandeja exhibirle sus caedizas ubres siliconadas, sin poder por el gusano jamás ser ni siquiera rozado, mangonear ella sí a placer al pelanas que cabizbajo osa acercarse.
     El pelanas, claro, le lleva una ofrenda a la Condesa. Sobre un plato blanco brilla una fresa rojísima, la fruta de la pasión allí, en ese escenario que pareciera ahora el mismo Edén progre. Sí, porque, campechana Condesa donde la haya, porque da así más juego y más jugo la Cosa, allí mismo se la lleva ella a la entrada de la boca, y la mordisquea. “Está mu fría, ¿quiés un poco?, farfulla y mastica ella a la vez. Y allá que le da a probar de su mano la roja fruta a la boquita del doncel, como en la escena bíblica del pecado original. Sí, menuda Eva, menudo Adán, menudo Paraíso basuriento. “Tá buena”, musita el gañán. “Tú si que estás bueno”, no le deja ni acabar la mandamasa, acortándole los terrenos, encarándole con deseo. Se le ponen a ella los pezones en puntas. Sonríe ruborizado él, y baja más la cabeza. Ah, si tal le hiciera Alfonso Ussia a Patricia Conde.
     Empiezan a charlar luego entrambos de… ¡desvirgar! televisivos canales. “Sí, sí, yo soy agresiva, que quieres que te diga, no nos vamos a engañar…” (sincérase entonces la condesa Milá… ostras, ¿endilgará entonces ella también hostias a tutti-plén, como reconoció en célebre interviú fray Iñaki Gabilondo haber repartido en su infancia entre los suyos Enmanos?, que la infancia del ministro de Educación no ha de ser, a lo Machado, sino recuerdos de esas hostias ignacianas). Hállanse luego departiendo entrevistador y entrevistada sobre naranjitas y  limones cuando de repente… sucede.
    
     Al parecer ha rozado de forma inadvertida el pelanas con el brazo uno de los pechos de la Condesa. Sepárase entonces ella de él, espantada. Se toca la silicona profanada, le aparta con el brazo de su cercanía. Enarca ella las cejas. ¡Tabú! Claro, el patán ha infringido el tabú de ese tótem que es desde hace mil años en España la Milá. La ha rozado. Entonces ella, la Condesa obsesa, en clamorosa punición pública, extiende a distancia, para que bien se vea, la mano derecha ahuecada en forma de cuenco y así le palpa allí mismo sobre el pantalón al mozuelo todos los testículos. Detiénese con primor el cuenco de la mano milana en la bolsa escrotal del perillán, recreándose en la suerte, a medio camino su gesto entre el estruje y la caricia, como corresponde a toda una Condesa  de la Ceja.
     No hay duda, si se para la imagen –párala Pol, que gritaría Boris- claro se ve: nos hallamos ante mano sabia y diestra, exacta la extensión e inclinación, preciso el ajuste y la conexión, otra vez el yin y el yang, mano que acoge y mano que recoge, mano que sopesa y mano que apresa, mano diríase que doctorada en esos súbitos menesteres. Perito en lunas, decía de sí Miguel Hernández. Perita testicular, acaso debamos decirle nosotros a la Milá, a la vista de su maestría en el tocamiento del tema. Ah, si tal hubiese procedido el premier Iraní con Ana Pastor, la estupenda señora de los 59 segundos, lo que de él hubieran entonces publicado todas las feministas sin fronteras del maravilloso mundo zetapeico.
    
