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miércoles, 15 de mayo de 2013

La amante de Kirchner, lágrimas sobre Garzón


     



   El speech en una tele argentina de Miriam Quiroga, la ex –amante del finado Kirchner, con algo también de replicante ella en la cérea y pasmada faz, me recordó mucho el célebre monólogo de Rutger Hauer antes de morir, cuando ya nada tiene que perder, al final de la sombría y magistral Blade Runner: “Yo… he visto cosas que no creeríais… naves en llamas más allá de Orion, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser… todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.”
     
   Y si Hauer dirigíase allí al insobornable policía que hacía Harrison Ford, las palabras de la mantis religiosa del finado Kirchner venían acá en realidad a recaer sobre el más insobornable aún Baltasar Garzón, en dangerous liasson ahora al parecer con la Kirchnerona, esa mundial esperanza de los desheredados del planeta. Díganme si no, pues son estos los prodigios que ella ha visto:
  
     “Los Kirchner (como los rayos K ante la Puerta D, digo yo) solían llevarse a casa bolsos negros repletos de dinero en efectivo que les habían hecho llegar empresarios amigos… Un año después de que Néstor llegara al poder, comenzaron a llegar a la Casa Rosada unos sacos negros repletos de dinero en efectivo. Luego la plata era transferida a Santa Cruz en el avión presidencial… Néstor apremió al constructor a que avanzara más rápidamente… en la construcción de las bóvedas”. Bóvedas blindadas para contener lingotes de oro traídos en barco desde el Norte también, dejó ella caer. Oh, esas bóvedas blindadas y sobredoradas. “En una ocasión un funcionario de confianza de Néstor me pidió que pesara uno de esos sacos misteriosos. Le pregunté qué contenía y él me guiñó el ojo. El cargamento salía al extranjero en aviones privados…  Te puedo asegurar que Cristina estaba en conocimiento de todo”.
   
     Quedaba Harrison Ford en Blade Runner sacudido por dentro, conmocionado del todo, sumido en el absoluto desamparo ante el hermoso final de ese replicante a quién él perseguía y que acababa de salvarle la vida. Menudo marrón para Baltasar Garzón ahora este monólogo de Miriam Quiroga, que esas doradás bóvedas de los millonarios saqueos kirchnerianos destapa. No va a ser Garzón menos que Harrison Ford, verdad? 



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

martes, 14 de mayo de 2013

Los 88 Millones de Don Alfredo Sáenz


    


   Hemos sabido que el Banquero indultado ad maiorem gloria por el Gobierno Zapatero en los minutos de la basura del traspaso de poderes, Don Alfredo Sáenz, recibirá sobre sí, no la friolera, sino la tórrida calentura de  88 millonacos de euros  en concepto de pensión. De Pensión, mejor dicho. Cómo no ponerle ya para siempre por delante el Don Pensionado (sólo que a la manera de horrible chistera, rebosante de áureos excrementos) a quién se procura semejante don.
   
    Naturalmente nos aterra, cuando tantas necesidades elementales a nuestro alrededor afloran,  la monstruosidad de todo ese Pastizal al cinto de una sola persona, como el hígado horriblemente inflado de un pato exquisito que nada bueno debería traerle. Lo fácil sería hacer como que uno no ve la noticia –es lo que hacen los columnistas profesionales con lo que no les va bien para su parroquia ideológica- y pasar de largo. No hay ideología que dé solución perfecta a las muchas revueltas y complejidades que presenta la realidad, y por eso digo –así me va- que defiendo en general las ideas liberales, pese a ser muy antipáticas, como las menos malas en conjunto para el individuo y para la sociedad.
     
