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viernes, 11 de noviembre de 2011

Ojos claros, serenos, miradme al menos

     
      Qué curioso el desvarío ocular que el primerísimo plano de la pantalla les descubría a los Candidatos, como si lo grotesco de su longeva profesionalización en la Política de golpe se les somatizara a ambos en el espasmo de los ojos, imposibilitados ya de ese dulce mirar que alabara el inmortal Gutierre de Cetina.
     Así, a Rajoy, por momentos desorbitábansele los ojos, se le agigantaban como inflados globos sobre las cuencas tras las lentes, disparábansele las escleróticas y llenábanle el rostro de una extraña turbación, la propia de un fauno voluptuoso de provincias, como si en la mesa del debate fuese un glorioso chuletón recién hecho lo que acabara de ofrecérsele, acaso los rotundos muslos de Elsa Pataky, un decir, que estuviera él justo entonces al trasluz sorprendiendo.
     Por su parte a Rubalcaba, por detrás de su pendenciero incordie, -tan agitado se le vió que recordaba de cerca por momentos al Golum del Señor de los Anillos- atacábale un incesante e incontrolable parpadeo, como el prurito de un adolescente primerizo que no acaba de verse ligoteándose a una Jennifer López que por allí deambulase. Parpadeaba y parpadeaba como esas puertas de vaivén en el saloon del oeste antes de la pelea que, algo histéricas, nunca se detienen.
      
     Qué lejos ambos entonces, con sus aparatosas contorsiones oculares, del dulce mirar que cuatro años antes portara en pantalla el gentil Doncel Zetapeico, cuyas glaucas pupilas, serenas y melosas como las del mismo Paul Newman, cautivaron a millones de corazones. Claras pupilas zetapeicas que nos susurraban cositas al oido, que nos ofrecían suaves guiños y secretos arrumacos. Incluso a todos y cada uno nos deseaban una muy buena suerte. A los candidatos de hogaño, derretidas las mieles de antaño, les dominaba la otra noche, por el contrario un mirar espantado. Diríase incluso que, igual que el niño de El sexto sentido, que… a veces ven ellos… MUERTOS,  los que va a dejar el PP a su paso, al decir de los socialistas catalanes, los que con dulzura quería “apañar” el Doctor Montes de la anterior campaña zetapeica, en fin, el muerto de país que les deja el gracioso y airoso Doncel de las Nubes y del Viento, de la Paz y del Amor.
¿Entonces? Cuánto mejor que estos tormentos rabiosos, el volver a los clásicos: léelos conmigo, lector, pierde también un minuto con ellos, conmigo, anda, sí.

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué si me miráis miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
Ya que así me miráis, miradme al menos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Ana Rosa Quintana, Ondas 2011, otro aldabonazo

     
      “Por su solidez como comunicadora y por la excelencia de su trayectoria”, he ahí el doble pilar en que precisamente ha ido a basar el jurado de la cadena SER (la orgánica y poderosa factoría de todo progresismo bienpensante que se precie) la concesión de su prestigioso galardón periodístico como presentadora en la persona, debe ser que hasta el momento no suficientemente reconocida, de Ana Rosa Quintana, la multimillonaria reina de las mañanas televisivas.
     Resulta algo más que un doloroso sarcasmo, es un escupitajo en la cara de cualquier ciudadano crítico,  que justo en el mismo año en que el estelar programa de la susodicha protagonizara el incalificablemente abyecto y amarillista espectáculo de la “confesión” de Isabel García en torno al horrible asesinato de una niña, show que debería por sí solo haberle acarreado la definitiva repulsa de una profesión cuidadosa en un mínimo grado con los valores cívicos que la sostienen, y haberse tenido que marchar la doña a escribir como mucho en un mísero blog, extramuros del Bien, por el contrario le suponga a su gloriosa artífice un entorchado más que añadir a su incalculable Fortuna. Que encima expresamente se mencione “la excelencia de su trayectoria” rebasa con creces el sangrante milagro de los Ondas y las heces.
     
