jueves, 23 de septiembre de 2010
Audrey Hepburn y Antonio Ordóñez in love
El otro día leí en el blog de Santiago González ( una de las cabezas mejor amuebladas y una de las más finas ironías en el panorama periodístico, y no por ello -eso que él se gana- entre las masas mundialmente conocido) , a cuenta de las muchas relaciones amorosas que conoció la Hepburn, el romance que en su día mantuvo Audrey con Antonio Ordóñez, el célebre torero rondeño. El pálido mitómano que a veces le habita a uno (tiene uno en el móvil, por si le pasara algo, el número de Audrey en el cielo -que en el internet se encuentra todo- en el AA que Tráfico recomienda) se llenó de envidia retrospectiva hacia Anthóniooo Ordóñez.
No conocía esa historia, testimonio cierto de una época en el que las más rutilantes estrellas de Hollywood peregrinaban en masa a la España de entonces acaso buscando en los toreadores el contacto carnal con el reducto último de vaya a saberse qué mistérico heroísmo macho. Qué pensarían aquellos hirsutos y a menudo toscos ganapanes, arrojados artistas en el ruedo, cuando entre sus manos hallaran, como un metereorito resplandeciente que del cielo sólo a ellos les hubiese caido, los cuerpos más renombrados de la Galaxia. En Audrey sobre todo admirar a un palmo aquel increíble rostro, emblema de la armonía y la gracia chispeantes e inmarchitables.
También me preguntaba si en la Hepburn, quien al decir de sus biógrafos encerraba una enfermiza inseguridad interior por detrás de su éxito mundano, habría podido más en el lance la personal pesquisa de la figura protectora que al parecer anduvo siempre ella buscando, o la rendida admiración hacia el hombre que expone su vida sobre la arena con una sonrisa en los labios al tiempo que prodiga belleza a su alrededor. Por el veneno ése de los celos en flash-back llegué a preguntarme incluso si no habría sido la simple y un poco patética emulación de Ava Gadner lo que hubiera llevado a Audrey a poner un torero en su vida. Y si acaso Ordóñez, dándole una vuelta de tuerca más al penoso afán de emulación, como Luis Miguel Dominguín en aquella histórica ocasión nada más yacer junto al "animal más bello del mundo", no habría salido corriendo, corriendo, corriendo...¿adónde? A contarlo, naturalmente.
Concluí entonces, llegado a este punto crucial, que a los mitos, cuanto menos se les manosee, mejor. Y vine aquí corriendo corriendo a contarlo, naturalmente. Y a soñar un poco con esto.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Zarrías y Aido, solidarios en acción
Empieza el tam-tam electoral socialista. El ruido y la furia, escrito no por Faulkner, claro, sino por Zarrías, como uno de esos extrordinarios artistas que pintan cuadros asombrosos con los dedos de los pies, en el hondo sur español de la gran Depresión zetapeica. Apelación, cuanto más grosera mejor, a las vísceras, remoción de los más turbios mecanismos del inconsciente colectivo: que viene el Doberman.
Las campañas electorales son la savia y la sangre fresca que a ellos les devuelven la vida, el arma estratégica que les permite eludir el análisis estricto de la gestión, suplantado por un extenuante bombardeo emocional con el que darle la vuelta a los escuetos datos de la realidad: casi cinco millones de desempleados, gigantesca deuda que cortocircuita cualquier futuro, peligro de ruptura territorial, global desesperanza. Nos conviene la crispación, confesó en la intimidad ZP a Gabilondo. Ya lo creo, remachó éste, buen conocedor de las llamadas verdades como puños.
Veamos la secuencia: De la Vega fulmina a la directora del CIS que le trajo la mala nueva de los sondeos desfavorables, mientras el PP mira para otro lado. Lo importante es la foto, se le escapa también en la intimidad a ZP con Mohamed V. Por eso tanto énfasis en censurar la famoso foto de familia con los Obama, tan elocuente. Va entonces la Junta de Andalucía y da el pistoletazo de salida: 1800 euros para las mujeres que a través de una declaración jurada se consideren víctimas de la represión franquista entre... ¡1936-1950!
¿Es o no esto Hollywood, la California de España que juraron ellos hacer de Andalucía? No importa tanto el despilfarro hacia atrás, cuando tantas carencias existen, cuanto agitar, una vez más, el cebo y el espantajo del franquismo. El franquismo cumple a la perfección el papel de mito fundacional, el maná fetichista en el que los capitostes socialistas se rebozan cada vez que ven el mantenimiento de sus privilegios amenazados.