     Puede ser todo lo legal, incluso todo lo legítima que se quiera, la PENSIONAZA que ahora se levanta Don Pensionado Alfredo Sáenz, ese botín. Puede que estemos sólo hablando del acuerdo de una empresa privada con un directivo, que sólo a ellos y a su libertad contractual, lo que comporta también un valor moral, atañe. Puede que el desempeño de ese trabajo haya requerido elevadas dosis de cualidades personales, de saber bancario y de preparación. Puede además que esos 88 Millones en realidad se queden  en 44 reales, o menos, una vez que el Fisco le haya hincado el diente, en cuyo caso estaría en realidad recibiendo la sociedad en su conjunto la mitad de toda esa calentura proveniente de una empresa privada -que, hasta el momento, que se sepa, no ha recibido ayudas públicas- a sumar a la considerable cantidad de impuestos que dicha empresa ya a la Hacienda pública abona. Puede todo eso ser verdad, ya digo, pero en última instancia, como señalaba Max Weber a propósito de la vida relativamente austera que llevaban los puritanos forjadores del primer capitalismo, subsiste un último juicio ético que nos mueve a considerar aberrante hoy ese Capitalazo (como otros de similar calado que se apalancan muchas starlettes en otros ámbitos).
      
     Sé que la cuestión es lo suficientemente peliaguda para no despacharla con un par de repulsivos brochazos demagógicos tan al estilo hoy en día. Defiendo la iniciativa individual y la libertad contractual, y la desigualdad fruto de la libertad que las mismas suponen, y sé que el verdadero progreso ahí se forja, pero dentro de ciertos límites, muy difíciles de fijar, lo sé. Creo que a veces los altos directivos desequilibran en su favor la atomización de la propiedad en las grandes compañías, a menudo haciéndolas objeto de su rapiña y desvirtuando el espíritu original del capitalismo. Esta tecnoestructura en la élite, que tanto hizo históricamente por impulsar las economías libres, mejorando las posibilidades de la vida de las personas como nunca antes en la Historia, pueden ser también, con su opíparo apalancamiento plutócrata, sus peores enemigos. Sin un mínimo resorte moral también el sistema de las sociedades abiertas está condenado a la satrapía.
     
     Si millones de accionistas en conjunto pidieran explicaciones o directamente abandonaran una compañía que, con el dinero de todos ellos, catapulta con un monto tan irracional como obsceno, y más que nunca hoy, a sus altos directivos, puede que otro gallo más justo y eficiente a la vez, cantara. Y llama poderosísimamente la atención el que la turba de Indignados, Liberados, Capitostes Sindicales, Barandas Socialistas y demás buenas gentes del Progreso prefieran acosar y denigrar a simples representantes populares de la Derecha Española, o al tendero carca de su barrio, mientras diríase que “pasan” de estos halcones PENSIONADOS. Ni por asomo defiendo un escrache contra Don Pensionado Alfredo Sáenz, pero sí el hacerle saber la monstruosa barbaridad del Pastón que se lleva, especialmente ahora. Que no pueda él decir, como hace poco en el prime time de Tele 5 se le oyó a Javier Sardá, tan flamenco, que lo que él hiciera o dejara de hacer con su dinero, era cosa suya.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
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lunes, 13 de mayo de 2013

¿Qué se leía en los ojos de Alfredo Landa?





    Esa luz prodigiosa que bullía en ellos, que bulle. Los ojos de Alfredo Landa, que han reflejado, que han apresado, que han salvaguardado ellos solos, quizás como ningunos otros, muchos años de España, y más allá, muchos años de la existencia misma de cualquier hombre.
     
    Primero fueron los ojos novicios, desorbitados, encabritados, vivaces y concupiscientes, rebosantes de Deseo, es decir, de vida, de sus primeras películas. Turbión de deseo en la mirada que Landa embridaba –ahí ya su valor de actor- con un poso último como de pánico escénico ante lo desconocido, como si de alguna forma atisbaran también esos ojos el eterno y amenazador misterio del cuerpo femenino una vez que por ese mismo deseo resulta éste desatado. Era también la mirada de un país hasta entonces atrasado, que rompía así las tablas de su encierro, que empezaba a mirar alrededor y que, por mor del turismo y de la apertura, comenzaba a desarrollarse y a expandirse con ganas. Los ojos de Landa entonces, el Eros.
     