      Se premia, y por tanto se eleva a categoría de modelo a seguir y a admirar, un programa en esencia destinado a merodear los pormenores de los reallitys de la propia cadena, es decir, de la Telebasura. Debe ser esa la “solidez comunicativa” que la SER condecora. Y en cuanto a la “excelencia de su trayectoria”, ahora que lo pienso, no le falta razón tampoco al jurado excelente: si se descubrió en su momento que el libro que firmaba la distinguida AR en realidad se lo escribía por cuatro duros un “negro” que, harto de su explotación, filtró los plagios que a su vez hacía él de autoras americanas, y que del asunto, AR, que incrementó el share de su programa, obtuvo la renegociación al alza de su mareante contrato, ¿cómo no ponderar la noble altura ética y estética y apologética de ese itinerario incomparable?
     
      ¿Se entroniza o no, entonces, una vez más el Reinado de la Mugre? Para que tú veas, lector mío, cómo este blog faccioso dice verdad, y cuán grande es la Injusticia que el mundo editorial conmigo hace, arrojándome a este cruel anonimato de covacha mientras tanto pintamonas triunfa y retriunfa en los mejores salones con muy solidarios mensajes, cuando la “hazaña” de Ana Rosa con aquella pobre mujer torturada en directo –ver infame video y ver mío blog 27-2-2011- ya le pronostiqué sonoros galardones. Le voilá. Bien mirado, ya tenía el Ondas ese en la buchaca –más el lucro contante del caché que el mismo lleva anejo- el intelectual este que presenta el Sálvame. L´air du temps, pues, las ondas concéntricas de esta ful de Estambul. ¿Y de qué me sirve tener luz y razón, aherrojado como me veo entre estas tinieblas espantosas? Oh, Ana Rosa Quintana, reina también mía, dime tú algo.
        

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Aldabonazo de una limpiadora alemana por UN MUNDO MEJOR


     
      Ni su nombre sabemos siquiera. Tampoco conocemos su rostro, no vaya a ser el demonio que por mimético efecto mediático su gesto por todo el mundo se extienda. Es como si la asistenta del spot del PSOE, después de dejar al niñato ese en el British, después de besar a su pobre niña, concienciada del deber público por la iluminación rubalcaba, hubiese decidido pasar de una vez a la acción.
    Lo que no dijeron el otro día, subvenidos por el Banco, los maravillosos Trueba&Guardiola, lo dijo con su gesto, en verdad indignado, una limpiadora alemana. Deberían los Indignados adoptarla como verdadera heroína y fabricarse camisetas con su efigie. Destruyó la limpiadora –como los ludistas en los albores de la revolución industrial- un adefesio, catalogado como suprema obra de arte y valorado en casi un millón de euros. Un gesto puro al fin contra el pitorreo entronizado en los modernos museos… y en las estratosféricas cotizaciones de los impostores en medio de la colectiva miseria de la mayoría.
    No se explican las autoridades cómo pudo el terrible hecho acontecer. Tienen las limpiadoras muy severas instrucciones de bajo ningún concepto acercarse a las “obras” a menos de 20 cm. Desolado en grado sumo, el portavoz museístico, gacha la testuz, es que no daba crédito: “Es igual que en casa, se les dice: limpie todo, pero no me toque la mesa del despacho”. Cómo creer entonces que todo se debió, como insisten las fuentes oficiales del establishment, a un desgraciado descuido.
     
      Como siempre en estos casos, pareciera que una socarrona divinidad desde algún sitio nos moviera los hilos a los humanos títeres, pues no en balde la irreparable pérdida para la Historia del Arte llevaba sobre sí el premonitorio título de “Cuando empieza a gotear desde el techo”, que si ya sólo con tararearlo te da la risa, ni te cuento al demorarse uno en su contemplación, que precisaría para su completa degustación, digo yo, de un pianista, de la escuela conceptual, claro.
     Ahora que, mío lector, siguiendo la crónica que de la cosa hacía el corresponsal de EL PAÍS, el que por una vez experimentó retortijones de puro jolgorio sobre sí fue este amargado bloguero: “A la limpiadora le pareció… que la capa de una sustancia clara que cubría la artesa –bajo aquellas infames maderas- debía ser…MUGRE, mugre acumulada desde su creación”. ¡Nunca más explícito el Reinado de la Mugre que desde esta mísera covacha con tan infatigable como inútil ansia anuncio y denuncio yo! ¡Ah, forretis mercachifles postmodernos de la vanguardia insustancial y pseudoprogre, respaldada también por el Banco de Guardiola&Trueba, vuestra hora está próxima!
     Más tarde, una vez disipados los embriagadores efluvios de mi melopea visionaria, recapacité y deduje que lo más probable, dada la ausencia de datos concretos y fiables, la bruma en que aparecía revestido el evento, es que se tratara de una noticia “falsa”, -una más- precisamente inventada por cualquiera de los cerebritos grises de ese Banco para dar “vida” y turística atracción a un museo –o a un merchante, o a una exposición, o a su sponsor- con claros intereses económicos.
      
