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sábado, 18 de diciembre de 2010

Blake Edwards, el Hombre y el Artista, este si que sí

    
    
     Muere ahora Blake Edwards, a sólo unas semanas de morir Berlanga, y aunque suene a tópico requetesobado, la Comedia pierde de una tacada dos artistas geniales, que con sus obras nos hicieron reir y llorar, meditar y vibrar, disfrutar y engrandecernos por dentro  siempre con sus nobles artes. Claro, mira uno las Perfomances de la Tate y del MOMA que el blog ayer nos dejó, las pones al lado de las creaciones de Edwards (Días de Vino y Rosas, Víctor o Victoria, El guateque, Desayuno con Diamantes, La mujer perfecta, Así es la Vida, La Pantera Rosa, La carrera del siglo, Cita a ciegas por sólo decir unas cuantas) y en fin, que le entran a uno unas muy tarantinianas (otro que tal) ansias de mandar a algunas Panteras Rojísimas que yo me sé como poco a freir espárragos a la Sierra Lacandona, que están muy ricos los de aquellos pagos.
    
     Nos entristece la muerte de Edwards, claro, nos recuerda una vez más lo transitorios que todos somos, pero es el maravilloso misterio del Arte mismo el que nos impulsa, como si fuera el Autor un íntimo nuestro, a expresar en alto la pena y a mostrar también la gratitud infinita que sentimos hacia un señor de Oklahoma al que de nada conocemos, y con el que, sin embargo, nos sentimos en deuda por tanto que a  sus admiradores nos ha regalado. Pues juraríamos además al ver esas películas que sólo para cada uno de nosotros las hubiera hecho, tal es la rendida complicidad y comunión vitales que el cineasta, impresionando sólo celuloides, consigue uno a uno con nosotros. 
     
     El dominio consumado de los registros de la comicidad, a partir casi siempre de mostrar las más cotidianas situaciones sociales, disparatadas de repente por algo, para poner así de relieve la fragilidad de los roles sobre los que construimos nuestra identidad –lo poco que somos, lector- y de abundar en cómo la contemplación de la represión de los instintos asociales que la vida en sociedad nos impone nos produce regocijo como espectadores identificados y distanciados a una misma vez del protagonista en apuros. Me asombraban en Edwards esas recurrentes escenas en las  que un personaje en íntimo apuro veíase de súbito inmerso en un masivo fiestorro que le obligaba con la fuerza aplastante de lo masivo a disimular su engorro, siempre en vilo de descubrirse su inaplazable prurito. El ritmo endemoniado que sabía darle a las tramas, como si nos llevara sobre un jubiloso coche de feria, la destilada elegancia de sus recursos expresivos, no exentos de críticas y malévolas insinuaciones, la gracia que se daba para remover los equívocos en que el hombre común se ve envuelto, la brillante exposición de las grandezas y sobre todo de las miserias que a todos nos constituyen son otros tantos motivos para perderse con gusto en sus películas y salir de ellas como recién duchado a la vez de la tristeza y de la alegría mismas del vivir.
    
     Mira que existen en sus obras escenas memorables para empezar y no parar de celebrar, mira que se enamoró uno sin contemplaciones del rostro limpísimo de Julie Andrews que fotografió él con primor en Víctor o Victoria, o de la Bassinger de Cita a ciegas, o de Lee Remick en los días de vino y rosas, -y cada vez que las ve ahí-  pero en un día como el de hoy, en el adiós a Blake Edwards, quiero amable lector, compartir y tararear contigo aquí –en esta diminuta covacha que apenas alumbra a nadie, aunque a ti y a mi por momentos nos cobija-  la magia y la melancolía indefinibles de Audrey y el Moonriver, con su guitarra y sobre su ventana, mientras el Escritor, que primero la oyó, ahora en silencio la contempla – que podría ser yo mismo viendo como tú cantas, lector- en el inolvidable Desayuno con Diamantes. Le voilá. What are you doing?, le dice al fin ella. What are you doing now, Blake?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Santiago Sierra: he ahí el Hombre, ¿he ahí el Hombre?





