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sábado, 10 de mayo de 2014

En picado, en la pocilga

     


   Finiquitado el Miami Blood de Wolfe (chapeau para el Maestro, para esa desarmante pujanza narrativa… a los 83 tacos, para esas atropelladas ansias casi adolescentes de pintar el mundo que tenemos delante en forma aún de un libro/libro que se puede amansar entre las manos, excelente ese final agridulce, esa escritura desatada tan atenta a lo que se mueve) la emprendemos ahora con otro escritor muy admirado por el muá: Nick Hornby y su “En picado”.
     
   Qué mal negocio hace uno hablando bien de los Escritores, ya lo sé. Los valientes –no todos, I know- que aquí recalan acaso se comprarán esos libros que uno elogia y olvidarán pedirme el mío. En fin. Encima es que leer a Hornby te pone pero que de muy mala milk. No conozco otro escritor tan dotado como él para con frases y palabras habituales –sin rebuscadas grandilocuencias, mea culpa, aunque me gustan también los escritores “esteticistas”- con construcciones estilísticas y argumentales en apariencia sencillas, introducirte de la forma más certera en los recovecos atormentados o ilusionados de las personas.
   
   Te da rabia, te cabrea, te deja Hornby la moral por los suelos, porque te das cuenta de sobra entonces que en tu pura vida serás capaz de escribir algo así de bueno. Hornby, con sus historias cotidianas, tristes o alegres, muy bien mezcladas esas notas, con su ironía fina, te cautiva, te embelesa… oh, he es so wonderful. En fin, again.
     
   Y dejo aquí, pues me viene que ni pintada a propósito del malhablar tan común hoy que glosábamos días atrás, ese Reinado de la Mugre entre el que chapoteamos, una luminosa frase que Hornby pone en boca de un  personaje suyo, una -por dentro- preciosa mujer madura, cuya dura vida consiste en atender a su pobre hijo en coma y a quien asalta la idea del suicidio:

    -“¿Les importaría cuidar un poco el lenguaje, por favor? No todos hemos sido criados en una pocilga”.





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

viernes, 9 de mayo de 2014

La consagración de Máximo Pradera

   


   Se veía venir. Podrá Cristina Cifuentes dar los RTs que quiera a Máximo Pradera, pero como sobre el Figura aventuramos en este mísero blog, para vergüenza de estos tiempos aciagos, la Mugre que le constituye terminó por alcanzar ya su esplendor. Pradera, ese genio de los espíritus, acaba de protagonizar otro bochornoso numerito, un acto de bravuconería estalinista que muy bien le retrata. Si así de violento se las gasta con los mismos compañeros de trabajo, qué no haría, de poder él, llegado el caso, con los oponentes.
   
   Mientras que a quienes él afrenta han de abandonar los medios, lo de Pradera, signo de los tiempos, es una irresistible ascensión… a la caverna. Oh, qué humanistas valores resplandecen en los más insignes y progresistas Comunicadores, qué ejemplo moral rebozan ellos por toda la cara a la sociedad.  
   
   Tiene también el TW, otras veces lo tengo escrito, algo de extraño suero de la verdad que sobre todo a las CELEBRITIES desenmascara, y seguir por el mismo el curso del sórdido episodio es adentrarse boquiabierto en el Mekong de un desquiciante hedor. Así lo cuenta en su TW el agredido, Antonio Naranjo:
     -“Ayer, Pradera me dijo en antena: “Te tendré que arrancar la cabeza”. Creí que era una broma. Al terminar, fuera de micro y con testigos, Pradera se abalanzó contra mí puño en alto, gritando e insultándome. No daba crédito. Me empujó y me dijo chillando, puño en alto: Peso más de 100 kilos y soy más alto que tú. Te voy a reventar. No me insultes. Siguió acusando e insultando. Puse 1 mano en el hombro, con afecto casi, y dije: “Cálmate, estamos en el trabajo. Vaya espectáculo”. Me dio más manotazos. No me moví de su lado, sin temor alguno pero sin respuesta física. Tras amenazarme e insultarme más, salió a voces de Onda Cero. Con testigos. En la calle pude decirle que, ya allí, no podía consentirle la violencia. Huyó. Pradera se subió al coche, y ya desde allí y en marcha, bajó la calle a toda prisa, con la ventanilla bajada e insultando más aún. He sido agredido física y verbalmente, con testigos y en el estudio por Máximo Pradera. Tras tres semanas de acosos. Pradera se ríe del 11-M, señala domicilios de periodistas, vacila a Cifuentes tras un accidente y se mofa de Suárez. Ahora, además pega. Le he tratado como un amigo y le he defendido mil veces. Él lo sabe. Pero se ha acabado. No soy una tapadera de agresores violentos.
   
