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lunes, 31 de marzo de 2014

Anguita de la colina

    


    Como diría Artur Mas, quién lo ha visto y quién lo ve. De copartícipe  a pachas con Aznar de la famosa pinza contra el PSOE (recordemos el estentóreo “Aznar y Anguita, la misma mierda es” que con impar elegancia les enjaretó Felipe González) a aspirante a Sumo Ayatollah de la Dignidad, que ahora ahí está (Público.es 24-3-14 “¿Y ahora qué?”)
       
   Después de desplegar su consabida jerigonza marxista al análisis de la situación (“acabar con la indecencia moral que gobierna, pero también contra el poder económico que está detrás de este andamiaje vacío, seco e inútil”) el tratamiento, la fatwa: “la siguiente marcha sobre Madrid sólo puede realizarse cuando estemos en condiciones de asegurar una asistencia que duplique a la del 22-M”. Y la leninista auto-reivindicación de la Vanguardia, of course: “no pueden faltar las explicaciones, la aportación de personas y grupos que por su capacidad y preparación estén en condiciones de elevar el conocimiento y de conciencia de la mayoría a construir”.
     
   Y aunque propugna boicots a productos y conmemoraciones, de manera totalmente pacífica hasta desembocar en la desobediencia civil se ve Anguita en la obligación al final de proclamar unas inspiradas consideraciones sobre la violencia acaecida en las postrimerías del 22-M:
  
   -“hay tres tipos de violencia: la de los violentos infiltrados, la de los violentos infiltrados por la oficialidad y la de la policía al extralimitarse en sus funciones. (por qué, entonces, cabría preguntarse, se exige la liberación inmediata de esos violentos, “camaradas secuestrados” al decir de Toledo, portavoz del 22-M)

   -“Si hubiésemos sido violentos, los 1700 policías desplegados habrían sido neutralizados en un santiamén. No digan estupideces.” (¿es o no impresionante la reducción que desde los miles de manifestantes hasta su prístina conciencia, Cabeza por todos pensante, lleva a cabo el Califa Rojo? ¿Cómo puede él intuir y saber todo eso? ¿Qué eufemismo esconde esa estupefaciente “neutralización” de policías en ese religioso “santiamén”? ¿Qué lleva más implícita esa consideración, esa chulería chulería tan dentro del alma mía, un alarde o una amenaza?) Es verdad, estupideces, las justas, don Julio Anguita.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

domingo, 30 de marzo de 2014

Anne, la niña chica de Treviño



   Una pobre niña de tres años, Anne, que muere en Treviño a causa de una varicela y esperemos que no también por un quítame allá esas ambulancias de la administración nacionalista. El dolor de esos padres, desde luego. El dolor de un pueblo, en el que no es la primera vez que sufren parecidas mezquindades competenciales. El contexto de los recortes y de la crisis. El político nacionalista que como buitre se abalanza encima sobre la presa: “si Treviño hubiera estado integrado en Álava probablemente no estaríamos hablando de esta desgracia”. Unas elecciones a la vista, además. En suma: toda la quincallería emocional soñada para el agitprop de libro, todos los propagandísticos intereses a la mano y a placer para montar una buena.
       
   Recordemos el áspero Gamonal que se montó... ¡por cuenta de un boulevar!  Recordemos, tras las desgraciadas muertes de la familia de Alcalá de Guadaira, las declaraciones de prohombres socialistas que directamente las ligaban a las políticas gubernamentales. Nada de esto veremos ahora. Es la enésima constatación de que la Opinión Pública la atiza quien la atiza, y sólo cuando les conviene.

     
   No arderán las redes sociales por ti, Anne.  Me temo que ni una sola de las forradas Celebrities del Progreso gastará, ni siquiera por compromiso, ni un mísero artículo airado en tu recuerdo, exigiendo al menos que barrabasadas así no vuelvan a suceder. Contigo, con tu muerte, con tantas otras, ellos precisamente olvidan el compromiso. No, la oposición no montará pollo alguno, ni las humanistas Mareas ciudadanas estallarán en tu nombre. ¿Y sabes por qué? Porque tu tragedia, pequeña Anne, no se le puede arrojar a la cara a ningún responsable de la Derecha española, sólo por eso. 




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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sábado, 29 de marzo de 2014

Oh Beyoncé, Beyoncé, quiero danzar con Usted (Poessía 64)



(¿Te apuntas, lector mío, a canturrear un rato con Ana Belén la letraja que le puse yo a la enorme Beyoncé, que va la tía y se saca la española en plena Barcelona? Va.)


Oh Beyoncé, Beyoncé
quiero danzar con usted
el par de piennas que hay que tener
oh Beyoncé, Beyoncé.  
(bis)

Cuando en el Oasis tú cantas
entre el delirio aquel
vas y te sacas la rojigualda
oh, Beyoncé, Beyoncé.

