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miércoles, 3 de agosto de 2016

Sobre La chica del millón de dólares

   


   Pues nada, que volvieron la otra noche a pasarla por la tele… y una vez más ante la chica caí noqueado. A ver, por partes, que dijo el Otro: los brochazos demasiado esperpénticos con que la peli trata a la avariciosa familia de Maggie, a la tiesa figura del cura, incluso a la tramposa Osa a la que por el Mundial se enfrenta, desmerecen a mi juicio la peli y me impiden considerarla una obra redonda. También me cantea un poco el guiño cultureta de embutir a Yeats con fórceps en el sórdido mundillo del boxeo. Además, toda la deriva que inevitablemente al final se precipita sobre el peliagudo asunto de la eutanasia contribuye a ocultar las mejores cualidades artísticas que indudablemente la peli posee, y que la hacen magnética como pocas para mí.
     Lo esencial de La chica del millón de dólares, con lo que me quedo y lo que de ella me admira y rinde, es la bien trabada relación paterno-filial entre Maggie y Frankie, cuyo dosificado acercamiento en hechos, imágenes y diálogos muy logrados, a la perfección ensamblados, aboca a unos lazos hondísimos entre ellos dos que el espectador siente como propios. También el amargo y hermoso pespunte como al biés con el que el personaje de Morgan Freeman va introduciéndonos la tan dolorosa como preciosa historia. Cautiva sobremanera el personaje de la Chica, el retrato de la redonda ilusión que en ella brinca, se dibuja y encarna, la candorosa y férrea autodeterminación con que ella, que ya no es una niña –acierto de guión- se conjura para conseguir el sueño que le abrasa el corazón.  Cinematográficamente, esas secuencias encadenadas del proceso a través del que uno a otro se van acercando hasta fundirse, así como la física descripción del coraje indómito con que en soledad ella aborda su continua superación, la propia narración de los secretos mandamientos del boxeo, me resultan primorosas. 

      No se te olvida ya la imagen pluscuamperfecta de la ilusión: Maggie, sólo una humilde camarera, en absoluta soledad de vuelta a su covacha a las tantas de la noche en el último autobús vacío, exhausta después de un adiestramiento interminable y machacante en el gimnasio, con unas pocas horas a la vista para descansar y emprender un nuevo y duro día de bar y boxeo, y sin embargo radiante del todo su rostro, con la ilusión purificándole por completo y aureolándole de íntima alegría el semblante: tiene al mejor entrenador, se siente incansable, su sueño está intacto.  Una Ilusión que vale, sí, como un millón de… ilusiones. 


VEINTE RELATOS DE AMOR Y UNA POESÍA INESPERADA. 165 pgs de SENTIMIENTOS, HUMOR Y AVENTURAS acerca de la condición humana enamorada, en muchas de sus vertientes, cimas y simas, con la emocionante recreación de las más perturbadoras encrucijadas a que nos arrojan los sentimientos inevitables, que sin tu amor lector serán humo, polvo, sombra, nada. Personalmente dedicados. Pídemelos aquí o escríbeme a  josemp1961@yahoo.es  Es muy sencillo. 12 E por correo ordinario a la dirección de España que desees; 15 E por correo certificado. Sílbame aquí y te informo sin compromiso.
MI OTRO LIBRO ES:
LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS (10 E por correo ordinario): Armando, un hombre desolado, con la sensibilidad en carne viva, al que pone su mujer de patitas en la calle -pues ha encontrado ella otro más alto, más guapo, más fuerte que él- y que necesita ahora re-armarse, hallar su lugar en el mundo. Su malaventura, sus buenaventuras también, su divertida peripecia sentimental. ¿Hallará su lugar al sol?
154 pgs de… HUMOR, AMORÍOS, ILUSIONES Y AVENTURAS
LOS DOS LIBROS POR 22 EUROS EN CORREO CERTIFICADO, ENVÍO INCLUIDO.

lunes, 20 de abril de 2015

Prolegómenos del Deseo



(Quedan 3 para el Día del Libro. El mío es LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS. Puede ser el tuyo también)
10 euros por correo ordinario. Personalmente dedicado. Pídelo en josemp1961@yahoo.es 

