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martes, 21 de octubre de 2014

Qué hacer con Pablo Iglesias

     


   El hitchcockiano Vértigo de los Prohombres de la socialdemocracia española ante el fantasma a lo Kim Novak de Pablo Iglesias, -de idéntico nombre al fundador de la Cosa, tiene misterio la cosa- más y más se acentúa, casi hasta el desvanecimiento preysleriano ya. Viven ellos sin vivir en sí, de tan alta vida (el cielo, el cielo) que Iglesias al oído cómplice les ronronea. Algo parecido ocurre, no creas, entre las nobles bases del Pueblo socialdemócrata español, que sentimentalmente no dejan de simpatizar con la melodía de tópicos antiliberales que de fondo despliega ante ellos el virtuoso Iglesias.
     
   Así en su videoblog el gran Gabilondo –el Hombre que susurrábale crispación, crispación al penco Zp-  denuncia “el ninguneo y el pitorreo” con los que “en la sociedad más instalada, en el mundo al que pertenezco, en el que habitualmente me muevo” se acoge a los Podemos. ¿No resulta entrañable la confesión del pecado original, el de ser Casta, progre, lo que quieras, mas Casta, del que Gabilondo parecería ante Iglesias ahora de rodillas avergonzarse?
   
   No se ve desde luego por ningún lado, entronizados y con el viento a favor esos Líderes Sumos por todas las televisiones, el menosprecio aludido, debe entonces referirse a sus próximos más próximos, y el caso es que eso a Gabilondo le parece “un error y una injusticia” que, atención atención, “no tiene mucho sentido”. ¿No parece sugerir así ladinamente Gabilondo una plausible entente cordiale con los nobles brutos de Podemos, en el supuesto de que quizás más tarde los podamos necesitar? Casualidad o no, al día siguiente, mientras en paralelo Cebrián brindaba con la Vice-Soraya a mayor gloria de la tremenda Institución que EL PAÍS es, a todo lujo le publicaban a Monedero el oportunísimo artículo publicitario sobre Podemos que aquí glosamos ayer.

    Pero a la vez también ese día, en las antípodas del guiño Gabilondo, expresando sin duda el desatado frenesí que les azota, en presencia de Felipe González y de Pedro Sánchez, Alfonso Guerra venía a tildar a los Podemos, tócate los gabilondos, de nazis. “Hay televisiones que incuban el huevo de la serpiente, porque si alguna vez tuvieran algún poder, cerrarían esas televisiones siguiendo las enseñanzas de sus maestros”. Palabra de Guerra. De la directa asimilación de Guerra a los Podemos con los nazis, sólo puede derivarse una completa oposición e incluso un duro enfrentamiento hacia esas líneas programáticas dictatoriales. Dónde, pues, el pitorreo y el ninguneo de los que habla Gabilondo.

     
     Y de ese frenético vértigo ante Iglesias, entre hipnotizados y aterrados, no salen los Jamesstewarts de la socialdemocracia española, de quienes depende nada menos que la decisiva orientación que ante la amenaza totalitaria adopte media España.  




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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