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viernes, 26 de abril de 2013

Procuro olvidarte


  


 “Cuida de los perros. Haz tu vida. No me esperes”.
    
    ¿Dónde, lector, tras el sublime fraseo cachulino, que, ya digo, ni el mejor Clark Gable,  dónde habría de acudir el anónimo bloguero, atacado de ínfulas librescas, que no fuera a la  busca de la femme que tan soberbio colofón mereció? ¿Qué Escarlata O´Hara, o qué Marylin Monroe aguardaba al final de esa en el fondo desoladora declaración de amor fou en hombre por el tráfago de la vida ya tan doblado? ¿Cómo era ese femenino misterio, eterno también como el mundo, que a esas borrascosas simas de inversa ternura al trinconcete Cachuli arrastraba? Pues insistían las crónicas además, añadiéndole más alas a mis ínfulas melodramáticas, que la joven destinataria de ese magno broche, tan solo de palabras hecho, pensaba en nada más que… “cuándo y cómo podrá de nuevo ver a Julián”.  Oh, Amor, los prodigios que sólo tu mágica poción alcanza.
   
    Me hablaban las imágenes de una belleza sencilla y reposada, de cualquier estridencia y aparatosidad alejada. Me indispuso luego mucho el enterarme de que era su nombre Karina, como un aderezo exótico que no le correspondiera al vals de su serenidad. Pensé, vaya, de Corina a Karina, que no salimos del jueguecito de las reales vaginas, esa sacarina. Me arrepentí después de esa burda ocurrencia, pues averigüé luego que a ella le gustaban los caballos, que era ganadera, que poseía, además de aquellos finos y exaltados sentimientos, una  hacienda con ganado y potros, con copiosas manadas de reses bravas y rehalas de albos corceles.
     
   Ya comprenderás, lector, que ante ese universo iconográfico ante mis ojos desplegado, que de nuevo me remitía al haz de míticas resonancias arribas reseñadas, la vida libre y directa en el campo, la bóveda celeste de los altos cielos y las estrellas enseñoreándolo todo, el aire puro y sin trabas allí, esas vastísimas soledades, aquellas Vidas rebeldes, sí, entenderás que se dispararan del todo entonces las bridas de mis ínfulas desbocadas.
     
    Imaginaba, claro, a aquella mujer enamorada, sobre los murmullos de capataces y empleados, huérfana ahora de su Clark Gable, remeciéndose inquieta al atardecer bajo el porche que juntos les cobijó, velando ese vacío entre los establos, paseando su desconsuelo por los cobertizos y el abrevadero, una y otra vez recorriendo los corrales y los yermos en los que fueron felices, doliente y sola por entre los pastizales,  clamando por él y por su vuelta a los astros indiferentes, abrazándose al mismo aire, envuelta si acaso en un chal de lana azul y en los ecos que en el viento nocturno dejan los ladridos de los perros, presos en las casetas, que más aún resaltan la herida de esa ausencia.

    Llegue así a María Dolores Pradera, al ron bravo y dulce a la vez de su cantar, a su Procuro olvidarte, y aquí ya sí que cesó todo, lector, me olvidé de Cachuli, de la Novia de Cachuli, incluso de mis ínfulas me olvidé.  


2 comentarios:

Juante dijo...

Hablando de olvidos, recuerda vagamente a Olvido la vegana trampantoja. Y se da un aire también a aquella cantarina Karina. O es que últimamente las confundo a todas. Cachuli, ese chuli.

Saludos

Cati Serra dijo...

En dos palabras Jesulinicas que no Jesuiticas...IM...PREZIONANTE...Muy metido con el toro desde el primer momento ya se nos habia olvidado casi Cachuli cuando oh magia,llego el quinto toro y nuestro diestro (que de zurdo no tiene naaa)lanzo la ultima del amor fou, debe ser re-Clark-Gable siempre una bala en la recamara. La embestida era más larga. La profundidad mayor. Otra vez por la izquierda con la Maria Dolores pradera fue el acabose. No parecía posible tanta consistencia y sinceridad. Lo dicho, un acontecimiento y apoteosis final bravo...bravo....bravisimo. Si se me permite otra sugerencia para aquellos que acusan de tortilleras tanto a la Pantoja como a Maria Dolores Pradera, si son homofobos una canción más de penitencia...

http://www.youtube.com/watch?v=e7aSHFPcu_E