Mi voz, en COPE, entrevistado por Cristina López Schlichting, sobre el porqué y el para qué de mi libro, cinco minutos

   
   Y bueno, ahí los tenemos, uno frente al otro, cuando está todo lo bueno a punto de culminar entre ellos. Recreémosles en la magnífica escena del beso, participemos así un poco con ellos. Suena en la radio un lentísimo soul, me parece. Llega ella, ataviada con el vestido que para ese momento horas antes compró. Se detiene a distancia, de pronto insegura, ama de casa, mamá y cuarentona al cabo ante él, aunque veterano, apuesto metrosexual, como pasando el duro examen. Se vuelve él y avanza un poco hacia ella, demudado también, mientras ella contiene la respiración, sin parpadear. “Estás maravillosa, si no te importa que te lo diga”. Ah, cómo respira entonces ella y esboza la sonrisa. “Tan maravillosa que cualquier hombre correría huyendo de alegría”, medio sonámbulo dice él, ¿huyendo? Hum, mira a la derecha, se muerde el labio de contento ella. Se pone de nuevo muy seria y avanza ya decidida hacia él… Timbra y retimbra el teléfono entonces, rompiéndoles el soñado clima. Qué hacer. Qué bien transparenta ella ahí su turbación, su contrariedad, su zozobra. “Familia Johnson”, como es habitual contesta, con brusquedad devuelta a la gris realidad. Le llama una vecina… ¡para cotillear sobre él!, pues lo han visto moverse por el pueblo. Lo que quiere Meryl es, claro, abreviar, pero al otro lado insisten en cotorrear, no la sueltan. Gestos de fastidio de Meryl. “Oh, sí, he oído hablar de él”, le dice a la otra, y es fantástico, porque como él se ha sentado de espaldas a ella, con inaudita delicadeza justo en ese momento que de él le hablan, empieza a colocarle bien el cuello de la camisa. Le deja una mano sobre el hombro mientras sigue despachando la llamada. Con un dedo maravilloso le acaricia el pelo. Pone él su mano encima de la de ella, de espaldas a él, pues no puede aún cortar la llamada. Cuelga al fin. Permanece ella un instante en escorzo contemplando las manos superpuestas. Se mueve hacia él, se miran  y sin soltarse ya las manos… comienzan a bailar la envolvente canción de la radio. 

   
   Todo el momento del baile nos recuerda, claro, a aquel otro baile con Redford, en la apoteosis de su galanura entonces este, de Memorias de África. Han pasado diez años, y la Streep sigue encantadora. Eastwood nos parece aquí más hierático que nunca, poniendo la percha sólo, y nos parece también que todo el gasto en la secuencia corre de parte de ella, que, sin hablar, sólo con la mirada y con las manos alrededor de él, -es digno de observarse varias veces el juego que a las manos da- colma de sentimiento y ternura la secuencia. Hum, el  emocionante titubeo de los cuerpos, el gozoso temblor del deseo previo al beso, el dulce trabarse de los labios abrazados luego, ese cuello de la camisa sobresaltado, el peinado perjudicado, hum, qué bien hace todo eso la divina Meryl

domingo, 19 de abril de 2015

Por el humor hacia el amor en los Puentes


 
   (Quedan 4 días para el Día del Libro. El mío es LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS. Puede ser el tuyo también)
10 euros por correo ordinario. Personalmente dedicado. Pídelo en josemp1961@yahoo.es 

Mi voz, en COPE, entrevistado por Cristina López Schlichting, sobre el porqué y el para qué de mi libro, cinco minutos

