Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Marta Sánchez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marta Sánchez. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de marzo de 2018

Lo que pasó entre Évole y Marta Sánchez: difamación y mil besos. Increíble pero cierto


     

   
   Armó el taco Marta Sánchez en las redes, poniéndole, con mejor intención que inspiración, letra al himno de España. Como lo de las anónimas banderas en los balcones, casi un espontáneo vagido de auxilio ante el separatismo rampante. Suficiente para que, Évole, el Juglar forretis de la Progresía, sintiérase llamado a salirle al paso de inmediato. Se fue al hormiguero de Motos, otro que tal, y, como moto, abrió gases y la entró: que para él (muy en la línea podemita de señalarnos a todos el significado de las palabras) eran los pensionistas los patriotas, y no Ella, que tributa fuera de España. Marta en la diana, pues. Olé, olé, Follonero, sol-da-do-del-rencor. Bueno, una acusación formidable, ¿qué no? A los pocos días se presentó Marta en lo de Motos. Iba, se supone, a desmentir el grave infundio que sobre su persona Évole, el más riguroso journalist en los verdes campos del Edén progesista, había vertido. Oh, sorpresa, Marta se defendió… poco. Que si querido, que si yo te admiro mucho, que si un ramo de flores. Lo esencial: que ella ha tributado y tributa siempre en España. Vaya, el Follonero touché, diríase. Desautorizado, descalificado, desacreditado. Qué iría ahora a hacer Él, tan Él. Tachán, tachán… ¡Mandarle un tuit! Con un par. Y menudo tuit: “Mis disculpas”. Y el ramo, que va. Y ya está. Menudo rigor investigador. Évole envainado. Évole patinado. Évole fundido. ¿Es esto el novamás del periodismo mundial? ¿Y ya está? ¿Así se devuelve el mancillado honor a una persona pública puesta en el disparadero? ¿Y su Dignidad? Eso, sobre todo eso, la Dignidad, que es lo más ahora.  Héteme aquí, que, increíblemente, la víctima del ataque, como si conociera de veras quienes aquí manejan el Tinglado y deciden Famas y Candelabros, endulzó hasta lo indecible la culpa evoliana: “Hoy me voy a la cama aprendiendo una lección de caballerosidad y de buen gusto con tu gesto, Jordi. Te honra este mensaje. Y por supuesto que no es necesario que me mandes las flores. Con esto ya me sacaste una sonrisa después de una semana tan dura que hemos vivido en España. Te mando mil besos. ¡Y mil besos encima! Verlo para creerlo. ¿Conocen algún caso igual, en el que un agraviado así se derrita ante su agresor? Hoy, Marta, nos vamos casi todos a la cama con mil veces más asco que ayer. Y que las flores del mal evolianas se pudran en tu camerino, Maja.



SOY ESCRITOR ¿BUSCAS UN BUEN LIBRO? LO TENGO:
“VEINTE RELATOS DE AMOR Y UNA POESÍA INESPERADA”. 12 euros, envío incluido. 165 pgs de SENTIMIENTOS, HUMOR Y AVENTURAS acerca de la condición humana enamorada… y desenamorada, en muchas de sus vertientes, cimas y simas, con la emocionante recreación de las más perturbadoras encrucijadas a que nos arrojan los sentimientos inevitables. Personalmente dedicados. Pídemelos aquí o escríbeme a  josemp1961@yahoo.es   Es muy sencillo. 12 E por correo ordinario, envío incluido, a la dirección (PUEDE SER TAMBIÉN  la del trabajo, o la de un establecimiento público que conozcas) de España que desees; 15 E por correo certificado. ¿PREFIERES CONTRA-REEMBOLSO? Escríbeme aquí y te informo sin compromiso.

sábado, 2 de abril de 2011

Shakira por Libia

    
     No sé si Manu Chao, que tanto gustaba al Zetapé revol-progre de la primera legislatura, estará por la labor de ir a animar a la soldadesca en la cosa humanitaria libia. Si fuera por la Causa Lacandona que abanderaba el sub-comandante Marcos (qué habrá sido de Marcos y su pasamontañas, de Osama Bin y sus barbas, del mulá Omar y su moto, de tantas y thanthas buenas gentes que tanto alegraron nuestras mediocres vidas) es seguro que Chao se apuntaba al bombardeo, pero amigo, actuar a cargo de la OTAN en la Odisea del amanecer libio va a ser demasiado compromiso, y me temo que dirále Manu a Zetapé que nones, que arrivederchi, que chao, vamos.
     Al Hombre del Momento, el Cardenal Faisán, le priva, igual que a mí, -horteras de bolera que somos en esencia el Cardenal y el pajarraco que aquí escribe- Eva Amaral, y  casi sin ella somos nada. En ese tránsito de Manu Chao a Eva Amaral, de la transgresión antisistema y un punto gótica a la romántica balada de toda la vida, en el enorme caudal simbólico que el mismo comporta, en ese aggiornamento, se cifra en síntesis la dimensión de la delicuescencia zetapeica. Te digo mi verdad, caro lector mío, al cóctel que se agita en mi confundida sensibilidad le sería incapaz de soportar la amargura cruel de contemplar a Eva Amaral, esa diosa, poniendo cachondos a los apatrulladores hispanos de los cielos libios. Aparta de nos, pues, taimado Cardenal, -la nada que yo soy os lo suplica- tan amargo cáliz.
    