     Pero por muy “fabricada” que resulte ser la cosa, no deja de parecerme muy real y verdadera la situación: a la perfección imagino allí a la limpiadora, esa mujer algo perdida entre esos espacios de lujo tan aséptico como antipático, bajo la inflexible admonición superior de no arrimarse a aquellos estrafalarios adefesios valorados en un incalculable pastizal y sujetos a los alambicados circuitos del Gran Arte, confundida y azorada, bajo la conciencia a la vez de la mísera soldada por su trabajo recibida y de tener una niña adolescente que simplemente dibuja de maravilla, y abrirse entonces ante ella, en rubalcaba iluminación, ya te digo, la determinación de la acción directa: hacer con la manos papilla ese espantajo y reivindicar a gritos también allí a su niña y a todos los artistas pobres del mundo…¡QUE NO, QUE NO, QUE NO NOS REPRESENTAN, QUE NO!
    
    
      
    

martes, 8 de noviembre de 2011

Mi alcalde y yo


     
      Resúltase que, según va siendo ahora de público dominio, el ex-alcalde de la ciudad donde vivo, del partido de los socialistas él, entre un cúmulo de portentosas “hazañas” a cual mayor, -voto a bríos, lector, que un día con los pedrestes medios míos he de describirte yo su más sonada realización, lo que entre el vulgo se conoce ya como “La Talanquera”, que nunca vióse más horrenda mastaba edificacional, y por colosalísima que es más horrenda si cabe aún resulta, en la que enterráronse más de veinte mil millones de las antiguas púas- dignas sin duda todas ellas de ser recordadas por las generaciones venideras junto a las monstruosas deudas que por secula seculorum les ha legado, desvió para otros menesteres incluso las propias cuotas destinadas a la Seguridad Social que el mismo Ayuntamiento detraía mensualmente a las nóminas de sus trabajadores.
     
      No debería quizás añadirse ni una sola consideración más a la bárbara astracanada del desnudo hecho en sí, salvo la penosa consideración, una vez más, de que, pasados cuatro días y dos telediarios, para la Historia de las Ideas, para la Historia en general, acaso para la memoria también de esas hipotecadas generaciones venideras que antes decíamos, quedará siempre el ilustre regidor progresista como ejemplo de hombre avanzado que abrazó con fervor ciudadano el compromiso con los ideales de los más humildes y desfavorecidos miembros de la sociedad, que peleó, como su estremecida conciencia humanitaria le exigía, a brazo partido por un mundo más humano en el que el hombre se reconciliara con el hombre, como un ilusionado soñador, en suma,  de una sociedad para todos más libre, más solidaria e igual. Un héroe del Progreso, vamos.
     
      Y enfrente suyo, claro, la nada interbloguera que uno es, -quién si no tú, amable lector, habría de tolerarme este desatado ombliguismo de fracasati,  que de no desparramarse sobre un triste blog, dónde si no habría de vaciarse- por con esta saña resentida describir a ese filántropo, por los ideales liberales y patrióticos que también sin fanatismos a uno le mueven, para siempre quedará allá confinado en el bando de los implacables y cavernarios enemigos del género humano, aquellos para los que sólo rigen la ley del beneficio, la codicia y la insolidaridad más crueles y destructoras del Planeta, aquellos afines al servicio siempre de los poderosos y de los que más tienen, de los que no quieren sino esclavizar a los pobres del mundo y a los pueblos de la Tierra, perpetuando su egoísta privilegio. Un malnacido faccioso, yes.
     