    Y fueron a la postre –junto a otras excelsas creaciones-, como a la vuelta de un largo viaje a través de la Vida y el Deseo, los ojos detenidos, desolados, velados de amargura, atravesados de una casi palpable decepción, gélidos y algo yertos de Alfredo Landa en El crack. Como si con esa tristeza traslucieran además los mismos el aciago descubrimiento de que tras tanto ropaje de relucientes promesas, la Vida, el Deseo, la única verdad que encubren tras de sí es la del vacío y el fracaso. Los ojos de Landa ahí, el Tánatos. Sólo que era capaz él, incluso en esa devastación de la mirada sin ilusión, de atesorar un último vislumbre, una penúltima chispa de esperanza con minúscula, la que sí podía prender en la honestidad de su persona. Eran también los ojos del desencanto de un país, que de golpe hubiera comprendido que las doradísimas utopías son un fatal acné, propio sólo de adolescentes.
     
   Y como en ningunos otros, en los ojos de Alfredo Landa, bajo el consumado dominio de su Arte, toda esa novela de la vida –ese viaje que tanto promete y que tan poco a la postre ofrece-  pudo leerse. Viva Alfredo Landa.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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sábado, 11 de mayo de 2013

Delicias del Doctor Zhivago




   Reconocía el otro día con candorosa franqueza Evo Morales, el presidente boliviano, sus dificultades con la lectura: “No me gusta leer. Tengo ese problema, soy sincero. A veces a lo máximo, del montón de libros que me regalan, leo los títulos, algún capítulo o unos párrafos o páginas… pero no llego a terminar las obras”. Afirmó Evo Morales, en fin, que no sabe cómo enamorarse de la lectura. Lo dijo, todo sea dicho, en un acto en el que anunciaba la eliminación de dos impuestos que gravaban la venta de libros.
   
   En fin, en tanto que bloguero faccioso, no me gustan, claro, las ideas políticas, ese potingue entreverado de indigenismo y comunismo, que profesa Morales. De alguna manera, sin embargo, esa resuelta sinceridad suya un poco me desarmó. Pensé: estoy seguro de que si por estratosférica carambola ciberesférica estos párrafos del Doctor Zhivago que hoy te propongo, lector, mano a mano compartir, a ojos de Morales también llegaran, no podría descartarse que de resulta de los mismos, como a mí me ocurrió, de esa lectura él se enamorara y quisiera ya luego en toda la maravillosa plenitud del Doctor Zhivago sumergirse. No serían malas esa imagen y esa idea, la de todo un  Evo Morales embelesado y contrito entre las páginas del Zhivago. 
     
   Los escogí, lector, además de por parecerme bellos, porque reina ahora aquí en plenitud ya la Primavera, acaso la estación en que la Naturaleza muestra más explícitos que nunca sus dones inmensos y renovados, la más propicia por eso a su encantada admiración, exaltación que alcanza hermosísimas notas panteístas en la obra de Pasternak, y que de alguna manera aluden a la Divinidad de su origen, también a la misma Pacha Mama indigenista. Van:
    
   “Cuando el ardiente y humeante tren en que habían viajado, volvía a ponerse en marcha y desaparecía, en medio del silencio ensordecido y perfumado que se extendía hasta perderse de vista, Lara se sentía invadida por la emoción y enmudecía, le dejaban que fuera a pie y sola hacia la propiedad… Lara caminaba a lo largo del terraplén por un sendero trazado por caminantes y vagabundos, y luego cruzaba a través de los campos por una senda que conducía al bosque. Allí se detenía y, con los ojos entornados, aspiraba el aire impregnado de confusos aromas. Eran para ella un aire más bueno que el padre y la madre, más tierno que el hombre amado y más sutil que cualquier libro. Durante un instante revelábase para Lara, como nuevo, el sentido de la existencia.
       Estoy aquí –pensaba- para tratar de comprender la terrible belleza del mundo y conocer el nombre de las cosas, y si mis fuerzas no bastan, para engendrar hijos que lo hagan por mí”…
    ...   “¡Qué bello es el mundo! ¿Por qué está siempre lleno de dolor?”.