Hurgar en el pasado, perseguir "como sea" la fijación falsa y narcisista de la sociedad española en un relato embustero que permita justamente escatimar el presente: el desvergonzado intercambio de favores a cargo del erario público, en el contexto de un desempleo masivo, entre Aído y Zarrías, suerte de cacique fáctotum de la PSOE que en célebre instantánea votaba con los pinreles, por el que aquella "colocaba" a la señora de éste, mientras éste "colocaba" al noviete de aquella. ¡Solidarité y fraternité de los socialistas cinco estrellas! Igualdad, eso, Aido, igualdad.
Las campañas electorales son la savia y la sangre fresca que a ellos les devuelven la vida, el arma estratégica que les permite eludir el análisis estricto de la gestión, suplantado por un extenuante bombardeo emocional con el que darle la vuelta a los escuetos datos de la realidad: casi cinco millones de desempleados, gigantesca deuda que cortocircuita cualquier futuro, peligro de ruptura territorial, global desesperanza. Nos conviene la crispación, confesó en la intimidad ZP a Gabilondo. Ya lo creo, remachó éste, buen conocedor de las llamadas verdades como puños.
Veamos la secuencia: De la Vega fulmina a la directora del CIS que le trajo la mala nueva de los sondeos desfavorables, mientras el PP mira para otro lado. Lo importante es la foto, se le escapa también en la intimidad a ZP con Mohamed V. Por eso tanto énfasis en censurar la famoso foto de familia con los Obama, tan elocuente. Va entonces la Junta de Andalucía y da el pistoletazo de salida: 1800 euros para las mujeres que a través de una declaración jurada se consideren víctimas de la represión franquista entre... ¡1936-1950!
¿Es o no esto Hollywood, la California de España que juraron ellos hacer de Andalucía? No importa tanto el despilfarro hacia atrás, cuando tantas carencias existen, cuanto agitar, una vez más, el cebo y el espantajo del franquismo. El franquismo cumple a la perfección el papel de mito fundacional, el maná fetichista en el que los capitostes socialistas se rebozan cada vez que ven el mantenimiento de sus privilegios amenazados.
Hurgar en el pasado, perseguir "como sea" la fijación falsa y narcisista de la sociedad española en un relato embustero que permita justamente escatimar el presente: el desvergonzado intercambio de favores a cargo del erario público, en el contexto de un desempleo masivo, entre Aído y Zarrías, suerte de cacique fáctotum de la PSOE que en célebre instantánea votaba con los pinreles, por el que aquella "colocaba" a la señora de éste, mientras éste "colocaba" al noviete de aquella. ¡Solidarité y fraternité de los socialistas cinco estrellas! Igualdad, eso, Aido, igualdad.
martes, 21 de septiembre de 2010
Sarkozy,ZP y su Romancero gitano
Felipe G necesitó al menos cuatro años y unos tres mil “por consiguientes” para hacernos tragar, desde el “OTAN DE ENTRADA NO”, el “EN INTERÉS DE ESPAÑA VOTA SÍ” a la Alianza Atlántica. Pues Sarkozy dudará de la inteligencia de ZP cuanto quiera, pero lo cierto es que éste ha necesitado sólo unos meses y ni una sóla locución ilativa para pasar de rezar en alto junto a Obama, con el dramático énfasis que sólo él sabe ponerle a la cosa, aquello tan bonito de “no explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habitan en tu tierra y en tus ciudades. Págale su jornal ese mismo día antes de que caiga el sol porque está necesitado y su vida depende de que le pagues ese jornal” a declarar en pleno Consejo europeo que “los asentamientos irregulares (de gitanos) son una mala práctica que hay que evitar que se produzcan”.
ZP ha respaldado y justificado de palabra y de obra las expulsiones de gitanos decretadas por Sarkozy. También en la llamada política de gestos ha avalado al francés, haciendo como que con toda la atención del mundo le escuchaba y le asentía delante de las cámaras. Entiéndase bien: en absoluto es nocivo el ejercicio del realismo político, que suele preferir la prudencia y la moderación gradual en la gestión de los complejos asuntos públicos, antes que los radicalismos exaltados que, so capa de pretender utopías irrealizables, sólo muy reales desgracias para la mayoría siempre traen. Lo que asombra, una vez más, es el absoluto cinismo con que se utilizan los principios, según convenga al personal interés del momento y sin ofrecer siquiera una mínima explicación al respetable.
