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sábado, 11 de mayo de 2013

Delicias del Doctor Zhivago




   Reconocía el otro día con candorosa franqueza Evo Morales, el presidente boliviano, sus dificultades con la lectura: “No me gusta leer. Tengo ese problema, soy sincero. A veces a lo máximo, del montón de libros que me regalan, leo los títulos, algún capítulo o unos párrafos o páginas… pero no llego a terminar las obras”. Afirmó Evo Morales, en fin, que no sabe cómo enamorarse de la lectura. Lo dijo, todo sea dicho, en un acto en el que anunciaba la eliminación de dos impuestos que gravaban la venta de libros.
   
   En fin, en tanto que bloguero faccioso, no me gustan, claro, las ideas políticas, ese potingue entreverado de indigenismo y comunismo, que profesa Morales. De alguna manera, sin embargo, esa resuelta sinceridad suya un poco me desarmó. Pensé: estoy seguro de que si por estratosférica carambola ciberesférica estos párrafos del Doctor Zhivago que hoy te propongo, lector, mano a mano compartir, a ojos de Morales también llegaran, no podría descartarse que de resulta de los mismos, como a mí me ocurrió, de esa lectura él se enamorara y quisiera ya luego en toda la maravillosa plenitud del Doctor Zhivago sumergirse. No serían malas esa imagen y esa idea, la de todo un  Evo Morales embelesado y contrito entre las páginas del Zhivago. 
     
   Los escogí, lector, además de por parecerme bellos, porque reina ahora aquí en plenitud ya la Primavera, acaso la estación en que la Naturaleza muestra más explícitos que nunca sus dones inmensos y renovados, la más propicia por eso a su encantada admiración, exaltación que alcanza hermosísimas notas panteístas en la obra de Pasternak, y que de alguna manera aluden a la Divinidad de su origen, también a la misma Pacha Mama indigenista. Van:
    
   “Cuando el ardiente y humeante tren en que habían viajado, volvía a ponerse en marcha y desaparecía, en medio del silencio ensordecido y perfumado que se extendía hasta perderse de vista, Lara se sentía invadida por la emoción y enmudecía, le dejaban que fuera a pie y sola hacia la propiedad… Lara caminaba a lo largo del terraplén por un sendero trazado por caminantes y vagabundos, y luego cruzaba a través de los campos por una senda que conducía al bosque. Allí se detenía y, con los ojos entornados, aspiraba el aire impregnado de confusos aromas. Eran para ella un aire más bueno que el padre y la madre, más tierno que el hombre amado y más sutil que cualquier libro. Durante un instante revelábase para Lara, como nuevo, el sentido de la existencia.
       Estoy aquí –pensaba- para tratar de comprender la terrible belleza del mundo y conocer el nombre de las cosas, y si mis fuerzas no bastan, para engendrar hijos que lo hagan por mí”…
    ...   “¡Qué bello es el mundo! ¿Por qué está siempre lleno de dolor?”.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)


8 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto me recuerda a cuando le preguntaban a Aznar que no sabe ni rebuznar el pobre, que libros le gustaban y suelta con sus carcajadas de hiena, los cipreses creen en Dios, de Gironella, y para disimular decia que era amigo de Pere Gimferrer o leia mucha prensa.

"Yo no recuerdo que Aznar fuera un hombre muy leído", explica el poeta Luis Antonio de Villena. "Me lo presentaron unos meses antes de que ganara las elecciones de 1995. Un concejal del Ayuntamiento de Madrid medió para que quedáramos a cenar y allí fui. Él era entonces un hombre simpático, muy cordial, pero no parecía especialmente culto. Me explicó cuál era su proyecto de crear una derecha moderna, civilizada y culta y me confesó que estaba buscando referencias de intelectuales de izquierdas pero no marxistas que pudieran ser reivindicados desde esa nueva derecha, porque era consciente de que la tradición intelectual de las derechas españolas era muy pobre. Yo le hablé de Juan Ramón, de Salinas, de Guillén... y él, muy amablemente, escuchaba y tomaba nota".


http://www.lasexta.com/videos-online/programas/el-intermedio/mejores-momentos/eduardo-madina-lee-memorias-aznar-tumba-zapatero_2012112900213.html

Juante dijo...

El sentido de la existencia es ese y no otro, pero son los que sistemáticamente llevan la contraria, los "siniestros" evos y sus sicarios, quienes adocenan y cercenan en "sentido contrario".

Gran frase la última del fragmento.

Saludos.

Cati Serra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cati Serra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sonja dijo...

Vaya mira que gustándome leer solamente he visto la película de esta obra, perdiéndome esa increíble frase.
De todas formas opino que leer no hace mejores personas, quizás hace personas más profundas, más profundamente buenas o malas.

Napo dijo...

Los libros son refugios. Nos metemos dentro los que no sabemos estar en las trincheras. Que leer te haga disfrutar y aprender, es sólo un par de las muchas consecuencias de ese hábito.

Me preocupa ( mejor, me preocupaba) la causa de mi adicción, que no afición a leer.

Napor ojo dijo...

De entre los “adictos” a la lectura son como una especie de criaturas herbívoras que, conforme van haciéndose mayores y con ello más “experimentadas” -lo que a menudo significa más bien “insensibilizadas”- en el consumo de pasto bibliográfico, menos exigentes, sin embargo, se vuelven acerca de las virtudes nutricias de lo que están ingiriendo y menos también les va importando ya plantearse la pregunta del sentido y los fines de su voracidad intencionalmente ilimitada. Llenan, así, con encomiable regularidad su segundo estomago rumiante con una carga superior de tierna y jugosa letra impresa habiendo olvidado hace largo tiempo esa peculiar sensación o prurito de hambre de la inteligencia y de la imaginación que les llevó a los libros por primera vez, y semejan de esta manera, en efecto, vacas o elefantes dispersos pastando mansamente con esa cualidad de pura existencia desasida de las preocupaciones acuciantes del mundo en la que las religiones orientales creyeron adivinar un rasgo de imperturbabilidad propio de lo divino.

Anónimo dijo...
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