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miércoles, 27 de enero de 2016

Eva en el Antro

   

   Extraño, el ambiente la otra noche en el Antro, algo espolvoreadas ya por allí las inminencias de los desparrames navideños, pensó.  Más pachanga chunga de lo habitual, la de Raphael atronando por bafles, no te digo más, qué pasará, que misterio habrá, puede ser mi gran nocheee… el coro carnavalesco de los danzantes, en fin. Bueno, un gin-tonic tranquilito, escanciado desde las manos de Vanessa, Miss Simpatía, que frota el limón contra los bordes del vaso, y observar desde un rincón el convulso desenvolverse de la fauna aquella, lo de siempre. Es un buen plan, no creas. A ver, a ver… andápero si allí está Eva… ¡se ha puesto gafitas!...ah, pues le caen muy bien.
   No es que se hiciese ilusión alguna, pero había cruzado cuatro palabras contadas y banales con ella hacía seis meses –le contó entonces Eva, fíjate tú, … que le gustaba mucho la paella, pero que ya ella nunca comía paella, pues había tenido antes problemas de bulimia, ahora estaba normal, y no quería por nada del mundo recaer en ello- y, de resultas de la breve conversa, habíala catalogado y cifrado en su memoria bajo la categoría de mujer maja.
   No la había vuelto a ver desde entonces y allí que estaba Eva, con su media melena negra y el flequillo cortado sobre la frente y los ojos oscuros a lo evaamaral, un suéter y una rebequita escarlata arriba, más una falda de cuero y medias negras debajo. Se movía algo nerviosa, girando la cabeza para todos lados con un prurito de inquietud en el moverse que él no la conocía. Qué puede tener Eva, unos cuarentaitantos, por ahí. Bueno, qué aliciente verla de nuevo. Iba con una amiga que portaba  asomos de vida borrascosa en el rostro un pelín abotargado. Más lucía Eva así, of course.
     Le entretuvieron en ese momento unos conocidos del Antro, cincuentones que por allí vagan como grisáceas ánimas del purgatorio, almas en pena en aquel marco  incomparablemente hostil para ellos, pues a cada paso constatan, con la granhermanización ambiente, que allí ahora las señoras de su quinta se filetean de lo lindo con bellos chavalotes, toscos y musculados a la vez, y locos por descargar como sea el material que por dentro les revuelve como hormigoneras, tan efébicos que incluso podrían ser sus nietos. Y, desgracias nunca vienen solas, más aún: que las susodichas señoras, en justa igualdad con los más castigadores ligones del Antro, con más de un efebo de esos a lo largo de la misma noche pueden y suelen triunfar. Porca miseria, mascullaban encabronados aquellos conocidos cincuentones.
   Largaos, so cenizos, dejadme solo,  de coña y sin mala intención les deseó, pues anhelaba centrarse en la deleitosa observación de Eva reaparecida … bueno, y si se daba la oportunidad tratar de… de charlotear again con ella, eso, preguntarle… por la fabada, qué sabía él. Como si hubieran olfateado su íntimo afán, aquellas almas en pena cincuentona se fueron y… fue remirar él hacia donde andaban Eva y su amiga y rebotarse de estupor todo uno … ¡por todos los demonios estaban...   CONTINUARÁ





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