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viernes, 22 de enero de 2016

Sólo reaccionamos ya ante IMÁGENES ESTREPITOSAS

   


   Los periódicos de papel caminan hacia su desaparición. Leer en la pantalla de un ordenador… ¡va convirtiéndose en una antigualla! Los textos que pasan de un folio… es que directamente ya no se leen, salvo que los firme una Celebritie rumbosa, que te contagia vicariamente así su estar en la onda. Lo que quepa –has de poner- en la tirada de la pantallita del Smartphone si acaso… ¡siempre que vaya acompañado, jibarizada por tanto al máximo su extensión, de una imagen sensacionalista! Tal es el diktat de estos icónicos Tiempos de la Mugre.
    Si antes una palabra tuya bastará para sanarme era un poco el mandamiento central, ahora es una imagen la que mueve el mundo y la que bastará para indignarme o jalearte: así por ejemplo la Merkel y el pobre niño ahogado en la playa.  Ya puedes durante horas machacarte el texto mejor trabado de argumentos y de metáforas a la vez, que a nadie interesará. Ahora bien, coloca una imagen/carnaza, acompáñala de los cuatro someros topicazos, sea en modo exabrupto o cursilongo,  del momento y no te faltará, maldito escritor sin nombre, la compañía de… ¿lectores? ¡Te comentan agitadísimos y en tropel las fotos que pones! ¡Has de pedirles, por favor, que lean tu texto! La imagen que ilustra un texto ni lo resume ni mucho menos lo reemplaza, tan sólo de alguna manera lo alude; es sólo, en un blog basado en la escritura, el anzuelo o medio que remite a un fin, el texto que sobre todo lo constituye. Bueno, eso era antes. Ahora, escritor maldito, tu escritura, tu texto, valen nada: apenas el gastado felpudo sobre el que reinan las imágenes aplastantes.
   Ver los santos, decían en el pasado, cuando el analfabetismo estaba tan extendido, a la venial distracción de, en vez de leer, curiosear las imágenes. El texto, la escritura, la argumentación, disfrutaban de un respeto y de una consideración social, sobre todo entre las gentes más humildes, que hoy moverían… a risotadas. Ahora, entre las sucesivas generaciones mejor formadas de la Historia, se picotean ansiosamente eslóganes e imágenes sin parar, y lo que se chilla es…   ¡Pasapantalla!
    
    

           
   Y estoy convencido también de que, si te gusta escribir, aunque sea sin mayores pretensiones, mis HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS te servirán de inspiración y te aportarán ideas, modelos, motivos, recursos  y maneras concretas para que también tú –o a quien pudieras regalarle mi obra- te atrevas a emprender la aventura de escribir un libro.
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