     
     El otro día, una persona a quien mucho estimo, sabedora ella de que va uno por la calle como Diógenes el Cínico, buscando con el candil de la sabiduría en la mano al Hombre Íntegro en medio de la muchedumbre –sólo que en mi caso, sabido es, trátase sólo de la vela que alumbra mi resentimiento- me adjuntó el dossier de la Buena Nueva que al pronto me dejó fulminado. Nunca hasta ahora había en mi vida oído hablar de Santiago Sierra. Su perfil: nacido en Madrid en 1966, licenciado en Bellas Artes por la Complutense,  reside desde el 95 en Méjico, donde amplió su formación. Pintor, escultor, fotógrafo… Artista, vamos.
     ¿Y? Nada, que el día 4 de los corrientes un jurado convocado por el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas en su edición correspondiente a este año de dolores. ¿Y? Nada, que además, el oficial comunicado que anunciaba la decisión era, por provenir desde la entraña misma del Poder establecido, de una trompetería, si breve, pero que muy im-presionante: “Por su obra crítica, que reflexiona sobre la explotación y la exclusión de las personas y genera un debate sobre las estructuras de poder”. Al releer la frasecita, de manual barato del mester de progresía extraparlamentario, pensé... caramba con los cerebritos del Ministerio de la Kultura, por debajo de lenguaje tan aguerrido –Explotación, Exclusión, Poder, Crítica- lo que hay sobre todo es un guiño (si bien un guiño de 30.000 euros  paréceme, no sé a ti lector, más morreo en condiciones que simple guiño, aunque acaso para esos Artistas sea en efecto mero guiño) por incorporar a un nuevo cofrade a la Ceja, es decir a la plataforma por la PAZ, que ya se echaría en su día también él su particular valsecito con la Presidenta de la CAM.  
     
      ¿Y? Todo, impaciente lector, TO-DO: que llega el tío, Santiago Sierra se llama, que por Dios no se me olvide, y con un par en estos Tiempos del ganar-y-ganar-y-ganar según le hicieron reconocer a San Luis Aragonés,  va y…  rechaza el Premio y la pasta. Y por si fuera poco monumental el gesto en sí -¿le robaría a él el sueño, como a Ana María Matute, el deshojar la margarita del sí-no durante la noche anterior a su determinación?- encima va el Sierra éste y le gira irónica carta pública a la Ministra. Seguro que comprendes, lector, la avidez desatada con que me aventuré a leerla:
    “Según mi opinión los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes… (olé, le jaleaba yo la verónica) … El arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi SENTIDO COMÚN me obliga a rechazar este premio (ooolé, chaval, este es mi Sierra, casi brincaba yo). Este premio instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado (eso ya no lo entendí del todo, pero me pareció paso atrás)… Un Estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal (glups, aquí empecé yo a tragar saliva)… Un Estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un Estado empeñado en desmontar el Estado del bienestar en beneficio de una minoría internacional y local (más glups). El Estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, yo soy un artista serio. No, señores. No, Global Tour. (Ostras, me dije ya del todo compungido, el Sierra éste deja chiquito al barbudo Fidel de la Sierra Maestra, este menda es tan fanático como los revienta-conferencias ultraizquierdistas de Rosa Díez, qué clichés tan sobados y tan poco artísticos, como para aplacarle a éste el fuego de su delirio con los pins que la Ceja reparte, como para ofrecerle yo, como hasta entonces tenía pensado, resentido derechista al cabo uno, el honorífico título de Granmaestre de los fracasati, le-chés con Santiago Sierra, qué sierra, si un día me pilla, vive Dios, y viva la lucha de clases también, que me cruje, vaya si me cruje. Ya en este punto no tenía fuerzas yo ni para abuchearle un poquito.  
     Me enteré luego que el Sr Sierra va por el mundo desde hace más de veinte años dando rienda suelta a sus muy dudosas perfomances, happenings, montajes (un muro de ladrillo sin enfoscar, once indias tzotziles a las que pagó dos dólares por hora por repetir una frase-protesta, unas prostitutas a las que pidió que se dejaran tatuar a cambio de una dosis de heroína, un simple muro inclinado sostenido por cinco personas, una sinagoga convertida en una cámara de gas, un corredor negro de 240 m con mujeres rumanas pidiendo dinero a los que pasaban, cosas así) entendiendo siempre el Arte como instrumento de denuncia y de rotundo NO al Poder, como el NO GLOBAL TOUR que presentó en la Feria de ARCO de este año.
    