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viernes, 10 de mayo de 2013

Carcaño, versión séptima



   
    Como en el más macabro cante por sevillanas que jamás tuviera fin, Carcaño va ya por la séptima. No importa, como si quiere cantar otras siete versiones más. Nadie quiere mirar a Carcaño cara a cara, descuida. A la de los padres de Marta, tampoco. Creo que ya ha superado él de largo el vacile que se traía Hannibal Lecter con Clarence Starling en aquella de los corderos. Sólo que Carcaño y sus cómplices, sobre el remoto cadáver de Marta del Castillo, de quien siguen mofándose es de toda la sociedad. Y a quién le importa, y qué más da.
        
     ¿Por qué entonces no insistir un poco? Mira que se habrán escrito novelas y filmado películas (glorioso cine negro) sobre los tenebrosos y omnímodos poderes que el Estado, ese Monstruo frío, posee para quebrantar la voluntad de los individuos, incluso de las más criminales organizaciones de delincuentes. Pero la desnuda verdad del caso Marta delCastillo revela que tres pelanas y un menor han ridiculizado y han burlado cuanto les ha venido en gana todo el supuesto aparato represor e inquisidor con que cuenta el “terrible” Sistema: policías, fiscales, jueces, abogados, investigadores, periodistas, pedagogos, psicólogos, educadores, criminalistas. De todos ellos se han cachondeado con creces.
      
     Vimos desenvolverse a los acusados en las sesiones del juicio, pasados ya años del horrible crimen. ¿Cómo ha obrado el paso de la Justicia, de los valores que la inspiran, sobre ellos? Cabría pensar que algún humano sentimiento de culpa, de contrición, de piedad al menos, se deslizaría entre alguno de ellos ante la barbarie por ellos protagonizada. Ni por asomo: actuaron y actúan los criminales como resabiados figurantes de un reallity. ¿No debería un verdadero sistema de elemental justicia como mínimo ponerles enfrente de lo que hicieron?
     
    En el súmmum del desquicie, el entonces ministro de Justicia se preocupó en su momento de establecer que… ¡el asesino tenía todo el derecho del mundo a mentir! ¿Era necesario recordarlo? ¿Alguien de toda esa legión interminable de responsables públicos ha mostrado su vergüenza, su pesar al menos, por el bochorno sufrido? ¿Alguien ha sentido removida en un mínimo pellizco su conciencia para pedir perdón a esos padres, para al menos presentar su dimisión? Pregúnteles a todos estos expertos por el asesinato. Todos le dirán: la culpa es… del Sistema. Y a correr.
     
    Qué pensar, entonces, a la vista de este incalificable caso, cuando desde el Poder nos aseguran que muy curtidos etarras de plano cantan en los simples interrogatorios. Acabamos de verlo: Carcaño anuncia una nueva versión: culpa a su hermano ahora. Revuelo de portadas en los media. Se vuelve a poner en marcha la costosísima maquinaria de nuevo… en vano. El Juez masculla improperios sobre la Policía, por dar pábulo al nuevo cante. El hermano anuncia una querella criminal contra Carcaño.  Al fondo los deudos de Marta del Castillo, un poco más rotos. Las sevillanas siniestras de Carcaño, que no terminan.




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jueves, 9 de mayo de 2013

Ole tus Castrones, Willy Toledo


  


    A mí me parece de lujo el que Willy Toledo se las pire a Cuba, a hacerle un poco la ola y la bola a los Castrones, que llevan sólo 54 añitos de tiranía totalitaria los pobres comandantones. Para alguien de la Izquierda Ultra que es coherente, casi ganas dan de pedir para él un aplauso. Su alarde, esa praxis sandunguera que Willy T se gasta, deja más que en evidencia a muchos figurones de la Izquierda caviar que no pasan del blablablá. ¡Cuántas de estas grandes almas no deberían proseguir el noble ejemplo de Willy T, y como él, en vez de anunciar tanto al Banco de Sabadell y a Hollywood, acompañar con sus actos a sus creencias!
   