El “aggiornamento” que ahora brinda a los centros mundiales de decisión ZP, rubricando la expulsión de poblaciones miserables, lo que pone de relieve es sobre todo el caudal de demagogia brutal sobre la que había afianzado su llegada y mantenimiento en el poder. ¿Qué queda ahora en ZP del famoso Discurso del Viento, de aquel supuesto atormentado sentir suyo sobre los muchísimos pobres y los muy pocos ricos que pululan por este perro mundo que a nadie salvo al Viento pertenece? ¿Qué de aquel amejoramiento de la vida de los más humildes que como una lección de vida su legendario abuelo le enseñó, tal como en el momento estelar de la investidura a todos nos recordó? Renovó ZP el mandato, conocidos ya los intríngulis reales del poder, y no por ello, en la misma noche electoral, se privó de revelar su preferencial opción por los que menos tienen.
Luego, traicionando su palabrería, rebajó sueldos y congeló pensiones sin temblarle el pulso. Ahora no le importa tampoco pulverizar otra de las estampas más queridas por el copioso imaginario de la demagogia izquierdista: los errantes gitanos y la libertad, y el viento y las estrellas y la cruel sociedad y el bla-bla-blá. Brama Zerolo, a la misma vez que su jefe le salva la cara a Sarkozy, que “el gobierno francés estigmatiza a las personas por su origen étnico”. ¿Entonces?
Si antes que metamorfosearse de esta indecente manera ZP se hubiera largado a casa, como aquel presidente de la I República que dimitió por negarse a firmar una pena de muerte, hubiera merecido, si no nuestra comprensión, si al menos nuestro respeto. Pronto vendrán las elecciones, y de nuevo volverán entonces, impulsadas por el Viento, sí, las oscuras golondrinas de la izquierdista demagogia rampante, tan efectiva para mantenerse en el Poder, en el cristal con sus alas a llamar hasta en esos mismos campamentos lorquianos bajo la luna que ahora pisotean.
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domingo, 19 de septiembre de 2010
La otra noche
La noche del jueves salía yo de un antrazo de la capital del Reino que a veces, sólo por airearme un poco, frecuento, y escuché al hombre que aparca los coches decirle a un cliente, "apúrese, Señor, que en poco tiempo va a caer la Intemerata". Y como si el aparcacoches aquél tuviera mano con los elementos de la Naturaleza, al instante, en efecto, un viento antipático comenzó a azacanear las copas de los árboles y a remover un poco la hojarasca sobre las aceras, oscureciendo de golpe la noche con más noche. Bah, pensé, serán cuatro gotas, aunque me apresuré hacia el coche, izándome, como un Bogart venido a menos, las imaginarias solapas de la chaqueta que no llevaba.
Cuando llegué hasta el coche aún no llovía, aunque en la esquina de un cruce sin soportales una prostituta rolliza y con minifalda roja había abierto ya su paraguas también rojo. Por el retrovisor vi como se detuvo a su lado un coche oscuro. Se bajó la ventanilla, quien fuera el que lo condujera cruzó con ella dos frases y se largó. Se ve que no hubo ni trato ni truco. Ella taconeó el asfalto con rabia, como si aquel anónimo bastardo encima le hubiese soltado alguna inconveniencia. Arranqué y entonces empezó a llover.
Muy pronto llovía con furia. Los noctámbulos de la Gran Vía se apresuraban a recogerse bajo los edificios y otras gentes, con plásticos negros de bolsas de basura ensartados por la cabeza al cuello, como mosqueteros de la Orden Canalla, recogían a toda prisa sus dudosas mercaderías. La acera, el asfalto, los rostros, todo estaba mojado y reluciente, salpicado de destellos, y aquella tropa agitándose en un palmo de la calle, unos de chunga y otros contariados, bajo la lluvia y a la luz artificial de farolas y neones, componían un cuadro de una extraña y a la vez tópica belleza. Me acordé entonces, claro, de Taxi Driver, de Robert de Niro haciendo a aquel zumbado, enfermo de soledad y de ignorancia, trastornado en psicópata justiciero de la noche.