      Adelantado heraldo del radiante porvenir, colectiva conciencia previsora, orgánica inteligencia del Futuro en marcha según Guardiola&Trueba, el Partido propone ya a mi insigne ex-alcalde nada menos que para encabezar en la circunscripción las listas al Senado. Un lugar al Sol para él, tan opuesto al espacio de tenebrosas sombras de la Caverna, ni eso siquiera, de la mísera covacha bloguera en que el muá, carcomido en su resentimiento, patalea, ea, ea. Ah, el mundo es una barca, que dijo Calderón.
          

lunes, 7 de noviembre de 2011

Blanco y radiante

     
      No resulta complicado imaginar que si las históricas plusmarcas de desempleo y de desesperanza colectiva que vivimos las protagonizara un gobierno de la DERECHA ESPAÑOLA (díptico que agota con su sólo nombre para muchos el más odioso de los males imaginables), tendría que hacer este la campaña electoral en la clandestinidad. Habría de soportar a diario sobre sí el mordisco de una virulenta presión callejera bajo un ambiente apocalíptico que la mayoría consideraría plenamente “natural”.
     
      No digamos si tuviera además que hacer campaña con un presidente en funciones loco por pillar la hamaca y supervisar las nubes al pairo, con un vetusto candidato, eslabón hallado que simboliza como pocos las dudosas virtudes de la estricta supervivencia en política, capaz de defender lo blanco como negro y lo negro como blanco de un día para otro con idéntica desenvoltura y, en fin, con un vicesecretario general del partido, ministro y PORTAVOZ del gobierno, sobre el que personalmente convergen a la vez serios indicios de corrupción en al menos los siguientes casos: caso Ibiza (que incluye una presunta financiación ilegal del partido), caso Melilla (acerca de una plausible compra de votos), caso Constructoras (las que aumentaron escandalosamente bajo su ministeriado las cifras de su negocio), caso VillaPsoe de Arosa (lujosa construcción de dudosa legalidad para prebostes del partido en tan privilegiado paraje) y, en fin, caso Gasolinera (que habrá de entender el Supremo del dudoso proceder de Blanco y de su primo, un señor primo, recibiendo en la gasolinera, qué crudo).
       
      Más la guinda sensacional que le puso el propio Blanco al asunto cuando, de vuelta de dejar a sus niños en el British Council, tratando de abrirse una vía de escape a su complicado laberinto personal, radiante reveló, como si de esa forma hubiese negociado alguna indulgencia con a saber qué instancias conformadoras de la Opinión Pública, que es que él es… creyente… y que practicaba además el diario examen de conciencia. Sólo le queda, ahora que Rubalcaba tranquilizó cucamente a sus padres –como si pudiera cualquier padre albergar duda alguna sobre la integridad de la carne de su carne- arrodillarse ante el presidente Bono y besarle el anillo de las joyerías de su ex.
         

sábado, 5 de noviembre de 2011

Mayordomo Gallardón en coplas (Poessía catorce)



Tiene un mayordomo el Faraón
que a Madrid cuesta un riñón,
que la canallesca ha descubierto
que se da por hecho cierto
celoso vigilante de su apresto
empotrado entre el presupuesto
en licores y manjares reputado
y a costa del contribuyente sufragado.

Qué calladito lo tenías
qué pincelito así lucías
relamido y peripuesto regidor
al servicio sólo de tu resplandor,
que la Casa de la Villa era nada
y colosal pirámide demandabas
para  tu relumbre cegador,
alcalde repipi y derrochador.

Y si un día en un debate
un opositor algo orate
trastornado y en dislate
querindonga te endosó,
permítele ahora a este vate
-no se trata de aquel primate-
ni de darte jaque mate,
sacarte sólo un poco la color.

Que no es de recibo Alcalde
que no puede salirte de balde
mientras el pueblo las pasa canutas
-algunos dicen que hasta putas-
y les subes sin piedad las tasas
que han de pagar por sus casas,
no puede ser ni por asomo
que mantengan además tu mayordomo.

Hacíanse lenguas de tu aplomo
murmurábase con asombro por los foros  
el acierto en el tweed de las chaquetas
el que nunca calces feas chancletas
el perfecto casco de tu cabeza
hasta el liso almidón de la bragueta;
resúltase que toda esa guapura
el listón de tan gallarda donosura
lo pasas luego por nuestro lomo
con la pasta que acarrea
con el dineral que chorrea
tu afamado estilista maromo.