Oh, Beyoncé, Beyoncé
quiero bailar con usted
qué furia le echaste, hay que ver
oh, Beyoncé, Beyoncé.
(bis)

Me rindo a tu gallardía
no lo sabes tú muy bien
lucir allí la bandera española
lo que puede suponer.

Oh Beyoncé, Beyoncé
quiero bailar con usted
antes que nos separe la Forcadell
allí España qué bien.
(bis)

Con tus melenas al viento
con tus caderas también
con Artur Mas boquiabierto
que hipo debió pillar él.

Oh Beyoncé, Beyoncé
quiero danzar con usted
de alegría por su valentía
oh Beyoncé, Beyoncé
(bis)



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)



viernes, 28 de marzo de 2014

David Trueba, en auxilio de Wyoming 16 Pisos



   En uno de sus más potentes y flamígeros clarinazos el Manifiesto del 22-M “Pan, trabajo y techo para todos y para todas” proclama justiciero: “Es hora de repartir el trabajo y la riqueza”. Hemos conocido por la prensa luego que, bajo su cráneo privilegiado, atesora El Grandísimo Wyoming, él solito, un fenomenal Pastizal: un sueldazo que ronda los 900.000 euros anuales, un conjunto de empresas que suman 3 millones de euros en activos y 16 inmuebles sólo en Madrid. Aún no conocemos bien en qué quedó el famoso proceso por el que el Fisco le reclamaba un millón de euros, cantidad que el artista habría dejado de apoquinar al bien común. Claro, el descubrimiento de semejante Capitalazo, sobre todo en el apocalíptico –de estricta superviviencia para muchos- contexto social que el Manifiesto de marras describe, le ha acarreado alguna crítica al inflexible látigo de la Derechona “franquista”, al líder de opinión de tantos y tantos desheredados de la Tierra.
    
   Ha querido David Trueba, reciente Superganador de los Premios Goya, en solidaridad inter Triunfadores ha de ser, acudir en El País (“Calla, rico” 25-3-14) en su defensa, alentando así el necesario debate de las ideas. Sostiene Trueba que “los huérfanos de información ácida y viva lo elevaron (el programa de Wyoming) al nivel de los informativos serios”, presupuesto defensivo éste más que discutible, y más si tenemos en cuenta que las informaciones acerca del Pastizal de Wyoming, otra cosa no,  pero información ácida y viva, seguro es que lo son.  ¿O a ellos no les son aplicables sus propios presupuestos? ¿O es que gozan de bula?
     
    Dice Trueba que, a su modo de ver, la noticia no es “que posea estupendos ahorros y rentas suculentas, algo probable en todo presentador de tele que lleve tres décadas de continuado trabajo en las pantallas, sino que se recurra a ese ataque para intentar desactivarlo”. Siendo cuestionable el que pretenda sentenciar Trueba qué es y qué no es noticia, y que lea la información sobre Wyoming como un “ataque”, como si la práctica habitual de Wyoming, y de la Casta Lista, fueran el periodismo serio y la opinión más fundada, lo más notable es la dulzona legitimación que de los estupendos ahorros y de las suculentas rentas desliza Trueba, que es de suponer que no sólo para Wyoming valga. ¡Qué curioso una vez más este podrido Sistema, el mismo que al decir del 22-M “busca exclusivamente el beneficio privado de unos pocos”, que hace bien probables esas suculentas rentas  para sus más ácidos debeladores!

     Y es que –pisa a fondo Trueba el acelerador de la defensa hasta convertirlo… ¡en un ataque!- “Para ciertas mentalidades, sólo hay una cosa más despreciable que el pobre y el marginado (anótese el pérfido malvado y  odiador de pobres que por su cuenta dibuja Trueba para quien a Wyoming ose criticar), con ese fracaso que supuestamente se ha ganado a pulso (como si la Casta Lista no fuera precisamente perita en criminalizar toda riqueza… que no sea la suya, claro, en sostener, con la ayuda inestimable de sus feligreses,  la especie de que de corazón aborrecen ellos a los Ricos, excepto si son de su cuerda, pues en ese caso los defienden, veneran y adoran), y es que alguien exitoso sostenga un discurso solidario (como si no nos pudieran parecer en lo más mínimo discutible, igual que nos lo parecen esas acaudaladas familias que luego presumen de auténtico cristianismo, esa supuesta solidaridad enunciada y ese discurso hipercrítico, que a menudo actúan de trampantojo que oculta el privilegiado status propio, como si tampoco esas ideas buenistas  pudieran someterse a crítica).    