   Habría que saber y comprobar, claro está, las condiciones concretas en que Willy T va a supervivir allí, si como un súbdito cubano más, víctima del racionamiento y la Dictadura, o como un mimadito “turista del Ideal”, un invitado estrella a gastos pagos por el Régimen Castrón. Habrá que ver si se queda ya en Cuba para siempre, si ha quemado Willy T, Hernán Cortés inverso, sus naves, o trátase tan sólo de la temporadita al sol que se pilla este exitoso vástago de burguesa familia. Asistiremos quizás a La Metamorfosis de Willy: de Indignado piquetero admirador de Otegui en España a ferviente aporreador de los opositores en Cuba, a la par que celoso defensor de los privilegios asiáticos de la Nomenklatura castrona
     
   Ojalá, ya digo, hicieran los fieles adoradores del castrismo lo mismo que Willy T. Ojalá también pudieran los millones de cubanos que llevan sufriendo la Intemerata de la Tiranía castrona, y que por lo mismo la detestan,  elegir el país en el que quieren ellos y entre ellos vivir, y nos dejásemos en paz todos a todos, atentos sólo ya a la indudable primacía de la Primavera, al desenvolvimiento deslumbrante de su eterna sinfonía, a esta clamorosa expansión de los horizontes y de los cielos, que se desbordan ante nuestros ojos ahora, a este pacífico tsunami de luz y color que  anega el alma,  al gorjeo incansable y alborozado de las aves, al aroma dulcísimo que exhalan alrededor nuestro las flores y los campos todos. ¿Rajoy? Un fascista, que sí, que sí. Buen viaje, Willy T. 



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miércoles, 8 de mayo de 2013

Estalinismo en España 2013: ¡ peperos al Gulag!


     


   No, no se trata del desahogo de unas personas a quienes la desesperación extrema de la situación personal haya empujado al ocasional grito violento. Se trata de la cabecera de la muy formal manifestación de una capital de provincia en un día muy señalado, el 1 de Mayo, Fiesta del Trabajo. No son militantes Indignados, ni Anti-desahucios, ni bilduitarras siquiera. Son los cabecillas de los principales sindicatos españoles (¡el secretario general de CC OO en la provincia!) tan pringados entre la Casta bon vivant casi todos ellos. Y la ponzoña que escupen por sus bocas son muy meditadas consignas, derivadas de una muy precisa adscripción política: el estalinismo puro, duro y maduro. Es a la vez un documento histórico excepcional acerca de la marea de odio que a toda costa se quiere inyectar sobre la ciudadanía por parte de determinados responsables políticos.
    
   Y a qué, megáfono en ristre, precisamente azuzan, y qué corean semejantes psicópatas: “Hordas rojas a machacar… (que es que resulta increíble la barbaridad de las palabras esputadas, la reivindicación de esos términos, la llamada a las masas a convertirse en hordas, es decir, en manadas salvajes, rojas además, del mismo color de esas banderas flameantes, arengadas a destruir, a pulverizar, a aplastar ) … los peperos al gulag" (nada menos que… al gulag en pleno 2013 arrojan ellos al discrepante ideológico, es decir, a media España, sin esforzarse ni siquiera esta vez, como tantas otras, en  negar el Gulag, el exterminio, la más siniestra, junto a la maoísta y la nazi, trituradora de vidas humanas de que se tenga jamás noticia, asumida así como justa y benéfica, más allá incluso de la filantrópica llamarada de la Carcelera Mayor del chavismo que ayer reseñábamos, que procuraba al cabo, tras el “tratamiento administrado en celda” rescatar al opositor como “ser humano”, por la gloria de Ho-chi-Minh). 
     
   Pues ese inconcebible vómito de odio ultra, que tanto recuerda a aquellos masivos  ¡ETA, MÁTALOS! de los filoetarras, proveniente ahora de responsables político-sindicales,  fue el que pudo escucharse, altavoz en banda y a toda bandera, en Cuenca este 1 de mayo del 2013. Para la Historia quede.