Mira, alcalde faraónico y atildado
olímpico y acicalado derrochón,
quédate  sólo una urgente solución,
o  pagas tú a tu intendente servidor,
o sirves tu solito los manjares y el licor,
o muy pronto el sufrido ciudadano
-no olvides este simple silogismo-
en el trasero te dará una sonora coz
el galardón al que por tu señoritismo
te hiciste muy justo acreedor.















viernes, 4 de noviembre de 2011

Y encima se ríen estos de la izquierda abertzale


     
      Recordaba entre sollozos, Adoración Zubeldía, viuda del concejal de UPN Jorge Javier Múgica, asesinado por la Eta hace diez años, desbaratada por el dolor y ante la sala enmudecida, las muy amargas circunstancias en que se vio arrastrada a contemplar el cobarde y cruel asesinato de su marido: “Ese día no fui con él a la tienda a trabajar. Habíamos estado fuera unos días y me quedé organizando la casa. Escuché la terrible explosión…  supe al instante que era él. Me asomé a la ventana y vi la furgoneta nuestra envuelta en llamas. Medio sonámbula, me fijé un poco más… el coche estaba ardiendo… mi marido estaba allí, contra un arbusto, quemándose…”.
     La juez Murillo debió ver entonces algún gesto jocoso entre los acusados. “Y encima se ríen estos cabrones”, explotó por lo bajo ante su compañero de tribunal. Luego relató la viuda el calvario de amenazas recibidas antes del asesinato: las pintadas con dianas, los robos en la tienda, la quema de otra furgoneta arrasada. Sólo por casualidad ni ella ni su hijo murieron también de esa vil manera aquel día. La chulería, el descaro, la ausencia de la más mínima señal de arrepentimiento y de la más elemental empatía ante el sufrimiento causado, y a su lado mismo revivido, siguen siendo las señas de identidad de los etarras. Ni de los acusados en el juicio, ni de los bilduitarras que les apoyan, sean los que acuden a la vista, orgullosos de jalear a sus heroicos txapotes, sean los que se apalancan ya en las instituciones representativas, que ni mu han dicho. Es lo que hay.
      
     Es cierto que la juez Murillo retrató con su exabrupto a los etarras a la perfección. Ni el prodigioso artista del siglo de Oro español con su mismo nombre hubiera pintado mejor de un solo trazo a esos angelotes mofletudos y psicópatas de la Eta. Pero es cierto también que demostró, a mi juicio, una alarmante falta de profesionalidad, a todas luces impropia de su responsabilidad. Luego las radios, las televisiones, los diarios, los digitales ni te cuento, se han lanzado con fruición a repetir ad náuseam la grosería, recreándose en la suerte, como si la jueza hubiera levantado la veda y los “profesionales de la información” ardieran en deseos de pronunciar también ellos, como niños malcriados, la palabrota de marras. Por todas partes resuenan los cuernos de cientos de machos cabríos pero que muy mal hablados.
    Ya, ya sé que está la palabra en el diccionario de la Rae, y que Cela tal y cual. No soy ningún cursilón del almidón. Pero veo en ese regusto malsano por lanzarse encantados por el tobogán de los tacos una demostración más de la derrota del Pensamiento que ayer te conté y del pernicioso influjo de la “GranHermanización” de la sociedad entera, esto es, del Reinado de la Mugre: esa mezcla insolente de banalidad y vulgaridad. ¡Cómo extrañarse luego de que por las modernísimas redes sociales circule a todo gas el más tabernario de los lenguajes, cuajado, sin conciencia de culpa alguna, de las bajezas más infamantes! ¿Quién es el guapo que una vez más le recuerda a esta prominente juez, y a tantos eminentes líderes de opinión, la frase aquella de Wittgenstein que reza que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”?
    
     La nada interbloguera que uno es –mejor que todo lo demuestra, lector, el que ni tú ni yo nos llevamos ni un euro al bolso por escribir lo nuestro- se atreve a decir que cuánto mejor, por ética, por estética, y hasta por pragmática, si la juez Murillo hubiera explotado en este símil: “y encima se ríen estos de la izquierda abertzale”. He dicho.  

jueves, 3 de noviembre de 2011

Guardiola&Trueba. Catálogos

      
     El Encuentro entrambos cracks, para intercambiar ideas acerca del Futuro, con la que está cayendo, la verdad es que prometía. Hay que reconocerle a Guardiola, en medio de una sociedad como la nuestra, que suele, a lo Balzac, ver detrás de cada gran fortuna un crimen, una habilidad especial para, con ciertos quiebros de nacionalismo contestatario que de vez en cuando él prodiga, saber hacerse perdonar su plutocrático privilegio ante el Pueblo. El arte de Fernando Trueba, un gran director, en esos menesteres es aún mayor, pues le hace posible despotricar contra la industria americana del cine y a la vez arramplarse un Oscar. Las últimas perlas nominalistas de Trueba en El Mundo, en febrero de este año (“Todas las dictaduras para mí son de derechas. Nadie que diga que es de izquierdas o revolucionario tiene a la gente sojuzgada. Lo revolucionario es considerar a los seres humanos libres y capaces de dirigir sus vidas”), además de hacerle removerse en su tumba a Guillermo de Ockham, no añadían sino más emoción preliminar al Encuentro.
     