    
   Pues, si constituye todo un lugar común bien asentado en la conciencia de la inmensa mayoría de los españoles –continuamente repiqueteado ese clavo por la hegemonía ideológica del Mester de Progresía-  de que no existe nadie más tonto que un pobre de derechas, (sin ir más lejos el tendero de la esquina, ese facha insolidario) quizás, a la inversa, no sea aventurado concluir que no hay personaje más listo que un Rico de izquierdas, (mejor será no dejar aquí la lista interminable que todos conocemos) pues con rebozo atesora sobre sí los bienes materiales y espirituales, en el presente y en el futuro. Ellos permanecerán, a despecho de cómo vivan y ganen, por siempre en el corazón del Pueblo.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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jueves, 27 de marzo de 2014

Los alegres camaradas secuestrados de Willy Toledo



   Ya no sabe qué hacer ni qué decir el Figura para que como sea por una temporadita lo detengan. Que si “el gobierno ha declarado la guerra al Pueblo y éste se está levantando”. Que si exige él la inmediata libertad de los salvajes revientapolicías de la noche del 22-M, que son para él “camaradas secuestrados por la Policía”. Verdades como puños cerrados de esa ralea una tras otra. Es posible que aunque in person le viéramos a Willy Toledo aplastando la cabeza a un policía, ni en ese caso lo apresarían. ¡Con lo que a él -y a los intereses que le mueven- le gustaría que al lado de su admirado Otegui durante unos meses lo plantaran! Debe tener bula el Señorito Castrón.
     
   Si los muy humanistas convocantes de la Marcha por la Dignidad, de entre todas las flores del jardín con que cuentan, precisamente a Willy Toledo, notable paniaguado de la Tiranía más longeva del Planeta, el mismo que escupió sobre el cadáver del disidente negro Orlando Zapata, escogen, queda obscenamente claro el tipo de dictadura totalitaria que ellos defienden. Por eso mismo en ese filantrópico Manifiesto llaman a la rebelión contra “un sistema que necesita la represión para mantenerse y que debe ser superado en la calle”.

       
   Y si después de haber contemplado todos la insoportable violencia que esos salvajes, peritos en guerrilla urbana, contra los policías desplegaron, el emblemático portavoz, símbolo por tanto, de la Dignidad, “exige” la libertad de esos bárbaros, que nada menos que como “camaradas secuestrados por la Policía” categoriza, quién es el que amalgama y vincula la masiva manifestación con la brutal borrokada posterior. Y al fondo del tenebrista cuadro, la izquierda democrática, que sentimentalmente “comprende”  a estos héroes. Manda Toledos, sí.



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miércoles, 26 de marzo de 2014

Artur Mas, también el muerto en el Entierro



   Aprovecharse, como hizo Artur Mas, incluso del cadáver aún caliente de Adolfo Suárez, presidente del gobierno de España, para, ante todos y en la sede misma de la soberanía nacional española, reivindicarse en el propio separatismo, que precisamente persigue el despedazamiento de España, constituye una de las estampas de la más grosera desvergüenza que jamás soñamos poder ver.
     
   En su maníaca busca de Superhombres a los que asociar su mediocre Figura (que si Gandhi, que si Mandela, ahora Moisés, luego Luther King, ayer David ante Goliath…) picotea ahora Mas con impudicia desconocida el cuerpo yerto de Adolfo Suárez para intentar travestirse con su ya mítica valía. Es desde luego para pellizcarse –viniendo de hacerle ayer gracietas y parabienes al empresario separatista que le negó la mano al Príncipe- ante jeta tan dura así explayándose… ¡en el mismo velatorio!:
   
    “Los valores, la forma de ser, que inspiraron a Adolfo Suárez tienen plena vigencia… seguramente se echan algo a faltar… restableció la Generalidad antes de que se aprobara la Constitución española, antes… quién lo ha visto, quién lo ve…  Tuvo audacia, coraje político, coraje personal y mucha generosidad, miró más por el bien común del conjunto del Estado y del país que por su bien personal y el de su partido… nunca miró hacia otro lado, miró de cara, se enfrentó a los problemas… hizo mucho y en muy poco tiempo, aunque en aquel momento y durante muchos años no se le reconociera plenamente… se atrevió, actuó con gran valentía, arriesgó, ganó y se quemó, o lo quemaron. Gente con esta visión y con este sentido de Estado hacen especialmente falta”.

       
   Sólo un muy pobre hombre puede conducirse con tan patética desfachatez delante incluso del hoyo que es siempre un cadáver. De entre todos los políticos en activo, sólo Artur Mas, ese zombie al bollo de su paranoico monotema, es capaz de apuñalar, incluso muerto y antes de que su cuerpo definitivamente se enfríe, el constructivo sentido que le dio a su vida Adolfo Suárez. Desvergüenza y usurpación, sí. Ojalá nunca tengamos otro Artur Mas.



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martes, 25 de marzo de 2014

Inmigrantes al asalto en Melilla


   Las imágenes de las continuas avalanchas violentas de inmigrantes indocumentados –indocumentación adrede buscada y mantenida- sobre la frontera de Melilla, su propia textura de onírica pesadilla en escópico continuum, ofrecen el escenario ideal para que cada uno proyecte sobre las mismas las sombras de sus propias obsesiones, es decir, que vea allí los absolutos que previamente desee ver: invasión o desesperación, miedo o injusticia, pánico o racismo, negocio de las mafias o apocalíptico grito de la famélica legión. ¿Qué sabemos en realidad del verdadero trasfondo de lo que allí ocurre? Poquísimo. Importa sobre todo a los opinantes, como a los toreros efectistas en la plaza, retratarse grandiosos y nobles en el lance.
     
