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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Una luz clamorosa (Cuento de Navidad)



   Aquellos chicos malos le habían encerrado en el fondo de un arcón congelador  y debían luego haberse olvidado de él. Ahora sí que el frío empezaba a traspasar el plástico y le mordía ya con saña desde los pequeños dedos de los pies hacia las rodillas. Intentó Pablo forcejear entonces un poco por primera vez con el embalaje que le aprisionaba.
     
   Al terminar la fiesta de Navidad, cuando los profes y todo el mundo se habían ya despedido, Pablo se entretuvo a solas, como hacía a menudo,  empinado sobre los sucios y mal abrochados zapatos de suela de material, curioseando, tras sus gafotas rojas  torcidas un poco en diagonal sobre la cara taciturna, el mapa del mundo que la de Sociales había colocado a principio de curso en la pared del fondo. Desierto del… Ka-la-ha-ri, deletreó. Era aquella gran mancha tostada de África en la que, según la profe, el calor era tan sofocante que  la vida se hacía casi imposible allí. En  casa, Papá dejaba tan alto el termostato de la calefacción para que él por nada del mundo se enfriase, que muchas noches, sin poder aguantarlo más, harto de darle a la wii y de tragarse los anuncios de la tele antes de que él llegara, encaramado sobre una silla, abría entera la ventana de su habitación y ofrecía su cuerpo menudo a la intemperie y a la oscuridad reinante allá abajo,  aún a riesgo de pescarse una buena pulmonía. Entonces, ¿el Kalahari ese sería un poco como su casa durante esas noches?
     
   Papá, que llegaba siempre  tarde y cansado de la oficina, le encontraba a menudo dormido sobre la alfombra marrón de mezclilla. Sin quitarse la baqueteada gabardina oscura, le cogía en brazos para meterle bajo las mantas. Le arropaba y se demoraba un momento mirándole. Se encontraban un instante entonces sus ojos, soñolientos unos y un punto amargos los otros, y aunque su padre ponía cara siempre de querer revelarle millones de cosas decisivas a la vez, sólo atinaba al fin a darle unas deslavazadas buenas noches.
    
     Estaba tan abstraído que no los vio venir. Eran cuatro, o más. Se abalanzaron entre risotadas sobre él, Le echaron un abrigo oscuro sobre la cabeza, como si llevaran largo tiempo preparándolo todo. Debían ser repetidores de algún curso superior, con ganas de llevar a cabo una trastada muy planeada con la que sacudirse de paso el propio aburrimiento. Pablo apenas opuso resistencia. ¿Qué podía hacer él contra esos cuatro mayorzotes, sino esperar  que todo pasara pronto?
     
   Lo arrastraron hasta la cocina del colegio. Entre todos lo tendieron, con pies y brazos bien pegados al cuerpo, sobre una mesa de trabajo y vestido como iba, con el jersey granate, que le venía algo grande, y el pantalón marengo del uniforme escolar encima, comenzaron a envolverle bien fuerte de pies a cabeza con una gran bobina de plástico transparente, de esas que se usan para congelar en las cámaras frigoríficas los alimentos. Al cabo parecía Pablo una pequeña momia transparente, algo cómica su imagen de faraoncito petrificado, con  el pelo y la nariz espachurrados contra el plástico duro. Dejaron sobre su cabeza  un arrugado resquicio en vertical chimenea por el que entrara un poco de aire. Así tendido  le depositaron al fondo del arcón vacío y desde allí contempló Pablo, resignado, las cuatro cabezas asomadas un metro por encima de él, las melenas verticales apuntándole a los ojos, algo desfiguradas las caras por las muecas del jolgorio, antes que sobre él cerraran la  puerta del congelador.
    
