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domingo, 15 de junio de 2014

Shock y electroshock de Eduardo Madina

   


   Verás tú, lector: Eduardo Madina, el flamante aspirante a la Secretaría General del PSOE es seguidor del múa en el Twitter, toma ya. Para este fracasati que lees, resulta todo un Honor –que diría Pablo Iglesias en la Herriko Taberna- el que persona tan relevante le siga a uno la pista. Más teniendo en cuenta que Madina sólo le concede esa merced a 591 tuiteros de entre todo el universo mundo, frente a los más de 92.700 bípedos implumes que su rastro tuitero observamos. ¿Me seguirá, después de lo que ahora viene, mañana? Veremos, que acaso diría también Iglesias.
    
   Es el caso que Madina compareció al lado del busto de Ramón Rubial, buscando icónicamente asociarse a la tradición del Partido en la hora de la proclamación. Acaso posar al lado de la efigie del sumo Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, hubiera atiborrado de chascarrillescas concomitancias la ocasión que la hubieran ya de entrada malogrado. (De entre todos los nombres posibles tiene rosas-con-espinas-irónicas la cosa el que precisamente un Pablo Iglesias haya de ser quien, con su amenaza de fagocitarles, por la calle de la amargura traiga la existencia de los prohombres del socialismo español.)
     
   Allí blandió Madina su eslogan fundamental: “España necesita un auténtico shock de modernidad”. Y ya en letra pequeña precisó: “el mayor proceso de transformación política que ha vivido nunca este país”. “Un shock de modernidad que coloque a este país y a sus ciudadanos en el lugar en el mundo que merecen”. Nos merecemos como nunca, al parecer, ese shock de modernidad. Obsérvese que, como el vocablo “modernidad” y su derivado, la modernización, están ya más que gastados en los usos discursivos habituales –en Andalucía oficialmente transitan ya, con los brillantes resultados conocidos, creo que por el Quinto Plan de Modernización-, la fuerza expresiva y mediática de la formula madina recae en el anglicismo: el shock, es decir, la convulsión, la sacudida, que España ahora necesitaría.
     
    Podría a bote pronto pensarse: hombre, un Político que nos promete, con toda la riqueza que abriga el idioma de Cervantes, un “shock”, sólo puede resultar… un “bluff”, salvo que el palabro parece cuidadosamente elegido para mediática e internacionalmente hallar un mayor eco. La propia idea de “un auténtico shock” –“no pequeñas reformas, no pequeños pasitos adelante que luego con los gobiernos del PP vuelven a ser pasos atrás”- envuelve en sí misma connotaciones de vehemencia y de brusquedad próximas a la dura coacción desde el Poder.
   Si los autoritarismos varios secularmente hablaban de un “cirujano de hierro” como remedio mágico para los males del país, la fórmula empleada remite a un tratamiento de choque, de electroshock, que el Doctor Madina desde su gabinete nos aplicaría. Parece recoger y reflejar asimismo la fórmula madina del “necesario shock”, el eco del éxito que las feroces apelaciones anti-Casta y filochavistas a Pablo Iglesias el Joven le han reportado –indudablemente el Coronel Chávez sí que habría ejecutado descargas de electroshock sobre la sociedad venezolana-, que de esta manera se pretendería así neutralizar. Cree Madina encontrar en la radicalización del discurso el mejor antídoto contra el fantasma acechante de los Podemos, aunque esa deriva, presente desde la hégira zetapeica, sólo haya conducido hasta ahora a estrepitosas derrotas. Puede que, a pesar de tantas palabras, el “Pueblo” siga “viendo” en Pablo Iglesias el Joven a uno de los suyos, y en el atildado y pulcro Madina, sólo un zetapeico yogurín de la odiada Casta.

     
   Y, de otra parte, qué entiende Madina por modernidad, noción, por supuesto, como acabamos de ver,  incompatible del todo en su mirar con la Derecha española. Sabemos por el extraordinario blog de Santiago González el acongojante contraste que en la reacción de Madina se produjo ante la simple vista de una imagen de Angel Acebes (“fíjense en esa postura de curita franquista cargado de odio y rencor… un afluente contaminado del río Le Pen, el grito de guerra de los guerrilleros de Cristo Rey”) y ante la visión de la foto de la etarra culpable del atentado que a él mismo le costara su mutilación (“su cara no me sugiere nada”). ¿Conoce alguien en algún lugar un caso comparable? ¿Consiste en eso la modernidad, estimado Señor Madina? Menudo shock, desde luego, al leerle según qué cosas. 





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

2 comentarios:

Herep dijo...

¡Que Dios nos coja confesados, con este "shock"!

María dijo...

Pienso que este señor tiene una especie de síndrome de Estocolmo con ETA y que, de estar algún día en el poder, el shock lo ibamos a sufrir los demás (más todavía, digo).

Besos