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jueves, 23 de febrero de 2012

Toñi Santiago, Garzón, Rajoy, la emoción


     
    Se permitió incluso Escarlata O’Coixet el alarde de relacionar desde el estrado el título de la película más galardonada de la noche “No habrá paz para los malvados” con la Heroica labor de Garzón. Ya lo dijimos: “Isabel, tus palabras me han emocionado” se aprestó a comunicarle éste desde el Infinito y más allá.
    
    El día siguiente a la honda conmoción de Garzón en los Goya, en medio de una espantosa soledad, declaraba Toñi Santiago en el juicio por el asesinato de su hija, Silvia, hace nueve años en Santa Pola. Tuvo que revivir una vez más, entre lágrimas, con la voz entrecortada por el dolor y la pérdida, su calvario. El Juez la reconvino, muy adusto y leguleyo él, cuando se volvió e insultó a los asesinos de su hija.
       
   Los de la cadena-de-favores-garzonita quieren reabrir fosas y heridas, las de un lado, de hace setenta y cinco años, y quieren convencernos a la vez, tras unos porrazos en las manifestaciones ilegales, de que vivimos hoy bajo la bota brutal del Fascismo. Con los hombres de la Paz etarra, en cambio, hay que negociar, hay que olvidar, hay que reinsertar.
        
   Los abnegados etarras, y sus admiradores, -no, ellos ni por asomo son malvados- se han jartado a matar gente inocente. Han celebrado en la misma cara de las familias de los asesinados sus crímenes. Han gritado ETA mátalos mil veces, señalando a quienes se les oponen. Se les ha amnistiado y han vuelto a asesinar, y de forma más cobarde todavía. Se han pitorreado y se pitorrean de nosotros. Buena parte de la izquierda levanta el puño igual que ellos. A la élite izquierdista, Toñi Santiago, su Silvia, los cientos de Silvias, a la vista está, nunca les han emocionado demasiado. A Garzón le hacen ahora su laureado documental, que así más se extenderá su fama, y la del Fascismo imperante en España.
       
    El mismo día que declaraba Toñi Santiago, justo el mismo día, olvidaba en público Rajoy su promesa de promover la ilegalización de los filoetarras. Rajoy, y toda su bancada bovina también. Esta vez no es sólo que no haya, como aquel día en la tele, entendido Rajoy su propia letra; es que ha elegido, sin explicación alguna, taparse los oídos ante el grito de Toñi Santiago, que es el de Silvia, que es el de las miles de víctimas, que también es el mío. ¿Por qué?
   


miércoles, 22 de febrero de 2012

Emoción de Garzón en los Goya



   No, no creo que vayan los Goya premiados de este año, por mucho que ante ellos el ministro Wert haya doblado la cerviz, en alegre cuchipanda a ofrecerle los laureles del triunfo a Rajoy en la Moncloa, como cuando Zapatero solían. Le pasaban el Goya a Zetapé y esposa, en freudiana y más que elocuente “transferencia” de éxito, hacían juntos unas cejitas y se fotografiaban luego estos con el busto del aragonés entre las manos. Va a ser que no con Rajoy, me parece.
   
    Decíamos ayer que discurseó Coixet en prime time para la Uno al recoger un nuevo Goya. “Escuchando al juez Garzón”, su obra, escuchándola todos a ella entonces. (Ironías del destino cretino, apareció justo entonces un espontáneo en la Gala, voilá la foto y el gesto de la Sra, pidiendo… eso, ser escuchado, pero el servicio de seguridad restituyó pronto el Orden progre, llevándose en volandas al indocumentado) Va a hablar Coixet, al loro. ¿Dar las gracias al equipo, a los progenitores, a los amigos, a su Amor, como acostumbran los triunfadores? ¿Aventurar algo sobre las posibilidades expresivas del género documental? ¿Elucubrar acerca de la delgada frontera entre realidad y ficción que el documental permite? No. Tenía Coixet algo mucho más urgente que proclamar.
   
 “El Tribunal Supremo puede apartar a Garzón de la Justicia, pero a la Justicia nada ni nadie podrá apartarla del juez Garzón”. 
   
