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jueves, 23 de diciembre de 2010

A propósito de la Lotería

     
      Es de sobra sabido que a la postre resulta la Lotería de Navidad –emblema sumo de todas las loterías- un notable instrumento anti-igualitario, pues viene a consistir el misterio y la ilusión desmedidos que la misma cada año concita en quitar un poco de dinero a todos para acumular un mucho del vil metal sobre la cabeza de sólo  unos pocos, sin que éstos, por otra parte, hayan hecho mayor cosa para merecerlo. Vendría la lotería a funcionar entonces como curioso mecanismo redistributivo de rentas, salvo que de carácter regresivo, claro, por el que al final del sorteo son los pobres (en su mayoría) un poco más pobres y los ricos (de origen o sobrevenidos de golpe por el soplo de la diosa Fortuna) un mucho más ricos. Los modernos Estados del Bienestar, que con tanto afán pregonan buscar la más equitativa y progresiva redistribución de ingresos para los ciudadanos –recordemos una vez más el famoso Discurso del Viento zetapeico, montado todo él sobre la aversión a los ricos y la pasión por los pobres- deberían si fueran coherentes no sólo proscribir las loterías, sino perseguirlas, por ser más nocivas a los fines que dicen buscar que el mismo tabaco que ahora en locales público se nos prohíbe fumar.
    
     El fortísimo arraigo emocional que la lotería, al socaire de tanta plática gubernamental socialdemócrata, consigo mantiene entre la gente radica a mi juicio en el sencillo paralelismo que guarda con la Vida misma, tan azarosa y contingente, tan expuesta a mil y una circunstancias o avatares, a veces también súbitos y fuera de todo cálculo racional, que complican o facilitan de forma extraordinaria, -y en la lotería el meollo intrínseco es que el mazazo ese puede ser sólo superbenéfico, en principio- la existencia de los hombres. Parecería así que los hombres hubiesen acordado establecer un artificio para imitar con el azar de un sorteo lo que los escritores de los folletones decimonónicos llamarían los vuelcos maravillosos de la existencia para unos pocos.
    
      Se me dirá: al fin y al cabo quien era pobre antes, no mucho más pobre seguirá después, si no atrajo hacia sí el Maná. Sólo que no sabemos exactamente a qué gastos más esenciales desplaza la cuantía destinada a tentar la suerte. Traigamos el asunto a terrenos propios de letraheridos: cuántas veces no decimos cómo tal libro nos cambió la vida (o tal cursillo, o tal pequeña inversión), justo el que ahora no compramos por adquirir el billete de marras… que sólo más billetes nos puede traer, a despecho además de cuanto decimos en principio aborrecer al poderoso caballero. Bien se ve, no obstante, que la promesa que en sí encierra la lotería no es tanto la puramente material como la ilusión condensada al máximo de transformar radicalmente (con una suerte de varita mágica) y de un plumazo el orden pautado de nuestros días (una Revolución estrictamente individualista y hacia arriba) y lanzarnos a una vida que imaginamos más plena… que es justo la que nos proporcionan bien baratitos los mejores…. (iba a poner blogs, fíjate lector)… los mejores libros, quiero decir.  
    
     Como toda pulsión extraordinariamente egoísta, (la de ser Uno y nada más que Uno inmensamente Ricos, como los odiosos controladores esos, para darse más tarde el festín inconcebible de ser también inmensamente generoso…con los nuestros, claro, que es impensable el reparto total) una vez formulada y puesta en sociedad necesita, para hacerse tolerable, el ser en alguna medida maquillada. Así con voz piadosa y acento algo fariseo lanzamos al vuelo esas dulces psicofonías de que “ojalá caiga entre los más necesitados, entre quienes menos tienen, y yo me alegro por ellos y tal y tal”.
    
     En este colmo, contra su más elemental y feroz lógica, -hacer ricos a unos pocos con el poco dinero que pierden los más- quiere así terminar por hacerse de la lotería el divino mecanismo de la justicia social. ¡Una leche! , que llega casi uno entonces a blasfemar: si de justicia social y de repartir se trata, dejémonos de monsergas, suprimamos la lotería, requisemos a los Ricos –sean éstos premios Planeta o presidentes del Congreso- por decreto cuanto tengan y entreguémoslo a los gitanos que Sarkozy, con el impresionante refrendo de Zp, expulsó.
    
     Pero el magnetismo atávico que la Lotería año tras año atesora estriba sobre todo en recrear en nuestro interior la simple suposición, el paladear la dulcísima textura de esa sencilla promesa, de que por qué no habríamos de ser nosotros esta vez –a pesar de las probabilidades infinitesimales de que ello acontezca- los elegidos de los dioses. Es en el fondo un sueño, que está de una forma o de otra, inscrito en la propia naturaleza imaginativa de los hombres que les faculta para ir más allá de su ordinaria vivencia. Es como cuando en la oscuridad de la sala del cine –fábrica de los sueños, se la ha llamado- juraríamos que sólo y nada más que a nosotros la Actriz o el Actor de divina hermosura es a quien está mirando, y que si por casualidad a fondo nos conociera, irremisiblemente de nosotros  acabaría enamorado.
    