      Aun sumido en medio de aquella completa oscuridad, en la que sólo se escuchaba el continuo run-rún del pequeño motor, maniatado e inerme como se hallaba, imaginaba Pablo sobre sí sucesivas capas de  escarcha  posándose con suavidad de mariposas blancas sobre todo su cuerpo, como si cuantiosos copos de nieve  fueran poco a poco recubriéndole los hombros y las cejas, como  esos soldados abandonados en el campo de batalla sobre los que una pacífica y fenomenal nevada descendiera sin cesar desde los cielos condecorándolos con su misma pureza. De momento el embalaje le mantenía a salvo del frío y Pablo se acomodó a la idea de que allí pasaría, en el fondo del arcón congelador, todas las Navidades. Bueno, pensó, hay muchas cosas peores, y seguro que si era capaz de dormirse a tope, de dormirse y dormirse a base de bien, al despertar ya las Navidades habrían pasado. Era cuestión sólo de cerrar los ojos y todo pasaría.

     Sólo que, aunque lo intentaba, no era capaz de conseguirlo. No podía moverse, estaba todo en tinieblas, le picaba la nariz. El frío comenzaba lentamente, como un fantasma sinuoso, a atravesar las primeras fronteras abullonadas de las envolturas y a penetrar con la insidia de su filo punzante más y más plegados revestimientos internos. Se le ocurrió a Pablo entonces que si pensaba mucho en el Kalahari, si representaba en su imaginación con viveza el espantoso calor que allí hacía,  ese sol abrasador en medio del desierto, en las más altas horas del día, como un mazazo de fuego inmisericorde sobre las dunas  achicharradas, y esa arena calcinada sobre la que le arderían los pies sin piedad, mucho más de lo que quemaban los sofocantes radiadores de su habitación estas noches,  -cómo se las apañarían los pobres camellos bajo ese sol aniquilador-, si eso hacía, se hallaría a salvo del frío. Y durante un buen rato así fue.
     
   Pero al fin el lengüetazo hipnótico del frío iba macerando su voluntad, aletargándole poco a poco en un sopor helado, como si con siniestro aliento fuera apagando a vaharadas una tras otra los cientos de pequeñas velas encendidas que en el interior de Pablo  le mantenían alerta. Trató, entumecido ya, en un último impulso de infantil  rabia concentrada, de sacudirse la emboscada criminal del frío y de la presión del caparazón de plástico que le inmovilizaba, pero fue en vano.  Sintió entonces Pablo que estaba a punto de parársele el corazón, que la sangre se le espesaba en las venas, que se abandonaba a un mar cenagoso y oscurísimo. Se rindió.
    
     Era como si la oscuridad total se hiciese más y más oscura si cabe por momentos a su alrededor, como si su cuerpo resbalase continuamente ladera abajo hacia una sima impensable que le iba ya devorando sin él apenas oponer nada, hasta que de pronto todo cesó y en lo alto una clamorosa luz anaranjada, que descorriera con su grito insólito un  telón muy negro, pareció un sol nuevo. Una presencia extraña que Pablo no podía aún adivinar, ni por tanto descifrar, le zarandeaba y tiraba de él hacia arriba y le golpeaba contra ella, como si a tirones quisiera arrancarle una y otra vez su gélida piel empañada,  al tiempo que le soplaba y le soplaba sobre las gafas rojas, casi en diagonal sobre su cara lívida, “mírame, Pablo, mírame” , y vio primero la oscura gabardina baqueteada, mojada en círculos, luego el arcón congelador debajo suyo y la cocina de su colegio, y encontró otra vez los ojos, esta vez un punto vidriados, de su padre contra los suyos soñolientos, como si una noche más acabara de despertarle al volver tarde del trabajo y fuera   en sus brazos a meterle bajo las mantas, tan calentitas, “Papá, Papá, que creo que ya es Navidad”, le dijo, como si de entre jirones de plástico hubiese germinado. Y se apretó entonces Pablo bien fuerte contra él.  