     ¿Entonces? Si  Zetapé es principal hincha del Barsa, el equipo del Régimen hoy, si Piqué oficia de defensa central de la Barcelonidad y mete, como los mismos F-18, unos muy buenos meneos a los rebeldes que por los campos se le cruzan, si la felina Shakira ha al parecer probado en carne propia y como sarna que no pica los susodichos meneos piquianos, si es Ella inmejorable sexy-símbolo planetario del dale que te pego al waka-waka, si todo así tan bien cuadra al general Bien de la Humanidad, ¿quién mejor que la multinacional cantante de la nación que lleva el nombre de Colón para levantar los ánimos de los nostros aviadores en la humanitaria guerra que no acaba?
     Veamos los precedentes históricos –ese paseo en el que realidad y ficción se meten mano mutuamente con verdadera ansia primaveral- en que se basa nuestra justa demanda de la imposición de la Shakira y del artístico escándalo de sus caderas en orden a poner bien altos los ánimos de nuestros humanitarios bombarderos:
     Uno: en el principio fue, por supuesto, el franquismo, origen y fuente única como sabemos de todos los males que nos asolan. Ahí tenemos a la mítica Rosa Morena en blanco y negro echándole las guindas al pavo y poniendo ella solita garañona a toda una brigada paracaidista de homínidos en celo, que es que están que se la comen. Nunca un blanco y negro tuvo tanto color, tanta pasión, tanta ebullición,  no sé si me explico, pero parecen todos los paracas juntos una especie de global King Kong priápico, presto a devorar de lujuria a la sonriente y ardiente rubia, que se arrima y se arrima a esa montaña de testosterona lista para estallar, entre complacida y aterrorizada, en una secuencia delirante que parece una turbadora pesadilla onírica del Fellini más desbarrado.


    
      El intríngulis del asunto ha de estribar en que los mandos entienden que con cosas así –y la Historia en distintas formas en parte lo avalaría, para qué hablar de los recientes casos de masivas violaciones a cargo de soldados de la ONU- se hace más llevadero el rigor de la vida campamental, no digamos si se trata de situaciones de guerra. Aquí, los opositores profesionales al franquismo arrimaron esas aguas turbulentas del deseo a su molino en la medida en que, para ellos, el impagable documento de las guindas del pavo (1974) venía a ilustrar la férrea represión que el Régimen aquél establecía sobre los instintos naturales de la población toda y la sojuzgada condición de objeto sobre todo turbador al que relegaba a la condición femenina.
     Dos: claro que, cuando cinco años más tarde, Ford Coppola ilustró de forma harto elocuente, con su bárbara secuencia de las rubias chicas Playboy en su Apocalipsis Now,  la locura y la desesperación extremas que podían desatar en una peripecia crítica como era la de Vietnam aquellos lúdicos divertimentos incluso en el país democrático por excelencia, a todos se nos heló la inicial sonrisa  condescendiente.

   
    Tres: pero más se nos heló aún, y hasta el pasmo, cuando en 1991, durante la Primera Guerra del Golfo, el gobierno socialista de Felipe González, ese filántropo, que había enviado a centenares de soldaditos de reemplazo a la conflagración, se atrevió a llevarles también a la entonces exitosísima Marta Sánchez para que, con sus canciones y sus insinuantes curvas, elevárales a todos la moral, ya te digo. Fue a bordo de la fragata Numancia y era como para pellizcarse. Otra vez una rubia, enfundada en pantaloncitos y botas de cuero ahora, con generoso bamboleo de ancas y de senos, para poner pero que bien prietas las filas de la ardiente soldadesca. Sólo los capitostes socialistas se atreven a hacer cosas así. Parece, es verdad, que hablamos del Pleistoceno: nuestro Cardenal Faisán ya estaba allí.
    
    Pero lo más abracadabrante del caso, el bucle paroxístico del lance diríamos, es que, si se observa el video, toda la berrea sensual que se esfuerza por levantar  con sus mohínes y contorsiones la Sánchez es en vano: los marineritos, escenográficamente bien separados del escenario, en un simulacro bien blindado, que jamás pudiera desparramar, sentaditos, repeinaditos, apenas si aplauden, apenas se agitan –véase el contraste con el rijo de los paracas del 74- como si con antelación, alguien que, en efecto, conociera de memoria Apocalipsis Now, hubiera ordenado la lobotomización de la marinería al completo, la bromurización al menos, las guindas de bromuro que en la sopa ese día les habían echado a todos aquellos pavos que ni se movían.
     Nótese además la estupefaciente canción que allí brindó Marta, Soldados del amor, en zeroliano hallazgo avant-la-lettre, y con un texto que se ajusta como un guante a la permanente y morrocotuda engañifa con la que los socialistas –entonces en Irak,ahora en Libia, mañana donde pete- encaran su intervención en las guerras, que de su mano son, como de memoria sabemos, vastas operaciones humanitarias: “No debemos tratar de explicar/ lo que se va nunca volverá/ Entre nosotros no hay guerra ahora/ vivimos al ritmo de un mismo tambor/ Yo más fuerte/ tú más fuerte/ fuerte fuerte todos juntos/ Únete a mi ritmo/ el ritmo del amor/ Soldados/ somos soldados del amor/ somos soldados del amor/”.   

      
     Y es basándonos en esta pila de antecedentes por la que vengo a proponer que se imponga a Shakira y a su indicadísimo waka waka (Llegó el momento/ caen las murallas/ Va a comenzar la única justa de las batallas/ No duele el golpe/ No existe el miedo/ Quítate el polvo/ ponte de pie y vuelves al ruedo/ porque esto es África/) para el solaz de las salaces tropas españolas en la Odisea del Amanecer libia. Sí, sería también conveniente al caso, ahora que De la Vega no puede bailar con ella, que la Chacón marcárase con la colombiana unos pasitos al menos, ministra de la Defensa y del Honor de España, como Piqué, que al cabo ella es.