     Y sólo ahora caigo yo, impagable lector, de que más incluso que una extraordinaria lotería, sólo una sobrehumana resistencia al sopor y una excepcional disposición a la caridad explicaría que aún siguieras por aquí, conmigo leyéndome, después que tantísimo me enrrollé, que sólo lo hice por  si contigo tenía yo Suerte hoy, y no te ibas a otra cosa tan pronto.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Balada triste de Toni Cantó

    

     Frente al cerrado sindicato de intereses mancomunados, tanto materiales como ideológicos, tanto directamente personales como genéricos, que la hegemónica izquierda cultural aglutina alrededor de la Ceja, una especie de blindado Acorazado Potemkin –y ver ahí a Concha Velasco, esa chica de la Cruz Roja, es de mucha risa- que con mano de hierro teledirige tanto el tejemaneje de sus directos negocietes como la más general fábrica de las conciencias en esta reserva espiritual española, los escasos integrantes del mundo de la Cultura no socialista, ninguneados,  desperdigados, acobardados y acomplejados, a menudo parecen el célebre ejército de Pancho Villa, siempre en permanente desbandada. Ellos sí que son en propiedad auténticos versos sueltos. Puede sin esfuerzo imaginarse uno el desaliento que han debido, por ejemplo, experimentar cada uno de ellos el otro día contemplando a la Presidenta de la CAM marcándose por todo lo alto un bailecito con el gran Sabina. ¿Sería imaginable, a la contra, a una rendida Sonsoles, o a la Sinde me da lo mismo, bailoteando un Último tango en Moncloa amarrado a los brazos de Tony Cantó?
    
      Acaba de hacer el actor valenciano unas muy jugosas declaraciones –una toma de postura “crítica” que dirían con marmórea solemnidad los de la Ceja si fuera aquél de su mismo tenor-  acerca del penoso establishment cultural que secularmente nos domina. “El mundo de la cultura ha sido muy cobarde… se creen los únicos valedores de una cultura progresista… al PSOE se le perdona todo y al PP no se le pasa ni una… al Gobierno se le ha visto el plumero y la gente se ha quedado callada… Pajín o Blanco en la empresa privada durarían dos telediarios… ojalá en otros ayuntamientos y comunidades gobernadas por el PSOE pudieran trabajar tanta gente adscrita a otros partidos como pasa en Madrid”. No es la primera vez que Cantó se manifiesta así, y no por ello dejan de ser arriegada sus posiciones, que acaso sólo más grado de ostracismo habrán de reportarle, en el contexto de la apabullante supremacía del aparatoso tinglado de los intereses creados que monopoliza la “intelligentsia progre” otorgando reconocimientos y oportunidades sin fin a quienes con ellos comulgan, mientras se condena al silencio a los demás.
    
     Sólo así se entiende que esté pasando casi desapercibida la obra (“Razas”) que del más que notable dramaturgo David Mamet el propio Cantó está ahora representando. Acaso porque, según explica Cantó, “la obra es una crítica directa al prejuicio racial y a la discriminación positiva… Mamet habla de lo políticamente correcto, si hay un gay en una obra tiene que ser bueno, si hay un negro o una mujer, también, porque si no, te van a llamar racista o machista. Todo se ha convertido en previsible y esto empobrece a la sociedad y a la cultura”. Y de esta forma el apasionante debate que para la Cultura pueden abrir los enjudiosos interrogantes de Mamet –es sin duda Mamet uno de los más singulares escritores de historias de los actuales, a las que sabe dotar de una tensión y una hondura argumentales inequívocas-  queda secuestrado, y pueden seguir los síndicos de la Ceja con su secular raca-raca que les lleva al cabo a danzar de lo lindo, encantados además de conocerse, incluso en los más distinguidos salones de la Derechona política, incapaz ésta de defender a los suyos (que son de todos, que en la Cultura no debería haber más bando que el  del talento) y deseosa de obtener la absolución de los expendedores oficiales de los títulos de demócratas.
    
    Y muy pocos como Cantó (tuve la suerte el año pasado de verle en El pez gordo, y me sorprendió del todo, lo reconozco, la completa destreza de su interpretación), como Brando en La ley del silencio, se atreve en público a denunciar este baile de máscaras. Y  la cosa es un poco triste, sí.  
                                             
      
       

martes, 21 de diciembre de 2010

Jamones de Trini

    
     El niño se elevó y amarga protesta contra su maestro levantó. Luego en su casa lo contó y con su familia a la Comisaría que se dirigió. La culpa la tuvo un jamón, sí, la tuvo un jamón. Y también una religión que ve en el jamón algo impurísimo, embeleco de muy difícil imaginación. Del embrollo que se montó saco yo una sola conclusión: esto sólo lo arregla Trinidad, que ha de esto saber un montón.

     Claro, porque si nuestra ministra favorita va por el mundo repartiendo jamones, y tiene ella mucho mundo e inmejorables jamones, cómo no va a poder ella  solucionar este sindiós. Que son los antecedentes óptimos es asunto de imposible discusión: que fue arrimarle ella uno de sus soberbios jamones a la vera camita del adolorido Evo Morales y, según los testimonios gráficos atestiguan, al descendiente de Inca ipso facto hasta la moral se le levantó, hasta punto tal que los asesores ministeriales hubieron de poner distancia en aquella ardiente conflagración.

     Como el efecto Trini, y el de sus jamones, resultó aleccionador y benéfico en grado sumo, que la rodilla de Evo en su inflamación local pronto se desplazó, tengo oído que la nueva política que la ministra favorita implementó, tras tanto lloriqueo moratino, empezó a usar como arma diplomática suprema el aroma y la excelsa monumentalidad de los españoles jamones, que tiene ella además entre los mejores.