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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)


QUERIDOS LECTORES Y LECTORAS DEL BLOG, FELIZ NAVIDAD
  

martes, 23 de diciembre de 2014

Batasunización de la Izquierda, la del nueve

  



 (Diciembre suave, lector. Hum, huele a Navidad. Regalar a un amigo/a, regalarte, regalarme mi libro. ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo. Pídemelo. Precio por correo ordinario: 10 euros. Precio por correo certificado: 15 euros)


   No de toda, de buena parte sí. De la que ahora encabeza los sondeos electorales, y de una facción considerable de PSOE, IU y  la izquierda nacionalista hablamos. ¿A qué otra afinidad electiva remitían los truculentos escraches de las “hadas” ante los domicilios de sólo algunos representantes electos? Conocíamos de sobra –excepto quien prefiera taparse los ojos- el arrobo con que desde siempre Iglesias&Monedero han contemplado la cosmovisión, los modos y maneras de la abertzalería. Tanto como al chavismo, a ellos los tomaban como modelo a seguir… hasta que por necesidades de disfraz, al asalto del Cielo del Poder, se despertaron un día convertidos en el más odioso insecto para ellos antes: probos socialdemócratas.
   
   Así, en la misma semana en que Pedro Sánchez motejaba al gobierno como “franquista” (fetiche al que asirse siempre en caso de apuros), bastó que el hijo problemático de un ex-alcalde del PSOE de un pueblo de Teruel estampara el coche cargado con bombonas y productos inflamables contra la sede central del Partido Popular para que una vez más en todo su esplendor brotase la prueba del nueve de la imitación de los esquemas batasunos.
     
   Nada menos que la eurodiputada de Podemos, Teresa Rodriguez, ante el ataque a la sede del PP –que así ella misma lo catalogaba-, tuiteó:
No hay que mirar las consecuencias (es decir, es igual que causara sólo destrozos materiales o tirara abajo el edificio entero, o se llevara por delante unas cuantas vidas) sino las causas y los responsables de que la gente llegue a este nivel de desesperación (o sea, las posibles víctimas se lo habrían tenido bien merecido, ellos son los responsables de su propio ataque, y no el elemento en cuestión, graciosamente subsumido en el genérico “la gente”, que alude a un Fuenteovejuna, claro).
     
   ¿Algo nuevo en esa ahora imprevista legitimación de la violencia? Nihil novo sub solem: ¡es el gemelo discurso empleado siempre por batasunos y cía para “comprender” el terrorismo etarra! ¡Pues mereció 640 inmediatos retuiteos por las redes sociales el mensajito de marras. ¿Y estos son los socialdemócratas? ¿No debería Pablo Iglesias, so pena de incurrir en complicidad con su eurodiputada borroka, desautorizarla de inmediato?
       
   Claro, si la eurodiputada de Podemos justifica el ataque a la sede del PP, qué vamos a esperar luego de algunos de sus fans hooligans. ¿Es asimismo casual que, tal y como hacían los batasunos, se ocupe Podemos en su último video de “encartelar” a varios periodistas, señalándolos como los Malos por antonomasia, y de una vez más en sus mensajes básicos exacerbar las pulsiones más primarias de los suyos con ese engrudo prototípico de odio y miedo bien revueltos? Ningún otro era y es el Canon habitual de la abertzalería.
   ¿En qué sobre todo consiste esta batasunización colectiva? En  sustituir, ¡ellos, que a menudo se las dan de doctos profesores universitarios!, el Discurso del Método por el Discurso del Odio.