   Y ya de forma directa a él dirigiéndose: “Me das mucha pena, chaval. Yo te apreciaba un montón. Consulta a un especialista. Lo necesitas Máximo. Mucho.” Antonio Naranjo tiene 13 mil seguidores en TW.
    
   ¿Y la versión del genio? Máximo Pradera cuenta con más de 59 mil seguidores en TW. Va Pradera:
     -“Los mediocres sin talento al servicio del poder necesitan montar tanganas para que se hable de ellos. Ni puto caso. ¿Alguien se cree que si yo hubiera agredido al Gran Mediocre no se habría ido al juzgado a denunciarlo? La alegría infinita de no tener que aguantar nunca más a un loro radiofónico sin sustancia ni fundamento. Ni puto caso. Yo pesaré cien kilos, pero no tengo ni media hostia, je je. Sólo soy un cincuentón asmático. Los matones difaman en Twitter para conseguir que a los adversarios con los que no pueden en el debate los echen de los medios. Ni puto caso”.

     
   No es necesario comentar nada, lector. Se trasluce a distancia uno y otro estilo, una y otra persona. Larga vida y más largo éxito, pues, al agresor de la Pradera, que es que vas que te sales, tío. 





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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jueves, 8 de mayo de 2014

Los amores de Elena Valenciano (Poessía 65)


(Esto es para cantarlo tú y yo, lector, ya tú sabes, al compás de la canción de Mari Trini, con los dudosos arreglos que le hice yo a esa letra, en honor a las estrepitosas declaraciones que doña Elena Valenciano, un poco maritrini también ella del socialismo español, acaba de regalarnos. Va.)




Amores te van llegando
como las modas, igual
amores los tienen todas
los míos te voy a contar

El amor es un eslogan
para unos votos lograr
Jesucristo, el Ché, hasta Felipe
lo que una tiene que fantasear

Quién no empezó una carrera
me lo ordenaba Papá
quién a los quince libros
no mandó al cuerno estudiar
y quién cuando Rubalcaba se apaga
y las urnas asustan más
quién no se inventa una historia
de unos amores Superstar
Con Jesús no llegué lejos
Al Ché le gustaba fusilar
Felipe, no veas que flipe
hasta que me montó los GAL

Elecciones son una feria
en la que hay que deslumbrar
mejor estos amoríos
y no tenerme que desnudar

Quién no inventó un currículum
escapando a la mediocridad
quién metida en campaña
no dejó sus trolas volar
y quién cuando las piernas te tiemblan
y las cuentas no salen ya
quién no ideó esas tretas
de unos amores Supermán


Amores te van llegando…




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

miércoles, 7 de mayo de 2014

Pablo Iglesias sí tiene quien le escriba: Tom Wolfe

     

   Las aportaciones intelectuales del profesor Pablo Iglesias, ese Líder emergente de la izquierda prochavista y filobatasuna al que tanto invitan las televisiones de este podrido Sistema capitalista, no tienen desperdicio. Conviene, pues, divulgarlas, para mejor redondear y conocer el fondo de su confuciana y popularísima figura, a la que sólo el jerárquico espíritu de chusqueros que la nomenklatura de Izquierda Unida posee -tan celosos ellos de los quinquenios gastados por cada uno en esa milicia a la hora de los cargos-, impide integrarse en puestos punteros de sus listas, como por su brillo mediático indubitable debiera.
   
   Ésta que ahora paso a glosar –en La Tuerka- me la trajo a la memoria un pasaje de la espléndida Miami Blood del magistral Tom Wolfe. Disertaba Pablo Iglesias, en su clásica línea leninista, sobre la deserción de dos representantes socialistas a la hora de investir, tras el pacto con IU, a Simancas como presidente de la CAM. Se trata el asunto, por supuesto, “de un golpe de Estado de los poderes reales que gobernaban en Madrid”. Lo que sobresale es la deslumbrante introducción que a la cosa le mete el profesor Iglesias:
   “Una amiga me confesó que, cuando supo que un diputado y una diputada del PSOE se habían ausentado del pleno, pensó sencillamente que estarían follando en los servicios de la Cámara de Representantes, al fin y al cabo la cosa podía tener su morbo… Qué ingenuos éramos”.
   
