Páginas vistas en total

sábado, 20 de septiembre de 2014

El nacionalismo nunca pierde, desengáñate

    


    Podrá todo lo más, cuando la Voluntad esa del Pueblo que tanto ellos idolatran les arrea, como ahora en Escocia una buena coz en todos los morros, concederse una tregua.  Se darán un respiro, mirarán al tendido, llorarán un poco la escaramuza perdida… y pronto volverán al incansable raca raca de las andadas. Llevan, claro, grabada a fuego la V del Victimismo en el ADN ideológico y, si en las victorias brincan, en las derrotas se regodean en la pupa de la herida. Intuyen que la batalla de fondo la tienen ganada, que el Tiempo juega sólo a su favor.
     
    Incluso siendo estrepitosamente derrotados, como ahora en Escocia, nada definitivo pierden y algo arramplan siempre en el envite: fue necesaria la completa unión de los partidos nacionales británicos… y la promesa de importantes concesiones a las élites nacionalistas hacia la federalización del país para poder doblegarles. Con la inmersión lingüística, con la educación para la perfecta ciudadanía nacionalista, con las televisiones públicas y los media locales a su mando, con el control de la hipertrofia burocrática que les es connatural, es decir, con los resortes decisivos para la fabricación de las conciencias en sus manos, saben que es sólo una cuestión de tiempo.
     
   Sobre todo cuando enfrente hay NADA, ninguna otra cosmovisión simbólica que se le oponga, un fantasma en ruinas económicas y espirituales. Los viejos Estados, cuarteados por la globalización económica y por la pavorosa crisis económica y fiscal, como agua de mayo necesitan revitalizar y reimpulsar sus procesos legitimadores de “nacionalización” de sus ciudadanos, o más tarde que pronto se disolverán como azucarillos en la marea de los nacionalismos raquíticos, que ofrecen una emocionante salida falsa, un atávico regreso a la Tribu, a quienes, presas de la angustia y la desesperación a causa de los graves problemas del desempleo, creen que peor ya no puede irles.

     
   ¿Adónde casi con plena seguridad se encaminaría una Europa de 200 “estaditos”? Si ya una Europa de 27 resulta inmanejable, ese mosaico de particularismos, esa Babel de aldeanías resultantes, ese ascenso de las emociones tribales, es casi seguro que sólo podrían conducir a la guerra. Con tantas emociones al ciudadano se le ha olvidado lo más específico que le constituye, la razón, es decir, la memoria, la Historia. 



 LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

3 comentarios:

misael dijo...

Totalmente de acuerdo José Antonio con todo tu post.

Los nacionalismos han hecho de la constante reivindicación su modus vivendi. La constante y cansina queja contra el agravio comparativo, falso agravio muchas veces, es su manera de ganar cuotas de poder... ¿ Y el pueblo ? ¡ Ese pueblo materialista al que le brillan los ojos cuando le hablan de la Arcadia feliz.

La derrota del Si... no es tal... es victoria... Cameron ya ha dicho, con otras palabras, que descentralizará hacia ¡ todas las regiones ! A mi me recordó el famoso "café para todos" español. Cree el mequetrefe de Cameron que así contentará a los populistas regionalistas... menudo iluso... Ale que les transfiera la educación y que pongan televisiones autonómicas. Que se venga a España y le explicamos en qué termina todo eso.
Yo de Isabel II movía los hilos para largar a este elemento.

Saludos

Temístocles dijo...

Si Julio César levantara la cabeza...

Temístocles dijo...

Suscribo su artículo, don José Antonio.
A la sociedad abierta le falta valentía en la defensa de sus valores. A la sociedad cerrada le sobran oportunistas dispuestos a tocar la tecla tribal, de la tribu especial, más enraizada genéticamente que el uso de la razón, del pensamiento claro.