     Bueno, no sé si añadir ya que Santiago Sierra ha expuesto estas “obras”  (las fotos que ves, lector, son tal cual las obras mismas, no te pellizques, el Arte modelno es ansí) ,y el apostolado que las envuelve, en las principales galerías y museos del mundo, incluidos la mítica Tate londinense y el MOMA de NY, de lo que por fuerza se colige que, como diría Gallardón, es él sin duda un artista moooi bueno amén de cotizado. No me extrañó entonces, del todo derrengado ya uno, leerle al final de su misiva a la Sinde un eufórico ¡Salud y libertad!, bien expresivo desde luego de su pensar bajo estricta consigna –anarcoide en este caso- y también de lo encantado que de conocerse está el Señor de las Perfomances. Y venía por último su nombre, que no sé ya si a estas alturas quería yo ya olvidar.
     ¿Comprendes ahora, lector mío, el hondo caudal de mi aflicción?

jueves, 16 de diciembre de 2010

Esperanza Aguirre y Joaquín Sabina, y les dieron las diez

    

     Le parece a uno genial el que a la presidenta de la CAM le guste la música de Sabina. Uno mismo, por más que poca cosa uno sea, aun mereciéndole por impostores y totalitarios muy acerba censura la mayoría de los posicionamientos públicos del triunfante cantautor jiennense, aprecia sobremanera alguna de sus canciones. No quita una cosa para otra. Ahora, otorgarle in this moment el enésimo Premio Oficial al santón de Úbeda, a él de lo lindo abrazarse, y  hasta marcarse con el Superpatrono de la Ceja  un bailecito,-es de verse al Héroe en gafas oscuras como el Zorro y su antifaz, mientras la Señora vibra-  es otra harina de un costal muy bobo que no está uno dispuesto sobre sí a soportar. Siempre los próceres de la Derecha –o de la Derechona, como a ellos se les suele motejar- haciéndose perdonar su complejo de inferioridad ideológica ante los capitostes de la Izquierdota. Luego querrán ellos, unos y otros, que nos creamos algo de lo que afirman. En la vida normal, señora Aguirre, puede convivir uno con quien le combate, nunca bailarle el agua y besuquearle. Qué superliberales y antisectarias son las élites nuestras de cada día, qué desaforados cavernícolas los de la amorfa masa que no entendemos sus jueguecitos de salón.
    
      Habíamos leído al gran Sabina en este agosto tratando de “convencer a sus hijas” de las bondades naturales del Incesto, “que los animales lo hacen y no pasa nada”, añadía en trangresora pose el Artista. Llegó un mes después la violenta Huelga General, y posó entonces el de Úbeda, por encima incluso de Chiquilicuatre, -Sabina ubër alles- como cimero pensador orgánico de la misma: “esto también es por nuestros hijos”, joer, clamaba en “Público” el Artista, cohonestando en chisposa tacada la moral de Sade y el impulso sindicalista-leninista de los burócratas capitostes de Toxo&Méndez. Es más, nos revelaba el gran Sabina entonces, que de hinojos se postraba ante una palabra para él sagrada: ¡H-U-E-L-G-A!
    
      Añadía Sabina además que a su sacra palabrita encima… “la están echando mierda por todos los lados…” refiriéndose con escatología tal –que gustan mucho ellos para impresionar al personal de al pan llamarlo pan, en alarde no se sabe si más macho que poético- a cuantos andaban oponiéndose a la Gloriosa Movida, y en el clímax de su excitación revolucionaria señalaba muy directo Sabina, y nombrándolo también, al alma principal de las fuerzas reaccionarias: “lo que está haciendo Esperanza Aguirre es un PELIGRO TREMENDO, se quiere cargar a los liberados sindicales, demoniza a los piquetes…”.
    