   Pues, el florido pensar de su amiga mucho debió impresionar al profesor Iglesias, pues al final de su corto speech retoma él el burdo motivo… hasta convertirlo en leitmotiv, incluso moderna moraleja:
   “Decían los estudiantes del 68 hagamos el amor y no la guerra. Para mi generación eso de hacer el amor es una cursilada. Mi generación prefiera follar. Y más nos valdría aprender a hacer la guerra, para que no nos sigan follando”.
     
   Anótese, pues, el programa, programa, programa de Iglesias: áspero rechazo del romanticismo idealista y naif del sesentaiochismo, adecuación a la Mugre connection reinante, chabacana… ¿y machista-leninista?, y desnuda invitación al aprendizaje de la guerra, es decir, SÍ A LA GUERRA. ¿Mi generación, dice Iglesias? ¡Sí! Me acordé de Tom Wolfe, que con su fina perspicacia, anota en su novelón esa idéntica costumbre… ¡en las más elitistas patricias yanquis!:
     
  “Es algo fascinante, la verdad –dijo Marilynn Carr, asesora artística de multimillonarios- … ¡algo increíble! Bueno, fuese como fuese, Doggs hace que un fotógrafo le tome una serie de fotos… es decir, follándosela viva -últimamente resultaba osadamente chic que las mujeres utilizaran follar en la conversación-“.

   ¿Hacer el amor? Una cursilada. El planazo social de Pablo Iglesias es, aquí está, aprender la guerra y follar. Traducido al román cursilongo, cañones y mantequilla. 





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martes, 6 de mayo de 2014

Cuando hasta la niña de Rajoy habla con palabrotas


   Esa paulatina ascensión y generalización del lenguaje más soez en los principales escenarios de la representación social en boca y en pluma de los más destacados líderes sociales, de esos referentes externos en los que el vulgo se mira. La regresión cultural en boga en esa inversión de valores sobre todo consiste: las élites imitando ahora las voces más chocarreras del vulgo, acaso para disfrazarse entre el mismo y hacerle creer de paso que se debe estar orgulloso de la propia burricie. No vale la coartada habitual de que si Cela, de que si el diccionario: cada vez se usa un más reducido grupo de vocablos, cuanto más vulgares y proyectiles, mejor. Son tan frecuentes las feotas palabrotas, que pasan ya desapercibidas. Otorgan incluso cierta simpatía “cool” a quien las propala. Qué tío/ que tía, así se habla, con dos ...
     
   La irresistible consolidación del exabrupto como forma de expresión hoy –en políticos, en periodistas, en celebridades, en opinadores, en artistas- es el síntoma inequívoco de la colonización de las mentes que producen las Sociedades de la Telebasura, en las que esa fabla es moneda de cambio, aliada a la instantaneidad y a la consiguiente llamada a los más bajos instintos y registros que las redes, a menudo asociales, procuran, lógica derivada por tanto de la criatura específica que las mismas forjan: el “homo gañanis”, esa mugre envuelta en refulgentes píxeles.
     
   He ahí, pues, a las élites, hablando y proponiendo a los ciudadanos el peor lenguaje del arrabal. Voilá la Señora Vicepresidenta, en vez de en Juzgado o aplicando ingenio, chascando como toda una poligonera. Podéis ponerlo así, sí. Oh, cuánto progreso.

   
   ¿A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hombre, que decía Scarlett O`Hara? Doblémosla al más rabioso presente: “Por mis muertos que en mi puta vida volveré a pasarlas putas”.   ¿Oiga, y Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”? ¡Otro soplapollas!




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lunes, 5 de mayo de 2014

De cómo Belén Esteban se toreó al botarate de ERC

    



   Quién habría de decirnos que nos veríamos glosando el arte torero con que la Princesa del Pueblo, de frente, por derecho, y mejor que tantos melifluos políticos, defendió el valor de la unidad de España ante las chuscas coñas del botarate representante de la Esquerra, que acudió graciosillo a por lana de la Esteban y salió de los aladares trasquilado y corrido.
    