      De manera que si Trini aterriza en el lugar de los hechos con sus ya legendarios jamones, es muy fácil que al confundido maestro del chiquillo los ánimos pronto se le apaciguen y recobre enseguida la moral educadora. Con la criatura fanatizada –la atracción con que los medios “multiplican” el extraño incidente del Jamón tiene mucho que ver con que sea el prota del mismo un infante- y con sus progenitores fanáticos, además de sus maravillosos jamones, habrá Trini de poner sobre la mesa las chorreras de la estulta Alianza de Civilizaciones, pero tiene ella arte y embrujo suficientes para persuadir a esos inflamados padres del mucho aprecio que su gobierno a la fé islámica profesa. Que si a la católica mucho se le buscan las vueltas, todos son melindres y zalemas desde el gobierno a la musulmana, que en eso ha devenido la impotencia del discurso racionalista para convencer a nadie.
    
     Sí, si yo fuera el maestro del chiquillo de inmediato imploraría, desde el lecho del dolor, envuelto en el celofán único de su mítica sonrisa, uno de los primorosos jamones de Trini, a ver si así se le pasaba a uno el apipón del acoso de los celosos fundamentalistas que tanto dicen aborrecer el Jamón. Trini puede, claro que sí. Y también jamones mueven carretas. En defensa también de la Constitución, chiquillo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Felipe González y lo del Gas, he ahí el Controlador Sumo


    
      “El Consejo de Administración de Gas Natural ha designado por unanimidad al ex-presidente D. Felipe González Márquez nuevo consejero de la Entidad”. Y dicen bien, porque, entidades muchas habrá, pero entidad Entidad, pocas en sustancia –que diría Parménides de Elea- como la de Gas Natural FENOSA. De manera que, llegar a okupar uno de los bien forrados sillones de ese egregio Consejo de Administración de la Multinacional debe a uno adensarle de realidad, como un lingote bien macizo  ha de entonces percibirse uno mismo y casi desprender olor y loor de santidad.
     
     Nos informa de paso la altruista compañía que D. Felipe González, que ya poseía acciones de la Cosa, percibirá por su asistencia al Consejo unos emolumentos de 126.500 euros anuales, que podrían alcanzar los 200.000 si, como su antecesor, tiene a bien el Señor presidir alguna comisión de la hiperreal Entidad energética.
    
     ¿Quiénes serán los cuates que con nuestro ex-presidente compartirán mando? Veamos: Narcís Serra, que no necesita presentación tras más de cuarenta años velando por los pobres del mundo a la vez misma que aporreaba su famoso piano, Antonio Brufau, presidente de Repsol, Joan Rosell, presidente de la Patronal catalana, Juan María Nin, director de La Caixa, entre otros “consejeros dominicales”.
      
     Si el otro día el Ministerio de Kultura justificaba en nota pública su Premio Nacional de Artes Plásticas a Santiago Sierra  “por su obra crítica, que reflexiona sobre la explotación y la exclusión de las personas y genera un debate sobre las estructuras de poder”, no ha querido la Entidad quedarse sin razonar la nota del suyo: “su reconocimiento como estadista y su PROFUNDA CONEXIÓN con Latinoamérica lo hacen especialmente indicado para la Entidad, que cuenta con gran arraigo en varios países del Cono Sur, donde está presente desde hace 18 años”. Que no era cuestión en la nota de marras de aclarar más la Slimconecction.
   
     Pero, claro, como de una parte habemos, que el apóstol Sierra vive en Méjico, y que expone él a la vez su Obra en los principales Templos de las metrópolis protocapitalistas, y de otra el nuncio González que nos asegura de dinero entender nada al tiempo que artísticamente talla joyas y bonsáis al desgaire,   hubiéranse por azar (por azar de clases, of course) intercambiado las notas respectivas y nadie hubieramos notado nada. Y si Sierra rechazó el guiño Oficial de los 30.000 euros, es seguro que D. Felipe González Márquez en un tris  anduvo de hacer otro tanto con los 200.000, y dejar a Narcís Serra y cía con el mismo palmo de narices con que se quedó la “aserrada” Sinde, de no ser porque como fatalmente le reconoció en EL PAIS al Premio Planeta D. Juan José Millás que es que no tiene él dinero “ni para hacerse una casa”, y claro, se le disculpa así al Señor de la Mirilla, en el contexto de la crisis global, la necesidad del trinque. ¿Cómo permitir a todo un ex-presidente nuestro ni un hogar poseer tan siquiera? Se lo dijo él mismo al gran Millás, que no quería él morirse “sin al menos tener una casa”, y casi le adivinaba uno entonces el mismo rictus en el rostro que el del célebre ET.
    
     Naturalmente, lector, el convoluto de los 200.000 del Gas me recordaron la famosa entrevista en el más importante diario nuestro a cargo también de uno de los más renombrados escritores nuestros, y muy suyos también, que creo que me sigues, lector. Ah, qué Hombre el Nuncio González. Ha pasado sólo un mes. Muy estrafalarias y hasta estrambóticas nos parecieron ayer las extravagancias que por Arte quiere hacer pasar el señor Sierra, pero al lado del transatlántico descaro felipista quedan en algo chorras juego de niños.
    
     Dime si no es así, lector: ¿pues no decía el gran Controlador allí ante un hipnotizado (él mismo lo reconocía) Millás saber “todos los mecanismos para obtener dinero y que jamás se le había ocurrido”. Quizás debamos entender entonces que los 200.000 euros por asistir a los Consejos del Gas no son una cantidad a la que llamaría él realmente “dinero”. Millás, algo subyugado, se maravillaba luego, “realmente, si usted quisiera podría ganar mucho dinero en poco tiempo… ¿por qué se contiene?, en cuya respuesta lucíase como acostumbra González, “porque tengo mucho trabajo y prefiero yo elegir donde doy una conferencia”. Puede entonces que trátese todo de darle tan solo unas conferencias de las suyas a los amigos de Narcís Serra, puede ser.
    
