Páginas vistas en total

jueves, 16 de mayo de 2013

El hijo de Fidel, que no para de ganar torneos de golf


      


   
   Cuenta una malvada leyenda facciosa que, en un alto de la ya triunfante Revolución, andaban Castro y el Ché mano a mano dándole al deporte de la pelotita sobre las verdes y paradisíacas lomas de un campo golfero en La Habana. Se comprende enseguida que nada de lo que ese par de Superhombres hiciera pudiera quedarse jamás en simple anécdota. Fue como si mucho más que un partido entrambos se disputara. El caso es que ganó el Ché … y en qué mala hora derrotara él a Fidel. Es posible que allí mismo comenzara a fraguarse su declive. Por de pronto al día siguiente Fidel ordenó la tajante prohibición del golf por… por ser muy capitalista deporte, claro. También en la otra esquina del mundo, otro gran Benefactor de la Humanidad, camarada Mao, había proscrito el golf por… por su inequívoca condición burguesa.
    
   Ahora, en irónico boomerang del Destino, sabemos por la prensa que el Hijo de Castro, Antonio, se ha proclamado campeón de la Quinta Edición de la Copa Montecristo, que en Varadero tuvo lugar. No sabe uno bien qué pensar, pues si es condición de todo hijo el querer en algo superar al Padre, quizás pareciera aquí que estamos ante el Hijo devorando a Saturno, si no fuera porque acaso ese mismo Saturno –y su Gran Hermano Raúl, que todo allá lo tutela- quizás vea en los éxitos golferas de su vástago una revancha histórica como poco.
     
   Y es que los vaivenes caprichosos de los mandamases comunistas –en lo ideológico y en lo privado-  en sí  son ya fenomenales birdies, a cuyos sorprendentes altibajos con gusto y devoción se entrega la mayoría de su entusiasta feligresía. Si dice ahora Fidel que es que es el golf deporte nacido de las entrañas mismas del Pueblo cubano, extensión del heroico carácter del guajiro, expresión de solidaridad internacional con tantos Pueblos del mundo en el hoyo, no se hable más: Amén, Fidel y viva el golf.
    
   Dice la prensa que la Copa de Montecristo, pese a ser un campeonato internacional amateur, va adquiriendo más y más prestigio, que incluye ya a participantes con hándicap menor de 24 y cierto poder adquisitivo, y que este año reunió a 100 participantes de 15 países distintos. Que las reformas de Raúl Castro incluyen 16 proyectos golfísticos, cuyos verdes campos mejor sirvan a la promoción del turismo. Y que en fin, el hijo de Castro pudiera estar en la sombra de los susodichos emporios golferos.
     
   Se entiende del todo ahora la marcha a Cuba de Willy Toledo: nato comediante él, quizás pueda haberse ofrecido a remedar al Ché y, frente al Niño de Castro, por poderes dejarse ahora ganar, retomando así en el Tiempo  el histórico partido que en los albores de la Revolución reuniera a ambos Superhombres, devenidos hoy mediocres caricatos, golfistas totus.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

5 comentarios:

PACO GACELA. dijo...

Cuantas veces se ha debido comer las palabras el esperpento Fidel, ahora que su hijo juega y gana en el golf ya es maravilloso este deporte, las locuras del personaje,,,,

Cati Serra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
César dijo...

Yo no tengo más que alabanzas hacia el golf. Es un deporte que iguala a la sociedad. No hace falta ser rico para dar palos, aunque sí para jugar. También he de decir que casi me cuesta el calabozo. En mi club de tenis de medio rico un día, hace años, pusieron una lona en la pared para practicar el golpe de salida en golf. La novedad hizo que allá me fuera con mis dos hijos de diez y doce años. En un descuido el pequeño, al intentar golpear la bola se llevó el mentón del mayor que pasaba por allí indebidamente. En urgencias me acosaron a preguntas hasta que el testimonio de los chavales me liberó. Dos malos ratos. Ni que decir que jamás volví a intentar jugar a golf.
Yo creo que a Castro le hacen los agujeros con una broca del 186, como los cañones. Pero no me hagas caso.

José Antonio del Pozo dijo...

estupendas aportaciones,amigos. Eso es arte y gracia.
Un abrazo para cada uno de vosotros

Juante dijo...

Nada, que no hay manera, amigo José Antonio. Que por mucho que le hables a esta gente del golf y del golferío, la cuestión pecuniaria de la élite es tan tabú para ellos como los rodajes de la Marilyn con el Kennedy.

Saludos blogueros.