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martes, 7 de mayo de 2013

Un fascista menos, un ser humano más




   Como con tanta poesía como le cabía en sus ojos llenos de arco iris anunciara al mundo la Carcelera Mayor del chavismo, con trazas de sargenta fiera del Gulag a la vez, al Líder Negativo Capriles Radonski aún no, pero a uno de sus colaboradores han comenzado ya, no en una celda, no, en el mismo Parlamento venezolano, para que vamos a andarnos con rodeos, su altruista tratamiento: “quitarle ese pensamiento fascista y rescatarle como ser humano”. ¿La naranja? El chavismo mecánico, debe ser.  Es que no veis ya en ese rostro, pedazo de fascistones, no véis cómo alborea en él la luz de la verdadera dignidad humana, su rehabilitación entre las personas dignas de tal nombre.  
      
    Enarbolaba Julio Borges una pancartita en el hemiciclo. De repente, sin mediar palabra sobre la indudable conveniencia del tratamiento a aplicarle, por la espalda, como la más acrisolada virtud leninista dicta, fue, por su bien y por el de la Humanidad, por diputados oficialistas brutalmente golpeado. La dignidad con sangre entra, so fascista, sí, ¿pasa algo?
   
    Mientras sobrevenía la golpiza humanitaria, el Presidente del Parlamento, Diosdado Cabello, ese Nerón Benefactor, se reía. Dice Borges que es ya la tercera vez que resulta agredido. Que más representantes populares fueron ese día y antes golpeados.  ¡Y claro, mi amol, ¿no ves que es por tu bien, por vuestro bien? Te dejaremos, os dejaremos, al final de este Proceso como hombre nuevo, yo te prometo. Pues como aventó la Carcelera Mayor del Chavismo, la Emancipación de la Humanidad ha comenzado. Loor al chavismo-leninismo.



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lunes, 6 de mayo de 2013

Amor de madre, El Doctor Zhivago


     


    Ando ahora releyendo a cámara lentísima El doctor Zhivago, ese incalculable tesoro de la Humanidad que Pasternak un día compusiera. ¡Cuánta subyugante maravilla latiendo imborrable entre sus páginas! No habría dinero en el mundo que compensara tanta riqueza creadora. Se embelesa tanto uno entre esas páginas que se quedaría con gusto a vivir dentro de ellas, si ello fuera posible. ¡Cuántos paralelismos de esta obra, publicada hace sesenta años, con el crudo presente que ahora mismo a todos nos aprieta. Te pondría, lector, aquí, mil fragmentos del libro como otros tantos altos monumentos de belleza, de desolación, de sabiduría. Para hacerme así además la ilusión de que, de alguna forma remota y vicaria, también yo los escribiera.  Ya te contaré, lector, del Doctor Zhivago cuando pueda. Ya tú me contarás qué te parecen, claro.
   
     Pero hoy, en el Día después del oficial Día de la Madre, me contento sólo en rescatar una preciosa anotación literal del mismo que de alguna forma a la madre alude. Cuenta el narrador, al principio de la novela, la desesperación terrible que anonada la mente de Pavel Antipov, el primer marido de Lara, al entender que ésta tan sólo como una madre a un hijo le ama, y no como se supone que una mujer debe amar a un hombre, como si fuera lo primero una simple nadería. E introduciéndose en la mente de Lara esto tan bonito anota el narrador:
    
   “Lara intuyó que él interpretaba equivocadamente sus sentimientos para con él. No apreciaba el sentido maternal que en ella constituía una misma cosa con el amor, sin comprender que éste era mucho mayor que el simple amor de una mujer… Cuando él partió le pareció como si en toda la ciudad se hubiese hecho el silencio y que en el cielo hasta los cuervos eran menos numerosos.”
   
   Claro, no sé yo si esto un adolescente con las feromonas ultrarrevolucionadas e indignadas a tope puede aún del todo entenderlo.