   Así habló Zaratustra, que digo, así habló Scarlata O´Hara cuando aquello, en la boca de Coixet ahora. A mí me pareció al oirlo la continuación de la Carta misma de la Niña de Garzón que aquí glosamos. Idéntico tono elemental, idéntico fraseo sensiblero y maniqueo de ida y vuelta, el mismo candor de anotación adolescente y grandilocuente, sólo que en señora muy resabiada en publicidades ahora. “Nada ni nadie podrá apartar a la Justicia del juez Garzón”, fíjate, lector, cosas que yo ya te dije,  pase lo que pase, averiguemos lo que averiguemos, el candado de la Consigna está más que cerrado. Aplauso general, claro.
   Por eso al final de su breve speech en prime time precisamente dio Coixet  las gracias… ¡a María Garzón!, “sin la que todo esto no hubiera sido posible. Tras la gala, tras los parabienes, ante la prensa remachó Coixet el clavo: “Sé que no es un premio a mí, es un premio a la Justicia Universal de Garzón”.
   
    Y el estrambote final. Confesó Coixet allí mismo ante la prensa que el propio Garzón, desde el quinto pino del mundo en que en ese momento se hallara impartiendo Universal Justicia, que es lo suyo, había encontrado tiempo para remitirle un muy urgente mensaje: “Me han emocionado tus palabras, Isabel”. Acabáramos.¡Gable derrumbado ante Scarlata! ¡En esta sensiblería de telenovela boba acaba la Justicia Universal! A mí me recordó este detalle, salvadas todas las distancias, a cuando al final de El silencio de los corderos, llama Aníbal Lecter a una radiante Clarice Starling para felicitarla por su éxito y anunciarle una próxima cena.
   Salvadas todas las distancias, ya digo, porque ni Big Garzón es Anthony Hopkins, ni Coixet es Jodie Foster. Por más que lo intentan. Es posible que Garzón esté dándole vueltas a la pelota para cómo plantarse en la Casa Blanca ante Obama y, de hinojos ante él, ofrecerle la cabeza de Goya.

martes, 21 de febrero de 2012

Y el Goya va... para Garzón, claro

     
     Ya a media tarde, en el previo, Mª Teresa Campos, la gran diva de la Comunicación, se ocupó de calentar en Tele 5 el cotarro. De forma inopinada, mientras hablaba con Peñafiel, como Milá el otro día a propósito de Jesucristo, en una especie de rapto místico y dirigiéndose por derecho a las cámaras declamó: “Lo que está sucediendo en-este-país con Garzón es de vergüenza… Digo más, porque no tiene una ahora treinta años, que si no, vamos, es que me iba de España”. Puso entonces Peñafiel ojos de sapo, que eran de pasmo, ante el éxtasis Teresiano. “Ya está, es que me he calentado”, le dijo Campos, por toda explicación.
    
    Se unía así la gran Mª Teresa Campos -grande su millonario contrato también- a la cadena aquí ya mencionada de los Llamazares-Bardem-wyoming-Trueba-Fidel Castro-antiCamps que con idéntrica matraca de consigna y agit-prop tratan de persuadirnos desde las pantallas de que no hay en nuestro país, ahora que ganó la Derecha, democracia.
   El plato fuerte vino, claro, con la fastuosa gala de los Goya, ese día grande para el Mester de Progresía patrio, en el que no reparan ellos y ellas en lucir galas de banqueros chupasangres del FMI, y en el que todo derroche les parece poco. Yo creo que incluso ese día no mueren niños africanos devorados por las moscas y por el Capitalismo genocida.
   
    Premiaban al mejor documental, ahora. ¿Y quién mejor iba a merecer el Premio y el Honor? Isabel Coixet, la artista documentalista, y el Big Garzón, la estrella documentalizada, por supuesto. “Escuchando al juez Garzón”, lleva por título la pieza hagiográfica, y consiste la misma en una entrevista de una hora y media con el Superjuez, con el caramillo de su voz a cuestas, y sus vagas trazas de Richard Gere en rebajas y algo metidito en arrobas.
    