   Me resulta fascinante también una escena del primer tercio de la peli, cuando están curioseando, curioseándose ellos también, alrededor del primer puente. El paisaje es luminoso y campestre en toda su plenitud. Él está para acá y para allá emplazando la cámara, probando las tomas. Ella está sobre el puente, bajo el techado aquel de madera rojiza. Está intrigada por él, la vemos, por su cuerpo tan apuesto. Está deseosa por observarle, él aparece y desaparece de su vista entre el puente, y cómo a hurtadillas lo mira ella, qué bien expresa Streep su incipiente quemazón interna. Está además la escena soberbiamente contada, pues, en efecto, vemos la inquietud de ella buscando la figura de él, que, probando, probando, aparece y desaparece por un lado y por otro. Hay un momento en que parece él haberse evaporado, fisgotea ella por todas partes y nada… cuando de golpe aparece a un lado él con un ramillete de flores azules que acaba de aunar allí como regalo para ella… y ella, socarrona, ah, muy bonito, si no fuera porque... son venenosas… entonces Eastwood, a la vez desolado y muy cómico, deja caer a los propios pies el ramo, como si él mismo se desmayara, como si con todo el equipo se cayera…  y Streep rompe en carcajadas, era una broma, entre risas le dice, pero es que se troncha, se parte, se dobla la cintura, ríe con todo el cuerpo jubilosa, nos contagia su risa –habría que mencionar a la actriz española que la dobla, pues lo hace aquí de forma portentosa-, le contagia a Eastwood, se miran y ríen juntos… Hum, de la mano del humor, el vínculo del amor va abriéndose paso entre ellos.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS  
   A Armando, un cuarentón de clase media, un buen día su mujer le señala la puerta de salida de casa. Ella ha encontrado a otro más alto, más fuerte y más guapo que él. “Aprende a quererte y los demás te querrán”, le sentencia. Descubre entonces Armando, de golpe, su minusvalía emocional: un paria en la tierra de los afectos. Ha de salir al mundo; a un mundo, que por temperamento, le es ancho y ajeno. Cómo superar su desconcierto, cómo sobrellevar esa zozobra, cómo suturar la herida… Cómo aprender a re-armarse. En las asombrosas peripecias humorísticas, librescas y sentimentales que le suceden, en ese cúmulo de emocionantes encuentros y desencuentros… ¿hallará siquiera a medias Armando su lugar al sol?


sábado, 18 de abril de 2015

Cuando una vecina les cortó el rollo a Meryll Streep y a Eastwood



   (Quedan 5 días para el Día del Libro. El mío es LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS. Puede ser el tuyo también)
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Mi voz, en COPE, entrevistado por Cristina López Schlichting, sobre el porqué y el para qué de mi libro, cinco minutos

   Hay, por decirte uno, un movimiento de cámara excepcional, que como espectador te noquea, cuando Eastwood abandona tras la triste cena final la casa, y Streep, paralizada por la separación, escucha entonces el arranque de la furgoneta, y con la cámara a la espalda, avivada la música, instintivamente recorre a trancos la casa hacia la puerta y el exterior para al menos una vez más verle, y sólo alcanza a ver la trasera de la furgoneta de Eastwood. Aún Streep da unos pasos hacia ella, que se pierde al fondo, y la toma la cámara entonces de frente, deteniéndose en su rostro desesperanzado, no roto, pero sí muy grave y serio, dolientemente consciente de lo que está perdiendo, conformando una secuencia de una expresividad maravillosa.

      
   Hay también una escena muy buena del guión a la que creo Eastwood no sabe sacar partido, que es cuando la vecina de Streep se planta de improviso con una tarta en la casa, dispuesta además a pasar la tarde con ella, jorobándoles precisamente a los amantes su ardiente y reciente frenesí sexual por sentimental, y Eastwood debe pasar toda la tarde –sólo cuatro días dura lo suyo- escondido en la habitación de ella, y no vemos recreado el cúmulo de sensaciones encontradas que debió él allí experimentar encerrado, acaso porque no alcance él la panoplia increíble de registros expresivos con que su mágica partenaire cuenta. Así, a lo largo de la peli, a mi juicio, a veces acierta mucho Eastwood con su hieratismo gestual a conferir hondura a su magnético personaje, pero otras veces, cuando ella, angustiada, lo zahiere y lo interpela, la mira como si escrutara a un malote de aquellos que Harry el sucio de cuatro tiros apiolaba. 