    

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lunes, 22 de diciembre de 2014

El de la Lotería

   


   
   Qué arte tan virguero se gastan los publicistas -vendrían a ser ellos los sumos peritos demagogos del consumo-  para enmascarar, hasta darle del todo la vuelta,  la naturaleza de la Cosa. Así, qué precioso el anuncio de la Lotería de este año, qué emotivo, qué fenomenal puesta en escena de la historia con un final tan feliz como aparentemente altruista. El spot consigue que olvidemos que el mundo no se acaba en ese bar, que la mayoría restante habrá perdido en el juego su dinero, que no por ser grupal el egoísmo deja de serlo, aunque casi del todo se difumine. Anótese la finísima pericia textual y evocativa del spot: ¿no diríamos que se hace rico al final el mismo Don Quijote de la Mancha -el arquetipo del idealismo- de la mano generosísima... de Sancho Panza, símbolo del materialismo? Y qué es en esencia la Lotería: quitarle, bajo consentimiento, un poco a muchos para hacer RICOS a sólo unos pocos. Exactamente lo mismo que las Grandes Demagogias Políticas. En fin... , suerte, lector.


  Es bien sabido que a la postre resulta la Lotería de Navidad –emblema sumo de todas las loterías- un notable instrumento anti-igualitario, ya que viene a consistir el misterio y la ilusión desmedidos que la misma cada año concita en quitar un poco de dinero a todos para acumular un mucho del vil metal sobre la cabeza de sólo  unos pocos, sin que éstos, por otra parte, hayan hecho mayor cosa para merecerlo. Vendría la lotería a funcionar entonces como curioso mecanismo redistributivo de rentas, salvo que de carácter regresivo, claro, por el que al final del sorteo son los pobres (en su mayoría) un poco más pobres y los ricos (de origen o sobrevenidos de golpe por el soplo de la diosa Fortuna) un mucho más ricos.
     
   Los modernos Estados del Bienestar, que con tanto afán pregonan buscar la más equitativa y progresiva redistribución de ingresos para los ciudadanos –recordemos el famoso Discurso del Viento zetapeico, montado todo él sobre la aversión a los ricos y la pasión por los pobres… de Somosaguas- deberían, si fueran coherentes no sólo proscribir las loterías, sino perseguirlas, por ser tan contrarias a los fines que dicen buscar. Curioso que,  atreviéndose con todo, ni los iconoclastas borrokas de Podemos hayan ni mentado el acabar con la Lotería, notable instrumento creacasta.
    
     El fortísimo arraigo emocional que la lotería, al socaire de tanta plática socialdemócrata, consigo mantiene entre la gente radica a mi juicio en el sencillo paralelismo que guarda con la Vida misma, tan azarosa y contingente, tan expuesta a mil y una circunstancias o avatares, a veces también súbitos y fuera de todo cálculo racional, que complican o facilitan de forma extraordinaria, -y en la lotería el meollo intrínseco es que el mazazo ese puede ser sólo superbenéfico, en principio- la existencia de los hombres. Parecería así que los hombres hubiesen acordado establecer un artificio para imitar con el azar de un sorteo lo que los escritores de los folletones decimonónicos llamarían los vuelcos maravillosos de la existencia para unos pocos.
   
      Se me dirá: al fin y al cabo quien era pobre antes, no mucho más pobre seguirá después, si no atrajo hacia sí el Maná. Sólo que no sabemos exactamente a qué gastos más esenciales desplaza la cuantía destinada a tentar la suerte. Traigamos el asunto a terrenos propios de letraheridos: cuántas veces no decimos cómo tal libro nos cambió la vida (o tal cursillo, o tal pequeña inversión), justo el que ahora no compramos por adquirir el billete de marras… que sólo más billetes nos puede traer, a despecho además de cuanto decimos en principio aborrecer al poderoso caballero.  
     
   Bien se ve, no obstante, que la promesa que en sí encierra la lotería no es tanto la puramente material como la ilusión condensada al máximo de transformar radicalmente (con una suerte de varita mágica) y de un plumazo el orden pautado de nuestros días (una Revolución estrictamente individualista y hacia arriba) y lanzarnos a una vida que imaginamos más plena… que es justo la que nos proporcionan bien baratitos los mejores…. (iba a poner blogs, fíjate, lector)… los mejores libros, quiero decir. 
     
