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martes, 12 de abril de 2011

Auge y Caída de Gaspar Zarrías

      

      
     En plena inauguración arreóse Don Zarrías un morrazo, vale. Eso le pasa a cualquiera. Justicia poética, dirá quizás algún fachoso mal pensado. Zarrías, eterno factótum del socialismo andalusí “corruto” (mejor así, ¿no, sr Blanco?, además, es éste vocablo más adecuado a la naturaleza grotesca y cagarrutesca de la cosa) es ahora secretario de Estado y ha sido siempre secretario de Chaves, que acaso sea en sí otro Estado dentro del Estado, vista la Familiaridad con que lleva cocinándose el Señorito sus podridas tortillas del Gran Poder desde los más inmemoriales tiempos. Cautivaron en su día al soñador Zetapé las resplandecientes trayectorias de ambos, y como a nuevos y bien cebados Rinconete y Cortadillo, -y qué grandísimas testas ambas- hasta la capital misma de la nación discutida y discutible se los trajo, promocionando de esta manera y en grado sumo tantas acrisoladas virtudes. El idealismo zetapeico, claro, que diría Millás, que  de morros, cual machadiana pompa de jabón cantada por Serrat con la ceja puesta, contra la Botiniana realidad se ha quebrado. ¿Quién, quién me presta una escalera para sacar a Zarrías de la hondonada en que cayó?
       Zarrías alcanzó el cénit de la plena celebrity con aquella inolvidable instantánea que nos le inmortalizó en el escaño, pulsando con manos y pies a la vez su voto y el de los de al lado. Se ve que la querencia cuadrumana habitó desde entonces en él y ahora, urgido por las prisas del estreno, lastimado también en su íntimo fuero por tanta traición griñana, doblegarónsele ya los remos ante el cráter pancorruto que por toda la Alta –y aun por la Baja- Andalucía de par en par a sus pies se le abre. Menos mal que pronto del traspié vínose arriba Don Zarrías, pues de durar algo más la morrada, es seguro que al punto en su ayuda hubiera comparecido Garzón, ese íntegrísimo Superjuez, aunque sólo fuera por contraprestarle la ayuda que aquél, con ocasión de uno de sus deslices, también Botiniano, le procuró dejándose caer gubernativamente en la movida progre de la Complutense contra los torturadores del Supremo. Gaspar y Baltasar en mágica joint-venture, pues, y qué venture, tú.  
     
     Parecen las imágenes, la  insólita aceleración de las mismas, esa velocidad endiablada que, dejando atrás a la comitiva entera, como si de un caudillito raudo y voluntarioso se tratase, le imprime don Zarrías a sus pasos, estampa propia del mítico cine en blanco y negro. No deja al cabo el pobre Zarrías de portar consigo en su penosa lámina apagadas reminiscencias del inolvidable Oliver Hardy, aquel que junto a Stan Laurel tanto nos hizo alguna vez reír.
     Veamos: con el transbordador ya dispuesto, para sorpresa de los propios que en el trance le acompañan, destácase de todos en solitario Zarrías, como al súbito oído de una voz que sólo a él hablara, mondo y orondo Moisés del peñasco ya, y que emprende  veloz y  decidido paso de descenso a través de la plataforma de desembarque, con los mismos aires sobre sí que los de ese torero que ante el miura alardea delante de la cuadrilla, y por mejor ganarse al respetable, con el inveterado “dejarme solo”, por más que los trastabilleos iniciales en la misma rampa hagan ya a todos temer lo peor, aunque, claro, a ver quién es el guapo que levanta la muy ante su cabezona Excelencia. ¡Dios mío!, pareciera, tal es el brío del bizarro Zarrías, que desembarcara en Lepanto el mismo don Juan de Austria, bueno, seamos justos, sólo un adelantado chusquero de las mismas tropas corrutas, presto a clavar allí mismo el Perejil de su bandera indiscutible.
      Al poner pie en tierra el héroe dudoso, los vislumbres de la Tragedia que acecha más y más se acrecientan, pues Don Zarrías, lejos de toda prudencia, empieza a malcaminar a zancos sobre gruesas e irregulares piedras, como si ya, más que ante un Julio César cruzando el Rubicón,  ante un excursionista dominguero que es que se la va a pegar atravesando el riachuelo estuviéramos, sin por ello en lo más mínimo reducir esa velocidad de crucero que consigo lleva, que menudo es el Señor, que menuda es la chola que el colega se gasta. Los trancos de pingüino torpón tropiezan entonces una primera vez ante la vertical de una roca más gorda.
     “Cuidaaaoo”, óyese entonces desde atrás, con lorquiano acento premonitorio de lo peor, lo mismo que le diría desde el burladero uno de los subalternos más sabios al diestro figurín que se arrima demasiado, aun a sabiendas de que es ya todo inútil, pues el Artista, encelado con el brillo de la inauguración y de las cámaras, es que ya no hay quien le pare, tan grande es el clamor que le retumba por entre los aladares.  
    