Bajaba hacia la Plaza de España y ya diluviaba de lo lindo, y los limpiaparabrisas apenas daban abasto. Los coches avanzábamos un poco a tientas. Jodido Chamán-aparcacoches, pensé. Oh, Manitú, Manitú, y con lo que me gusta a mí conducir. Empezó a atronar y de pronto el resplandor cenital de un turbión de rayos y centellas que descargaran su ira al unísono bañó todo lo que nos envolvía en un colosal electroshock de una claridad quirúrgica. Uff, me alegré entonces de alcanzar al fin uno de los célebres subterráneos de la M-30 que te meten y te sacan de los madriles. Sin acelerar lo más mínimo, suspiré, puse música al tún-tún y como de un baúl viejísimo me salieron los sones de By the rivers of Babylone de los Boney M, fíjate tú. Me adelantaban algunos coches por la derecha y sin miramientos. Admiré entonces un momento la fábrica encofrada de los muros soterrados de mi ciudad y le di una calada imaginaria al cigarro que no fumaba, otra vez como un Bogart de pacotilla. El tormentón se había esfumado allí abajo, aunque la claridad espectral -como si hubiera allí mucha más luz fluorescente de la habitual- era muy parecida a la de arriba. Yo tarareaba los míticos ríos de Babilonia, aunque no las tenía todas conmigo, la verdad.
Primero fueron sólo unas filtraciones chorreando agua en varios tramos desde el techo del túnel. Pero cuando me acongojé de veras fue al observar -lo vi unos cien metros antes de llegar allí- que de un boquete en el lateral del muro izquierdo al lado del que yo circulaba, no es que manara, es que irrumpía a través del mismo -sería un colector desbordado, yo que sé- un violentísimo caudal de agua. El túnel, en mi ignorancia supina, en mi imaginería peliculera y de cultureta, se me antojó entonces una presa presta a derrumbarse por la crecida salvaje del río Manzanares, que por allí habría discurrido siempre. La venganza de la Naturaleza, recelé. Dudé entonces, rehén de un indecible canguelo, entre acelerar el coche a toda leche o interrumpir los ríos babilónicos y pararme en seco allí mismo, antes de la implosión, y poner una queja en el libro de reclamaciones de la constructora.
Ninguna hecatombe se produjo, claro, aunque lo que entonces me ocurrió allí fue mucho más… pónle tú mejor el adjetivo, paciente lector mío, cuando leas lo que ahora viene, que es, lo sé de sobra, un desenlace desinflado y caprichoso, no el que convendría al relato notable de un escritor sobresaliente, quizás sí el propio de la vida real , que es, creo yo, de naturaleza mucho más mediocre y azarosa, similar en eso a la endeble consistencia del blog de un don nadie.
Porque, justo al pasar a medio gas por el boquete de agua en el muro, que tendría medio metro de diámetro y lanzaba agua turbia a propulsión contra la carretera, en mi cabeza, como el relámpago que antes les conté –ahórrense pensar, por favor, la chanza barata de que yo había bebido, no era en absoluto así- se abrió paso hasta inundarme el cerebro, sin explicación posible a mano, como una pantalla que se despliega de pronto sin venir a cuento en nuestro ordenador, la imagen radiante de la pobre Marta del Castillo,su cara, sus ojos serios, su melena algo rubia y partida en dos, su juventud.
Y en esos instantes tan sólo anhelé, con todas las fuerzas que yo entonces podía reunir, que Marta, aun empapada, aunque fuera muy desmejorada, emergiera por entre aquella extraña riada y pudiera yo prestarle mis pobres ropas y secarle un poco el pelo.
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viernes, 17 de septiembre de 2010
Historia de Silvia (Postrimerías del Verano II)
El Verano, las vacaciones escolares, el atolondrado despuntar de la adolescencia, la irrupción del otro sexo y... el temblor único del primer amor, ¿no? Sucesivos eslabones encadenados en el discurrir de la vida de casi todos. De acuerdo, pero… ¿y Verano y primer desamor? ¿No se dan acaso, en el mismo auge del estío, aguaceros terribles, como el de anoche en los madriles que todo lo arrastran consigo? ¿No se repite año tras año también el estruendo intimidante de las tormentas de verano? ¿Fue una de esas tormentas la que yo viví con Silvia, mi compañera de clase, durante el verano que siguió a la excursión del colegio a la Playa de San Juan?
Mejor júzgalo tú, fiel lector. A Silvia le habían suspendido las matemáticas. Se quedó sin vacaciones. Yo no iba a marcharme a ningún lado tampoco, aunque, claro, no me importaba lo más mínimo. Vivíamos en el mismo portal y yo la veía cada tarde, con sus trenzas, jugando a la rayuela en el patio de enfrente. Bueno, sería más justo decir que yo la espiaba, agazapado tras los visillos de mi habitación, que daba al patio en que ella jugaba. Me moría de vergüenza sólo de pensar que ella pudiera descubrirme, porque ella era rubísima y algo más alta que yo, que era ya entonces un chico un poco birria.
