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sábado, 5 de noviembre de 2016

Esencia de Al Pacino



   En estas que va Al Pacino, que hace aquí de ciego rumboso ya mayorcito, y le pide tango a la joven belleza. Antes ha adivinado sólo por la pituitaria que estaba ella, el meollo de su almendra, you knows, allí. La toma de la mano y, sin parpadear, hale hop, tras unos pasitos torpes de suspense y titubeo antes de la música, se marca con ella un número inolvidable. Eso que tiene el baile inesperado de promesa de plenitud para quien lo baila de repente bien acoplado, sí. Y que el contoneo envolvente de la música les lleva, también. Pero la escena se nos graba, creo, más que por la volcánica sensualidad de los bailarines, por la pericia con que los actores desarrollan la escena, ese vibrante crescendo de mutua y simpática aceptación, en el que con el invidente, símbolo de todas las limitaciones que los hombres pueden tener, todos los que no tenemos ni pajolera idea de bailar nos identificamos. Es como si con Al Pacino bailáramos a la vez todos los torpes nuestro primer tango en sueños con una bellezza ideal, esa platónica ilusión de complicidad integral. Más la mirada, intensa, abrasadora, rebosante de alegría de... ¡un ciego!, bárbaro Pacino aquí, y la sonrisa pudorosa de la chica. Su espaldita también, vale.

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2 comentarios:

E dijo...

¡Ay! ¡Qué bonito tango!

Por una cabeza ( Carlos Gardel )

Por una cabeza, de un noble potrillo
que justo en la raya, afloja al llegar
Y que al regresar, parece decir:
"No olvides, hermano,
vos sabes, no hay que jugar".

Por una cabeza, metejón de un día
de aquella coqueta y risueña mujer,
que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo
quema en una hoguera
todo mi querer.

Por una cabeza, todas las locuras.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.

Por una cabeza,
si ella me olvida,
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.

Cuántos desengaños, por una cabeza,
yo juré mil veces no vuelvo a insistir.
Pero si un mirar me hiere al pasar,
Su boca de fuego
otra vez quiero besar.

Basta de carreras, se acabo la timba,
un final reñido ya no vuelvo a ver.
Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero,
qué le voy a hacer!

Por una cabeza, todas las locuras.
Su boca que besa
borra la tristeza,
calma la amargura.

Por una cabeza,
si ella me olvida,
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.


( Aquí me quedo con la melodía...)

Buena noche

E

José Antonio del Pozo dijo...

Precioso. Gracias, E