     Y entonces, al tratar de sortear la Piedra definitiva, la que como al Rey León al fin le encarame al Trono de la Victoria, desde el que acaso contemplar la extensión toda de sus corrutas posesiones, ante el ánimo lívido y suspenso de la cuadrilla, sobreviene el Talegazo: héteme aquí que Don Zarrías besa de bruces el suelo lunar de ese cráter. No, no es que hinque la rodilla, se incline más tarde y al fin caiga, no, es que pierde la vertical y gana la horizontal al instante delante nuestra. Ahora sí que se multiplican, inútiles ya totalmente, los cuidaaaoos anteriores, pues el daño está ya hecho. A ver a qué valiente de los allí presentes se le escapa una natural risita. Es sólo un instante, pero se hace el mismo eterno: ese cuerpo gentil, en todo su gallardo porte extendido en decúbito prono, con las piernas y las abaciales manitas abiertas y en total postración yace al fondo del secarral. Podría pensarse también que hállase don Zarrías cara a la Meca orando, así de expuesta se contempla la postura del secretario del Estado zetapeico. Salam malecon por la Alianza de las Civilizaciones gadaffianas, qui será, será.
     El ordenata me detiene sin querer un instante el video y me muestra entonces una congelada imagen de una belleza violenta y sobrecogedora: allí el azul corinto del mar eterno, el dorado sol de costado, el siena de la tierra inhóspita, el negro de los ternos casi fúnebres de los acompañantes, el fondo claro del barranco, ah, el rojo vivo de esa cazadora en uno de ellos, como en la película de Spielberg la rebeca de la niña, la metonimia de la pasión y de la sangre que los hombres en mil inútiles batallas derramamos, el cuerpo exánime de don Zarrías allá al fondo, oh, al fin, cuánta alegría nos embarga al verlo levantarse sano y salvo, nada grave pasó, sólo fue un mal paso, ya la Muerte se ocupará en su momento de cada uno de nosotros, el mismo don Zarrías,  ya recompuesto así lo avizora (puede oírse en el video chiclanero), “no, si terminamos todos en el suelo, ya verás”, vivamos entonces en lo que podamos con júbilo, vivir es ya sólo en sí un auge, fue sólo un instante, una parábola tal vez del Ascenso y Ocaso de Gaspar Zarrías, cénit  y caídas que, salvadas las distancias corrutas de tiempo y espacio, a los Chaves también, a todos nosotros también, un día nos esperan.  
    
    
 

21 comentarios:

Candela dijo...

Mejor sería fulgor y muerte de Joaquín Murrieta, pero este robándole a los pobres para quedarselo él.

La pena es que no se dejara los piños clavados en una piedra.

Sinretorno dijo...

José Antonio , excelente entrada como siempre. Es de Jaén y conocido como Megatón Zarrías, incansable y espero que combustible. Abrazo bloguero.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Amigo José Antonio, contigo tengo un problem ya lo sabes: me fijo más en ¡cómo escribes que en lo que dices!
Me fascinan tus curvas literarias.
Te tiro los tejos blogueros y a Zarrías que lo folle un pez.
Afectuosamente
Asun

Bucan dijo...

El votar con las manos en su puesto y con los pies en el escaño de al lado indica bien a las claras el concepto de democracia que tiene el tipo. En cualquier país democrático normal, hubiera tenido que abandonar la política. Pero este país no es normal. Esto es Trincolandia. El lema es "todo por el partido" y "todo por la pasta".

Myriam dijo...

NO conozco la política de este señor, peor me pareció gracisos como describes su caida de cúbito prono.

Si te contara las veces que por una u otra causa he aterrizado en el suelo, yo que vivo volando, por suerte, dada mi humilde condición, sin cámaras que me filmen. Aunque quien sabe, quizás mi culo aparezca algún día captado en una foto del VOyager.

Saludos

Elena dijo...