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sábado, 4 de mayo de 2013

Estampa de mi madre




   Verás, mamá, ahora que el Tiempo, esa voraz escolopendra que no sabe de clemencias, abrumándonos de pesares va a mordiscos maltratándote, menguándote y mellándote la figura y la salud,  como hará conmigo también cuando me toque, quiero ahora rescatar, casi para ti y para mí solos, una imagen tuya que me acompaña desde siempre, como un escudo definitivo que pudiera yo anteponer al bicho espantoso del Tiempo, y que éste con sus dentelladas jamás pudiera arramplarme. A ver si soy capaz, mamá, que el nudo en la garganta es muy pésimo atabal para que la escritura brote con alguna armonía por dentro. 
     
     No, es imposible que te acuerdes, mamá, de aquella mañana, a cuento de qué habrías de hacerlo. De aquella remota y fría mañana de invierno. Yo era un renacuajo, que ni con ínfulas de belleza alcanzaba aún a soñar entonces. Vivíamos en un helador bajo de Aluche, y vivíamos acuciados –como durante tantos años, como todo el mundo que conocíamos- en la dura brega de cada día. Acuciados, sí, pero casi nunca amargados. Erais papá y tú, jóvenes y fuertes, y trabajabais cada día como jabatos. Bueno, acuciados vosotros en el interminable trabajo,  porque a los niños –mi hermana y yo entonces- las estrecheces nos resultaban naturales, no nos dolían. Echábamos una mano de vez en cuando y a correr entre jerséis remendados y sin regalos. No tengo ni idea dónde se habría metido aquella mañana mi hermana, pero estábamos tú y yo solos, mamá.
     
     Nos disponíamos a salir hacia el bar, a unos quince minutos andando del piso, donde papá llevaría ya sus dos horas largas trabajadas, despachando raudo cafés y copas de coñac a la tropa de duros albañiles que levantaban tantos bloques por allí en construcción. Me habías mojado el pelo, me habías peinado a raya el tazón de mi pelo laso, mamá. Como una centella apurabas un instante ante el espejo para retocarte un poco tú. Una pizca de carmín en los labios, juntarlos uno contra el otro con fuerza un par veces para extenderlo, ese era todo tu afeite.  Con la cartera al hombro y ya en la puerta, colegial aviado y algo somnoliento aunque con los ojos muy abiertos, un búho pequeñajo,  contemplaba como pasabas con premura el peine sobre tu pelo negro, como amansando una reciente permanente que te habías echado y que te caía muy bien sobre la cara redondita. Entremetías veloz una blusa del color de las tejas por dentro de una falda de cuadritos blancos y negros. De cheviot, me parece que se le decía a esa tela. La lozanía de tu piel, muy blanca, tersa, pujante, viva, tan saludable, en tus brazos, en tus hombros, en tu rostro, eran  todo un escándalo natural. Estabas muy guapa, mamá. Es que tú eras muy guapa.  Me sacaste en broma la lengua a un palmo ya de mí, “vamos, en marcha, atontolinao”.    
     
     Agarraste del perchero tu abrigo verde oscuro de paño, me diste un ligero empellón con la rodilla en el trasero, y salimos a la calle. Hacía frío, como digo, y el cielo estaba serio y huero. No necesitaste sin embargo abrocharte el abrigo, como si a ti las calorías te sobraran, así era el impulso de tu rumbo, como si la coraza del abrigo fuera a embridar tu paso. Yo iba cogido a tu mano, mamá.
    
     Una madre joven e impetuosa camino del trabajo, con un abrigo verde oscuro entreabierto, abriéndose paso en la mañana inverniza con su hijo de la mano, eso era todo. El turbión de energía que le metías a la fría mañana. Aluche entonces, ¿te acuerdas?, era más un lodazal de rampas que un barrio, un zoco de bloques amazacotado y atravesado de calles estrechucas y desniveles sin pavimentar. Las aceras eran bien rácanas y lo más normal es que te pringaras pronto de barros los zapatos. Avanzábamos por la acera sorteando a la gente, percutía el raudo taconeo de tus zapatos bajos entre los sonidos incipientes de la mañana, y el ufano y repeinadito infante que yo era, despierto ya del todo al trote de tu marcha vivaz, de la mano fuerte de su mamá, sentíase entonces, sí, el Príncipito mismo de la Creación, aunque creo que ya a sus botas marrones de niño con los pies planos las condecoraba el barro. Hasta sacaba pecho y todo, mamá, para no desmerecerte tanto en la caminata.
     