     Ya lo estaba de sobra, pero ahora se protocoliza para todo aquel que no quiera cerrar los ojos la irrupción de nuestro ex-presidente en el Gotha de la plutocracia, en el establihsment de los Ricoshombres que tanto preocupaban a Zp en su Discurso del Viento. Alguien debería recordárselo al mismo Juan José Millás que en la famosa entrevista se interrogaba doliente si no estaríamos asistiendo a un fundamentalismo del mercado, del mercado oligopolista en el caso de Gas Natural. Dudaba incluso Millás si no era todo esto PARA TOMAR LAS ARMAS. Él, que por algo es Premio Planeta -600.000 del ala- , él sabrá.
     Y sí, de lejos le creo a D. Felipe González Márquez muy capaz de cerrar la conferencia de su toma de posesión en la Entidad con el mismo “Salud y libertad” que Sierra nos endiña a todos al final de lo suyo. Es un crack, el tío. 
                                             

sábado, 18 de diciembre de 2010

Blake Edwards, el Hombre y el Artista, este si que sí

    
    
     Muere ahora Blake Edwards, a sólo unas semanas de morir Berlanga, y aunque suene a tópico requetesobado, la Comedia pierde de una tacada dos artistas geniales, que con sus obras nos hicieron reir y llorar, meditar y vibrar, disfrutar y engrandecernos por dentro  siempre con sus nobles artes. Claro, mira uno las Perfomances de la Tate y del MOMA que el blog ayer nos dejó, las pones al lado de las creaciones de Edwards (Días de Vino y Rosas, Víctor o Victoria, El guateque, Desayuno con Diamantes, La mujer perfecta, Así es la Vida, La Pantera Rosa, La carrera del siglo, Cita a ciegas por sólo decir unas cuantas) y en fin, que le entran a uno unas muy tarantinianas (otro que tal) ansias de mandar a algunas Panteras Rojísimas que yo me sé como poco a freir espárragos a la Sierra Lacandona, que están muy ricos los de aquellos pagos.
    
     Nos entristece la muerte de Edwards, claro, nos recuerda una vez más lo transitorios que todos somos, pero es el maravilloso misterio del Arte mismo el que nos impulsa, como si fuera el Autor un íntimo nuestro, a expresar en alto la pena y a mostrar también la gratitud infinita que sentimos hacia un señor de Oklahoma al que de nada conocemos, y con el que, sin embargo, nos sentimos en deuda por tanto que a  sus admiradores nos ha regalado. Pues juraríamos además al ver esas películas que sólo para cada uno de nosotros las hubiera hecho, tal es la rendida complicidad y comunión vitales que el cineasta, impresionando sólo celuloides, consigue uno a uno con nosotros. 
     
     El dominio consumado de los registros de la comicidad, a partir casi siempre de mostrar las más cotidianas situaciones sociales, disparatadas de repente por algo, para poner así de relieve la fragilidad de los roles sobre los que construimos nuestra identidad –lo poco que somos, lector- y de abundar en cómo la contemplación de la represión de los instintos asociales que la vida en sociedad nos impone nos produce regocijo como espectadores identificados y distanciados a una misma vez del protagonista en apuros. Me asombraban en Edwards esas recurrentes escenas en las  que un personaje en íntimo apuro veíase de súbito inmerso en un masivo fiestorro que le obligaba con la fuerza aplastante de lo masivo a disimular su engorro, siempre en vilo de descubrirse su inaplazable prurito. El ritmo endemoniado que sabía darle a las tramas, como si nos llevara sobre un jubiloso coche de feria, la destilada elegancia de sus recursos expresivos, no exentos de críticas y malévolas insinuaciones, la gracia que se daba para remover los equívocos en que el hombre común se ve envuelto, la brillante exposición de las grandezas y sobre todo de las miserias que a todos nos constituyen son otros tantos motivos para perderse con gusto en sus películas y salir de ellas como recién duchado a la vez de la tristeza y de la alegría mismas del vivir.
    
     Mira que existen en sus obras escenas memorables para empezar y no parar de celebrar, mira que se enamoró uno sin contemplaciones del rostro limpísimo de Julie Andrews que fotografió él con primor en Víctor o Victoria, o de la Bassinger de Cita a ciegas, o de Lee Remick en los días de vino y rosas, -y cada vez que las ve ahí-  pero en un día como el de hoy, en el adiós a Blake Edwards, quiero amable lector, compartir y tararear contigo aquí –en esta diminuta covacha que apenas alumbra a nadie, aunque a ti y a mi por momentos nos cobija-  la magia y la melancolía indefinibles de Audrey y el Moonriver, con su guitarra y sobre su ventana, mientras el Escritor, que primero la oyó, ahora en silencio la contempla – que podría ser yo mismo viendo como tú cantas, lector- en el inolvidable Desayuno con Diamantes. Le voilá. What are you doing?, le dice al fin ella. What are you doing now, Blake?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Santiago Sierra: he ahí el Hombre, ¿he ahí el Hombre?