      Y sin embargo, la decepción en el espectador, leído y releído el texto, como cuando en el futbol se espera un partidazo y sale un pestiño, es espantosa. De la misma manera que los cronistas del fútbol acumulan tópico tras tópico, lo mismo se amontonan aquí los lugares comunes sobre el Futuro, en un tono además deliberadamente nebuloso y como de postal de plexiglás. Valga de prueba el único titular que del texto se entresaca: “El Futuro –asegura Trueba- es el único sitio al que puedes ir”. Tócate los pies al biés, Jean Paul Sartre, que la náusea me da ahora a mí.
     El arranque filosofal es portentoso: “¿Sabes que hemos nacido el mismo día?”, interroga Pep. Efectivamente, el 18 de enero, responde Trueba. “Y me hace mucha ilusión, Fernando. Siempre le digo a tu hermano que te felicite, pero seguro que nunca lo hace”, incide Pep. “Sí, me lo ha dicho… yo siempre he sido el chalado de mi casa. Dime una cosa sinceramente, Pep, ¿tú te veías llegando a ser entrenador?”… inquiere Trueba. “Yo con 25 ya quería entrenar, siempre he considerado que tenía un físico patético para jugar al fútbol, no sé cómo subsistí.”, le aclara Pep. Es fantástico, reconozcámoslo: “el chalado” y el del “físico patético”, ¿pillas, lector, el truco?
     
      Pintemos primero la pared de los lugares comunes: “La única cosa por la que rezo es por no perder la pasión… si perdiese la pasión dejaría el cine”. “Completamente de acuerdo. Siempre he pensado que todo parte de buscar lo que realmente te gusta. La gran fortuna que uno puede tener es hacer lo que le gusta hacer”. “Me gustaría tener 14 vidas para poder hacer otras cosas maravillosas. Y quizá equivocarme, que en definitiva es ir hacia el futuro, que es el único sitio donde se puede ir”. “Una cosa que tienen en común tu profesión y la mía es que debemos sacar lo mejor de la gente que tenemos. Eso es bonito”. “Deberíamos tener más culto a nuestros viejos porque son los que transmiten las cosas, son la experiencia en el buen sentido de la palabra”. “Entiendo lo que dices, aunque yo pienso que el joven de todas las generaciones siempre es el mismo”. “Sí, en eso no te falta razón. Pienso que todos tenemos nuestros tiempos”. Esas cosas, señores cracks, mejor las dice hasta un jorobado bloguero.
      
     Al fin va la conversación tomando pie por los alrededores de la tremebunda realidad. Dice Pep: “Mira, por ejemplo, la economía. No podemos pensar que los políticos o los economistas nos arreglarán las cosas. Quizá haya que dar el paso y decir: “O lo hacemos nosotros o nada”. El espectador se pregunta: alto, ¿quién es ese “nos” que como un pase magistral nos cuela entre las piernas, en el que se embosca el multimillonario Guardiola? ¿Y de dónde se saca esa drástica disyuntiva entre el nosotros o la existencial Nada? ¿No estará posando ahora, encima que le patrocina un Banco, también él de Indignado? ¡Impresionante!
     Claro, temblaba uno, conociendo las lineas maestras de su dolorido pensar, ante la respuesta que a esta incitación podía brindar Trueba. Pensé, ahora verás, lanza Trueba su furiosa diatriba anticapitalista, se interrumpe el spot, corten, mandan al productor y al banco a la PM y se lía parda allí mismo. Pues agarra Trueba el turno y, al loro, que va y  dice: “Yo con toda esta crisis económica he llegado a la conclusión de que los gobiernos deberían… (tachán, tachán)… convertir la economía en asignatura obligatoria. No vale sólo con unas nociones básicas cuando tienes 7 u 8 años. Hay que enseñar a los chicos a entender la jungla en la que van a vivir y a que no tomen otros las decisiones por ellos”. Y aquí si que el espectador le bate palmas de arte a Trueba, por cuanto su curiosa opinión puede pasar tanto por inofensiva bagatela –no reclama ahí la nacionalización de la banca, con lo que el productor bancario respiraría por allí aliviado- como por radical propuesta –basta con añadirle “para el socialismo” a esa economía obligatoria demandada-.
     