La veía jugar y cada tarde me decía, venga, valor, José Antonio, ahora saldrás a la calle, te harás el encontradizo y le dirás, “ Chica Rubia de Celeste Diadema, si quieres, yo puedo ayudarte con las ecuaciones, ¿sabes?, no son tan antipáticas, te lo aseguro. Y luego, si tú quisieras, nos meteríamos con los logaritmos, no son tan horribles, de verdad. Estarías aquí, en este cuarto de estar, a mi lado”. Yo quería estar muy cerca de ella siempre. Pero nunca terminaba de atreverme.
El sol, un oro fundido derramándose sobre su melena, la hacía más rubia todavía aquella tarde calurosa. Silvia miró alrededor, como si adivinase que desde algún lado yo la observaba, como una cierva en alerta que abrevara en el aire el inconcreto rumor de mi pesar. Y fue como si el aire me devolviera también a mí entonces el boomerang de su ánimo . "No entiendes nada, Chico Birria. Hay veces que sólo quieres que te dejen en paz. Jugar tranquila en el patio, y nada más.Bueno... y mirar ahora mismo como encesta ese Chico tan Mono". Glups, yo tragué saliva tras la ventana.
Por el otro lado del patio, en efecto, apareció en ese momento un chico de nuestra edad, con ropas deportivas y una pelota de baloncesto en la mano. Ágil y raudo como un alevín de héroe, con un torso de músculos ya bien apuntados, aquel chico aceleraba con su ímpetu los latidos de la tarde. Empezó a tirar desde todos lados a canasta. De gancho, en suspensión,en carrera, de un lado, desde el otro. Canasta. Canasta. Canasta. El tío no fallaba ni una.
Hasta que notó sobre sí la mirada clara de Silvia. Le sobrevino entonces un sudor frío, como si algo invisible le atacase. Empezó a fallarlas todas, tirase como tirase. Ni una sola le entraba. El atleta aquél empezó a ponerse más y más colorado y yo, tras los visillos, me sonreí. Entonces, chasqueando la lengua, Silvia se levantó. Se ajustó con decisión la diadema. “Pásamela, anda”. Dio apenas dos pasos y se paró, sin dejar de mirar la canasta. Y desde allí, desde los siete metros, ella saltó muy alto y enhebró un triple estratosférico, que sublevó con limpieza las mallas a su paso. A Chico tan Mono le temblaron un poco las piernas.
“Te has fijado, ¿no? Pues hazlo tú igual. Y no pienses en mí, bobo, que te pones bien feo.”, le dijo. Le lanzó entonces la pelota al cuerpo, pero Chico tan Mono la atrapó con fuerza esta vez, y enarboló delante de Silvia una sonrisa que ni Burt Lancaster. Yo ví entonces como Silvia le sonreía también y se ponía a tirar canastas a su lado. Chocaban los cuerpos -las manos, las cinturas, la piel- entre sí riéndose, como si se toparan por casualidad. Desolado, cerré los ojos y dejé caer la frente contra el cristal. “Silvia, Silvia, por qué siempre os gustan los guapos. Es tan injusto. Dime, por qué, por qué”. Y un trueno atroz resquebrajó entonces la bochornosa tarde de aquel verano infausto.
jueves, 16 de septiembre de 2010
No me molestes, estoy trabajando (los Príncipes y Diógenes en Onda Cero)
Cuentan las crónicas que hace unos días visitaban los Príncipes de España, en loor de multitudes, claro, la redacción de Onda Cero. Carlos Herrera, que se declara monárquico, en buena lógica cumplimentó allí con cortesía a tan altas dignidades. Sorprendieron un poco, por su parte, Julia Otero e Isabel Gemio, preclaras contestatarias al Sistema y ácidísimas debeladoras de cuantas crueles injusticias y penosas desigualdades de rango asolan este perro mundo, prestas en esta ocasión a encaramarse a todas y cada una de las inúmeras fotografías al lado de sus reales altezas. Veíaselas radiantes y desenvueltas en la más corta distancia con los elegidos por los genes como sucesores al Trono. Señalan los cronistas que Julia Otero le demandó incluso una foto dedicada por su mano al Príncipe Borbón. Resultaba, con todo, algo estrafalaria la escena, ese súbito revuelo cortesano en dos de las más notables defensoras que de la verdadera causa del Pueblo puedan hoy nombrarse en España.
