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lunes, 13 de octubre de 2014

El Verdugo de la Yihad, de Berlanga a Tarantino

  



    “I´m back, Obama”. “He vuelto, Obama”. Como un psicópata malote de la pulp-fiction, parafraseando también al brutal Terminator de Schwarzenegger, como en un terrorífico duelo virtual al sol, así le apostrofa al Presidente de los EE UU el matarife de la Yihad, como si de un jueguecito peliculero y particular entre él y Barack todo se tratara. Casi pareciera, dado el alarde fílmico del degollinador, que, más que rebanarle in situ el pescuezo a un  aterrado hombre, estuviera el verdugo reclamando una oportunidad en el Hollywood más gore.
     
   Me parece que van ya por cuatro las solemnes actuaciones decapitadoras del verdugo yihadista, el talentoso rapero londinense Abdel Bary, hijo de un prestigioso abogado egipcio, que aquí ya glosamos en sus aspectos iconográficos, en parte tomados de Seven.
     
   Siempre el mismo, se ve que el artista le ha cogido el gustillo a las bárbaras decapitaciones. Esas sistemáticas alusiones cinematográficas en la puesta en escena de su barbarie parecen revelar una mente atiborrada y podrida por infames productos audiovisuales que glorifican la violencia desatada y sangrienta. Es tal la sangre fría del figura en los macabros videos que tampoco extrañaría tanto que el mismo Tarantino lo fichara para su próxima parida, dado el regusto morboso y la regresiva postura ética que ante la violencia (ninguna seria repulsa frente a la brutalidad, espectacularización exhibicionista de la misma) suele mostrar su universo fílmico.

   
   Puede verse también en esto la regresión cultural y ética que vivimos en esta época malhadada, si la comparamos con la honda propuesta moral que latía en la extraordinaria “El verdugo” de Berlanga: aquella memorable escena de síntesis en que al horrorizado verdugo tenían que conducirlo a rastras para que realizara su terrible función, como si el mismo condenado fuese él. Vemos aquí ahora al héroe Tarantino, deseoso de colocar su frase antes de rebanarle el pescuezo a un hombre, en todo su esplendor macabro.






LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

1 comentario:

bucan osez dijo...

Las ideologías fanáticas tal que el Islam siempre acaban agrupando a psicópatas asesinos que dan rienda suelta a su barbarie.

El problema que veo es que las democracias, demasiado buenistas, no decretan castigos adecuados disuasivos para tales elementos.

Por poner un ejemplo: si un yihadista islámico es devorado por un cerdo, no irá al paraíso. Pues a lo mejor hay que atacarles con cerdos. Hay que ser imaginativos o nos mearán en la boca.