   Como toda pulsión extraordinariamente egoísta, (la de ser Uno y nada más que Uno inmensamente Rico, para darse más tarde el festín inconcebible de ser también inmensamente generoso…con los nuestros, claro, que es impensable el reparto total) una vez formulada y puesta en sociedad necesita, para hacerse tolerable, el ser en alguna medida maquillada. Así, con voz piadosa y acento algo fariseo lanzamos al vuelo esas dulces psicofonías de que “ojalá caiga entre los más necesitados, entre quienes menos tienen, y yo me alegro por ellos y tal y tal”.
          
   Pero el magnetismo atávico que la Lotería año tras año atesora estriba sobre todo en recrear en nuestro interior la simple suposición, el paladear la dulcísima textura de una sencilla promesa, la de que por qué no habríamos de ser nosotros esta vez –a pesar de las infinitesimales probabilidades de que ello acontezca- los elegidos de los dioses. Es en el fondo un sueño, que está de una forma o de otra, inscrito en la propia naturaleza imaginativa de los hombres que les faculta para ir más allá de su ordinaria vivencia. Es como cuando en la oscuridad de la sala del cine –fábrica de los sueños, se la ha llamado- juraríamos que sólo y nada más que a nosotros la Actriz o el Actor de divina hermosura es a quien está mirando, y que si por casualidad a fondo nos conociera, irremisiblemente de nosotros  acabaría enamorado.



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domingo, 21 de diciembre de 2014

El burro de Bécquer

  


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   Si en Turín un 3 de enero de hace 125 años Nietzsche, al ver como un cochero maltrataba a fustazos a su caballo, que exhausto se negaba a continuar la marcha, lleno de rabia de un empujón lo apartó y se abrazó llorando al caballo para al fin musitar en su cuello “Madre, soy tonto” y no hablar nunca más ya, huuum, cuánto hubiera dado yo, -no Bécquer, apenas becquer- , quizás sólo para así fabricarme ilusiones de grandeza, por hallarme el otro día en la Plaza Nueva de Lucena, y en ese vértice de azahar, sombra y luz, llegarme hasta el mastuerzo rebosante de arrobas que a traición se había abalanzado sobre el burrito del belén viviente, haciéndole allí mismo crujir al pobre animal el espinazo, allí el terrible sufrimiento y el retemblar de sus rodillas y corvejones, todo el aplomo del burro quebrado, el espanto en sus ojos grandes mirando hacia atrás despavoridos, hacia el fardo inmundo que jocoso se le venía encima y que a duras penas, trastabillado y casi despanzurrado entre agónicos resoplares podía sostener, y con una llave maestra y mágica de Oriente descabalgar entonces a aquel bestiajo definitivamente contra el asfalto, que de alguna ventana en ese instante por azar llegara música de campanas sobre campanas, y abrazarme luego al burrito de Lucena, sí, y sin llorar acariciarle pero bien su pelo suave y musitarle a las orejotas… ya, burrito, ya, ¿sabes? soy becquer, escribo un blog, y aunque sea fracasati, pienso sacarte pronto en él,  ya, burrito, ya.




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sábado, 20 de diciembre de 2014

20 años después... qué Cuadro

    


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   Veinte años para rematar un Cuadro de Reyes, de Familia Real en pie, nos parecen demasiados, -acaso sentados también ellos hubiéranlos llevado mejor- pues la propia mano del Tiempo, el cúmulo de gracias y desgracias que a esos modelos Reales pública y notoriamente les ha sobrevenido, y que todos más o menos conocemos a lo largo de esos años, pueblan el cuadro de invisibles turbulencias –una especie de raro poltergeist- que provocan que su visión en manera alguna nos pueda resultar “natural”.  
     
   Es por ello que al asomarnos al soberbio Cuadro (3x3,39 m) nos pasa como al niño de la película esa, que a veces vemos… a los Otros. Nos despistan un poco más las insólitas declaraciones del Artista, que a la pregunta de si se planteó incluir a los entonces maridos de las Infantas, a Doña Leticia y a los nietos de los Reyes, responde que “pregunté y me dijeron que no de una forma contundente, Pensaba incluirlos alrededor del cuadro” (ABC.es 2-12-14) Hubiera sido total, claro, sólo que en esa fecha ni eran maridos, ni había nietos ni Leticia que se sepan.
   