   No parece, desde luego, que los que consiguen asaltar la valla, y se adornan luego con trapecistas mortales de festejo en serie, se hallen ni de lejos cercanos a la desnutrición.  Hace dos años fue, no en Melilla, sino en las costas canarias donde sobrevino la crisis de los cayucos, otro en apariencia espontáneo estallido de la incontenible desesperación de las muchedumbres famélicas africanas. Pues, tras las bambalinas, el gobierno español puso más tarde buen dinero sobre la mesa y, como por ensalmo, los cayucos -y con ellos ese inaplazable Hambre- desaparecieron. Crecen así las sospechas de que Marruecos –y otros países- utiliza a la carta como llave a abrir o cerrar según convenga el asunto, en periódico chantaje económico a la mala conciencia de las élites occidentales.

     
   No acaba de entenderse bien por qué marabuntas de inmigrantes se desviven por alcanzar –jubilosos, si lo consiguen- los desalmados países capitalistas, esos en los que –so capa de democracia- sólo mandan el Dinero, su dictadura, y la cruda explotación del hombre del hombre. No estaría de más que los Cayo Lara y Ana Pastor La Sexta de turno indicaran a todas esas masas en aluvión que existen países y modelos más progresistas, más a la medida del corazón altruista de lo humano, a los que con más lógica deberían todos ellos dirigirse, sobre todo porque en ellos, sabido es, comida, sanidad y educación, la sal de la vida, están garantizadas: Venezuela, Cuba, Bolivia, Argentina, Corea y por ahí.  


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lunes, 24 de marzo de 2014

En la muerte de Adolfo Suárez

     

   No siempre, pero a veces sólo la distancia del Tiempo nos da la verdadera perspectiva de las cosas y de la valía de las personas. Quizás por eso, para que más se aprecie y se aquilate su mérito excepcional, haya sido mejor que Adolfo Suárez fracasara con estrépito después de su prometeica tarea en la Historia de España. De haber obtenido algún éxito electoral posterior, por fuerza se habría enfangado entre los lodos de la sucia politicorra.  
   
   Fue un hombre extraordinario para un momento extraordinario. Lo fue tanto –y su enorme Figura, a despecho de las teorías colectivistas, reivindica la importancia decisiva del factor personal en la Historia-  que cualquier otro, sin su audacia, sin su determinación, sin su magnetismo,  no hubiera sido capaz de en tan poco tiempo -2 años- desmantelar un Régimen autoritario de 40 y establecer la base más sólidas para la convivencia pacífica entre todos: la Constitución de 1978.      
      
   Su momento grandioso, el que reveló su valor y su resolución heroicas fue, claro, durante el 23-F, cuando los puros actos, los suyos entonces, enfrentando a cuerpo limpio a los golpistas ametrallantes, y no la perpetua autopropaganda de benéficas esencias de la Humanidad con que otros siempre se aliñan, dictaron su incontestable lenguaje. Ahí, en los últimos instantes de su presidencia, encarnó como nadie Adolfo Suárez la Dignidad.
        
   Todo le fue peor después, absolutamente todo el mundo (su partido, la oposición, el Rey, los bancos, la prensa, en fin, el noble pueblo español), -incluso la propia Vida en su más íntima dimensión-  le dieron luego la espalda… y las puñaladas por la espalda, acaso secretamente envidiosos e incómodos todos en presencia de ese Héroe.  Nunca vióse hombre tan solo. Enhebró, desde la elaboración de la Constitución, tal ristra de fracasos, también por errores propios,  que resulta ahora casi incomprensible imaginar cómo pudo la ciudadanía auparle con sus votos en dos elecciones generales, las dos primeras de la democracia y las más decisivas.
   
   Quizás a la postre mejor así, ya digo. Es cierto: pocas veces una simple foto casual puede decirnos tanto, como el más sublime cuadro que encerrara y condensara en su misterio toda una formidable peripecia vital e histórica, que termina, como las pelis de Chaplin, como termina siempre la propia vida, con dos personas de espaldas, enlazadas por el abrazo, perdiéndose hacia el fondo, difuminándose entre la floresta y la hojarasca del horizonte.    