   Fue una ocasión buñuelesca. Celebrábase en la Ciudad Condal el Día del Libro. En la calle Lucía Etxebarría montaba el taco tuitero afrentando, como ya leímos, a la Esteban, que mucho de Lucía es que ella pasaba. Reinaba en la caseta del Corte Inglés barcelonés firma que te firma ante las masas la Princesota del Pueblo. A su vera acudió Alfred Bosch, diputado de ERC en el Congreso, que también presentaba en el Corte su libro separatista, acaso deseoso de aprovecharse de la mediática popularidad del lance. Con ese aire de Tom Hanks algo beodo y de saldo que se gasta, quiso con la Princesa fotografiarse.
   
   Hízole delante de las cámaras Bosch el numerito bobo de regalarle su libro, adornándose merengoso, como un caricato malo en el lance: “Se lo doy para que entienda que la independencia no enemistará a Cataluña y a España, sino que las hará más amigas. Espero que  hoy comprenda que los catalanes ganaremos con abrazadas y besos, que es nuestra manera de hacer las cosas”. Abrazadas y besos, ya.  “Para que entienda… espero que comprenda…” a las claras se ve las ínfulas de superioridad con que Bosch trata mal a Belén, y que como tonta desde el principio la considera. ¿Tonta? La Esteban se sonrió, le concedió las fotos, ganó tiempo y, bravísima y certera, allí mismo por naturales le lidió:
   “La independencia no tiene sentido. Los catalanes forman parte de España y todos juntos somos los mejores.”
   Y en segunda tanda así que lo embarcó:
   “Estoy en contra de la separación. Cataluña es España”.
   Ni siquiera hubo de recurrir la diestra al salto de la rana de su célebre “¿valeee?” para del todo reducir los bufidos de Bosch. Uff, cómo se dolió el morlaco botarate de las banderillas belenas. Tanto, que hubo de recurrir al Twitter para dejarnos su versión:
   -“Le regalo un libro a la Belén Esteban; le explico el tema, y ella me dice que ella es también una mujer muy independiente”.
   
   Más de 300 retuits de sus fans le repicaron al momento esta charlotada. Sigue tratándola como idiota, bien se ve. No importa: es sólo penosa versión de parte. La estricta verdad es que Belén Esteban, brava Princesa del Pueblo en defensa de España, acaba de asestar al mentecato diputado separatista una lección inolvidable. Fue como si en prodigiosa inversión, la basura trocase en muy digna realeza y el graciosete separatista en hedionda basura. Zas, ahora vas y lo cascas, tomhanks de saldo, acaso pensara hacia adentro la Princesa.




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domingo, 4 de mayo de 2014

Una estampa de mi madre


   Verás, mamá, ahora que el Tiempo, esa voraz escolopendra que no sabe de clemencias, abrumándonos de pesares va a mordiscos maltratándote, menguándote y mellándote la figura y la salud,  como hará conmigo también cuando me toque, quiero ahora rescatar, casi para ti y para mí solos, una imagen tuya que me acompaña desde siempre, como un escudo definitivo que pudiera yo anteponer al bicho espantoso del Tiempo, y que éste con sus dentelladas jamás pudiera arramplarme. A ver si soy capaz, mamá, que el nudo en la garganta es muy pésimo atabal para que la escritura brote con alguna armonía por dentro. 
     
     No, es imposible que te acuerdes, mamá, de aquella mañana, a cuento de qué habrías de hacerlo. De aquella remota y fría mañana de invierno. Yo era un renacuajo, que ni con ínfulas de belleza alcanzaba aún a soñar entonces. Vivíamos en un helador bajo de Aluche, y vivíamos acuciados –como durante tantos años, como todo el mundo que conocíamos- en la dura brega de cada día. Acuciados, sí, pero casi nunca amargados. Erais papá y tú, jóvenes y fuertes, y trabajabais cada día como jabatos. Bueno, acuciados vosotros en el interminable trabajo,  porque a los niños –mi hermana y yo entonces- las estrecheces nos resultaban naturales, no nos dolían. Echábamos una mano de vez en cuando y a correr entre jerséis remendados y sin regalos. No tengo ni idea dónde se habría metido aquella mañana mi hermana, pero estábamos tú y yo solos, mamá.
     
