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miércoles, 8 de agosto de 2012

Lágrimas en el plato


    
    Aquellos tíos, ceñudos, torvos, como investidos de una gravedad  mortífera no dejaban, cada uno en su turno, de disparar. Retumbaban los escopetazos uno tras otro. Tanto, que los tiradores, para protegerse del estruendo, ni por un instante se desprendían de los auriculares. Ninguno de ellos miraba siquiera los disparos de los otros. Ocupaba, cada uno con su pesada arma abierta al hombro,  el puesto, la armaban, con un mínimo ritual propio equilibraban e inmovilizaban al máximo el cuerpo alrededor del punto de mira, murmuraban una orden y… PUM, a lo lejos un polvo rosáceo anunciaba que el plato había quedado reducido… a eso, a polvo perdigonado. Así uno tras otro, los tiradores, los disparos, los platos convertidos en polvo malva. No fallaban ni uno.
   Era la final olímpica de tiro al plato en este Londres del 2012 maya. Los seis mejores tiradores del mundo, diríase. Un español entre ellos, Jesús Serrano. Uno pensaba al verlos en muchas cosas a la vez: en si, a pesar del mérito inobjetable, era eso un deporte, en la lástima por tanta vajilla hecha fosfatina, que más de un millar de piezas ya llevaban kaputt, qué desperdicio, en la bárbara puntería que tenían aquellos mamones, en la espectral serenidad sobre todo que parecía dominarles a cada uno de ellos. Me lo chivateó luego la Wikiwiki: en este deporte gana el que no piensa, el que no siente, el que no suma platos mentalmente, el que más controla sus emociones. Utilizan psicólogos para eso, para no sobrepasar bajo ningún concepto las treinta pulsaciones cardíacas al minuto en la misma final olímpica. Como suele decirse, en nada les temblaba el pulso a aquellos destrozaplatos. Al menos no descuajaringaban pichones, como Garzón de farra hace.
   
    Encuadraba la cámara aquellos seis rostros impasibles apuntando antes del disparo al mismo espectador y te decías, joder, estos tíos parecen francotiradores. Remitían, sin quererlo ellos, al desastre de las guerras. Vino a coincidir además que dos de aquellos fulanos eran de nacionalidad croata. Se me dispararon entonces a mí en tropel las connotaciones: los Balcanes, Sarajevo, los puentes, Mostar, para qué rememorar más crueldades. Y los seis, dale que te pego en su autómata procesión de disparos, que no fallaban ni una. Los tímidos aplausos del congelado público en la grada al final de cada serie en nada remendaban el fúnebre espectáculo. No sé, daba un poco de repelús todo aquello.
    Al cabo de despedazar sin tregua aquel incontable carrousel de platos en lontananza, un poco como si lo tuvieran entre ellos amañado y también quizás por no aburrir más a los espectadores con tantísimo tino,  se produjo al fin algún error en los disparos -que tampoco por los fallos muestra de pena los tiradores exhibieron- de resulta de los cuales uno de los seis venía a resultar el ganador, el acreedor por tanto del Oro olímpico.
    
   Y entonces, contra todo pronóstico, sobrevino una de las más memorables –desarmantes, sería mejor decir- escenas de este Londres del 2012 maya. Aquel joven campeón, croata claro, Giovanni Cernogoraz, de rostro aguileño y gélidos ojos hundidos al fondo de las fosas, de repente físicamente se derrumbó. Rodó por los suelos, roto ahora en gruesas lágrimas de muy humana emoción. Acudió entonces un tirador compatriota a abrazarlo, levantándolo antes, como si fuera lo otro del todo impresentable para un tirador. Aún así le desbordaban todavía las lágrimas a Cernogoraz. Era desde luego de ver aquel robot deshecho en lágrimas,  pues el bueno de Giovanni lloraba y lloraba como un niño… que en su vida hubiese roto un plato, sí. 


Post/post: gracias a hawai05, Mónica, a Sonja, a MAMUMA por celebrar Marte conmigo, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.



   
    

3 comentarios:

Jaime dijo...

Efectivamente rompe a llorar como si nunca hubiera roto un plato; tu exposición del momento genial, el contraste de la frialdad del tirador de élite, con la emoción del deportista que se sabe ganador del máximo galardón.
Salud

Monica dijo...

Los hombres también lloran....de emoción.Saludos

Anónimo dijo...

Me viene de perlas que hayas escrito la palabra “ francotirador", y así, al hilo del post , te digo que tú eres un “ sniper" perfecto. Más vale no caer en tu radio de acción. Implacable.