   Avisaba yo aquí que, de hoz y coz en la campaña de agit-prop como andan los alegres compadres de la cadena de favores garzonitas, nada de lo que pudiera aparecer sobre Garzón les iba ni en un milímetro a mover la pose. Ni la sentencia inculpatoria por UNANIMIDAD, ni la absolutoria por prescripción, ni el cenorrio con Mr X y con Mr Kissinger (se dice pronto para todo un paladín de la Justicia Universal), ni la denuncia de los Colegios de Abogados del Ecuador, ni la carta a Querido Emilio (con lo que dicen todos ellos aborrecer a los ricos), nada les iba a hacer ni siquiera dudar. Son ellos así… de fanáticos.
     Subió en loor de triunfo Coixet a recibir otro Goya más, el Goya de Apocalipsis Garzón now. Y vaya que si habló Isabel. Y qué bien lo fizo. Pero del spot y del speech de Coixet… mañana te hablaré, lector, que no quiero castigar ya más por hoy tu paciencia legendaria with me.
    

lunes, 20 de febrero de 2012

Rodrigo Rato, el Circo Price y la Marquesa de Merteuil


     
  El Arte imita a la Naturaleza, vino a decir Aristóteles, no Onassis, el otro, en su Poética. No, no, es la Naturaleza la que imita al Arte, dijo Oscar, Wilde, no el de Hollywood, en su Dorian Grey. Realidad y ficción, como amantes primerizos, se meten mano mutuamente, digo yo, que soy Nadie, en la Nada perdida entre robots que es este blog.
   Veamos:
                       Celebrábase en el Circo Price (recintos los circos que por antonomasia conservan entre sus lonas los grumos de la fantasía sometida a la desolación, lo propio de lo circense) el habitual Festival de Flamenco que patrocina Bankia. Abarrotaba el  flamencófilo público las localidades. Se le ocurrió entonces a uno de los Flamencos principales, José Mercé, agradecerle en público la presencia en el patio de butacas al Patrocinador allí hecho carne, don Rodrigo Rato. Hacerle Mercé las mercedes por un rato a Rato, vamos. Enfocaría el cañón de la luz, abriéndose paso entre la oscuridad, la patricia figura de don Rodrigo. Pediría, imagino, para él Mercé, excelso cantaor de jondo, el aplauso de rigor, ese que siempre se devuelve con una sonrisa condescendiente.
     
    Pero entonces, contra toda lógica, sobrevino lo inesperado, acaso lo propio del circo, la fantasía sometida a desolación, como digo. Quizás influyera el que días antes el diario El Mundo había publicado los abultadísimos emolumentos que, prestidigitadores sumos ellos, arrámplanse para sí los consejeros de Bankia. A la cabeza de ellos, don Rodrigo, ya te digo, con 2,3 millones de euros. El caso es  que el público allí asistente se dividió tajante entre la cortesía de los aplausos solicitados y el sorpresivo estruendo de los súbitos abucheos que no paraban. Imagino también sin esfuerzo el rictus amargo y el rubor en las caras de los organizadores de la cosa, ese vértigo en las miradas al percibir el descarrilar contra natura, y por peteneras de bronca, de las expectativas.
        
   En ese momento, como en el clímax de aquel fenomenal  numerito circense, la voz nítida de una mujer, como en trapecio balanceándose desde el gallinero, clavó el cuchillo definitivo alrededor del aura de don Rodrigo: ¡¡¡BÁJATE EL SUELDO, RATO!!! , tras el que la concurrencia, sin duda celebrando la puntería de la espontánea, rompióse las manos en su aplauso, entre el disgusto de Don Rodrigo y el apuro de Don Mercé.
      
     Y así es, lector, de esta manera inopinada, como todo el prestigio labrado como buen ministro de Economía vióse en un raro y mágico momento ensombrecido, pues no se comprende fácilmente como entidades públicas, necesitadas de los dineros de todos para ser reflotadas, pueden además autoadjudicarse tan opíparisimas canonjías, pecado que si a toda la clase política compromete, en el afamado don Rodrigo estalla, por no saber él comprender que es el austero desenvolvimiento en el buen manejo de una gestión pública, la mejor lección y el mejor capital de patriotismo que puede uno sobre sí atesorar. Y aunque fuera en esa precaria manera, los grumos fantásticos del Circo, que en el Price en ese momento se corporeizaron, a todos un poco nos aliviaron.
  