     
   Fue un hombre excepcional para un momento excepcional, movido sobre todo, creo, en aquellos años aurorales –bajo brutales ataques terroristas de la extrema derecha y de la extrema izquierda, en medio de otra pavorosa crisis económica, entre la desconfianza de todos los poderes- por un ciego y noble designio: conseguir para España la concordia y la libertad, la libertad sin ira.

domingo, 23 de marzo de 2014

La neohippie y el bloguero en el Antro



   Llegó de pronto, como una celeste reencarnación de Annie Hall desde no sé qué alturas caída. No había probado siquiera yo el gin-tonic, ajeno a la carnavalada, ensimismado en la náusea de la existencia que ilustraba el suelo a rayajos negros del Antro, y cuando  en reflejo aleteo de inminencias elevé los ojos,  allí que estaba ella, a un pasito apenas de mí, además sonriéndome. Todo un cataclismo para el alma del pobre bloguero al que nunca pasa nada, imagínate. Holaaaaa, además me dijo, casi ya creando con el deslizar de las vocales un foulard de flores que sólo a los dos del cuello enlazaba. Le arreé un lingotazo al gin-tonic entonces, no fuera a ser que  de una alucinación todo se tratara.
      
   Pero no; allí seguía, inequívoca, radiante, afianzada sobre una sonrisa primaveral, con la cabeza levemente inclinada a un lado, esa mujer que mucho me recordaba a Annie Hall. No, no era ella, ni de cerca ni de lejos, una fulana. Ni una tía bebida. Era solo una mujer de unos treinta y pico, con gracia vestida a la usanza neohippie. Camiseta blanca, chalequito floreado, tejanos descoloridos. ¿Una cinta de colores sobre la frente, encima de los ojos castaños? No la llevaba, aunque por momentos creí vérsela. Tenía una cara redondita muy dulce… Es verdad, ahora caí de mi burra, había yo cruzado cuatro bobadas hace la tira una vez en el Antro con ella, y, misterios de la Divinidad, por algún motivo debía acordarse ella del muá.
   
   ¿Cómo te va todooo?, añadió. Y el bloguero sin Nombre: pues… regular, no me salen las cosas, -no me iba a poner a explicarle yo allí lo del libro, el libro, el libro-  aunque, ya sabes, comparado con los diez mil niños que cada día mueren de hambre en el mundo, no tengo derecho a quejarme. Arrugó la cara ella, como si le hiciera puta la gracia el topicazo que a bote pronto acababa yo de espetarle. Pero fue sólo un instante, pues, acercando su cuerpo a las inmediaciones del mío, invadiéndolas enseguida, enarboló de nuevo su sonrisa festivalera  y embarcándome a un palmo los ojos con los suyos, tras apuntalarme con el índice sobre la camisa el corazón, como si llevara un buen rato psicoanalizándome me dijo: tú, tú lo que tienes que hacer es… seguir el Dharma.    
  
   ¿El Dharma? Estaba el Antro hasta los topes, es verdad, pero, sin venir a cuento, no se cortaba ella un pelo en encimarme más, obligándome a notar, y a anotar, verificador en apuros, cada una de las palpitantes anfractuosidades de su cuerpo, sus muslos compactos penduleando muy cerca de los míos, una mano de las suyas que rozaba mi cintura, el rumor melibeo de su voz desde tan cerca… los pináculos que remataban la duna vertical de sus pechos me cosquilleaban una u otra vez el esmirriado torso,  en calambre de deseo que enervaba río abajo el mío estandarte… ¡y quería ella que siguiera yo el Dharma!  
     
   Miré alrededor, por si era una apuesta de vacile entre un grupeto de amigas, que ahora con los pardales las gastan ellas así. Nada de eso, que yo viera. Retrocedí un paso, resistiéndome a asumir tan irreal realidad. En vano, pues, ganándome de nuevo las distancias, volvió la adorable neohippie a empotrarme su neumático cuerpo encima. Y es que, risueña y como aupada sobre una espiritualista animación, mientras hacía olas con su cuerpo contra mí, iba ella desgranándome al oído, igual que se aconseja a un íntimo amigo, una elemental ensalada de budismo: ooohmm, que si el Kharma y los chakras, que si conciencia, armonía y perseverancia como principios a nunca olvidar, que si el Tantra y los Mantras, la meditación y la profunda respiración, la paz interior, la aniquilación del deseo, ooohmmm, el adiestrar la mente hasta la iluminación, la rueda del Budadharma hasta alcanzar el Mandala, … tienes tú que iniciarte en el Kharma. ¿Kharma? ¡Andaba el bloguero anónimo ahora para Kharmas!
    
   Apenas me dejaba ella puntear con monosílabos de aserción  –tampoco, desbordado en medio de aquel tórrido manantial zen (¡¡¡) entre las paredes rezumantes del Antro,  se me ocurría cosa que pudiera yo articular- su envolvente charleta de budismo básico. Sólo cuando poniéndome la yema de un dedo en el centro de la frente me dijo, “mira, para Shiva son cinco los elementos de que el Todo está compuesto; la tierra, el agua, el fuego, el aire y el espacio”… acerté yo a liberar mi risa, y es que recordé mi presocrático episodio en el Antro  
http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.es/2014/02/presocraticos-en-el-antro.html      post 2-2-2014 
  ,y aun doblemente me sonreí, celebrando lo irónica que resulta la vida jodida, que a la inversa que entonces, a boquiabierto y en puntas oyente de la esencia de Todo en labios de una hippie medio budista que se me arrimaba de lo lindo, esta vez me relegaba.
         