Gracias José Antonio, gracias porque he disfrutado de tu brillante pluma y me he reído, no sabes cuánto, con la caída "del Zarrías". Si es que no han pisado el terruño en su vida, una vez que salen del despacho, comen tierra, jajaja...

Un abrazo.

Jose Antonio dijo...

Se postró de hinojos ante el poder superior, el sabrá cual
Un abrazo

marcela dijo...

Lo mejor de las cróncia política,lo leo en tú casa. No dejo comentarios para no rebajar el nivel de lo escrito.
Eres, muy bueno, eres muy inteligente, eres muy crítico, eres muy elegante.Eres empatico.
Un fuerte abrazo. te he dejdo un cimentario en el pos de Irene Villa.

marcela dijo...

Ves lo que te digo: crónica quería escribir.

Javir dijo...

Según se mire, amigo del Pozo, según se mire. Unos dirán que es tanto el amor que le tiene a su tierra que hasta se la quiere comer. Otros nos malpensamos que no debe ser nada fácil pasar de años de moqueta a terrones y piedras así como así.

Una delicia leerte, amigo. Un abrazo

Sevilla Opina dijo...

Zarrías no es mas que un típico mandamás de la PSOE andaluza: mentiroso, falsario, intolerante e ignorante.
Lo peor es que la gente le vota.

aspirante dijo...

Imagino que Baltasar ya ha mandado detener al cruel peñasco que protagonizó tan osada agresión a Gaspar.
Todo por la causa de la solidaridad entre reyes magos.

Juante dijo...

Corrutos y cagarrutos: no los has podido definir mejor.

Lo malo es que en Andalucía hay mucha indiferencia. Por eso proliferan impunemente esos personajillos, por un problema simple de escala de valores. Hoy, por ejemplo, amenazaban a la alcaldesa de mi pueblo con desmontar los hierros de las casetas de feria, si no les pagaban una deuda acumulada. La "feria" es el único símbolo de la realidad andaluza, con sus señoritos, zorroncitos e itas, ZarríaPastrosos, caballos, acólitos y lacayos. El paisaje antropológico precede a los paisanos.

Votar sería una solución, pero ni eso.

Un abrazo.

Señor Ogro. dijo...

Cuando esta gentuza tropieza, siempre existe un fiscal que le recoge cual almohadon de plumas.

Y si se hiere, no hay problema, vendrá un juez-medico a ponerle tiritas.

Aitor Mento dijo...

Eso es, sr. Ogro.

A la vista está la absolución de Ángel Luna, el del PSOE valenciano, por esgrimir documentos de Gürtel estando el caso bajo secreto.

David Gerbolés Pérez dijo...

Excelente post, lo suscribo plentamente.

Saludos.

José Antonio del Pozo dijo...

-Candl:piños y piñones zarrianos on the rocks
-Sinre: gracias. ¿Megatón? qué bueno
-Asun: gracias por fijarte en mis formas y en mis curvos, muy ricos los tejos. Un abrazo, amiga.
-Bucan: ¿Trincolandia? Sí, o El show de Bonoman
-Myriam: gracias, chica voladora. No des ideas a los del Voyager, que se olvidan entonces de las otras estrellas, perisiguiendo ya tu estela.Saludos

José Antonio del Pozo dijo...

-Elena: gracias por tu risa, que aquí me dejas tan amable. Abrazo
-Jose Antonio:no está mal visto, tocayo, se postró ante Chaves-truz
-Marcela: gracias. Te lo agradezco, de verdad,porque a veces necesito oirlo un poco, así de flojucho soy, así sé que a alguien gusta e interesa esto. Eres muy amable

José Antonio del Pozo dijo...

-Javir: pues las dos opciones son viables. Lo mismo digo. Otro para tí, colegui
-Sevilla Opina:típico falsario, dicho queda
-Aspi: muy bueno lo de Garçon, qué garçon
-Juante: el paisaje antropológico precede al paisanaje. Muy bueno. Sí, cómo vencer esa indiferencia. Un abrazo
-Señor Ogro: claro, son los Jueces para la Democracia, ya te digo
-Aitor: Luna, el hombre que tiró la piedra y escondió la mano que mece esa luna
-David: muchas gracias, amigo

El Fugitivo dijo...

Lo leo con retraso, pero igualmente me troncho de risa, más con tu relato que con las propias imágenes. A ese Chaplin le falta un bastón. ¡Qué peligro tiene incluso sin él!

José Antonio del Pozo dijo...

Gracias, Fugit, por bucear en lo mío, por pasártelo bien y ocuparte además de decírmelo.