Páginas vistas en total

martes, 7 de septiembre de 2010

Carta abierta a Joaquín Sabina

Mi muy afamado cantautor:
Hay que ver, señor mío, lo endiablado que resulta hoy en día querer ser el eterno Transgresor Mayor del Reino. No me extraña que abomine usted ahora de la Telebasura, esa pestilencia mugrienta que perfuma, como una noria locatis y beoda, los más privilegiados escenarios sociales del presente. Sube tanto y de forma tan chabacana la Telebasura el listón de la pretendida seducción del Mal, que los numeritos que deben ahora ejecutar los más “comprometidos y rebeldes artistas”, para seguir como sea colocando en el mercado sus productos, amenazan con despeñarles por ribetes tremebundísimos. Las cosas que vense obligados a propalar, mamma mía. Repare por un instante, señor mío, si las barbaridades que usted secreta en sus últimas entrevistas, acaso ya no sólo muevan sino a lástima.
Si un día el gran Umbral proclamó, sólo para quedarse con el personal, creo, que era su ilusión mayor el violar a una menor, ahora se arranca usted con la especie de que… -pista, que va el artista-... “estoy tratando de convencer a mis hijas de que el incesto es una cosa natural, que los animales lo hacen y no pasa nada”. Claro, señor Sabina, por qué no dedicarle entonces una cancioncita de las suyas a la mayor gloria de Josef Fritzl, el muy real transgresor y célebre “monstruo de Austria”, que secuestró y violó durante veinticuatro años a su hija Elisabeth.
Y eso de llamarle en público una palabrota irreproducible a la suya señora, señor mío, como si le regalara un requiebro inverso, sólo por “haberle prohibido el whiskie”, -que champán fresquito al Señor al parecer si le dejan libar- aunque chocante, tampoco resulta muy revolucionario, la verdad, y mucho menos el propio descubrimiento de “el viejo verde que siempre quise ser”. Ya, ya, si sabemos de sobra que todo lo dice de farol, que es en el fondo usted esposo y padre ejemplar. Lo único es que carga ya un poco tanta supina astracanada, tanta grotesca exageración, sólo por querer vendernos la moto de su penúltimo producto en venta. Eso sí, mucha coña marinera al por mayor, pero por nada del mundo se le olvida a su señoría el posar precisamente de muy serio y concienciado antisistema: su apoyo a ZP en realidad era… “imaginar otras opciones en lugar de hacer al pie de la letra lo que dicen los mercados”, claro, claro.
Ahora que, señor cantautor, como le digo una Co le digo la O: su fábula de Juglar en Palacio resulta apelotante, aunque quizás no por los motivos que usted propone. En el principio Leticia oía sus canciones, dice. Sin duda sabría de memoria ella aquella notable letra suya que reza eso tan bonito de que “las niñas ya no quieren ser princesas…”. Bueno, parece que a las niñas progres al menos si les mola eso de la Realeza. Quiso Leticia entonces introducir al Príncipe en los arcanos del mester de progresía y llamó a Sabina a Palacio: horrorosa estampa esa donde las haya, señor Sabina, el rey de los cantautores convertido en el cantautor de los (futuros) reyes. Hubo luego otra cena más, dice, en su casa esta vez, y allí cocinó Víctor Manuel. No consta si tararearía entonces Víctor M, sumido en la faena, esa antigua cancioncita que como un fantasma aciago le persigue. Qué ocasión perdida en todo caso para que hombres tan justos redimieran allí a la Humanidad entera. ¿Existe algún video de aquella dichosa tenida? ¿Trató quizás, señor cantautor, de convencer entonces a sus notables invitados de las peregrinas gracietas socio-sexuales que asaltan su burbujeante caletre?
Sabe uno de sobra que estas líneas ni por coña a su augusta mirada han de llegar, señor Sabina, y más ahora que su triunfal gira no para de girar, y que incluso en ese impensable supuesto, es lógico, que de nada hayan de valerle. No me resisto, con todo, a dejarle una ocurrencia: ¿quiere de verdad ser hoy transgresor? Hable con devoción entonces de su señor padre, el de la “secreta”, como dice usted. No vaya a adelantarse Garzón y, sin saber el jardín que pisa, por mor de la memoria histórica, empapele al autor de sus días.
Y nada, señor Sabina, que siga usted muchos años tan transgresoramente bien como sin duda merece y parece.

3 comentarios:

Aitor Mento dijo...

Estupenda carta, don José Antonio.

Merece mucha mayor difusión.

José Antonio del Pozo dijo...

Gracias, don Aitor, por su ánimo. Usted también escribe muy bien.¿Cree que mi carta merece mayor difusión? Hagamos entonces como los que cercaban las sedes el 11-M: pásalo. En este caso, pásala.Gracias

El papamoscas ilustrado dijo...

Estos guardianes de la pureza progre, que de tan transgresores ya se llevan a sí mismos una vuelta de ventaja (como aquel gitano que corría tras la pareja de la guardia civil), empiezan a resultar cansinos hasta límites bastante penosos. Quisieran ser Bob Dylan pero no llegan ni a Manolita Chen.
Que la salud le acompañe y que la clarividencia de sus escritos no desfallezca, señor Del Pozo.