     Hace de esto dos meses y medio tan sólo y acaso entonces estaba ya así Sabina, a su manera –Sinatra de los Madriles-, trabajándose el Premio Oficial de la CAM que ayer recibía de manos, y aun de cuerpo entero, de la presidenta de la CAM. Claro que quizás quiera así la Presidenta, por si alguna vez arriban al Poder los héroes revolucionarios de Sabina, apelar a la íntima cordialidad con que ella agasajó al Ilustre y salvar de esta forma vida y hacienda. Apañada va. ¿Seré, dilecto lector, una vez más resentido derechista si confieso aquí que, en las imágenes en que puede verse cómo entrambos sostienen el dichoso Trofeo, paréceme el mismo un poco chorrear y hasta deslizárseles como una alhaja coprofacta entre esas cuatro manos tan blancas?
    
      A cambio reconoció en el Acto de Entrega el genial cantautor, pues sin duda era imprescindible que él pusiera su definitivo sello a la cosa, que “es Madrid una región muy democrática… que incluso premia a un cantautor de la Ceja”, dicho lo cual estalló el muy formal auditorio en aplausos, pues no en vano con el premio a don Joaquín y con su divina sanción oral, habíase bautizado y sancionado irrevocablemente la democracia en Madrid. Y aun tiempo sacó el cantautor para lanzar una puyita controladora de las suyas.
    
     Decía también hace dos meses Sabina que no conocía él país alguno como éste “en que se ataque de esta manera a escitores, cantantes y actores”, ontológica Verdad tal como una vez más acaba de demostrarse, que todo reconocimiento y mando en plaza a ellos siempre paréceles poco. Sabíamos hasta ahora que era Sabina el favorito Cantautor de la Princesa. Añade también ahora a su lista de Supporters Ilustres a la misma Presidenta del Apocalipsis de la Derechona que viene. Y que les dieron a los dos las una, y las dos y las tres. Joer, qué tío el Sabina, qué juerga la suya.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Marta Domínguez y su Cervantes (ahora sí)


    
     Ayer tarde le dábamos mi hijo y yo un repasito a la poesía de los juglares medievales, la misma sobre la que hoy debía él examinarse en su cuarto curso de…eso, de la ESO. Reparé en un verso que en el texto como ilustración venía y mucho llamé la atención de mi hijo por que él reparara en la extraordinaria belleza del mismo:
     “Me duele el frío que se os clava, hechicera”.
Se me puso -y perdónenme si entre mis millones de seguidores alguien se siente ahora concernido, que no hay en mí afán de burla sino de penoso notario-  hasta el habla como tomado de argentina caricatura sólo por el puro estremecimiento: ¿Tú viste, nene, pero viste qué lindo, pero andá, repítelo vos, repítetelo muy dentro de la chola por tres veces, y es hermoso el verso, ¿no es cierto? Ocurrió que mi hijo tenía mucho temario pendiente por estudiar –para variar- como para detenerse en los delirios climatéricos del quilombo de su padre. Así es que con los hombros y con un bufido al alimón díjome él algo parecido a “pero,viejo, sos un boludo pelotudo del carajo, dejáme ya en paz”, o traducido al español macárrónico que mi joven prenda gasta, algo como “me estás rayando que te pasas, tío, o sea, ábrete de aquí pero ya mismo”.
    
     Así es que siguió él a lo suyo y quedéme yo con ese “me duele el frío que se os clava, hechicera”, que parecía habérsele clavado al muá como una estaca en el corazón draculesco. Pensé: dolor, frío, invierno, clavar, hechicera. Claro: Marta Domínguez, el oro de su sonrisa franca ahora mismo mellado, arrastrado por embarrados páramos de muy angustiosas hondonadas, su diadema furcia en vez de fucsia en la galopada hechicera de la final recta, como si de golpe hubiéramos descubierto que fuera el raudal de su rubia alegría también de bote, es decir, de pega, y no natural. Cuánto deseé entonces que resultaran a la postre infundadas las torvas acusaciones policiales, y que saliera de su cenagoso embarazo de verdad radiante una niña del todo rubia e inocente como una simple barra de pan nueva.
    