     Atravesamos una encrucijada irregular de callejas, con idea de adentrarnos, como siempre, por otra  transversal y así atajar la distancia hacia el bar. Bajamos el bordillo, cruzábamos el pavimento… cuando desde las alturas con toda nitidez escuchamos aquello. No, no era un vocear, aquella voz muy masculina que nos cayó encima casi envolviéndonos, empastada en una eufónica gravedad, como de actor de doblaje de westerns, no se disparaba como un grosero resorte inmediato, parecía más bien la natural y pausada exclamación ante algo que acontece delante de nosotros de forma súbita:
      “ole y ole por las mamás bonitas, madre mía, pero qué les darán de comer ahora para en febrero ya florecer así”.  
     
     Imposible ignorar el influjo de esa voz, de aquellas palabras. Imposible no elevar al biés un instante los ojos hacia ellas. Imposible no quedarse un momento petrificado. Desde una terrazucha en un quinto o sexto piso, un hombre joven de jersey marino, acodado sobre los barrotes y fumando, parecía sonreírnos. Puede que fuese algún obrero convaleciente, o algún familiar de visita en aquel piso. Bueno, el machito que de golpe me brotó por dentro entonces se llenó de rabia y de celos. Creo que le lancé una mirada de karateka avieso y todo. Uff, habría liquidado en ese momento a ese tío que se metía así con mi madre.   
    
     Busqué luego con los ojos a mi madre. Ella, sin duda sorprendida, también se había quedado como paralizada dentro de la imprevista red invisible de aquella voz. Reparé entonces en que, era verdad, al llevar el abrigo verde entreabierto, al vuelo del brío de su caminar, bajo el suéter del color de las tejas, descollábanle a mi madre muy bien formados y palpitantes los pechos. Su piel láctea y táctil, la tersura de su cuello, su pelo entonces rizado, su juventud exuberante, la ráfaga de vitalidad y empuje que consigo llevaba sobre todo, ciertamente debían resultar notables. Pero es que además, al calor del requiebro, los arreboles le ganaron las mejillas, se le subió el color a la cara, se le ruborizó y se le iluminó el rostro,  y no pudo reprimir el atisbo efímero de una sonrisa, más hacia la ocurrencia que hacia aquel desconocido, acaso seña de agradecimiento y de íntimo orgullo. Hum, aquella sonrisa fugacísima, entre irreprimible y a la vez reprimida. Entonces si que, mamá, estabas ya más guapa imposible.  
     
     Sin nada más concederle a aquel trovador de las alturas, aceleró mi madre un poco más el paso y con un suave tirón de su mano pronto escapamos de allí. Iba yo, mamá, tan sacudido en los sentimientos por el mínimo incidente, que no sé si enrojecido de cólera, de despecho, como si hubieran querido robarme algo que sólo a mí pertenecía, como si hubiera de golpe quedado clara mi inútil insignificancia de alevín,  incluso llegué a derramar alguna lágrima. Qué bobo, qué ínfulas.
      
     Llegamos al bar. Comprendí en el camino que era bobada decirle nada de todo aquello a papá, que se hubiera además reído de mí. Mi madre se puso rápido a trabajar. Me fui un poco extraño al cole esa mañana, eso fue todo. Guardamos tú y yo ese secreto que seguro habrás olvidado, mamá, el de aquella remota mañana invernal en la que como otras muchas caminaba de tu mano radiante . Más guapa imposible, mamá.

     El escudo eterno de aquella mañana quiero ahora, madre mía, cuando el alacrán despiadado del Tiempo te dobla, te aminora, te hiere, borrándote y borrándonos los rastros de la hermosura. Y que un hijo, a un Padre le puede del todo admirar, mas siempre desde fuera. A una Madre, el hijo siempre la lleva dentro, consigo, confundida entre sus propios latidos. Madre mía, siempre me ayudaste, siempre me quisiste, siempre me cuidaste. Gracias.