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miércoles, 10 de abril de 2013

Sólo dos cositas más sobre Sara Montiel


       


    Una tarde, hará de ello un mes, zapeando en la tele me encontré, ya empezada, El último cuplé. La había visto otra vez, qué se yo, lo menos  hace treinta y cinco años. Y aunque es una peli antigua, desigual, melodramática en exceso,  el propio desparrame de sentimientos tremendos y alborotados que en la misma rebullen hasta desbordarse, me arrancó ya entonces, pipiolo en todo, una gran impresión. Sentimental y carca que ya uno era entonces, qué se le va a hacer. Así es que con ganas me puse de nuevo a verla.
     
     Me gustaba mucho el que María Luján, en la plena cima del éxito instalada, con el mundo entero a sus pies, fuera perdidamente a enamorarse, poniendo en vilo la totalidad de su existencia, de un torerillo desconocido, que para nada socialmente le correspondía, que en todo la desmerecía. Ella además le tomaba la iniciativa en su arrebatadora liasson. Esas sinceras pasiones de puro Amor entre personas de diferente y extrema extracción social ya no se dan. Se mira ahora con todo celo el que cada oveja con su pareja bale, el que cada uno con quien por estrato le corresponde se estabule, sin margen ya para que la fuerza revolucionaria del Amor aniquile la distancia social.
    
     Lo vemos a diario: famoso con famosa, deportista millonario con supermodelo top, ricos con ricos, pobres con pobres. Si alguien nació pobre y se enriqueció, tiene ya derecho asegurado a una celebritie pindonga, antes que a una chica buena aunque pobre, pues ya, ay, es que no va a saber entenderle. Más que nunca ahora, como un efecto no deseado de la legislación sobre divorcios, es todo material cálculo.
     
     Me cautivaba también con fuerza el que María Luján prácticamente sobre el propio escenario muriera, como la escenificación de la muerte ideal para todo creador. Eso, que la muerte te sorprenda desarrollando lo mejor de ti, lo más genuino tuyo. Morir cuando más grande eres, cuando más tú eres. Me parece eso morir por la puerta grande, si esto puede decirse. Y Sara transmitía muy bien esa especie de éxtasis final. Caer un día de pronto fulminado sobre el teclado del ordenador y puntos suspensivos...
   
    Ahhh, pensé al final del último cuplé, y pensé también ayer al enterarme de la muerte de Sara Montiel, si ella, como hiciera la divina Garbo en el culmen mismo de su Gloria, hubiera hurtado al Mundo para siempre ya la imagen de su incalculable belleza, cuánto no habría quedado incontaminado y acrecentado y eterno el misterio increíble de aquella inexplicable hermosura suya.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuestiona un sistema, una relación entre sociedad e instituciones, la connivencia entre élites políticas y económicas para usurpar la riqueza social y el poder de decisión, la mercantilización de las relaciones humanas y la atomización social. Esa es su grandeza. Los trios de Sara Montiel con Tous son historicos luego alguien se sorprende de que su hijo diga cosas como:

Mi madre sacó un libro de sexo hace 10 años: "Sara y el sexo". En mi casa siempre hemos sido muy liberales, se nos ha inculcado el tema de sexo, nunca ha habido tabús.

Juante dijo...

Claro, por eso ahora proliferan las "doctoras" en cualquier cagada universitaria que no se conforman con menos de un "catedrático" en tiestos de mierda. Es esa la "igualdad" a la que querían llegar, ellas. Y Beethoven creo que hasta se enamoró de su sirvienta. ¡Cómo ha cambiado el cuento!

Napo dijo...

Sara, hace más que nadie bueno, aquello de que "las personas somos irrepetibles"

Amar y querer.

Ya casi no se ama. El Amor es incondicioanl.Es sinti morir. No busca, ni encontraría nunca la unidad de medida que lo cuantifique. También es incualificable.

Querer siempre es con condiciones. Querer es fácil. Tan fácil como dejar de querer.

Lojumada Montoya dijo...

Aquí se hace realidad "" cada oveja con su pareja"