     Mas, con el obsceno manoseo público de la Milá al pelanas de la prensa, la escena alcanza ya el paroxismo de la humillación de status por parte de una Intocable  contra el mísero paria: la situación nos reenvía a pasados esclavistas y nos recuerda una de aquellas secuencias en las que aristócratas desalmadas comprobaban así, hurgándoles un poco el falo y las pelotas a los esclavos, la calidad del producto que a los negreros iban a comprar, para ser más tarde destinado a la plantación. Mi nombre es Kunta, Kunta Kinte, debiera haber proclamado ahí el ganapán, de haberse dado en él un mínimo reflejo de dignidad.  
    Y al cabo, la sentencia del exiemplo, como pedía el conde Lucanor, que la propia Señora bien clara deja. “Ya puedo decir que me he tocado con Mercedes Milá”, musita él, radiante. “Tú sin querer; yo queriendo”, le baja al punto los humos ella, apuntándole con el mentón, como corresponde al derecho de pernada de la altiva Señora con el paje. Le pide el pobre dos besos de despedida. “¡NO!”, se los niega ella destemplada, asqueada ahora de tanta familiaridad. “Me ha tocado el paquete y ahora no me quiere dar dos besos”, pregona entonces a punto de lloriquear pero lúcido el menda. Hay cortes en la escena. Ha debido comprender Ella que una Condesa progre no puede “acabar”  el acto de tan señorial manera. Quedaría Ella mal ante el Pueblo.
      “Sólo uno te voy a dar”. Y entonces, como dos perfectos tórtolos del mester que iguales en condición fueran, nos endiñan a nosotros su acostumbrado final estafador. Dánse el pico y se esfuman. Cada mochuelo a su olivo, claro: el perillán a currelar en la secta de la Sexta;  la Condesa,  a sus posesiones. Discúlpame, querido lector mío, pero ahora, visto ya el exiemplo entero, con ese final tan tramposo, soy yo el que acaba por tocarse los gabilondos. Bravo, Milá, con un par.

Para ver la tocata y fuga enterita de la Milá


    
    

domingo, 10 de abril de 2011

El discreto encanto de la Progresía

    

     ¿Por qué a pesar de todos los pesares que suponen unas monstruosas cifras de desempleo e inflación y unas prácticas de gobierno no se sabe si más clamorosamente nefastas que corruptas cuenta siempre y en todo caso el Mester de Progresía hispano con un muy considerable y bien seguro suelo electoral que nunca, hagan los desmanes que hagan, les abandonará? Por muchas cosas, desde luego, pero una de ellas podría denominarse, a lo Popper, el atractivo emocional que por sí mismo despierta el “progresismo”.
     Se entiende de sobra que los individuos nacidos en situaciones de penosa desventaja material, en el contexto de las sociedades libres, que no “adoctrinan” a sus miembros, naturalmente aborrezcan el “sistema”. Es lógico que así sea. Lo que es ya más sorprendente es que una muy amplia capa de individuos objetivamente favorecidos por ese sistema despotriquen airados del mismo y conspiren para enterrarlo. En parte es porque desconocen –o fingen hacerlo- las virtualidades y el ensanchamiento de las oportunidades vitales que los sistemas de economía libre a medio plazo siempre propician, y en parte también porque esta “nueva clase”, usualmente ocupada en labores de burocracia o dependiente de las concesiones administrativas de la misma, hace precisamente de la gestión discursiva del difuso anticapitalismo que el mismo sistema produce –basado en su mayoría en empresarios, de un lado, y trabajadores por cuenta ajena, de otra-, la base última del mantenimiento de su pingüe situación. Entendámonos: el héroe de nuestro tiempo es un forrado de izquierdas; la Ceja, aquí, y los grandes actores yanquis en Hollywood, con nuestros entrañables Bardem y Pé de pontífices pacá-y-payá entrambos dorados mundos.
    
      De esta forma. si reflejó Buñuel en su célebre y a ratos latosa película de 1972, la repulsión/atracción que le merecía la hipócrita clase burguesa, en medio de aquella absurda cena que nunca llegaba a celebrarse, qué punta corrosiva no sacaría su genio  hoy a la famosa y real (y también Real) cena que, como en farsa que la propia Historia le hiciera ahora al Arte, en su noche reunió en Palacio al gran Joaquín Sabina con sus Altezas Reales Borbónicas, y que continuaría días después con un nuevo cenorrio  en casa del no menos grande Víctor Manuel  -triunfantes epítomes ambos cantautores protesta, como la misma Leticia Ortiz, de esa “nueva clase”-, evento y tenida que debieron resultar ambos no poco memorables y aun cuajados de artísticas posibilidades y hasta de peripecias estupefacientes y rijosas, realistas, surrealistas y de las otras.
    