     Nos disponíamos a salir hacia el bar, a unos quince minutos andando del piso, donde papá llevaría ya sus dos horas largas trabajadas, despachando raudo cafés y copas de coñac a la tropa de duros albañiles que levantaban tantos bloques por allí en construcción. Me habías mojado el pelo, me habías peinado a raya el tazón de mi pelo laso, mamá. Como una centella apurabas un instante ante el espejo para retocarte un poco tú. Una pizca de carmín en los labios, juntarlos uno contra el otro con fuerza un par veces para extenderlo, ese era todo tu afeite.  Con la cartera al hombro y ya en la puerta, colegial aviado y algo somnoliento aunque con los ojos muy abiertos, un búho pequeñajo,  contemplaba como pasabas con premura el peine sobre tu pelo negro, como amansando una reciente permanente que te habías echado y que te caía muy bien sobre la cara redondita. Entremetías veloz una blusa del color de las tejas por dentro de una falda de cuadritos blancos y negros. De cheviot, me parece que se le decía a esa tela. La lozanía de tu piel, muy blanca, tersa, pujante, viva, tan saludable, en tus brazos, en tus hombros, en tu rostro, eran  todo un escándalo natural. Estabas muy guapa, mamá. Es que tú eras muy guapa.  Me sacaste en broma la lengua a un palmo ya de mí,“vamosen marcha, atontolinao”.    
     
     Agarraste del perchero tu abrigo verde oscuro de paño, me diste un ligero empellón con la rodilla en el trasero, y salimos a la calle. Hacía frío, como digo, y el cielo estaba serio y huero. No necesitaste sin embargo abrocharte el abrigo, como si a ti las calorías te sobraran, así era el impulso de tu rumbo, como si la coraza del abrigo fuera a embridar tu paso. Yo iba cogido a tu mano, mamá.
    
     Una madre joven e impetuosa camino del trabajo, con un abrigo verde oscuro entreabierto, abriéndose paso en la mañana inverniza con su hijo de la mano, eso era todo. El turbión de energía que le metías a la fría mañana. Aluche entonces, ¿te acuerdas?, era más un lodazal de rampas que un barrio, un zoco de bloques amazacotado y atravesado de calles estrechucas y desniveles sin pavimentar. Las aceras eran bien rácanas y lo más normal es que te pringaras pronto de barros los zapatos. Avanzábamos por la acera sorteando a la gente, percutía el raudo taconeo de tus zapatos bajos entre los sonidos incipientes de la mañana, y el ufano y repeinadito infante que yo era, despierto ya del todo al trote de tu marcha vivaz, de la mano fuerte de su mamá, sentíase entonces, sí, el Príncipito mismo de la Creación, aunque creo que ya a sus botas marrones de niño con los pies planos las condecoraba el barro. Hasta sacaba pecho y todo, mamá, para no desmerecerte tanto en la caminata.
     
     Atravesamos una encrucijada irregular de callejas, con idea de adentrarnos, como siempre, por otra  transversal y así atajar la distancia hacia el bar. Bajamos el bordillo, cruzábamos el pavimento… cuando desde las alturas con toda nitidez escuchamos aquello. No, no era un vocear, aquella voz muy masculina que nos cayó encima casi envolviéndonos, empastada en una eufónica gravedad, como de actor de doblaje de westerns, no se disparaba como un grosero resorte inmediato, parecía más bien la natural y pausada exclamación ante algo que acontece delante de nosotros de forma súbita:
      “ole y ole por las mamás bonitasmadre mía, pero qué les darán de comer ahora para en febrero ya florecer así”.  
     
     Imposible ignorar el influjo de esa voz, de aquellas palabras. Imposible no elevar al biés un instante los ojos hacia ellas. Imposible no quedarse un momento petrificado. Desde una terrazucha en un quinto o sexto piso, un hombre joven de jersey marino, acodado sobre los barrotes y fumando, parecía sonreírnos. Puede que fuese algún obrero convaleciente, o algún familiar de visita en aquel piso. Bueno, el machito que de golpe me brotó por dentro entonces se llenó de rabia y de celos. Creo que le lancé una mirada de karateka avieso y todo. Uff, habría liquidado en ese momento a ese tío que se metía así con mi madre.   
    
