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miércoles, 9 de diciembre de 2015

El remate del Debate


EN ESTAS NAVIDADES...
Mis HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS empiezan así:
"Lo que me ocurre es que no tengo sentido del humor, eso es lo que me pasa. El humor, ya se sabe, esa disposición superior del ánimo que permite a las personas ponerse en solfa y relativizar las desgracias que por ley de vida les sobrevienen, para así digerirlas y construirse una personalidad, diríamos, normal...

Y 154 páginas después así terminan:
" Sin duda debió subírseme más de lo tolerable la camisetilla de hombreras... y aquella amable mujer, que no sé si me conocía de algo, puede que del karaoke, entre la piedad y el espanto, me largó un billete de cincuenta euros y antes de perderse en la noche musitó, pues... felicidades.
¿Y entre medias?
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LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON INFULAS 
Amor, humor, ternura, ilusiones
10 E por correo ordinario, 15 E por correo certificado, en España. Dedicadas personalmente.
Si estás interesado/a pídemelo aquí, en privado, o en josemp1961@yahoo.es
Te gustarán, estoy convencido.



    A los pocos minutos de empezar el Debate, y luego después, y  después de después, como ocurrió en el de EL PAÍS, las redes sociales proclamaban ya a Iglesias indiscutible ganador del mismo. Tienen ahí bien dispuesto los Podemitas su particular Acorazado Potemkin, entregado a fondo ese ejército en la sombra al clásico agit-prop que mueva en su favor esa moderna fábrica de moldear las conciencias.
  Es curiosísimo constatar –deben ser las astucias de la Sinrazón posthegelianas- cómo los leninistas de corazón, tan anticapitalistas ellos, progresan adecuadamente –pecés en el agua revuelta del río Twitter, el fin justifica siempre los medios- entre las multitudes telespectadoras en medio de la más brutal americanización de la Política jamás vista: el debate de las Ideas reducido a puritito show, es decir, al business, o sea, a las leyes del show-business.    
    El Debate de A3 ha llevado al colmo la mímesis de la telecracia yanqui, ajustándose milimétricamente al Relato Dominante hoy, ese que fusiona Celebrities y Telebasura para lo que sea: como en una gala de GH, o de OT, o en los Oscar, o en la Champions, el previo –escalofriantes esas cámaras dentro de los coches-, el trayecto acompañado, los moscardones opinantes, la llegada, el grupito de hooligans allí, el recibimiento, el photo-call, el debate, las pausas publicitarias, las estadísticas de tiempos, el último minuto o suerte de Juicio Final, la entrevista posterior, más estadísticas, el post-debate, más moscardones opinantes al instante, la llegada entre vítores a la sede respectiva, el todos han ganado… y vuelta a empezar la carnavalada.
     Por eso mismo la pregunta más generalizada no es qué dijo X, sino cómo estuvo X, cómo viste a X. Y por eso, la pifia clamorosa, estrepitosa y, en un profe de Políticas, vergonzosa, de Iglesias sobre Andalucía, que hasta Kant debió removerse en su tumba, apenas importa, comparada con su sempiterna pose de vaquero a punto de desenfundar y su, más que speech, emocional spot final, ese compacto maniqueo del no olvides-sonríe.
   Y bueno ya, al final del Final, cuando Iglesias se llevó, golpeándolo además suavemente, el puño cerrado contra el cuore, con los atadijos étnicos a la muñeca, más que como Chávez como un makoki, como los futbolistas o los finalistas del GH o de OT, ese íntimo gesto de fusión sectaria sólo que dirigido a millones de los suyos, fue ya la pravda en verso. Acaso le faltó componer con las manos el corazoncito típico ahora, aunque ese perfecto círculo sectario-totalitario con palabras el Día después el mismo Monedero lo cerró, Somos una máquina de amor, gracias, Pablo, vamos a ganar las elecciones porque somos pueblo”. No se diga más ya.
       

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