“Me dice nuestra informadora en el Ayuntamiento de Madrid que Gallardón va a Defensa”, le voilá el soplo en la pantalla del móvil con que fue descubierto el Big Faisán durante la investidura de Rajoy. ¿Sabremos alguna vez si la publicación del soplo obligó a Rajoy a un penúltimo regate ministerial? ¿Qué habríamos pensado de haberse conocido el soplo con posterioridad al efectivo nombramiento de Gallardón en Defensa? ¿Un Faisangate?
Téngase en cuenta que hasta hace sólo unos meses era Rubalcaba, maniatado y silenciado por él mismo el nominal Presidente, el Vicepresidente plenipotenciario del gobierno y que contaba por tanto con todos los resortes del Poder en las manos. Sin embargo, en el momento de recibir este queo, derrotado en las elecciones, era ya Rubalcaba oficialmente nada, a pesar de lo que continuó oficiando, como se ve, de destinatario de la más privilegiada información sobre el partido de la oposición.
Recuerda además el asunto a numerosísimos antecedentes en los que se revelaron en poder del PSOE la posesión de muy estratégica información reservada acerca del principal partido opositor: desde los lejanos tiempos en que chuleábase Guerra en público de tener los discursos que iba más tarde Fraga a largar, pasando por el “caso de las escuchas a los partidos”, las otras escuchas al propio Rey y a destacadas figuras sociales del CESID de Serra, las filtraciones de los textos de Barea en la Oficina presupuestaria de Moncloa, los indicios de controlar información de primera mano, por delante de la que recibía el mismo gobierno, durante las terribles jornadas de los atentados del 15-M, entre otros.
No se olvide que el mismo Luis Roldán, socialista ex-director de la Guardia Civil, aportó, en los tiempos en que amagaba con tirar de la manta, la sobresaliente declaración de que tenía el PSOE miembros “durmientes”, es decir, espías e informadores secretos, incrustados en las principales instituciones de nuestro país. Podrá alegarse, como siempre, que el PP hace lo mismo, salvo que no se conocen, que yo sepa, casos así. Y si así fuese, no por ello dejaría de ser motivo de general censura. ¿Quién es esa “nuestra informadora”, esa garganta profunda –oh, Mónica Lewinsky again- que le pasa claves datos a quien a su vez telefonea a Rubalcaba?
Por eso resulta del todo punto insólita la nula reacción pública del PP ante el soplo que tanto les deja en evidencia. ¿No deberían al menos haber pedido una explicación? ¡Ha consistido la idiota reacción, vía Celia Villalobos, en amenazar a los fotógrafos del Congreso, como si lo revelado fuera una comunicación de la intimidad rubalcaba!
Por no hablar, con el historial rubalcabo a cuestas, con las ostentosas mentiras a los ciudadanos acerca de la negociación etarra, con el vergonzoso chivatazo del caso Faisán en los tribunales, -recientísima la exclusiva de la nocturna visita de Garzón a Moncloa horas antes del mismo- con las despreciables acusaciones de connivencia con la EXTREMA DERECHA con que Rubalcaba una y otra vez apuñaló simbólicamente a la Derecha, del alucinante elogio que en la toma de posesión de Interior a la concurrencia espetó Fernández Díaz: “Se ha hecho un trabajo ejemplar, que lo sepa todo el mundo”. Nada menos.
Sí, sí, sí, que lo sepa todo el mundo: se va el Faisán, se va el Faisán… y llega el Badulaque.