     Busqué luego con los ojos a mi madre. Ella, sin duda sorprendida, también se había quedado como paralizada dentro de la imprevista red invisible de aquella voz. Reparé entonces en que, era verdad, al llevar el abrigo verde entreabierto, al vuelo del brío de su caminar, bajo el suéter del color de las tejas, descollábanle a mi madre muy bien formados y palpitantes los pechos. Su piel láctea y táctil, la tersura de su cuello, su pelo entonces rizado, su juventud exuberante, la ráfaga de vitalidad y empuje que consigo llevaba sobre todo, ciertamente debían resultar notables. Pero es que además, al calor del requiebro, los arreboles le ganaron las mejillas, se le subió el color a la cara, se le ruborizó y se le iluminó el rostro,  y no pudo reprimir el atisbo efímero de una sonrisa, más hacia la ocurrencia que hacia aquel desconocido, acaso seña de agradecimiento y de íntimo orgullo. Hum, aquella sonrisa fugacísima, entre irreprimible y a la vez reprimida. Entonces si que, mamá, estabas ya más guapa imposible.  
     
     Sin nada más concederle a aquel trovador de las alturas, aceleró mi madre un poco más el paso y con un suave tirón de su mano pronto escapamos de allí. Iba yo, mamá, tan sacudido en los sentimientos por el mínimo incidente, que no sé si enrojecido de cólera, de despecho, como si hubieran querido robarme algo que sólo a mí pertenecía, como si hubiera de golpe quedado clara mi inútil insignificancia de alevín,  incluso llegué a derramar alguna lágrima. Qué bobo, qué ínfulas.
      
     Llegamos al bar. Comprendí en el camino que era bobada decirle nada de todo aquello a papá, que se hubiera además reído de mí. Mi madre se puso rápido a trabajar. Me fui un poco extraño al cole esa mañana, eso fue todo. Guardamos tú y yo ese secreto que seguro habrás olvidado, mamá, el de aquella remota mañana invernal en la que como otras muchas caminaba de tu mano radiante . Más guapa imposible, mamá.

     El escudo eterno de aquella mañana quiero ahora, madre mía, cuando el alacrán despiadado del Tiempo te dobla, te aminora, te hiere, borrándote y borrándonos los rastros de la hermosura. Y que un hijo, a un Padre le puede del todo admirar, mas siempre desde fuera. A una Madre, el hijo siempre la lleva dentro, consigo, confundida entre sus propios latidos. Madre mía, siempre me ayudaste, siempre me quisiste, siempre me cuidaste. Gracias. 




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sábado, 3 de mayo de 2014

Funny Games, qué asco


   Resulta del todo inconcebible la extraordinaria facilidad con que este podrido y ultrarrepresor Sistema Capitalista (¿?) encumbra y hace de oro a impresentables y tóxicos majaderos uno detrás de otro. Te sientas cualquier noche delante del prime time de cualquier televisión convencional y te das de bruces con engendros nauseabundos, denigrantes de la más básica dignidad de lo humano, como la película (¿?) Funny Games del requetelaureado Michael Haneke
   
   En Cannes cada tres por dos es que arrasa el Señor. “En 2012 –dice la Wikipedia- Europa se rinde ante el director, otorgándole cuatro premios en la gala del Cine Europeo”. Si el otro día, por lanzarle desde la grada un plátano a un futbolista millonario, en horas veinticuatro el anónimo autor de la hazaña estaba ya en la trena, de haber justicia en el mundo, por lanzarnos a la cara Funny Games, ese excremento que acaso les habrá hecho ricos, a esos directivos televisivos y a Haneke habría que aherrojarlos en gruesas cadenas con bola de hierro al pie de por vida en Sing-Sing, digo yo.
      
   Voilá el argumento (¿?): una prototípica familia pequeñoburguesa –pareja de clase media con niño-, símbolo por excelencia, pues, a ultrajar por todo artista moderno que se precie -de haber recreado el légamo de sus mórbidas obsesiones con una familia obrera, a Haneke ni en el barrio lo conocerían- se ve sometida en su propia casa a las más perversas humillaciones y torturas físicas y psíquicas que una mente es capaz de concebir a cargo de dos jóvenes y atildados psicópatas. Haneke coge por los pelos a los cretinos criminales de Kubrick en La naranja mecánica para, a cuenta de nada, epatar un ratito al personal. Con cara de palo, ni uno solo de los más extremos registros de lo desagradable deja el señor por revolver, a una fría distancia tan inmoral y precisa como repugnante.
  