   Miramos también a los modelos veinte años ha, observamos su problemático presente y sin querer pensamos, claro, en El retrato de Dorian Grey, aquella notable indagación de Wilde en la que el retrato servía como recordatorio de la perversión moral de su modelo. Ocurre además que no nos parece este ni un cuadro sarcástico, en la onda de Goya,  ni panegírico, ni siquiera realista, a lo Velázquez para con la Royal Family, quedándose a un medio camino de todo, minimalista y a la vez enfático, que nos lo hace paradójicamente abstruso y difuso. Dice ahí también el Artista que “lo que más me gusta del cuadro es su tono moral, ético; la limpieza y la nobleza que emanan de él”.
       
   ¿Está seguro? ¿No nos parecen estas, excepto la de la Reina Sofía –resplandeciente, que se lleva ella de calle el Cuadro- unas figuras adustas, severas hasta casi ásperas? Don Juan Carlos liofilizado, retraído y algo ausente, en punto de fuga aunque a la vez en el centro, un centro desvaído y corinno, casi en agujero negro diríamos. Doña Cristina masacrada en el tren inferior y en la expresión boba, como si padeciera infección de urdangarinitis avant la lettre. Doña Elena, ceñuda y vinagre, casi altanera y hasta los mismísimos marichalares  de estar allí. ¿Y Don Felipe? Grandote, distanciado, rígido como un estandarte, inexpresivo e irreal, sideral, bañado en una palidez espectral, un Principito de opereta, casi.

   
   Ya digo, es el Tiempo, que a todos, a Reyes y Artistas también, nos trueca en sueño, sombra, polvo, nada… en nada de nada. 


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viernes, 19 de diciembre de 2014

Ay, Papa Francisco, ay, ay, dijo el Dalai

    


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   Ha nacido en el país prohibido… Cómo no imaginar la honda decepción en el alma del Dalai Lama al conocer el rechazo del Papa Francisco a recibirlo.  Estaba el Dalai en la Ciudad Eterna y, tras encontrarse con los ganadores del Nobel de la Paz, solicitó reunión al Papa, mas el Papa le dijo… NO. El Dalai Lama, además de Autoridad religiosa budista –dicen que es la reencarnación de un dios-, simboliza la memoria viva del genocidio tibetano, uno de los mayores y más espantosos de la Historia, a manos del comunismo chino. Como hojas los estrellas rojas cayeron sobre el valle de Lhasa. Pues el Papa Francisco le dijo… que NO.
    
   Mira que habremos visto reunirse al Papa Francisco con tirios, y troyanos, con kirchners y evomorales, con judíos y mahometanos. Hace bien poco incluso lo vimos rezando en la Mezquita Azul de Estambul junto a altas dignidades islámicas, aprestándose también a señalar que “el Corán es un libro de paz”. Mira que lo habremos visto predicar el ecumenismo y la apertura del corazón, el valor del espíritu y el menosprecio del interés material, a favor de los perseguidos y en contra de los Grandes Señores de la Tierra… Pues al Dalai, es lo que hay… he dicho que NO.
      
   ¿Y la excusa? ¡Increíble en él! Es que, ha venido a decirse, podría, claro, molestar a los dirigentes chinos, tan cochinos ellos. “Para evitar cualquier sufrimiento en aquellos que ya han sufrido”, dijo un diplomático del Vaticano, al parecer refiriéndose a los católicos chinos, leales en la clandestinidad al Papa. En nombre del Progreso y de la Revolución/ quemaron tradiciones y pisaron el honor. ¿Conocemos bien, de la boca del Papa, la persecución que en la China sufren los verdaderos cristianos? Dice también la prensa (EL MUNDO 12-12-14) que es que el Vaticano está tratando de mejorar sus relaciones con China, el Dragón más que emergente por todo el mundo ya. ¿Realpolitik papal, pues?
    