  
(Abril abrazos mil, amigo. ¿Regalarle a alguien, regalarte mi libro? ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo también este blog. Pídemelo y te lo dedicaré personalmente. Precio por correo ordinario: 10 euros. Precio por correo certificado: 15 euros)
  

LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen, análisis y UN CAPÍTULO de la obra en estos enlaces)
UN CAPÍTULO:
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas.  Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

domingo, 12 de abril de 2015

Anoche soñé que volvía... a los puentes de Madison



   Anoche volví a ver Los Puentes de Madison... Qué recital interpretativo de Meryll Streep, cómo expresa, cómo mira, cómo escucha, cómo vibra, cómo brinca, cómo zozobra, cómo se agita, cómo ríe, cómo se entristece, cómo se ilusiona, cómo se troncha, riéndose o doliéndose, cómo utiliza las manos, los brazos, los ojos, la mirada, el cuerpo entero, qué portento maravilloso de actriz, cómo sufre, cómo goza, cómo se enamora, cómo enamora al imperturbable Eastwood, cómo nos enamora, qué caudal de interpretación a través de ella se desborda, que acabas tú también llorando de verla expresar e interpretar tan bien y con tanta belleza. En el video lo paras, puedes ver siete veces cómo compone una escena, sus gestos mínimos, su sinfonía corporal, su angustia, su dolor, su amor. Una gozada. Sí, he de escribir algo más largo sobre esta hermosa película.


   ¡Pero claro!¡Es que las buenas películas, las mejores, hay que volver a verlas a menudo, tenerlas bien vivas en la cabeza, que sean ellas las que la ocupen, que estén presentes ahí antes y mucho más que las cien mil telebasuras que a diario, estropeándonosla, nos colonizan la imaginación, y que además,  siempre a las mejores pelis les vemos y nos dicen cosas nuevas, y nos hacen disfrutar de lo lindo elevándonos con su grandeza, y no degradándonos con infames bajezas.



    Esto tuvo a bien escribirme sobre LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS, Eugenio García de Paredes, profesor de Literatura



   Es una pena que autores que merecen la pena, escriben bien, y tienen cosas que decir no entren en el circuito de las editoriales, en un país en el que hasta el concejal de festejos del pueblo más recóndito de la meseta consigue que le publiquen y distribuyan un libro. No sé si me explico. Pero las cosas están así, y sospecho que manuscritos de calidad que muchos querríamos leer están durmiendo en los cajones o los discos duros de sus anónimos autores.
            
   Por eso me llamó la atención la propuesta de José Antonio del Pozo, y decidí comprarle un ejemplar y leerlo con fruición. La verdad es que he disfrutado mucho. Una redacción clara, sin ínfulas, pese al título, que desgrana historias en las que muchos nos veremos identificados. A mí me gustaron especialmente varias historias. La primera, titulada “Triste de mí” en la que el protagonista, presa de un ataque de celos y despecho, ingiere litros de agua del grifo en Egipto con el consiguiente resultado intestinal. Fueron mis primeras carcajadas, y me dieron a entender que el libro que tenía entre las manos merecía la pena. O la aventura en Mari Gloria peluquería Unisex, que, como reza el autor “Ya empezamos mal”. O la locura adolescente de la Chica Rubia de Celeste Diadema, que como siempre prefiere al deportista malote antes que al insignificante empollón. Historias de sexo escondido, con la tía política insatisfecha, con la china que pide dinero en el metro mientras interpreta música, con la gordita que resulta ser deficiente y te cuesta una soberana paliza, o con la vecina de dulce olor, con la camarera... La graciosísima historia de Justus, que se embarca en una cruzada evangelizadora por puro deseo. Al final se queda con la chica y aparcan ambos la fe. En fin, historias con las que sentirse identificado, en un Madrid de todos, con paisajes variables pero no cambiantes, y que se van graduando con maestría: cada vez un poco menos hilarantes, cada vez un poco más oscuras, cada vez más reflexivas. Pero sin perder el sentido del humor, del pobre triunfador del karaoke que se ve perseguido por dos polacos calle abajo hasta terminar desplumado, literalmente, y con el culo al aire en una mañana gélida.
          
   Es un libro que hay que leer. Si tienes cuarenta, si los has tenido, y si pretendes tenerlos. Vas a disfrutar mucho con las historias porque debajo del surrealismo subyacen realidades con las que te vas a sentir muy identificado. Altamente recomendable, no debes dejar de leer “Las Historias de un bobo con ínfulas, que no son más que las vivencias ocurridas o no de un tío muy inteligente. Ponte en contacto con él en su correo, josemp1961@yahoo.es. O en su cuenta de twitter, @joseantoniodelp. Esperemos que haya más entregas, y que las veamos en las librerías.