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jueves, 16 de agosto de 2012

La Sirenita coreana de Londres



      
 Querida Shin A Lam, dulce coreanita mía, verás,  esta mañana amanecí, y no sé por qué -ha de ser el capricho del inconsciente colectivo que forjaron las recientes Olimpiadas entreverado con el mío inconsciente, que es un patio muy particular- amanecí, digo, mecido entre los brazos de tu desolación. Fue la primera imagen que, como encastrada tras la puerta abierta de los ojos, me fue dado ver. Como si no hubiera pasado el tiempo, o como si hubieran transcurrido estos cinco días y siguieras aún sin moverte de allí, espadachina derrotada por la Injusticia, doliente estampa del desamparo.
   Sobre aquel escenario enorme,  rutilante de claroscuros pirotécnicos, tan gélido como un glaciar, cómo podrían recogerse allí las lágrimas de tu infortunio, las monedas incontables de tu llanto, guerrera descorazonada. Pensé por un instante que, conocedores del desafuero,  nadie se había atrevido a desalojarte –no dejabas de tener en la mano, dulce Shin, una espada y mucha rabia- y que, sumidos en una oscura culpabilidad, habían ido abandonando en silencio uno a uno el pabellón, sin que tú lo advirtieras, dejándote a solas en aquel habitáculo espectral. Y que allí habías quedado tú varada, sirenita de la esgrima, como estancada en tu aflicción, incosnciente al Tiempo y a todo, paralizada en tu desconsuelo.
       
   Luego pensé en el día que ayer era, el que dejamos ya atrás. Junto al primero de enero, el Día Mundial de la Soledad. Me dije, bloggero, has de traerte a la dulce Shin al blog, para tratar desde allí de llevarle un poco de compañía, de secar retrospectivamente sus lágrimas con las parvas palabras de que seas tú capaz, pues si según los científicos el aleteo de una mariposa en Bang Kok puede originar un terremoto en Los Ángeles, por las mismas quizás el mínimo latido de un blog anónimo pueda desencadenar una sonrisa inexplicada en una sobresaliente espadachina de Corea ahora abatida.
   Estoy contigo, Shin A Lam, que tú lo sepas. Yo, que no soy un ángel, todo lo más un bloggero pomposo,  nunca te hubiera dejado allí, en aquel hangar menos aséptico que helador, tan sola. Tan sola. Hubiera participado en tu tristeza, te hubiera dado mi brazo y mi mano, en la esperanza de que fuera así tu amargura un poco más liviana. ¡De cuánta alegría se rebosó luego mi sesera, al enterarme, dulce Shin, de la íntegra dignidad con que rechazaste más tarde la medalla que la Organización vergonzantemente te ofrecía!   

Post/post: gracias a Frodales por seguir el blog, Hawai05, a Juante, a Winnie0, gracias especiales por dejarme sus palabras y su ánimo ayer, por bloggear a mi lado, GRACIAS.       

3 comentarios:

Araceli Vera Collada dijo...

LA verdad que es una pena.
Buena entrada
Un saludo
www.guapayconestilo.blogspot.com

Jaime dijo...

Estupendo post Joasé Antonio, en tiempos el espandanchín que perdía al recibir las heridas o alcanzar la muerte era consolado o llorado; yo me uno hoy a ese tu consuelo con la sirenita koreana, en los pasados momentos en que recibió sus heridas en el noble combate de la espada.
Sea, seque sus lagrimas la espadachina y levante su mirada al frente, allí espera nuevos enemigos a batir.

MAMUMA dijo...

Pobrecillo.