     
     El otro día, una persona a quien mucho estimo, sabedora ella de que va uno por la calle como Diógenes el Cínico, buscando con el candil de la sabiduría en la mano al Hombre Íntegro en medio de la muchedumbre –sólo que en mi caso, sabido es, trátase sólo de la vela que alumbra mi resentimiento- me adjuntó el dossier de la Buena Nueva que al pronto me dejó fulminado. Nunca hasta ahora había en mi vida oído hablar de Santiago Sierra. Su perfil: nacido en Madrid en 1966, licenciado en Bellas Artes por la Complutense,  reside desde el 95 en Méjico, donde amplió su formación. Pintor, escultor, fotógrafo… Artista, vamos.
     ¿Y? Nada, que el día 4 de los corrientes un jurado convocado por el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas en su edición correspondiente a este año de dolores. ¿Y? Nada, que además, el oficial comunicado que anunciaba la decisión era, por provenir desde la entraña misma del Poder establecido, de una trompetería, si breve, pero que muy im-presionante: “Por su obra crítica, que reflexiona sobre la explotación y la exclusión de las personas y genera un debate sobre las estructuras de poder”. Al releer la frasecita, de manual barato del mester de progresía extraparlamentario, pensé... caramba con los cerebritos del Ministerio de la Kultura, por debajo de lenguaje tan aguerrido –Explotación, Exclusión, Poder, Crítica- lo que hay sobre todo es un guiño (si bien un guiño de 30.000 euros  paréceme, no sé a ti lector, más morreo en condiciones que simple guiño, aunque acaso para esos Artistas sea en efecto mero guiño) por incorporar a un nuevo cofrade a la Ceja, es decir a la plataforma por la PAZ, que ya se echaría en su día también él su particular valsecito con la Presidenta de la CAM.  
     
      ¿Y? Todo, impaciente lector, TO-DO: que llega el tío, Santiago Sierra se llama, que por Dios no se me olvide, y con un par en estos Tiempos del ganar-y-ganar-y-ganar según le hicieron reconocer a San Luis Aragonés,  va y…  rechaza el Premio y la pasta. Y por si fuera poco monumental el gesto en sí -¿le robaría a él el sueño, como a Ana María Matute, el deshojar la margarita del sí-no durante la noche anterior a su determinación?- encima va el Sierra éste y le gira irónica carta pública a la Ministra. Seguro que comprendes, lector, la avidez desatada con que me aventuré a leerla:
    “Según mi opinión los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes… (olé, le jaleaba yo la verónica) … El arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi SENTIDO COMÚN me obliga a rechazar este premio (ooolé, chaval, este es mi Sierra, casi brincaba yo). Este premio instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado (eso ya no lo entendí del todo, pero me pareció paso atrás)… Un Estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal (glups, aquí empecé yo a tragar saliva)… Un Estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un Estado empeñado en desmontar el Estado del bienestar en beneficio de una minoría internacional y local (más glups). El Estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, yo soy un artista serio. No, señores. No, Global Tour. (Ostras, me dije ya del todo compungido, el Sierra éste deja chiquito al barbudo Fidel de la Sierra Maestra, este menda es tan fanático como los revienta-conferencias ultraizquierdistas de Rosa Díez, qué clichés tan sobados y tan poco artísticos, como para aplacarle a éste el fuego de su delirio con los pins que la Ceja reparte, como para ofrecerle yo, como hasta entonces tenía pensado, resentido derechista al cabo uno, el honorífico título de Granmaestre de los fracasati, le-chés con Santiago Sierra, qué sierra, si un día me pilla, vive Dios, y viva la lucha de clases también, que me cruje, vaya si me cruje. Ya en este punto no tenía fuerzas yo ni para abuchearle un poquito.  
     Me enteré luego que el Sr Sierra va por el mundo desde hace más de veinte años dando rienda suelta a sus muy dudosas perfomances, happenings, montajes (un muro de ladrillo sin enfoscar, once indias tzotziles a las que pagó dos dólares por hora por repetir una frase-protesta, unas prostitutas a las que pidió que se dejaran tatuar a cambio de una dosis de heroína, un simple muro inclinado sostenido por cinco personas, una sinagoga convertida en una cámara de gas, un corredor negro de 240 m con mujeres rumanas pidiendo dinero a los que pasaban, cosas así) entendiendo siempre el Arte como instrumento de denuncia y de rotundo NO al Poder, como el NO GLOBAL TOUR que presentó en la Feria de ARCO de este año.
    
     Bueno, no sé si añadir ya que Santiago Sierra ha expuesto estas “obras”  (las fotos que ves, lector, son tal cual las obras mismas, no te pellizques, el Arte modelno es ansí) ,y el apostolado que las envuelve, en las principales galerías y museos del mundo, incluidos la mítica Tate londinense y el MOMA de NY, de lo que por fuerza se colige que, como diría Gallardón, es él sin duda un artista moooi bueno amén de cotizado. No me extrañó entonces, del todo derrengado ya uno, leerle al final de su misiva a la Sinde un eufórico ¡Salud y libertad!, bien expresivo desde luego de su pensar bajo estricta consigna –anarcoide en este caso- y también de lo encantado que de conocerse está el Señor de las Perfomances. Y venía por último su nombre, que no sé ya si a estas alturas quería yo ya olvidar.
     ¿Comprendes ahora, lector mío, el hondo caudal de mi aflicción?

jueves, 16 de diciembre de 2010

Esperanza Aguirre y Joaquín Sabina, y les dieron las diez

    

     Le parece a uno genial el que a la presidenta de la CAM le guste la música de Sabina. Uno mismo, por más que poca cosa uno sea, aun mereciéndole por impostores y totalitarios muy acerba censura la mayoría de los posicionamientos públicos del triunfante cantautor jiennense, aprecia sobremanera alguna de sus canciones. No quita una cosa para otra. Ahora, otorgarle in this moment el enésimo Premio Oficial al santón de Úbeda, a él de lo lindo abrazarse, y  hasta marcarse con el Superpatrono de la Ceja  un bailecito,-es de verse al Héroe en gafas oscuras como el Zorro y su antifaz, mientras la Señora vibra-  es otra harina de un costal muy bobo que no está uno dispuesto sobre sí a soportar. Siempre los próceres de la Derecha –o de la Derechona, como a ellos se les suele motejar- haciéndose perdonar su complejo de inferioridad ideológica ante los capitostes de la Izquierdota. Luego querrán ellos, unos y otros, que nos creamos algo de lo que afirman. En la vida normal, señora Aguirre, puede convivir uno con quien le combate, nunca bailarle el agua y besuquearle. Qué superliberales y antisectarias son las élites nuestras de cada día, qué desaforados cavernícolas los de la amorfa masa que no entendemos sus jueguecitos de salón.
    