Recordaba un poco la escena de los Príncipes, la alegre expectación general, el triunfal recibimiento, el trajín de la comitiva de directivos y asociados, esos siseos contenidos de admiración como una estela que también les precede, a aquellos gloriosas acogidas que históricamente dispensaban los pueblos a sus queridos emperadores, Alejandro Magno, un suponer, cuando entre sus súbditos se dejaban ver.
Bueno, pues como en esos hechos históricos en los que, por acontecer de pronto algo desacostumbrado, quedan fijados para la Historia como un extraordinario relato que de boca en boca se pasa, también en la visita de los Príncipes a Onda Cero saltó la liebre de lo insólito. Y es que al parecer, mientras recorrían las instalaciones, quiso el Principe acercarse a un editor, que se afanaba preparando el próximo informativo. Le dio el Príncipe un toque de saludo en la espalda, y el periodista, sin saber de quién se trataba –si es que hemos de creer a los cronistas- dejó sin acaso quererlo él la frase extraordinaria: “No me molestes, que estoy trabajando”.
Lo que no refieren ya los relatores del evento es si las mismas Julia e Isabel acudieron presurosas al quite del embarazoso silencio que en buena lógica hubo allí de producirse. Seguro que la proverbial campechanía borbónica hizo a todos superar el trago, y que una colectiva carcajada rubricaría la ocasión para la Historia. Claro que acaso también el curioso incidente trajera al caletre de alguno de los allí suspirantes la conocida y antológica respuesta de Diógenes, aquel gran sabio cínico, en presencia del refulgente Alejandro Magno, cuando le había ofrecido éste cualquier cosa que él pudiera desear: “Apartáos Majestad, me quitáis el sol”.
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miércoles, 15 de septiembre de 2010
Nadal en el Open USA: razones mil para quererle
Con la victoria en el Open USA ha cerrado Rafael Nadal –gane o no el Masters- el círculo mágico de una temporada y una trayectoria de asombro, destinada a perdurar, cuando la perspectiva del tiempo remanse y adense en su verdadera valía la enjundia de sus proezas, entre las más escogidas páginas de la historia del deporte mundial. Y se admira, y más, se quiere a Nadal, y se sufre y se disfruta con él, y se le lleva muy dentro, a pesar de ser para la mayoría sólo el haz fugitivo que rellena una ráfaga de puntos luminosos sobre las pantallas de todo el mundo, por el cúmulo de cálidas significaciones que de su mano atraviesan y traspasan el espejo cóncavo de las televisiones.
Hubiera perdido Nadal y no por eso le habríamos querido menos, tal es el influjo que la ley de su gracia derrama sobre nosotros. No, no son los dígitos, ni los récords, o las burdas cifras de sus victorias y trofeos, no es la miseria de lo cuantitativo lo que mejor explica la veneración que hacia Nadal sentimos. Son las emociones positivas y esenciales que en Nadal explotan las que nos contagian y mueven a, sin conocerlo de nada, considerarlo uno de los nuestros.
Repitámoslas, sin sentir vergüenza alguna al hacerlo, una vez más: su pundonor, su fortaleza, su humildad, su entrega, su esfuerzo, el caudal de esa alegría desbordante como una riada que con él nos llevara por delante, su tenacidad, la capacidad de superación y sacrificio que hasta en el momento más adverso atesora, su caballerosidad, su saber ganar y su saber perder, su novia de siempre, la madurez impropia de su edad, su inquebrantable fuerza mental, la fe indestructible que le pone a su trabajo, la bravura indómita de su batallar, como un piel roja que nunca se rindiera.
Acaso se halle, en definitiva, en la estela informe y luminosa que toda esta ringlera fulgurante de asociaciones benéficas que Nadal deja tras de sí, y a las que sin él pretenderlo a todos convoca, mucho más que en el vacuo fetiche de los números del éxito, las “razones” por las que vale la pena mirar y admirar, vivir y convivir con Nadal, a quien somos legión los que estamos para siempre agradecidos por hacer nuestra vida más plena. Cada uno de nosotros, como el anciano del anuncio célebre, con Nadal vibramos, y para nuestro coleto también nos decimos: “Yo soy Nadal”.
martes, 14 de septiembre de 2010
Soy fan de ti (de ZP,digo, lost in Oslo)
Dice ahora ZP, lost in Oslo, que un parado haciendo un cursillo no es un parado, que es alguien trabajando por su país. ¡Grande ZP! ¡Cómo resuenan a su través olvidados ecos kennedianos! Dice también que España, esa nación discutida y discutible, será también, con tanto paro, …”un magnífico laboratorio para las políticas de empleo”. ¡Cráneo privilegiado! Qué reminiscencias en la logorrea zetapeica de la Nueva Frontera de JFK, sólo que con Sonsoles en el puesto de Marilyn. Y paremos ahí, please, los paralelismos familiares.