   A falta de petróleo no hubo amigos en el mar/ dejando las naciones tu barquito naufragar, nobel en la guerra, nobel en la paz… Ahí vemos, pues, al Papa Francisco, muy capaz de denunciar las muertes que causa el sistema económico dominante, de cantarles las verdades del pescador a los Gobernantes y Magnates del Mundo Capitalista, pero que ante los Jerarcas Chinos –propulsores además de un Comuniscapitalismo en el que se forjan ahora los mayores multimillonarios de la Historia- cede, y que, por cálculo ante ellos, rechaza reunirse con el Dalai… que nanay. Menudo mecano, sí. Si con un ¡Bravo, Bergoglio! se arrancara por tuiteares hace poco Pablo Iglesias, este ignoto bloguero, mucho menos que él, únicamente suspira: Ay, Papa Francisco.
   
        
    

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jueves, 18 de diciembre de 2014

John Lennon alerta sobre los Podemos, Imagine (Poessía 77)




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   Lennon avisa de Lenin, diríamos. La gracia (dudosa, lo admito, por mi culpa, por mi grandísima culpa) de esto está en darle al videoclip de abajo y que tararees conmigo, lector, sobre la música y la voz de Lennon, sobre su careto angelical, los arreglitos que a modo de distopía anticipatoria le compuse yo –Bécquer no, sólo becquer-  al celebérrimo “Imagine”.


Imagina… asaltan el Cielo
Tienen ya el Poder
Sobredosis de Consignas
Murales por doquier

Imagina las Masas
Mitin tras mitin

Imagina…. no hay medios libres
Siempre ocurre así
Enemigos del Pueblo
A los que hay que abatir
Imagina la Propaganda
Conducido el redil

Quizás digas que soy un facha
Eso a mí me da igual
Espero que ese día lo recuerdes
Si es que memoria queda ya

Imagina Mil Slógans
Pablo… y Pablo Superstar
Repartir lemas y miseria
Lo llamarán Felicidad
Imagina su Matraca
Machacada sin piedad

Quizás digas que soy facha
Eso a mí me da igual
Espero que ese día esto recuerdes
Si es que memoria queda ya.

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Menudo show el de Bill Cosby

     


   (Diciembre a medias ya, lector. Hum, huele a Navidad. Regalar a un amigo/a, regalarte, regalarme mi libro. ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo. Pídemelo. Precio por correo ordinario: 10 euros. Precio por correo certificado: 15 euros)


   Elegía siempre despampanantes mujeres. Sobre las alzas de su buena Fama se les acercaba para entablar amistad. En fiestas, en rodajes, en estudios, allí donde la ocasión surgiera y el monstruo interior se le despertara. Cuando conseguía estar a solas con ellas, galante y dentífrico les ofrecía una bebida, que como en las pelis de malvados, llevaba una droga dentro. Algunas de esas esculturales mujeres al segundo sorbito comprendían de golpe –el súbito resplandor que precede a ese paulatino reblandecimiento de la voluntad, a ese atontamiento general- lo que les estaba ocurriendo, aunque apenas podían ya resistirse. Abusaba de lo lindo entonces de ellas, sometía sus cuerpos al suyo, repetidas veces las violaba a placer y a menudo con violencia. 
      
   Si el tremebundo espectáculo de delitos sexuales protagonizados por Bill Cosby, que más de dos decenas de mujeres  han revelado –que nos descubren un depravado Calígula tras la exitosa carrera de comediante “entrañable”-  hubiera sido protagonizado por… que te digo, un Ronald Reagan, un Charlton Heston o así, no te cuento la que hasta en el último rincón del mundo –en artículos, canciones, series, camisetas, documentales, blogs- estaría montando el orfeón de la Publicística Mundial del Progreso, que cuando ponen a alguien en su lista negra, puede en verdad darse éste por chingado. Odiaríamos naturalmente todos a una como a un diablo a ese energúmeno hasta en la pura sopa… Cosby.
  