      Pero Pep, que sigue con la marcha Indignada puesta, no ha debido pisparse, pues vuelve a ponerle la muleta en los morros a Trueba: “Sí, porque los que en teoría sabían de economía nos han llevado a donde nos han llevado, por las razones que sea”. ¿Por dónde escapará ahora su comprometido interlocutor?, piensa uno “Yo no creo ni que las sepan. En cualquier caso, todos debemos hacer CURSILLOS ACELERADOS para entender la NUEVA realidad”. ¿Es o no magistal, lector, la larga cambiada de Trueba? El del Banco debió otra vez suspirar. Cursillos acelerados para entender la nueva realidad, tócate los gabilondos hondos de la crispación.
     Nos falta sólo ya la revolera de las despedidas. Planes para el futuro: “…Si no me quieren, me echarán y haré lo que salga”, se barrunta el dickensiano Pep.  “Seguir contando películas a los amigos en la calle de mi barrio, charlar con ellos y salir a cenar, que es una cosa cada vez más difícil”, aventura Trueba. Calle-barrio-difícil, capicci, ok. “¿Nos vamos a comer que tengo un hambre que me muero?”, dice Pep. “Por supuesto, Señor, ha sido un placer”. “Ahora nos tenemos que levantar y darnos el abrazo del siglo”, remata a gol Guardiola. Que se besen, entonces, que se besen.  
        
  

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Guardiola&Trueba. Diálogos

      
     A falta de Heideggeres que nos enseñen a pensar, aquí tenemos a Pep Guardiola y a Fernando Trueba. Mano a mano, y con indudable amor por la sabiduría, desde luego, charlan los dos para nos, aunque no gratis et amore precisamente. Les patrocina a toda pastilla publicitaria –prensa, radio, tv, redes sociales- un Banco. Es conocida la alta consideración ética que para la inmensa mayoría de los españoles y para los Intelectuales más comprometidos con las causas populares, poseen los bancos. No digamos ahora, con la crisis terminal del capitalismo que la Spanish Revolution no deja de anunciarnos, de cuya secuela de desempleo y pobreza crecientes se suele responsabilizar a la desatada codicia de las financieras instituciones.
     ¿Les ha echado para atrás esa sin duda penosa consideración a nuestra pareja de solemnes pensadores? No lo parece, pues por todos lados puede contemplarse, con el soberbio envoltorio de lujoso apresto con que el capitalismo sabe vender estos sucedáneos heideggerianos, su metafísica conversa. “CONVERSACIONES SOBRE EL FUTURO”, así, en capitales tipografías proclama la convocatoria a doble página el periódico que tengo delante, aliñada, claro, con sus nombres y las expresas firmas propias, amalgamados además los nombres respectivos con el emblema ese que une la J y la B del famoso whisky, más la fecha y el lugar de la charla (06.09.2011 BARCELONA), como remarcando el momento inolvidable en que ambas inteligencias con el diálogo se fecundaron, magno acontecimiento a partir del que pudiera, en la historia de las ideas, señalarse con inapelable nitidez un antes y un después.
     
   Enmarcan además las trascendentales conversaciones sobre el devenir de la Humanidad sendos nobles retratos de los eximios eruditos convocados, en muy especulativa pose, por más que pueda dudarse desde el principio si sus respectivas profesiones, aquellas por las que han conseguido ambos indiscutible éxito y brillo social, les facultan especialmente para la ardua tarea de prefigurarnos el futuro que encima se nos viene.
     Sea como fuere, es el caso que Guardiola, a quien, lo que son las cosas, un futbolista sueco por él rechazado, al despedirse, con sorna andaluza tildó precisamente de “filósofo”, desde el periódico, con sabia admonición desde luego, levanta la palma de la mano hacia nosotros, abierta la boca y brillantes los ojos, con ese gesto explícito con el que se ponderan las más visionarias conjeturas del pensamiento. Y sí, ese rapado estricto y esa barba de un día supercuidada, sus bellas orejas puntiagudas, no dejan de conferirle un cierto halo místico, el que acaso conviene -y que el banco, en estos tiempos de la imagen y de la fusión de géneros, no habrá dejado de apreciar- a un aparente híbrido de misticismo zen sobre una cálida pero occidental mediterraneidad.
        En la página de enfrente, en actitud reflexiva, como sujetando algo invisible –el hilo de una Idea antes de que se vaya, diríase- entre el índice y el pulgar de la mano, con atuendo más informal, camiseta blanca bajo una azul camisa vaquera arremangada, aunque en perfecto orden los cabellos y la barba entrecana, luminosas y dignificadas también las facciones, comparece la efigie de Fernando Trueba, cuya mirada, en un ojo extraviada, remite ya por sí misma a la del mítico filósofo Jean Paul Sartre, ese otro gran pensador que, a la inversa de Heidegger, se dio el pico con el estalinismo.
      