  

  

domingo, 19 de febrero de 2012

La Propiedad Distributiva del Amor



   Ahora que ya pasó el día D de los Enamorados y del Corte Inglés, quizás sea oportuno abundar en La Propiedad (re)distributiva del Amor, que me la conozco yo, por tenerla bien observada, muy de carrerilla. Reza así su ley:
   
 A causa de los intensísimos fenómenos intrahormonales de todo tipo, de la aceleración en cascada de neurotransmisores, del incremento desbordado de la presión sanguínea y toda la suerte de transtornos que desde el sistema límbico volcándose en tropel hacia los órganos externos  la catástrofe del Amor  consigo acarrea por dentro siempre a las personas, inexorablemente sucede que:
   -las personas menos agraciadas, expuestas al fenómeno del Enamoramiento, experimentan una súbita armonización de sus rasgos y figura, que se suavizan y rebosan de una luz propia, de suerte que fulguran GUAPÍSIMOS de contornos y andares, hasta el punto que diríase que caminaran ahora, y nunca mejor dicho, en ESTADO DE GRACIA.
   -las personas muy guapas, por el contrario, ante ese convulso seísmo que por dentro con todo arrasa, cámbiales también el dibujo de la cara, y en el pleonasmo empalagoso de tanta belleza, tórnanse de golpe deformes, torpones y desmañados, bizqueantes patitos feos. Están enamorados, sí, pero de guapos que eran, con ese big bang que desparrama a lo Dalí la guapura, resultan ahora seres horribles. Que les den.

   Por supuesto, como el Enamoramiento tiene mucho de sustancia alucinógena, de anfetamínica ilusión que nos proporciona por momentos alas, es sólo elixir temporal, por lo que luego retornan las cosas a la establecida normalidad, los guapos a sus triunfos, los feúchos a sus fiascos.
   Mas en lo que dura ese interregno, como un carnaval justiciero y revolucionario en el Reino de la Belleza, qué incomparable transformación la de los feúchos enamorados, qué belleza nueva y radiante en esos rostros, qué magia blanca reordena de proporción sus facciones, toda esa sangre pura bulléndoles el cuerpo desde lo hondo, sabia savia que les reviviera en armonía de arriba abajo, como si la Ilusión les invistiera a la vez de la hermosura. Qué gusto da solo ya el verles. Que soportable parece entonces la Vida.  


sábado, 18 de febrero de 2012

Decostructing ARCO


      
   Creo que la mejor manera de abordar cualquier discusión sobre ARCO, esa reliquia cañí del tardofranquismo artístico, es por salpicaduras, homenajeando así  al celebérrimo urinario de Duchamp. Fiat:
     1) Bueno, hubo ya un visionario de estos que sostuvo que el ataque y la caída de las Torres Gemelas fueron en realidad bellísimas obras de arte. Luego está el de los happenings con fiambres y tal, a su bola, “abriendo nuevas perspectivas de visión”.

2)      2) También a muchos de ARCO habría que demandarles a la entrada eso: Demuestra que no eres un Robot avida dollars.

3)     3) Si tan rompedores son, los de ARCO deberían, bajo palio, haberse traído a la indómita limpiadora alemana (ver post mío 9-11-11) que destruyó –lo que no osaron facer con tanta matraca los Indignados- este otoño en Dusseldorf uno de esos adefesios valorados en un millón de euros.  “Ah, a mí me dijeron que acabara con toda la mugre que encontrara”, dijo después en inmejorable y lapidaria explicación.

4)        4) Mucho más que los 45 000 euros que bajo este diluvio universal soltó el misterioso comprador (¿y cómo es él) el auténtico premio gordo de Merino (autor del Franco lost in nevera) es que EL PAÍS te lo saque en portada, esa fabulosa joint-venture: has triunfado entonces. Máxime cuando el legendario fundador del diario edificó su fortuna bajo los cimientos de la información privilegiada que le pasaban los sayones de la Dictadura. Entonces lo ideal de la muerte habría sido sacar en esa neverita a Franco&Polanco dándose la manita, Pepe Luis, sí, señor Merino, de la memoria histórica que usted arguye.

5)      5) Lo dijo en una de sus películas Woody Allen: sale un tío al escenario y, desatado, vomita y vomita sin parar. La gente se troncha y aplaude entusiasmada. El tío se encara con el público: ¿de qué os reís, idiotas? … ¡es ARTE!