  Y entonces, en el clímax de aquel inaudito Mandala, aquella hippie entornó muy lentamente su rostro y con indecible suavidad me besó en los labios, dejándomelos empapaditos en sándalo. Sólo un momento después, al mirarla de nuevo, vi cómo en los ojos le chispeaban las chiribitas. Reaccioné al fin:
   -No debiste hacer eso. Dime, chica guapa,  ¿le has pegado unas caladas a un porro en la puerta, es eso, no?
   Bajó los ojos, súbitamente desarmada, descalabrada de su falso Zen.
    -Sí, yo es que soy… jodidamente viciosa.
    Me miró altanera entonces, como invitándome a resolver un enigma que tuviera yo que descifrar. ¿Descifrar yo? Paso. Ya reaccioné del todo. Me aparté dos pasos de ella.
     -Lástima. Yo sólo soy insoportablemente sentimental.

     Suficiente para que se girara sobre sus espaldas y como alma que lleva Buda allí mismo se esfumara. Como en una conspiración terrorista, justo entonces por los bafles del Antro atronó el bye, bye love, bye, bye, happiness, hello loneliness… y lo que sigue.



 LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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sábado, 22 de marzo de 2014

Dinastías de la Telebasura





     He leído en algún sitio que a esta edición del Supervivientes telecinco arriban un hermano de Carmen Lomana, esa dulce sirenita, y  … el hijo de Kiko Matamoros, ese fino Ogro. Como una aristocracia firmemente establecida ya en sus dominios, las altas dignidades de la Telebasura, esa fronda hedionda, entorchada de menudillos, traspasa sus excrementicias heredades a los vástagos, en ramas colaterales extiéndese también. No por casualidad, de entre todos los epítetos posibles, el de Princesa del Pueblo para la más grande escogieron. Estos sí que son ahora los hijos de la buena estirpe. Consolidación, pues, del inmundo abolengo. Genealogías arbóreas de la Basura. Biológica perpetuación de la Mugre en puro reallity. Mas esa basura en la sombra, sin nombre siquiera, los servicios secretos de la Mugre,  la peor, la que conforman los Altos Directivos Televisivos que con su irresponsabilidad la hacen visible y posible.  A vuestros pies, infantitos de la M.


(Y mañana... "La neohippie y el bloguero en el Antro")


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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viernes, 21 de marzo de 2014

Juan José Millás, ESCRITOR INDIGNADO

   

   
   Así, con rotundas versales y marmóreo rótulo sobre la estelar efigie nos lo presentó el viernes pasado La Sexta. La Sexta, yes, esa televisión que,  a pesar de los muchos favores del gobierno zetapeico, tras la ruinosa gestión del multimillonario trotskista Roures pasó a manos de Antena 3, es decir a la órbita del grupo Planeta, aunque,  misteriosísimamente, en nada se haya notado el traspaso, visto y comprobado el pertinaz glassé de trotskismo que sobre la mollera de la audiencia a diario continúa  desparramando.
   
   Tras el rótulo sensacional, allí enseñoreados los fantásticos haberes del Éxito de Millás: “Diez galardones, entre ellos el Planeta y el Premio Nacional de Narrativa”. Por no hablar de sus numerosas colaboraciones en los mejores medios. Blanco y en botella, pues: planetario planeta sobre planeta, qué leche. Traía Millás libro nuevo y sobre el mismo le hicieron dos preguntas. Al programa (La Sexta Noche) y al moderador les interesaba mucho más (y en bandeja, como a aquel rey, se las ponían) la enésima repetición de las generales, no ya de la ley progre, sino el catecismo de la Izquierda Ultra, que Millás, espeso, plano y romo evangelista esta vez, fue allí desgranando:
   
   ¿La Reforma laboral? “una salvajada”, ¿la Huelga General? “una respuesta civilizadísima a una agresión salvaje”, ¿la ley de Seguridad Ciudadana? “una ley contra los ciudadanos”, ¿las hipotecas? “no se deberían pagar”, ¿el PP? “han roto el contrato social… se han cargado también la movilidad social… no pierden oportunidad de mentir… patriarcal, misógino, machista, yo soy el Dueño de tu Útero… el grado de corrupción que hay en el PP con el asunto Bárcenas llega a todas partes… en fin vivimos en un mundo en el que el poderoso está al margen de la ley… y todos los partidos que están en el Parlamento están en la misma lógica… el sábado confluyen cuatro marchas sobre Madrid, dirigidas por asociaciones cívicas, pues ojalá les vaya muy bien…”.

