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viernes, 26 de septiembre de 2014

Gallardón, que es un caso



   Que es un caso Gallardón… de suma decepción. Pocos Faraones nos habrán desencantado tanto. Pocas Estrellas tan prometedoras habrán errado tan desorientadas y estrepitosas por el firmamento ministerial. Ahora que Rajoy con desabrida crueldad lo liquidó –Rajoy resulta durísimo… sólo con los de su partido, otro caso él es- promete Gallardón abandonar la Política. Quizás, como en el cuento de Pedro y el lobo, sea esta vez la de verdad y no le creamos. ¿Qué se hizo de tan extraordinarias cualidades persuasoras, en qué andurrial se extraviaron tan brillante razonar y aquel sutil arte de ganarse a las audiencias, casi el único del PP que sabía de lo lindo hablar, tan notables dones los suyo que parecía por los mismos llamado a lo más alto del gobernar?
        
   Cuando Mudito Rajoy lo llamó a su vera ministerial pareció a todos la inmejorable rampa para su lanzamiento. Con todo lo que el Gobierno tenía y tiene que explicar –si en un mínimo entiende las pautas elementales de la Comunicación Política en las sociedades modernas, si de hacerse entender por los ciudadanos se trata-, quién mejor que Gallardón hubiera desempeñado esa labor. Era además el líder derechista menos odiado por el Mester de Progresía. Silencio, de portavoz, Nadie.  Lo confinó a Justicia, él lo aceptó,  y desde ese mismo momento los increíbles yerros de Gallardón disparáronse sin fin.  
     
   Primero aquella inconcebible frase suya, como una suculenta tarta regalada a la oposición: “Gobernar, a veces,  es repartir dolor”. Luego las Tasas Judiciales, tan mal explicadas. Aquellos impresentables indultos a políticos corrutos y a temerarios delincuentes después. El clamoroso incumplimiento de la promesa electoral para que los miembros del Consejo General del Poder Judicial fueran elegidos por los propios jueces, es decir, la traición a la posibilidad de una justicia más independiente. El embarcarse, precisamente él, que dábaselas antes de progresista y Defensor de PRISA,  en la redacción de una ley del Aborto maximalista, sin esperar siquiera la sentencia del Constitucional a la ley del aborto express de Aído.
   
   Y sobre todo su sistemático silencio en el gobierno, su escasa disposición en los media a defender los principios que mueven a los liberal-conservadores, su perfil plano y romo, el abandono de sus habilidades discursivas y comunicacionales en público que eran las que en gran manera le habían hecho descollar. Pareciera, por el contrario, que se hubiera obsesionado en buscar, obediente y mudito también él, el dedazo de Rajoy que como sustituto le nominara. A ese servilismo fió con poco olfato su suerte para que al final Rajoy, cruel sobre vil, así lo maltratara, dejándolo tirado. Menudo galardón le endosó.

     
   Faltaba ya sólo en el epílogo del cuadro “Gallardón”  la frikitona Villalobos, nada menos que declamando que la Caída de Alberto era “el Triunfo de Rajoy, de las Mujeres y de todos”, de los chóferes le faltó decir, como si fuera ella una borroka de CC OO, que por cosas mucho menos graves en frenopáticos internan a diario a personas en nuestro país. Se consumó, así de penosa, la decepción de Gallardón.




 LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

3 comentarios:

Alfonso Castellano Toledano dijo...

Al menos el editor esta atacando las políticas tan nefastas que ha hecho este tipo, no como otros que atacan a la persona, algo que no se debe de hacer porque pueden poner a otro y que haga lo mismo, pero que porque sea mas guapo o mas alto, sea de nuestro agrado. Porque creo que estas políticas eran ordenadas por poderes facticos que están en la sombra.
Era querido por la izquierda y odiado por la derecha. Aunque era porque se mantenía al margen de las políticas duras y ha vivido el esplendor de Madrid, aunque eso si a costa de aumentar el déficit público.
Aunque creo que solo estan quemando su figura como si de un muñeco de trapo se tratara, esperando para poder seguir con sus artimañas, solo es cuestión de tiempo que alcancen sus objetivos los poderes facticos.

Anónimo dijo...

Como dijo en su día un ilustre periodista: a Mariano sólo le heredará Rajoy. El problema es qué va a dejar para herencia si ya se ha cargado el partido. Por cierto, no echaré de menos a Gallardón aunque el que venga seguro que será peor.

Yo misma. dijo...

No, señores, Roma no paga traidores, y no porque Roma no sea traidora, que lo es, sino porque para eso es Roma.
Si el emperador, se llame Trajano, Adriano o Mariano, te da una vara de medir, mide en codos y no en metros como dicta el imperio. Pero, no,
tú no,que para eso eres un verso suelto. Mas no sufras Albertus que territorio para batallar tienes todavía de sobra, podrías echarte mochila al hombro (tu equipaje sentimental) y recorrerte el imperio, cual Labordeta, tomarte unos chatos -que de eso entiendes un poco- en tal provincia y unos pinchos en cual ciudad, para finalizar tu singladura por los bellos parajes del sur y poder llevarle unas flores a la bella Montse que tiene ojos de mujer fatal.
Adiós, Alberto,no serás el último.