     Y luego, pasado el efluvio delicuescente, que parecía yo un Presidente/poetastro en horas bajas, me ganó de nuevo el pobre sarcasmo que a veces también me distingue: esperemos que al menos no comparezca Marta Domínguez en La Noria, como en su día hizo Contador para contarnos la fantástica historia de Un solomillo en mal estado. Casi con eso uno se conforma. Y también con que alguno de los muy renombrados periodistas, en vez de montar numeritos circenses, reclame, en nombre de la opinión pública y del derecho a la información, el definitivo esclarecimiento de los hechos, la ruptura de la mafiosa ley del silencio y la puesta en escena de una serena reflexión sobre el alcance y la naturaleza del doping en el espectacular deporte moderno.
   
     ¿Es preciso recordar que el affaire Contador era hace más de un mes –según repicaban todos los medios- de inmediata e inaplazable resolución, y que un negro telón parece haber caído sobre el mismo, tras el cual diríase que algo -¿y quién?-  estuviérase “negociando”? ¿Dónde está el  sano empuje de una Opinión Pública ciudadana que reclame verdad y no simple divertimento?
    
     Sorprende el constatar a cada paso y en las más distintas esferas una común predisposición psíquica, el verdadero espíritu en todos los órdenes de estos tiempos aciagos: el  ganar como sea. Nunca como ahora tuvo peor prensa y se hizo mayor burla del prestigio del perdedor, nunca nadie estuvo tan en vilo, que incluso literalmente roba el sueño a sus más preclaras mentes, y tan dispuestos a jugárselo todo y a todo lo bueno que en ellos creció arrojarlo por la borda para y por encima de todo… conseguir hacer realidad virtual la letanía esa de Luis Aragonés, sabio de Hortaleza, que no voy a reproducir de nuevo aquí.
    
     Pero el triunfo más verdadero y arrasador del espíritu de estos tiempos escóndese para mí en que hasta traspasa los propios sentires de los naturalmente fracasados, haciéndoles creerse muy divinos encima y muy dispuestos ellos también a ganarlo todo, poniéndose así en el mismo bando, igualándose a ellos de paso aunque sea sólo psicológicamente, es decir, de forma figurada, de los más maquiavélicos –pobre Nicolás de-  Hipertriunfadores, de los más Insaciables Acaparadores de Éxitos. Con lo saludable y humana que bien llevada es la desordenada orden de los fracasati.
     Y en éstas llegó la carne de mi carne, o sea, mío hijo, y me arreó una colleja tras la nuca, “toma, como Mouriño a Guardiola, so Bocaccio”, y escapó a la carrera por el pasillo el muy tunante, como Messi que llevara el diábolo.
     

                                                 
       

martes, 14 de diciembre de 2010

Marta Domínguez quiso también ganar-y-ganar-y-ganar su Cervantes


    
     Aparquemos por un momento –por más que jumele el mismo- el estratégico uso que de la información en cuestión pueda haberse cocinado desde la monclovita gobernanza, que es ahora Vicegobernanza, que no se sabe ya si incluso las mallas negras de Seúl salieron del baúl del motu propio de Bambi, o fue también el lucimiento de las mismas expresa orden del Vice-Todo para achicharrar un poco más a ASTUTO-FELINO-EN-LA-JUNGLA (según los wikileaks del embajador yanqui dijeron) en medio del bosque en llamas socialista que llevaría a Ramón Jáuregui a liderar los próximos carteles electorales.
    
     Recuérdese lo pegaditos que en aquellas instantáneas llevaba Bambi los remos delanteros al tronco, sin duda en ademán en exceso forzado y hasta en él anti-natural, casi como si en guiño cómplice –similar al de Clinton a la Lewinsky con una común corbata  por él lucida el día mismo que había ella de declarar- quisiera hacernos ver el Presidente que algo o alguien le llevaba braziatado, y no por casualidad junto al líder conservador británico, que con dureza incontestable ha de vérselas con la ruina presupuestaria que le dejaron los laboristas. Cuando el otro día a su vez un controlador aéreo de Palma, al abandonar el trabajo, bajó la ventanilla del coche y en muy elocuente gesto que las cámaras “pillaron”, sacó las manos como si las llevara de verdad esposadas, me dije… juego de manos, aquí es todo juego y truco de manos.
    