   
   Más que indignante resultaba casi divertido ver allí al exitoso escritor, nada menos que ganador del Premio Planeta (100 kilos), denunciar sin brillo alguno la raíz del mal: “ocurre que igual que enferman y se corrompen los individuos, enferman y se corrompen las sociedades, lo hemos visto en Alicante y en Valencia… son sociedades enfermas, en fin, habrá que hacer lo que mejor se nos ocurra… que tengamos que hacer una ley así (prohibición de los cargos públicos en Galicia de aceptar regalos) da una idea también de cuál es nuestro grado de enfermedad y de corrupción como sociedad”.   Un Planeta enfermo y corrupto, es verdad.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)



jueves, 20 de marzo de 2014

Otro milagro de la primavera, en Tele 5



Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido…

    Ocurrió en Tele 5, propicia sede de por sí para los más raros prodigios. Oficiaba María Teresa Campos, la gran comunicadora. Inciensaba ella, con todo merecimiento, a ese gran hombre de la radio que es Luis del Olmo. Anunció de pronto ella una enigmática intervención exterior: ¡el ex –presidente Zapatero! Buenas noches, dijo él. Buenas tardes, dijo ella. Buenas tardes, corrigió entonces él. Salva de aplausos, que como ardiente llama pentecostal recorre el estudio.
   
   Le recuerda de primeras Del Olmo la promesa del AVE a Ponferrada, y que juntos le había prometido un día inaugurarlo… pero trátase sólo del lunar que más realce el estupefaciente Elogio (moral, vale, pero… ¿físico también?) que a continuación, como si la sorpresa le hiciera perder pie y casi balbucear no muy acordis, el homenajeado hace del homenajeador: “… por lo demás, eres uno de los tíos, además de guapo, porque no sé las mujeres qué ven en ti, pero ven cosas… eres un tío formal, honrado, un tío que nadie te insultará y te dirá que te has llevado un euro y eso es una mención de oro”.  ¡Se me dirá que no es portentoso el momento en el que toda una leyenda viva de la Comunicación, curtido en mil crudos avatares, cual groupie desmelenada, como en los reallities, precisamente alabe la guapura de un Político!
          
   Algo más extraordinario nos esperaba aún. Tras los mutuos plácemes, retorna de nuevo el oficio a labios de la Campos. Normal, el que quiera agradecer al bello ex –presidente la participación en el programa, pero es que casi sobrenatural resulta la confesión que en el trance la gran comunicadora, acaso contagiada por el clima de las efusiones, desliza: “yo… que he hecho muchos programas de información política, quiero darle las gracias, porque usted es el único presidente del gobierno al que yo he entrevistado, así que sepa usted que tengo SU FOTO COLGADA en mi despacho”.  Oooh!
    
   Caramba, la confidencia de la gran comunicadora a las claras desvela, por encima de la física admiración, una muy patente devoción de parte en ella, muy expresiva por el sacrosanto lugar en que ella expresamente lo sitúa. ¿Al lado de la reproducción del Guernica, quizás? ¡Diríase que al final el Héroe en verdad reivindicado, providencialmente reivindicado y a salvo del vituperio general en el que, incluso en su propio partido, cayó, averiado olmo machadiano, es el ex –presidente Zapatero. Gracias, señor Zapatero, gracias. Milagro. Aplausos fervorosos de Campos, claro, y campos de aplausos levantándose por el estudio para decirle el adiós. Qué tiempo tan feliz, sí.

…antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida
otro milagro de la primavera.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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miércoles, 19 de marzo de 2014

Padre sin estampa


   Acaso mi padre no merezca quien le escriba. Él no es un legendario coronel sietemachos, no. Su figura nunca bailará boleros por la imaginación de Almodóvar. O claqué por la de Woody Allen. ¿Un suelto por la de Tarantino, quizás? De Tarantino mejor ni hablamos. ¿Sabes?, mi padre nunca me zurró de niño. Mi padre no ha sido alcohólico, ni maníaco-depresivo, ni siquiera ludópata. Podría al menos haber sido ladrón, o un poco asesino, un simpático estafador, qué se yo. Nada de eso. Jamás se largó de casa olisqueándole las feromonas a ninguna querindonga fatal. Tampoco destrozó vajillas a lo Marlon Brando cualquier día que el tranvía no le llevara a su deseo. No, mi padre, su vida, no tiene el más mínimo interés artístico.
     
   Lo único que él tenía, recién casado ya, era una yegua alazana del color de la canela. De ella se servía para las fatigosas tareas agrícolas en su pueblajo segoviano. Arar, trillar, acarrear, escardar, cosechar, esas labores tan cacofónicas. Llegó un momento en que el campo apenas daba ya para comer, y Madrid era entonces una inmensa fábrica de oportunidades inciertas que tantos sueños de darse una vida mejor atraía. Un Hollywood para pueblerinos sin glamour alguno, vamos.
    