      Sí, vale, las formas, el continente, vale, pero qué coño es lo que allí uno y otro se dicen, acaso te estés ya preguntando, lector. El contenido propio, la sustancia del futuro venidero, su meollo, el mensaje a pachas de marras, apenas ocupa un tercio del espacio desplegado. Diríase que no es entonces lo más importante. No por ello deja de tener su miga. Hazme caridad, lector, y sigue mañana de mi mano el ringlero de esas miguitas que hasta el mismo futuro nos lleven. Que por hoy, ya me vale.    
       

martes, 1 de noviembre de 2011

Como el rumor de un rey oculto


      
     Picoteaba yo la otra tarde algo desganado un libro –las noches me las reservo para espiar La Noria y el Sálvame de luxe- acerca de todos esos egregios pensadores  que en vida abrazaron con entusiasmo los sangrientos totalitarismos del siglo XX, cuando di en el mismo con un párrafo de Hanna Arendt, tan luminoso y revelador, que al instante me sacudió la modorra.  (Esto de picotearle a los libros es un efecto secundario de la hegemonía de las trepidantes redes sociales, mea culpa, que a todos nos tendrán conectadísimos, desde luego, pero que también a todos nos entontecen, y hasta a marchas forzadas, dada la lectura en parpadeo que las mismas, al ritmo frenético del twist del tweet, imponen… sólo que,  dudosa manzana del Edén, cómo si no podría encontrar yo editor para mis relatos o público amigo para mis facciosos alegatos)
     
      Sólo de forma tangencial tenía el párrafo de marras que ver con la línea principal de la obra, arriba mencionada. Trataba éste sobre el clima de fascinación y la aureola de respeto y prestigio que los más importantes pensadores de Alemania en los años 20 producían, sobre todo a través de la lectura y del posterior boca a boca, entre la mayoría de los estudiantes alemanes por aquellos años. Hablaba en concreto de Heidegger (entonces tan sólo un gran pensador, ajeno del todo a las veleidades pronazis que luego mostraría) y los términos en que Arendt describía esa colectiva admiración eran, además de muy inspirados, bien elocuentes:
     “Era apenas algo más que un nombre, aunque el nombre viajaba por toda Alemania como el rumor de un rey oculto… El rumor sobre Heidegger, dicho de forma simple, rezaba así: existe un maestro, alguno de nosotros quizá pueda aprender a pensar”.

     Hum, como el rumor de un rey oculto, -me repetí y saboreé esos vocablos- …ese nombre viajaba por todos los andurriales de la Selva Negra, por las umbrías bávaras y por los caminos de cientos de villorrios prusianos, por los más alejados confines de la Germania... como el rumor de un rey oculto abriéndose paso en la fronda, corría de boca en boca ese nombre como un salvoconducto sagrado –yo pensaba en sucesivas ringleras de femeninos labios susurrando con admiración un nombre-, como la clave secreta que abría la puerta ilusionada e ilusionante a un saber más riguroso y fundado que vivificaba y hasta abrasaba a quienes entraban en su contacto, que era también caricia profunda y caballo con alas. ¡Aprender a pensar!
     ¿Qué pensadores despiertan hoy sólo con sus libros una tan honda y generalizada a la vez estima? Le voilá, me dije algo enajenado, la derrota del Pensamiento y el Reinado de la Mugre, esa mezcla insolente de banalidad y vulgaridad, ese amasijo de sangre y semen que ahora manda, como el perfume de Lady Gaga, la atroz muerte de Gadaffi y la Noria de los cucos, atestiguan.