   Dijo luego Haneke que es que quería él hacer “una crítica a las películas que hacen de la violencia un espectáculo, así como a los espectadores que disfrutan de este tipo de películas”. Es falso radicalmente: sólo hay morbosa complacencia, y de la peor, en su vomitiva provocación. Anduvo muy atento el transgresor artista, eso sí, ¡diez años después!, a fotocopiar un calcado remake de esa misma puta ful, al superburgués Hollywood destinado ahora. ¡La tan bella como boba Naomi Watts ofreciósele al punto como productora y actriz principal!

     
    No, no merecen las desalmadas truculencias de Haneke en Funny Games  ni la consideración de un pormenorizado análisis. Concluir, en todo caso, que hay que andar pero que muy mal de la cabeza para emplearse –entre todas las que podrían hacerse- en exudar una película así de macabra, o para que siquiera como espectador te interese la estupidez y la brutalidad mayúsculas de esos divertidos jueguecitos que Haneke se trae. 




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viernes, 2 de mayo de 2014

Fiesta en los madriles



   Han querido el azar o la necesidad, la conjunción de los astros, lo que quiera que sea que mueva el Mundo, que, tras el chasco de las Olimpiadas, tras el relaxing cup of coffee que hubimos todos de tomarnos luego, de nuevo especialmente para los madrileños bien en lo alto relumbre el Sol, pues por vez primera en la Historia de la Copa de Europa dos equipos de fútbol de una misma ciudad, pongamos que hablo de Madrid, tras derrotar con apabullante brillantez a los mejores equipos del continente (fornidos teutones, briosos ingleses, enconados turcos, pícaros italianos…  mordieron todos la hierba ante la tempestad y el empuje de los equipos gatos) arriban pletóricos a la Gran Final, lo que proyectará durante todos esos días el nombre de Madrid por todos los rincones de la Tierra entonces. ¡Albricias entonces, madrileños!
   
   Es todo un hito histórico, como digo, y por eso merece ser resaltado, que explotará urbi et orbe el 24 de mayo, en inmejorable colofón a las fiestas isidriles. Viene además la cita en pro de la conquista de la Gran Copa atiborrada de poderosas connotaciones emocionales y simbólicas para unos y para otros: sería la Primera para el Atlético de Madrid, justo cuarenta años después del duro fiasco ante el Bayern, pero sería también la Décima para el Real Madrid, ese dorado sueño del doble dígito. Ojalá el cada vez más torvo hooliganismo ambiental no nos impida celebrar lo esencial, la estelar presencia de los equipos madrileños en la Fecha por excelencia del Deporte rey en Europa. Ojalá esos castradores códigos fieramente binarios –si bochornosos en los hooligans, desoladores en los periodistas, a quienes debería concernir su responsabilidad profesional como mediadores sociales-  que el fanatismo a veces expande por doquier, no enturbien la Fiesta.


   ¡Lo bonita que es la palabra “aficionado”!  Encierra ella la sana inclinación del sentimiento hacia unos colores, esa ficción también, compatible con la más noble cualidad que la práctica y la admiración del deporte –una competición sometida a normas- siempre ha procurado y debería seguir procurando:  la deportividad, el saber ganar, el saber perder. Por vez primera dos equipos de una misma ciudad en la Final de la Champions, pongamos que hablo de Madrid, esa ilusión hecha realidad… ¡pues albricias mil!





 LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

jueves, 1 de mayo de 2014

Minijobs en la FNAC



   Criticar los minijobs (4 horas diarias, 500 euros netos) está chupao. Lo difícil, lo aventurado, lo arduo es crear y sostener hoy una empresa capaz de por lo mismo pagar el doble. ¡Que lo intenten los forretis de la Ceja Nostra (véase el siniestro precedente de La Bardemcilla y sus tristes ERES), en vez de posar siempre tan majos y heroicos al lado del Bien y de la Solidaridad, y luego nos lo cuenten! Prefieren, claro, los Hollywood al sol.



 (Pasó abril, lector. Dime: ¿Te gustó la música que desenvolvió mi blog durante este mes? ¿Aprecias mi trabajo? ¿Crees entonces que soy merecedor de que me pidas tú mi libro? ¿Imaginas entre tus manos la dulce enramada de mis palabras ilusionadas?   Gracias de corazón a quienes así lo habéis hecho, por, sin conocerme, valorar mi trabajo e impulsar de verdad, con hechos, mi escritura, por quererme un poco. El resto es ruido)