     Le debió dar pena tener que vender su yegua, aunque seguro que menos que la que yo ahora imagino, porque la necesidad se aviene mal con el ternurismo. Podía así comprar los cuatro trastos necesarios para meterse con su mujer y dos hijos de cuatro y dos años en una habitación con derecho a cocina de un semisótano sin luz natural cerca de la Estación del Norte. Una feroz alergia al cemento truncó el aguerrido albañil que ya apuntaba en él. En Marconi, la fábrica de relés eléctricos, la paga era una birria. ¿Qué hacer? que dijo el otro. Qué hacer para sacudirse el barro y el estigma de la miseria. Dónde descargar esas ansias atropelladas de comerse el mundo y salir adelante. No, no podía permitirse el lujo de ser rebelde, aunque sí tenía una causa.
    
    ¿Abrir una bodegucha? Pero, no sabías nada de aquel oficio, qué podía pasar. Pedir dinero al tío Flores con intereses de usura. Arriesgarse. Una bodega de mala muerte que sólo con el tiempo y un esfuerzo indesmayable –y el de mi madre, a su lado siempre- se convertiría en un modesto bar con cafetera y todo. Una cafetera de aquellas de brazo articulado en las que despachar un café era una prueba gimnástica. Más tarde comprar las mesas de formica, la vajilla, las cámaras frigoríficas, el televisor, que los clientes pudieran ver los toros y el boxeo allí, que no se fueran. Todo a plazos, claro.
     
      Abrir el bar a las seis de la mañana, no cerrarlo antes de la una de la madrugada. No librar un solo día durante más de diez años, guiados sólo por la luz del ciego anhelo de dejar atrás la pobreza. Aprendiendo a la vez, poco a poco, a mantener la clientela, a aguzar el instinto y la voluntad inquebrantable, sin apenas tiempo para descansar, sin ayuda, superando sinsabores y reveses –siempre abrían cerca bares nuevos y más modernos-, rehuyendo las fáciles tentaciones de quien nunca tuvo nada y encuentra al fin cuatro duros en el bolsillo. No parar, reformar, ampliar con el local de al lado, una barra nueva de zinc, toldos de color. Comprar por fin –delante de una montaña de letras, de las de pagar- un minúsculo piso bajo en Aluche, helador en invierno y un horno durante las noches del verano.
     
     Años de incertidumbre, en los que cada señor que llegaba al bar con un maletín podía ser un cobrador. ¿Podremos pagar? Aquel, de impoluta gabardina, al que hubo que dar hasta la calderilla que quedaba en la registradora. Noches de caer rendido en la cama, con hijos pequeños que dormían primero entre cajas de vino –ése fue el aroma peleón que envolvió mis sueños infantiles- o encima de una mesa, entre los alegres clientes nocturnos. Días y años de trabajar resfriado incluso, o con ojos brillantes a la vez por la fiebre y el tesón, doloridos e hinchados los dedos por los sabañones del agua fría.
    
     Mi padre, en fin, que nunca regaló a mi madre una sortija de diamantes el día de su aniversario. Ni podía, ni cuando ya pudo le gustaron nunca “esas bobadas”. Pero pelearon muy duro juntos, rieron y discutieron juntos, se aventuraron y se ilusionaron juntos y juntos paladearon la alegría intraducible de las recompensas conseguidas con el sudor y el afán propios, esas que transfiguran las meras cosas en testimonios espirituales de ese empeño. Creo que no ha habido un solo día en sus vidas que no hayan dormido juntos. Unieron sus alientos en una tarea común, que era el listón que para los dos sancionaba su valía y que les empujaba a la vez a superarse. Se han entregado la vida el uno al otro. Se diría, por ponerle un poco de falsa y manida literatura a su modesta epopeya, que el día que decidieron unir sus vidas, fue como si en efecto se soldaran el uno contra el otro, y que no hubieran dejado desde entonces de cabalgar unidos, a los lomos de aquella yegua alazana color canela de su prehistoria, infatigables y joviales, en la remontada de la escarpada ladera de la montaña de la vida.
     
   Y verles ahora, de viejos, a veces discutir con encono y cruzarse crueles reproches por cuenta de quién olvidó regar los geranios, o quien confundió el programa de la lavadora, o quién ha de marchar al exilio de la habitación de al lado para ver a solas su triste serial favorito, le llena a uno, he de reconocerlo, de un terror… tarantino. También puede que estas lineas  sirvan para doblegarlo.
     
     Pero sí, la peripecia de mi padre al cabo no encierra enjundia artística alguna. Resulta insulsa y tediosa, lo sé. No sólo la suya. También la de millones de hombres y mujeres que como él, sin apenas formación y en un ambiente hostil, pero con idéntico coraje indomable, mejoraron su suerte y la de los suyos, y mejorándose ellos, hicieron también mejor cuanto les rodeaba. Ningún creador –de esos de los que se asegura indagan como nadie en las más esenciales notas de la condición humana- compondrá con sus vidas poema, película o himno alguno. Mi padre, ya se ve, tampoco es el padre de Franz Kafka. Es sólo mi padre.