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lunes, 20 de octubre de 2014

El honor robado a Teresa Romero



   Mueven sólo a asco los Grandes Directores de la Prensa ¿seria? (El Mundo, ABC, El País, El Periódico) cuando sacan grandilocuente pecho poniendo a caer de un burro al Consejero madrileño de Sanidad por la falta de respeto con que éste se despachó contra la auxiliar infectada de Ébola, para a continuación, sólo por vender unos cuantos periódicos más, publicar las lastimosas, degradantes, encarnizadas imágenes de Teresa Romero en muy grave estado, en su vía crucis hospitalario. ¡La condenaban en su crítico estado a la tenebrosa oscuridad de tener permanentemente bajadas las persianas de su habitación!  
      
   Si todo el mundo sabe que no deseaba Teresa –y es su pleno derecho- que no se facilitase información acerca de su situación, a qué viene este basuriento proceder contra ella, qué falta de la más mínima clemencia humana describe esta penosísima divulgación. ¿No es eso sin rebozo alguno robarle su más esencial dignidad? ¿Qué morbo y qué instintos rastreros azuzan esos periódicos -¿serios?- al obrar así? El honor perdido de Teresa Romero, hubiera titulado Heinrich Böll.
     
   Desde luego si cuando estudiábamos en la Universidad –dos años de Ética y Deontología Profesional-, con la viva sensibilidad que entonces había contra el amarillismo más infecto, nos hubieran pronosticado algo así, no lo hubiéramos jamás creído. En este despeñarse de la Prensa más ¿seria? por los lodazales viscosos del sensacionalismo más abyecto cómo no ver también una prueba más de la plaga de Mugre que nos asola, y de la consiguiente regresión cultural y moral que la misma comporta. Como en el Gran Hermano de Orwell, el cíclope voraz y panóptico, omnipresente, del Poder de los Media, invade sin recato y sin permiso para exhibirla ante el mundo entero la más delicada intimidad de las personas.

     
   Más aún: es el propio negociado de la Telebasura, en sutil maniobra totalitaria, la que se ocupa de “criticar” el exceso. Así, es precisamente Ana Rosa Quintana, inolvidable Potentada abusadora de todos estos mugrosos paradigmas, que “malpagaba” encima a un “negro” que le fusilaba novelas de amor, la que, con muy ofendidos aires, les hace la crítica:  “si esa foto la publico yo, me tengo que ir de España”. Seguro, Ana Rosa, seguro.





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

2 comentarios:

César dijo...

Hace tiempo que el periodismo, serio o de entretenimiento, se ha deslizado por un tobogán engrasado y está en el punto justo de bajada en donde va a resultar muy difícil parar. Son dignos hijos de esta sociedad en donde todo vale con tal de vender.
Y no vale echarle la culpa a la mugre.
Deberíamos hacer examen de conciencia y ver en qué momento nos importó más el dinero que el honor. En el fondo la mugre de que hablas tan sólo aspira a poder tener una tarjeta black...

José Antonio del Pozo dijo...

Curiosa forma de echarnos a todos la culpa del desfondamiento moral de los principales líderes sociales y mediáticos del país, que dicen mucho aborrecer el sistema y de lo lindo hozan en él.
No vale la mugre, es el Capitalismo, ya. Podemos, vale