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sábado, 14 de junio de 2014

Pablo Iglesias, en su salsa


   Aunque con astucia ahora el emergente Líder de los Indignados se aplique –muy leninistamente también- en ocultar los rasgos externos de su ultracomunismo –el puño en alto, la reivindicación del marxismo y de la dictadura del proletariado-, adentrarse en sus numerosísimas disquisiciones públicas previas es apercibirse sin duda del auténtico peligro totalitario que sus verdaderas ideas para todos –excepto para la Nomenklatura Casta que sus planteamientos llevan implícita- acarrean.
    (Ya las bochornosas imágenes del Figura dirigiendo, desde un paso atrás encima, el acoso y escrache contra una mujer, Rosa Díez, ¡en la misma Universidad!, entre maoísta sesión de castigo y numerito de aprendizaje leninista con manoseo de muñequitos incluidos, debería inhabilitarle del todo).
    
   Vamos ya con esta bárbara pieza tertuliana: ahí tenemos al locuaz Maestro, sobre el que convergen, reducidos a bisbiseante clap, los discípulos. “Es el momento República de Weimar en el que nos estamos encontrando… (¿estamos en la antesala del nacionalsocialismo entonces, en aquel momento en el que, en efecto, vióse a nazis y comunistas coincidentes en su brutal activismo contra la “democracia burguesa”?) …y en ese punto, y aquí viene la puya… Los comunistas tienen la obligación de ganar. Un comunista que pierde es un mal comunista (¿no es asombroso el darwinismo de ganadores y perdedores en que parece cifrar Pablo Iglesias el imperativo “moral” del ser comunista?¿y a qué juego terrible alude? Recuerda mucho, sí, a su idolatrado Lenin: “un buen comunista es igualmente un buen chekista”.)
     “Y Lenin no dijo en 1917 comunismo, dijo paz y pan. Y eso le sirvió para agregar una cosa enorme en un contexto muy preciso. No es un problema de que conocen las banderas, no es un problema de diagnóstico. Es un problema de agregar fuerzas, de qué discurso eres capaz de construir que en un momento determinado te dice yo tengo la fuerza de las mayorías sociales”.
   
   Ahí lo tenemos, bien clarito para quien no quiera taparse los ojos, claro: la sistemática reivindicación de Lenin, uno de los más relevantes teóricos y prácticos del Terror totalitario que junto al nazismo llenó de opresión, miseria y cadáveres el siglo XX, y se sus mismas características: el maquiavélico reconocimiento de la esencial doblez comunista para aprovechar las aguas revueltas y llevarlas, con engaño y disfraz, a su siniestro molino, la obsesiva búsqueda por la elaboración del discurso dominante y por la yuxtaposición de fuerzas heterogéneas entre las que organizarse para cortar el bacalao real. Por eso mismo la elección de los 25 de Pablo Iglesias en lista cerrada para llevar las riendas de los Podemos, esa cristalina Vanguardia del movimiento, es plenamente coherente con su marxismo leninismo esencial, bajo el disfraz de libérrimo asambleísmo hippie.

     “Por decirlo si quieres con una metáfora, la izquierda tiene que aprender a vestir el traje de la victoria. Es verdad que para follar hay que desnudarse, pero para ligar hay que vestirse, y vestirse implica construir discursos y construir aparatos discursivos que te permitan…”. Esa es la modernización que al burocrático lenguaje leninista Pablo Iglesias aporta: esa también en él recurrente apelación a la sexualidad primaria, tan en consonancia con el Reino de la Mugre hodierno que aspira él a conquistar… y seguir haciendo más y más discursos, más aparatos discursivos, más Poder. Si se sale con la suya, podemos, sí, darnos todos por chingados. 

1 comentario:

bucan osez dijo...

La ideología comunista debería estar desprestigiada en Europa, por no decir que prohibida, ya que es anti democrática por su propia definición y por ser arruinadora de países.

Los socialistas y comunistas llevan arruinando países desde hace un siglo, esa es la realidad y sin embargo, en España, están bien afincados. El fanatismo de mucha gente se sobrepone a su capacidad de análisis y pícaros como Pablemos se aprovechan.

Los mismo que ERC o Bildu, que son los mismo, comunistas, se aprovechan del fenómeno nacionalista para medrar.

España tiene un problema gordo.