      Habíamos leído al gran Sabina en este agosto tratando de “convencer a sus hijas” de las bondades naturales del Incesto, “que los animales lo hacen y no pasa nada”, añadía en trangresora pose el Artista. Llegó un mes después la violenta Huelga General, y posó entonces el de Úbeda, por encima incluso de Chiquilicuatre, -Sabina ubër alles- como cimero pensador orgánico de la misma: “esto también es por nuestros hijos”, joer, clamaba en “Público” el Artista, cohonestando en chisposa tacada la moral de Sade y el impulso sindicalista-leninista de los burócratas capitostes de Toxo&Méndez. Es más, nos revelaba el gran Sabina entonces, que de hinojos se postraba ante una palabra para él sagrada: ¡H-U-E-L-G-A!
    
      Añadía Sabina además que a su sacra palabrita encima… “la están echando mierda por todos los lados…” refiriéndose con escatología tal –que gustan mucho ellos para impresionar al personal de al pan llamarlo pan, en alarde no se sabe si más macho que poético- a cuantos andaban oponiéndose a la Gloriosa Movida, y en el clímax de su excitación revolucionaria señalaba muy directo Sabina, y nombrándolo también, al alma principal de las fuerzas reaccionarias: “lo que está haciendo Esperanza Aguirre es un PELIGRO TREMENDO, se quiere cargar a los liberados sindicales, demoniza a los piquetes…”.
    
     Hace de esto dos meses y medio tan sólo y acaso entonces estaba ya así Sabina, a su manera –Sinatra de los Madriles-, trabajándose el Premio Oficial de la CAM que ayer recibía de manos, y aun de cuerpo entero, de la presidenta de la CAM. Claro que quizás quiera así la Presidenta, por si alguna vez arriban al Poder los héroes revolucionarios de Sabina, apelar a la íntima cordialidad con que ella agasajó al Ilustre y salvar de esta forma vida y hacienda. Apañada va. ¿Seré, dilecto lector, una vez más resentido derechista si confieso aquí que, en las imágenes en que puede verse cómo entrambos sostienen el dichoso Trofeo, paréceme el mismo un poco chorrear y hasta deslizárseles como una alhaja coprofacta entre esas cuatro manos tan blancas?
    
      A cambio reconoció en el Acto de Entrega el genial cantautor, pues sin duda era imprescindible que él pusiera su definitivo sello a la cosa, que “es Madrid una región muy democrática… que incluso premia a un cantautor de la Ceja”, dicho lo cual estalló el muy formal auditorio en aplausos, pues no en vano con el premio a don Joaquín y con su divina sanción oral, habíase bautizado y sancionado irrevocablemente la democracia en Madrid. Y aun tiempo sacó el cantautor para lanzar una puyita controladora de las suyas.
    
     Decía también hace dos meses Sabina que no conocía él país alguno como éste “en que se ataque de esta manera a escitores, cantantes y actores”, ontológica Verdad tal como una vez más acaba de demostrarse, que todo reconocimiento y mando en plaza a ellos siempre paréceles poco. Sabíamos hasta ahora que era Sabina el favorito Cantautor de la Princesa. Añade también ahora a su lista de Supporters Ilustres a la misma Presidenta del Apocalipsis de la Derechona que viene. Y que les dieron a los dos las una, y las dos y las tres. Joer, qué tío el Sabina, qué juerga la suya.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Marta Domínguez y su Cervantes (ahora sí)


    
     Ayer tarde le dábamos mi hijo y yo un repasito a la poesía de los juglares medievales, la misma sobre la que hoy debía él examinarse en su cuarto curso de…eso, de la ESO. Reparé en un verso que en el texto como ilustración venía y mucho llamé la atención de mi hijo por que él reparara en la extraordinaria belleza del mismo:
     “Me duele el frío que se os clava, hechicera”.
Se me puso -y perdónenme si entre mis millones de seguidores alguien se siente ahora concernido, que no hay en mí afán de burla sino de penoso notario-  hasta el habla como tomado de argentina caricatura sólo por el puro estremecimiento: ¿Tú viste, nene, pero viste qué lindo, pero andá, repítelo vos, repítetelo muy dentro de la chola por tres veces, y es hermoso el verso, ¿no es cierto? Ocurrió que mi hijo tenía mucho temario pendiente por estudiar –para variar- como para detenerse en los delirios climatéricos del quilombo de su padre. Así es que con los hombros y con un bufido al alimón díjome él algo parecido a “pero,viejo, sos un boludo pelotudo del carajo, dejáme ya en paz”, o traducido al español macárrónico que mi joven prenda gasta, algo como “me estás rayando que te pasas, tío, o sea, ábrete de aquí pero ya mismo”.
    
