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martes, 4 de marzo de 2014

Con Llamazares now


   Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte… sí, que cuando menos te lo esperes te hallarás con otro de los Grandes, con don Gaspar Llamazares ahora,  tuiteando y arreglando el mundo internacional, pues esto del Twitter tiene mucho de tumultuoso baile de salón con súbito cambio de pareja al compás de una nueva música. Uff, esta nada con ínfulas conoce días en que los Grandes, diríase que apiadados de su irrelevancia, se complacen en al menos darle un poco de charla. Ahora verás, lector, las ardientes ucranias sobre las que por la Red  sobrevolamos Llamazares y yo, y verás cómo también el transcurso vertiginoso de los hechos en sólo unos días pone en solfa las opiniones.
     En el principio Llamazares escribió:
     -Los mismos que rechazan cualquier secesión en Europa, y que amenazan con la salida de la UE, agitan la de Ucrania sin evaluar sus consecuencias.
     
   Bueno, me pareció ésta de don Gaspar una opinión desafortunada, basada en un paralelismo a mi entender falso, ya que quienes aquí han tomado partido por la oposición ucraniana no abogan, creo,  por una partición de ese país, situación aquella por otro lado difícilmente asimilable a la de las más asentadas democracias occidentales. Podía además deducirse de la misma que defiende Llamazares tanto el derecho a la secesión aquí como el siniestro régimen de Yakunovich, figura que cuando esto se escribía aún no había salido por piernas de Kiev con rumbo a Rusia. Así es que allá que acudió esta nada al choque con el Grande:
   -¿La secesión de Ucrania respecto a Rusia es lo que le molesta a usted? Ucrania es un país independiente.
    
   Venía yo a recordarle así sobre todo la memoria del atroz martirio que históricamente ha recibido Ucrania del Imperio Soviético –purgas, persecuciones, deportaciones, colectivizaciones y requisas forzosas que acarrearon terribles hambrunas y que costaron millones de víctimas de las que ninguna ley de memoria histórica se hace cargo-, opresión y dependencia económica y política que el gobierno ruso actual a través del régimen criminal de Yakúnovich, cierto es que en elecciones votado, trataba de perpetuar. A lo que Llamazares, pasado un rato, tuvo la gentil delicadeza de responderme, para sólo quizás mejor precisar su primer tuit:
     -La división de Ucrania es el riesgo, y un conflicto internacional.
  
   Se puede en eso estar con él de acuerdo, aunque me parecía sorprendente el comprobar que incluso los más aguerridos izquierdistas, tan propensos de consuno a las efusiones grandilocuentes y milenaristas que todo parecen cifrarlo en arrojados términos tipo el-Pueblo-unido-en-las-calles-y-en-lucha-por-la-dignidad-y-la-libertad-más-vale-morir-de-pie-que-vivir-de-rodillas-y-tal-y-tal tórnanse cuando les peta gélidos y pragmáticos analistas, los mejores de la clase en la impasible realpolitik cuando toca. ¿Desde cuándo esa preocupación por la división de Ucrania, desde cuando en los más férreos comunistas esa moderada prevención por evitar “un conflicto internacional”? Desde el momento que les conviene, claro. Así es que me sentí obligado a añadirle algo más a nuestra conversa:
     -Pero la división de Ucrania quien más la alimenta es Rusia/Putin, no?
    
   Bueno, ni que hubiera adivinado la nada que je suis lo que días después iba a ocurrir: la invasión de una parte de Ucrania, Crimea, de mayoría rusófila, por tropas rusas. Sólo que Llamazares manteníase en sus trece y todavía un poquito más tras un lapso me escribió:
     -Rusia y la UE. Los dos.
     En ese fifty/fifty equidistante establecía él la cuestión, aunque el toro pasado de los hechos parece darle a la nada interbloguera más razón en el caso, creo. Es la integridad territorial de Ucrania por la amenaza rusa la que más parece ahora en cuestión. Además, que no compartía yo ese fifty/fifty sobre el asunto, por lo que pretendí un poco más agitarle a Llamazares la conciencia:
   -No son lo mismo una que otra, no difunden o les guían unos mismos valores, ¿no? Lo ideal es cierta autolimitación de todos, ¿no?

    
   Claro, el enraizamiento de las democracias en países sin esa tradición, más que en la mera celebración de las elecciones, radica en la independencia de la Justicia, y más allá, estriba en cierta autolimitación de las élites políticas que haga posible el valor superior de la convivencia y la alternancia pacíficas en el Poder. Eso quería expresarle yo a Llamazares, sólo que ya no tuve yo más respuesta suya, como lógico en cualquier conversación entre uno de los Grandes y uno de la nada es.  





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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