Lloró primero Francino, el conductor de la Ser. Gimoteó luego José María Calleja el ex-conductor del Canal +, aquel canal de las pelis porno, tan feminista. Lloró más tarde Odón Elorza, tan sensible al anti-terrorismo él que no fue capaz de pactar para evitar que los bilduitarras controlaran el ayuntamiento y la diputación guipuzcuanos. Lloró Patxi López, que no movió una ceja cuando un día la madre del asesinado Joseba Pagaza le espeto en la cara que “haréis cosas que nos helarán la sangre”. Contó Bono, ese melenudo, que con sus ojos había visto él llorar al presidente Zapatero. Lloró, en fin, Rubalcaba, nuevo en esto de las lloreras, al cabo de más de treinta años de a cual más cruel asesinato, a la vuelta de todas las curvas y atajos de la lucha anti-terrorista. Diríase, sí, que una epidemia de llanto inunda esa banda de corazones tendidos al sol que son los candidatos socialistas.
¿Y qué quieren acaso que pensemos? Después de la Infamia de la Conferencia de San Sebastián, después del toma-el-dinero-y-corre de los internacionales Cobradores del FRAP, el papelucho etarra lo esperaba hasta el apuntador. Lo habían anunciado casi todos los medios informativos y lo habían adelantado muchos líderes políticos y sociales. Era, por tanto, cualquier cosa menos una sorpresa. Era la historia de un comunicado más que anunciado. Se derramaron además las lágrimas rubalcabas en el contexto de un mitin electoral y delante de todos los focos y las cámaras, buscando que ni un español dejara de sentir similar pellizco en el corazón ante tan melodramático trance. Mientras los líderes socialistas lloran y lloran delante de las cámaras, los filoetarras, supuestamente los derrotados, todos a una ríen y ríen sin parar.
Llora Rubalcaba, contrastado perito en numeritos teatreros desde hace treinta años, que incluyeron el cerco a las sedes del PP. “Menudo es éste”, precisamente decía antesdeayer de él, ponderando entre chuflas la dureza de su carácter, nada menos que Felipe González. Si lo sabrá él. La máxima felipista en el Poder, que con su cachaza repetía a todos González, era “aquí, al que se aflige lo aflojan, y al que se afloja lo afligen”. Pocas veces entonces, ni siquiera en Canal +, habránse visto unas lágrimas más pornográficas.