     Así es que siguió él a lo suyo y quedéme yo con ese “me duele el frío que se os clava, hechicera”, que parecía habérsele clavado al muá como una estaca en el corazón draculesco. Pensé: dolor, frío, invierno, clavar, hechicera. Claro: Marta Domínguez, el oro de su sonrisa franca ahora mismo mellado, arrastrado por embarrados páramos de muy angustiosas hondonadas, su diadema furcia en vez de fucsia en la galopada hechicera de la final recta, como si de golpe hubiéramos descubierto que fuera el raudal de su rubia alegría también de bote, es decir, de pega, y no natural. Cuánto deseé entonces que resultaran a la postre infundadas las torvas acusaciones policiales, y que saliera de su cenagoso embarazo de verdad radiante una niña del todo rubia e inocente como una simple barra de pan nueva.
    
     Y luego, pasado el efluvio delicuescente, que parecía yo un Presidente/poetastro en horas bajas, me ganó de nuevo el pobre sarcasmo que a veces también me distingue: esperemos que al menos no comparezca Marta Domínguez en La Noria, como en su día hizo Contador para contarnos la fantástica historia de Un solomillo en mal estado. Casi con eso uno se conforma. Y también con que alguno de los muy renombrados periodistas, en vez de montar numeritos circenses, reclame, en nombre de la opinión pública y del derecho a la información, el definitivo esclarecimiento de los hechos, la ruptura de la mafiosa ley del silencio y la puesta en escena de una serena reflexión sobre el alcance y la naturaleza del doping en el espectacular deporte moderno.
   
     ¿Es preciso recordar que el affaire Contador era hace más de un mes –según repicaban todos los medios- de inmediata e inaplazable resolución, y que un negro telón parece haber caído sobre el mismo, tras el cual diríase que algo -¿y quién?-  estuviérase “negociando”? ¿Dónde está el  sano empuje de una Opinión Pública ciudadana que reclame verdad y no simple divertimento?
    
     Sorprende el constatar a cada paso y en las más distintas esferas una común predisposición psíquica, el verdadero espíritu en todos los órdenes de estos tiempos aciagos: el  ganar como sea. Nunca como ahora tuvo peor prensa y se hizo mayor burla del prestigio del perdedor, nunca nadie estuvo tan en vilo, que incluso literalmente roba el sueño a sus más preclaras mentes, y tan dispuestos a jugárselo todo y a todo lo bueno que en ellos creció arrojarlo por la borda para y por encima de todo… conseguir hacer realidad virtual la letanía esa de Luis Aragonés, sabio de Hortaleza, que no voy a reproducir de nuevo aquí.
    
     Pero el triunfo más verdadero y arrasador del espíritu de estos tiempos escóndese para mí en que hasta traspasa los propios sentires de los naturalmente fracasados, haciéndoles creerse muy divinos encima y muy dispuestos ellos también a ganarlo todo, poniéndose así en el mismo bando, igualándose a ellos de paso aunque sea sólo psicológicamente, es decir, de forma figurada, de los más maquiavélicos –pobre Nicolás de-  Hipertriunfadores, de los más Insaciables Acaparadores de Éxitos. Con lo saludable y humana que bien llevada es la desordenada orden de los fracasati.
     Y en éstas llegó la carne de mi carne, o sea, mío hijo, y me arreó una colleja tras la nuca, “toma, como Mouriño a Guardiola, so Bocaccio”, y escapó a la carrera por el pasillo el muy tunante, como Messi que llevara el diábolo.
     

                                                 
       

martes, 14 de diciembre de 2010

Marta Domínguez quiso también ganar-y-ganar-y-ganar su Cervantes


    
     Aparquemos por un momento –por más que jumele el mismo- el estratégico uso que de la información en cuestión pueda haberse cocinado desde la monclovita gobernanza, que es ahora Vicegobernanza, que no se sabe ya si incluso las mallas negras de Seúl salieron del baúl del motu propio de Bambi, o fue también el lucimiento de las mismas expresa orden del Vice-Todo para achicharrar un poco más a ASTUTO-FELINO-EN-LA-JUNGLA (según los wikileaks del embajador yanqui dijeron) en medio del bosque en llamas socialista que llevaría a Ramón Jáuregui a liderar los próximos carteles electorales.
    
     Recuérdese lo pegaditos que en aquellas instantáneas llevaba Bambi los remos delanteros al tronco, sin duda en ademán en exceso forzado y hasta en él anti-natural, casi como si en guiño cómplice –similar al de Clinton a la Lewinsky con una común corbata  por él lucida el día mismo que había ella de declarar- quisiera hacernos ver el Presidente que algo o alguien le llevaba braziatado, y no por casualidad junto al líder conservador británico, que con dureza incontestable ha de vérselas con la ruina presupuestaria que le dejaron los laboristas. Cuando el otro día a su vez un controlador aéreo de Palma, al abandonar el trabajo, bajó la ventanilla del coche y en muy elocuente gesto que las cámaras “pillaron”, sacó las manos como si las llevara de verdad esposadas, me dije… juego de manos, aquí es todo juego y truco de manos.
    
     Y es que Jáuregui, y no Zp, fue quien firmó –y no es nada baladí- el histórico Decreto de marras que con militar malla aherrojaba también a los controladores, y fue asimismo Impactante Rubalcaba, a quien en calidad de Vice-Todo le “tocó” en rueda de prensa condolerse del presunto tráfico de dopantes esencias de la admiradísima Marta Domínguez, asunto éste que justo en el mismo día de la comparecencia zetapeica se “descongeló”, oscureciendo ésta, pues era el del dóping un hilo que desde el verano, tras el interrogatorio a un atleta “positivo” , había guardádose en la recámara.
    