La verdad, al principio las gansadas cósmicas (planetarias, que dijo proféticamente Leyre) del presidente discutido y discutible le incomodaban a uno mucho. Se ponía uno, al escucharlas, en plan cantautor protesta, a propinarle unos cuantos pellizquitos de monja a tamañas estulticias. Pero al adquirir las mismas, con su pasmosa reiteración, la espesura indiscutible de lo real, ese delirio cursilongo una y otra vez espolvoreado como una jungla asfixiante, acabas por entrar en su alucinante meollo y por esperarlas con avidez de morfinómano. El horror, el horror, decía Conrad. El fulgor, el fulgor, musita uno, cada vez que ZP le habla al Viento. Play it again, ZP. Y como de si mismo precisó Él al tomar posesión, no nos va nunca a fallar.
Lo del laboratorio, en Oslo, tiene su guasa; es innegable. Porque venía ZP, rayo que no cesa, de darse de bruces en Shangai con Miguelín, ese siniestro bebote de la Expo que lleva hasta en el nombre el sarcasmo de su inquietante desmesura, donde afirmó, tan suelto as usual, que “España tiene un futuro… del tamaño de Miguelín”. Cuando vi a ZP en Shangai, guarecido bajo los colosales brazotes de Miguelín, sin soltar un instante la Copa del Mundo que solo él había ganado, pensé que iba a arrancarse entonces como Ana Torroja y su Shangai-Bombay-es-un-paraíso-que-a-veces-yo-me-monto-en-mi-piso, y poco creo yo que le faltó, pues música de gloria allí se levantó con aquello suyo de que “ojalá juguemos igual de bien el partido de la economía que el del futbol”. Bueno, el Presidente nos aclara ahora que Miguelín ha de pasar ahora por el laboratorio de sus queridos doctoresmontes.
Le ha otorgado Ibraimovic a Guardiola, en el momento del adiós, el título supremo de filósofo. Se ve que no ha reparado el sueco en nuestro querido presidente, a cuyo lado Pep sólo es un pelanas. Porque muy sabio sin duda ha de ser uno para prodigarse de esta suerte –esas máximas las suelta quien yo me sé y al día siguiente ha de escapar de la Moncloa en helicóptero- y conformarse sólo con la presidencia de una nación discutida y discutible. El sitio de ZP es el Nobel de Literatura, primero, y la Posteridad después. Mientras tanto, podrían ir adjuntando sus palabras sueltas a los vientos de Oslo a esos videos tan bonitos que entre la UGT y el Chiquilicuatre han preparado para la próxima huelga general… contra el PP. Sí, ZP, definitivamente, como dice el Corte, soy fan de ti. Nunca nos fallas.
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lunes, 13 de septiembre de 2010
Reverendos Pirómanos
Al final las presiones de todo tipo en torno suyo hicieron efecto y el reverendo Jones se riló. Por supuesto que está muy mal quemar Coranes en público. Y cierto es que, cómo diríamos, las trazas que apunta el reverendo Terry Jones resultan atrabiliarias. Ahora bien, que el mismo presidente norteamericano haya buscado a fondo la polémica pública en el asunto resulta como mínimo chocante. Y los argumentos esgrimidos por Obama merecen, a mi jucio, escasa reverencia: “la acción pondría en peligro a nuestras tropas en Irak y Afganistán”. Ese peligro ya existe, y las baladronadas de Jones nada relevante añaden al asunto. Dice también Obama que “servirá para que Al Queda reclute más combatientes”. Pero quizás lo que más contribuya a eso sea la propia deriva de una guerra contra el totalitarismo que se está perdiendo. Cuando Jones sostiene que el Islam posee una voluntad de dominación del mundo no está inventando nada, y que un presidente norteamericano finja ignorarlo sí que es una novedad mayúscula.
Más bien lo que revelan las premisas obamitas son la interiorización en el cerebro del comandante en jefe de Occidente del propio “discurso” victimista que los fanáticos sin cesar propalan, en virtud del cual sus propios crímenes nunca son reprobables, ya que son los mismos sólo la inequívoca demostración de su persecución (¿), y cualquier respuesta a los mismos una bárbara provocación más. Así, las quemas urbi et orbe de los Versos Satánicos, -de la quema de banderas Usa para qué hablar-, la persecución implacable y las sentencias a muerte a quienes osan desde dentro cuestionar el islam nunca cuentan, ni ponen en peligro nada. Sorprende asimismo el rápido placaje de Mr Obama a Jones, en contraste con la prolongadísima melée que en su día mantuvo con el otro célebre reverendo Wright, cuyos incendiarios discursos incitaban a la violencia, maldecían a América y responsabilizaban, claro, a la propia política norteamericana del atentado de las Torres Gemelas.