      Pero también entre la amplísima banda de las clases medias –histórica creación y conquista de las economías basadas en la iniciativa individual- domina este difuso anticapitalismo en virtud del que, por mucho que gocen sus miembros de estándares de vida muelles y aun a veces opíparos, desgañitan los cielos con su sedicente izquierdismo. Se quedaba de joven uno literalmente de piedra muchas veces al conocer de cerca las posesiones de los progenitores de estos airados anticapitalistas: un día, siguiéndole embobado la estela a una de estas chicas furiosamente antisistema, descubrí que en casa de sus papis, en la que ella vivía, llamaban con una campanilla a la mujer que, como a San Carlos Marx, desempeñábales las tareas domésticas. Como quiera que estaba yo delante ese día, ¡sí que entonces púsose “roja” ella de veras!
     Y es en parte porque el discurso izquierdista está atiborrado de un conjunto de logomaquias (de truquitos fabricados con las palabras más bonitas) que, sin atender a la realidad de los hechos y al resultado concreto de la acción de gobierno que consiguen esas ideas, en apariencia superaltruistas, procuran siempre a quien las porta una maravillosa autodefinición. Ser socialista decía la otra tarde por la radio un centenario militante es… ponerse al servicio de la Humanidad. Acabáramos, que dan ganas casi ya mismo de salir corriendo y pedirle el carnet a Pedro Almodóvar.
    
     Es decir, declararse progresista regala buena conciencia. Estoy con los buenos, con la buena gente, con el Pueblo, qué carajo, con todos los Pueblos del mundo, con los humildes, con los humillados, con los ofendidos, con los puteados de la Vida, con los sin voz, con los de abajo. Soy ya uno de ellos: no importan ni mis actos ni mis poderes. Uno se dice de izquierdas, joder, y respira complacido. El titulito enmascara la realidad, disfraza el propio privilegio, otorga indulgencia. Absuelve. Uff, soy bueno. Buen rollito, un tío enrollao.
     “Y eso que yo soy un privilegiado, lo reconozco”, golpéanse así estos que  digo como principales fariseos el pecho. Y en esa prestidigitación de su miseria moral, en esa magia nominal, reside la clave toda de su eficacia fullera. Porque entonces ya no designan los privilegios las odiosas e injustas manifestaciones de la desigualdad social que es preciso arrancar por la fuerza. Al contrario, juegan ahora esas prebendas como llave mágica que sirve precisamente para al nombrarlos minimizarlos, para que ese elitismo cuele, para que desaparezca, para que su simple eco le transforme a uno en paria, en pobre, en explotado, para que oculte en definitiva su real condición de beneficiado de un sistema al que se dice odiar. Y  no sólo es fetiche que sirva para la buena Fama del presente, sino que,  como en las religiones salvíficas que tanto dicen ellos abominar, alcanza su maná hasta la Posteridad: siempre posando ellos de perennes rebeldes para la Historia (cuyos descendientes de clase, en lo que a su escritura se refiere, suelen administrar) en el campo indudable de los generosos, de los solidarios, de los grandes de corazón. Las conciencias más libres y justas y limpias de la época, le voilá.
    
     Dígase entonces usted de derechas, o de ideas liberales, y veráse ya mismo convertido a ojos de la mayoría en monstruo racista, clasista, egoísta, y la habitual lista de istas que el guión exige: instrumento de la Inhumanidad, vamos. La hegemonía en la expedición y el cultivo ideológicos de esas ideas-fuerza, que hacen omisión de la concreta verdad que hay detrás de los actos cada persona, no de la leyenda que a cada uno le precede, es la principal palanca que explica, creo, el seguro suelo electoral del que –si hasta aquí me has soportado, caro lector- al principio hablábamos y con el que la Izquierda siempre cuenta.