Se permitió incluso Escarlata O’Coixet el alarde de relacionar desde el estrado el título de la película más galardonada de la noche “No habrá paz para los malvados” con la Heroica labor de Garzón. Ya lo dijimos: “Isabel, tus palabras me han emocionado” se aprestó a comunicarle éste desde el Infinito y más allá.
El día siguiente a la honda conmoción de Garzón en los Goya, en medio de una espantosa soledad, declaraba Toñi Santiago en el juicio por el asesinato de su hija, Silvia, hace nueve años en Santa Pola. Tuvo que revivir una vez más, entre lágrimas, con la voz entrecortada por el dolor y la pérdida, su calvario. El Juez la reconvino, muy adusto y leguleyo él, cuando se volvió e insultó a los asesinos de su hija.
Los de la cadena-de-favores-garzonita quieren reabrir fosas y heridas, las de un lado, de hace setenta y cinco años, y quieren convencernos a la vez, tras unos porrazos en las manifestaciones ilegales, de que vivimos hoy bajo la bota brutal del Fascismo. Con los hombres de la Paz etarra, en cambio, hay que negociar, hay que olvidar, hay que reinsertar.
Los abnegados etarras, y sus admiradores, -no, ellos ni por asomo son malvados- se han jartado a matar gente inocente. Han celebrado en la misma cara de las familias de los asesinados sus crímenes. Han gritado ETA mátalos mil veces, señalando a quienes se les oponen. Se les ha amnistiado y han vuelto a asesinar, y de forma más cobarde todavía. Se han pitorreado y se pitorrean de nosotros. Buena parte de la izquierda levanta el puño igual que ellos. A la élite izquierdista, Toñi Santiago, su Silvia, los cientos de Silvias, a la vista está, nunca les han emocionado demasiado. A Garzón le hacen ahora su laureado documental, que así más se extenderá su fama, y la del Fascismo imperante en España.
El mismo día que declaraba Toñi Santiago, justo el mismo día, olvidaba en público Rajoy su promesa de promover la ilegalización de los filoetarras. Rajoy, y toda su bancada bovina también. Esta vez no es sólo que no haya, como aquel día en la tele, entendido Rajoy su propia letra; es que ha elegido, sin explicación alguna, taparse los oídos ante el grito de Toñi Santiago, que es el de Silvia, que es el de las miles de víctimas, que también es el mío. ¿Por qué?








