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miércoles, 12 de marzo de 2014

Aprended, aprended, bobitos (de Elena Valenciano)



   Siempre nos ha maravillado la destreza con que la fábrica de publicistas de la Progresía maneja los media, el arte propagandístico en que envuelven el mensaje, que es masaje, destinado a esa franja de ciudadanos que siguen la política sólo de refilón, y que son quienes deciden las elecciones. No digamos ya si comparamos ese mimo publicitario con el seco desprecio que la derecha política española acostumbra a hacer de la comunicación pública en las sociedades modernas.
    
   Ahí tenemos el penúltimo exiemplo: ¿acaso no resulta fascinante y logradísima la imago que, antes incluso de oficialmente inaugurarse la campaña europea, de Elena Valenciano han conseguido los cerebritos  progres colar en el imaginario colectivo de los inavisados receptores? ¿No han de resultar cálidas y entrañables –para los “apolíticos”- el haz de connotaciones simbólicas que la imagen/estampa consigue de un plumazo levantar?
    
   Ahí, en ese centro sobre lo que todo converge, en muy humilde compostura luce ella: sola, modesta, rodeada de libros (es decir, de cultura, de humanismo, de sabiduría) y rodeada de jóvenes (es decir, de idealismo, de rebeldía, de modernidad) que, diríase, han abandonado un instante los libros que en su mesa cada uno devoraban para de forma muy medida ovacionar a quien acaba de hablarles. Todo el envoltorio simbólico rezuma efectiva sencillez: esa modestia escénica de mesitas y sillas casi  infantiles, esas sobrias estanterías, la explícita ausencia de reclamos mitineros, el austero vaso de agua, unos folios, la casual indumentaria…
   
   Y también la disposición de Ella: escueta, despojada de todo abalorio o signo de status, en tejanos y camiseta, sola, no acompañada de la comitiva oficial, peinada lo justo, la precisa sonrisa, tras una endeble mesita que no oculta sus piernas, que no la parapeta; es decir, todos los componentes escenográficos de la imagen redundan en una milimétrica desnudez simbólica, una alegoría de la sencillez inteligente, alejada de la empingorotada Casta, -a menudo los candidatos del PP parecen recién egresados de una lavandería express de cinco estrellas- y de fuertes resonancias identificativas para amplios segmentos sociales. Una de los nuestros, una más entre los jóvenes cultos y de clase media y media baja, vendría a sugerirse.
   
  Esa estampa, lo que la misma susurra, es sobre todo el decisivo mensaje. Lo que luego dijo, “me sorprende que quien no tiene muchos recursos se siga adhiriendo a un proyecto como el de la derecha española”, eso va ya para el consumo de la tropa interna, y recuerda en fisno  al dicho de aquel tosco alcalde socialista sobre los “tontos de los cojones que votaban a la derecha”. “Las clases medias deben saber que sus hijos no van a poder competir con los hijos de la buena estirpe, porque no van a tener recursos para hacerlo”, sentenció allí la docta Valenciano.

    
   Frente al radiante emblema de la humildad ilustrada que la imagen con eficacia vende, la estricta realidad de la propia buenísima estirpe (sagazmente ocultada) de la heroína que allí comparece, y el hecho de que no fuera ella siquiera capaz de acabar los estudios universitarios porque es que… es que ella mucho allí se aburría, francamente todo eso importa un pepino.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

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