Y también en esto el gobierno zetapeico ha dado un poco más alta si cabe la nota bochornosa: lo de Jones es “ultraje” y “provocación” por parte de quienes “buscan ofender los sentimientos más profundos de millones de personas”, ha dicho, sin que a Moratinos le temblara el turbante que hace poco sobre el cacumen se plantó. Vamos, que quemar el Corán es lo peor de lo peor, pero cogobernar con quienes llaman en Cataluña a arrancar y quemar en plaza pública las páginas de la Constitución española resulta nunca visto progreso y formidabilísima ampliación del futuro, "tamaño Miguelín", de España. Y es que, claro, el Corán, para nuestros particulares agnósticos dominantes, no es ni discutido ni discutible. Donde esté el reverendo Tardá, -“¡muera el Borbón!”- que se quite Mr Jones.
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sábado, 11 de septiembre de 2010
¿Una mezquita en la Zona Cero? (Nueve años después)
Nos faltaba por ver nada menos que a todo un presidente de los EE UU, -quiéralo él o no, algo así como el emperador de Occidente-, alentando la construcción de una mezquita en el blanco mismo de la diana del más cruel acto de terrorismo internacional, fruto de la Yihad, del que se guarde memoria. ¿Una mezquita sobre el mismo skyline neoyorquino, Mr Obama? ¿No sería esa, tras el negro agujero que la devastación fundamentalista abrió, la más alucinante postal jamás concebida? Es como si al cesar los bombardeos nazis sobre Londres, hubiera apoyado Churchill la construcción de un centro nacional-socialista alemán sobre la City. Sangre, sudor y… mezquitas, vamos. Es como si sobre los escombros del cuartel de Vich un presidente español promocionara la instauración de una ikastola.
Si el aberrante propósito cuaja –para más inri denominado, ojo al dato, que diría el otro,… ¡Proyecto Córdoba!, que tiene la cosa también califales perendengues-, no es sólo ya que se menosprecie a las víctimas, sino que, acaso por vez primera en la Historia, de alguna forma los tenebrosos delirios de los criminales terroristas acabarían así vindicados sobre el corazón mismo de la metrópoli mundial por antonomasia que ellos convirtieron en matadero. Simbólicamente, ellos y sus mentores –Bin Laden, ese hombre- veríanse así ungidos de sacralidad y elevados a los islámicos altares. El simbólico precipitado del salvaje atentado a las Torres Gemelas vendría al cabo a consistir en que, en el lugar donde antes existía un centro comercial para la próspera convivencia y el esparcimiento pacífico entre las más variadas personas, afianzaríase ahora un germen más –y a la vez tan único- del fanatismo confesional de una fe en expansión, que puja por relevar en todos lados al fantasma del totalitarismo comunista.
El plácet obamita al Proyecto Córdoba sobre Nueva York, tan recientes en el imaginario colectivo la bárbara destrucción y las sangrientas consecuencias -que aun hoy se ventilan y que por mucho tiempo se ventilarán- que la misma acarreó, ilustra a las claras, aunque en sentido inverso, el célebre “fin de la Historia” que Fukuyama hace años diagnóstico. La Historia, entendida como un proceso lógico, asentado sobre premisas y consecuencias razonables mantenidas en el tiempo, parece esfumarse para ser sustituida por un post-moderno sinsentido en el que toda instancia de valor y sensatez se supedita a la momentánea ocurrencia, que mañana puede ser la opuesta, guiada siempre por el más rastrero interés propio.
Tantísimas cosas en la cotidiana experiencia nos recuerdan ya a cada paso estas imbéciles señas de la identidad presente, que Obama ahora eleva a categoría de general paradigma. Por eso se le juzgará, si en el futuro, aunque sea en algún lugar remoto, los que con amor a la verdad recogen los fieles hechos históricos subsisten. Porque en la misma Historia se halla el mentís y la denuncia de esta sinrazón: Obama, con su aquiescencia al Proyecto Córdoba, nos remite a Shakespeare, cuando nos recordaba que era a menudo la vida un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada. Nada bueno, quepa acaso añadir.
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