   Es el caso de Bill Cosby ahora, escuchamos... el silencio, laissez passer, parecen musitar quienes de verdad mueven las opiniones y las conciencias ciudadanas. ¿Y los transocéanicos movimientos feministas ante el caso Bill Cosby? Eso, pasando.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen, análisis y UN CAPÍTULO de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

    

martes, 16 de diciembre de 2014

Los cinco periodistas "cabrones" de Pablo Iglesias

   


   (Diciembre a medias ya, lector. Hum, huele a Navidad. Regalar a un amigo/a, regalarte, regalarme mi libro. ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo. Pídemelo. Precio por correo ordinario: 10 euros. Precio por correo certificado: 15 euros)


   Quedó bien claro en el glorioso Salvados que Jordi Évole  le dedicara, que lo de Iglesias, la varita mágica en la que piensa para entronizarse, como Chávez, es la televisión, con un programa, quizás “Hostia Presidente” en vez de “Aló Presidente”. Esto le dijo Pablo a Jordi : “los verdaderos parlamentos son las tertulias de televisión… ¿un programa semanal, mensual? Es que eso molaría, el Presidente del Gobierno cada mes, con cinco periodistas así cabrones como tú, igual así, sí”.
       
   Reclamaba Iglesias para su futuro programa televisivocinco periodistas cabrones” –de nuevo que no falte en él la vulgaridad, moneda reinante en nuestros días, que no se diga-, queriendo acaso presumir así de no importarle afrontar ni las preguntas incómodas ni las críticas más duras. Pues resulta que le llevan a TVE un mes después, y al primer periodista que le hace una pregunta incómoda, no es ya sólo que le devuelva un ataque de una acritud y de una ira desabridas, impensables en un político democrático contra una simple pregunta, es que los suyos exigen de inmediato prácticamente el empalamiento del periodista.
      
   Y al día siguiente, su número dos, Monedero, el leninista amable –menos mal- solicita la expulsión fulminante de los medios públicos de ese periodista… y del resto de periodistas contertulios que asistían al programa. Y más: como si fuera una correa de transmisión tránsfuga ya de la izquierda clásica a los Podemos, el soviético  Consejo de Informativos de RTVE hizo suya de forma insólita la causa Iglesias, y más la amplificó, pidiendo el despido del osado periodista -¡de su compañero!- que se atrevió a hacerle una pregunta molesta al señor que aspira a ser Presidente del Gobierno. ¡Como si en estos 35 años no hubiéramos presenciado cientos de episodios con mil veces más obscena manipulación que éste, en medio del clamoroso silencio de la Sindicasta de RTVE y de este soviético Consejo!     
     
   Si ese talante de ayatolláhs, si ese furioso talento censor, si esa furibunda disposición represora siendo aún nada demuestran los Líderes Sumos de Podemos, es de imaginarse –a lo John Lennon, sí, Imagine- la fenomenal purga informativa que en caso de asaltar en plenitud el Poder llevarían a cabo. Purga por otro lado plenamente lógica con sus premisas ideológicas, que ven en los medios de información privados una amenaza intolerable al Bien público. Y purga además de sobra ya contrastada por la experiencia en los regímenes similares a los que pretenden ellos instaurar.
     
   Esto es lo que va, en sólo un mes, de las palabras a los hechos. Salvo que, volviendo a las palabras de Iglesias en Salvados, estemos hablando literalmente de “cinco periodistas así cabrones como tú”, es decir, como Évole, cinco colegas de la vega y tal y tal. Se entendería así todo muy bien, sería tan fácil escribir el nombre de esos cinco guays. “Yo soy un trozo de pande momento”, remataba la bola allí Iglesias.



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