      Llamó además la atención el que, en la expresión del dolorido sentir que sin duda le embargaba, apelara el Vice-Todo a su remota condición de atleta –que ésa es casi, perdóname Titania, batallita de abuelo Cebolleta- y no, como su formal subordinación exige, al estandarte de feroz corredor de mediofondo que en el rabioso presente en su jefe Zp se agita, siendo además su Presidente –y nuestro, nuestro-, según él mismo en su día confesara, Ministro de Deportes in péctore, por lo que alguna poética declamación de las suyas, -Hijo del Viento al cabo, como Marta D, él, y con él todos nosotros- podría habernos dejado caer sobre el estupefaciente caso.
    
     Me pareció al final que, acaso algo embriagado uno también de palabras con tanto dopaje pacá-y-pallá, más incluso que la desdichada Marta D, fuera el propio Presidente el que en tétricas sombras de góticas y vanas hiperestimulaciones de triunfo anduviera atrapado, y que el propio Vice-Todo, con la aquiescencia de los prehistóricos mamuts del Partido por detrás agazapados, anduviera trabajándose la definitiva suspensión de su jefe, que igual que Marta D, también un día admiró al Mundo ganándolo todo, y que pareciera ahora, oh tiempos funestos, pero que muy en desgracia caído.
   
     Sí, lector, algo dopado de paraules sin dudarlo debe uno  andar ya, porque sólo ahora caigo en la cuenta de que del título que arriba puse nada reza lo que aquí se contiene, sino de sus preliminares en todo caso, que no fui capaz aparcarlos, con lo que de nuevo, yo pecador, llevado sólo por el veneno dulce de las palabras escritas, volví a abusar de tu infinita paciencia conmigo, y no sé si alguna vez sabré compensarte como debo tanto abuso, por más que, como en todo, acaso sean los preliminares lo más delicioso de cualquier negocio, -y no digamos del amoroso-, que a la postre es en la vida todo dura decepción, la misma que a uno le inundó al enterarse de las enormes acusaciones que sobre Marta D, esa diosa rubia de sonrisa olímpica, sí, recaían, y te pido que por eso me perdones este largo rodeo, que espero que mañana me lleve al fin a ella y también de nuevo ante ti, lector.

                                                    
                                                
    

domingo, 12 de diciembre de 2010

Con dos pajines (y un zarrías)


    
     Hay que tener una muy perturbada concepción de uno mismo o ser un redomado hipócrita para acogotar como se ha hecho a un colectivo laboral tan reducido como el de los controladores, señalados y crucificados ante todos como odiosos multimillonarios extorsionadores e insolidarios, crimen de lesa patria éste hoy, a la misma vez que se guarda una olímpica manga ancha para las más estrepitosas mangancias de los propios.
    
      Sencillamente no puede ser que un Presidente de Gobierno desde el mismo Parlamento inculpe y militarice a un colectivo regido por un convenio laboral de “extraordinarios privilegios laborales”, insoportables al parecer ahora para su conciencia moral, hasta que apareció el justiciero ministro Blanco, quien ebrio de justicia social, se atrevió a enfrentarse a los susodichos sacamantecas. No le importó siquiera al Presidente reconocer implícitamente en el envite justicialista que él mismo, durante siete años, había tragado y permitido esas sangrantes prerrogativas, como si con denunciarlas él así  su responsabilidad en el caso quedara de súbito absuelta y la de aquellos definitivamente incriminada.  
    
     Pero al cabo, todo lo bien pagados que se quiera, los controladores sólo son trabajadores que desempeñan una muy delicada y responsable función. Si de verdad tanto le dolieran los privilegios y los millonarios, ordenaría el Presidente investigar el estrepitoso déficit en que han sumido a Aena, empresa en beneficios hasta su égida y ahora empantanada en ruinosa jungla, producto de dudosas inversiones costosísimas que de oro hicieron a muy concretas constructoras.
    
     Qué pensar entonces, cuando con militar contundencia se apunta a los controladores, de las estratosféricas soldadas de sobra conocidas que se apalancan los políticos, sin haber demostrado siquiera capacitación especial para ello. Por no hablar de las multimillonarias corrupciones de las que jamás vuelve a verse un denario. Que uno de los siniestros martillos de esos herejes (y de la educada oposición) haya sido precisamente Gaspar Zarrías, secretario de Estado, reconocido  perito en prácticas caciquiles, urdidas por él desde hace mil años como lucrante sanguijuela a lomos del Estado que todos mantenemos, le deja a uno de verdad a cuadros.
    
     Sabemos ahora, por ejemplo, que la ministra de Sanidad, con el pastizal que por sí solita la señora se levanta, ha ofrecido nada menos que el cargo de la dirección del Plan Nacional contra la Droga… ¡a una personal amiga suya!, cuya categoría laboral es la de auxiliar administrativa. Y que cuando esto mismo se le ha hecho notar, en privada ocasión, cierto, no se ha privado ella encima de alardear de… sus muy masculinas gónadas –decía Marx que la lengua era la cultura en estado vivo, y qué cultura tan feminista la de Pajín- para nombrar a quien a ella de allí le salga. Recordemos las hazañas de los tránsfugas del PSOE en Benidorm, su descomunal embuste allí, donde la Pajín tanto manda. Recordemos que arrebaña ahora incluso más tela marinera Bibiana Aido, como secretaria de Estado, que antes de imprescindible ministra para el tráfico de gansadas ¿Qué pensaría entonces uno de esos controladores militarizados que se haya limitado siempre a cumplir con su trabajo?