     Y es que Jáuregui, y no Zp, fue quien firmó –y no es nada baladí- el histórico Decreto de marras que con militar malla aherrojaba también a los controladores, y fue asimismo Impactante Rubalcaba, a quien en calidad de Vice-Todo le “tocó” en rueda de prensa condolerse del presunto tráfico de dopantes esencias de la admiradísima Marta Domínguez, asunto éste que justo en el mismo día de la comparecencia zetapeica se “descongeló”, oscureciendo ésta, pues era el del dóping un hilo que desde el verano, tras el interrogatorio a un atleta “positivo” , había guardádose en la recámara.
    
      Llamó además la atención el que, en la expresión del dolorido sentir que sin duda le embargaba, apelara el Vice-Todo a su remota condición de atleta –que ésa es casi, perdóname Titania, batallita de abuelo Cebolleta- y no, como su formal subordinación exige, al estandarte de feroz corredor de mediofondo que en el rabioso presente en su jefe Zp se agita, siendo además su Presidente –y nuestro, nuestro-, según él mismo en su día confesara, Ministro de Deportes in péctore, por lo que alguna poética declamación de las suyas, -Hijo del Viento al cabo, como Marta D, él, y con él todos nosotros- podría habernos dejado caer sobre el estupefaciente caso.
    
     Me pareció al final que, acaso algo embriagado uno también de palabras con tanto dopaje pacá-y-pallá, más incluso que la desdichada Marta D, fuera el propio Presidente el que en tétricas sombras de góticas y vanas hiperestimulaciones de triunfo anduviera atrapado, y que el propio Vice-Todo, con la aquiescencia de los prehistóricos mamuts del Partido por detrás agazapados, anduviera trabajándose la definitiva suspensión de su jefe, que igual que Marta D, también un día admiró al Mundo ganándolo todo, y que pareciera ahora, oh tiempos funestos, pero que muy en desgracia caído.
   
     Sí, lector, algo dopado de paraules sin dudarlo debe uno  andar ya, porque sólo ahora caigo en la cuenta de que del título que arriba puse nada reza lo que aquí se contiene, sino de sus preliminares en todo caso, que no fui capaz aparcarlos, con lo que de nuevo, yo pecador, llevado sólo por el veneno dulce de las palabras escritas, volví a abusar de tu infinita paciencia conmigo, y no sé si alguna vez sabré compensarte como debo tanto abuso, por más que, como en todo, acaso sean los preliminares lo más delicioso de cualquier negocio, -y no digamos del amoroso-, que a la postre es en la vida todo dura decepción, la misma que a uno le inundó al enterarse de las enormes acusaciones que sobre Marta D, esa diosa rubia de sonrisa olímpica, sí, recaían, y te pido que por eso me perdones este largo rodeo, que espero que mañana me lleve al fin a ella y también de nuevo ante ti, lector.

                                                    
                                                
    

domingo, 12 de diciembre de 2010

Con dos pajines (y un zarrías)


    
     Hay que tener una muy perturbada concepción de uno mismo o ser un redomado hipócrita para acogotar como se ha hecho a un colectivo laboral tan reducido como el de los controladores, señalados y crucificados ante todos como odiosos multimillonarios extorsionadores e insolidarios, crimen de lesa patria éste hoy, a la misma vez que se guarda una olímpica manga ancha para las más estrepitosas mangancias de los propios.
    
      Sencillamente no puede ser que un Presidente de Gobierno desde el mismo Parlamento inculpe y militarice a un colectivo regido por un convenio laboral de “extraordinarios privilegios laborales”, insoportables al parecer ahora para su conciencia moral, hasta que apareció el justiciero ministro Blanco, quien ebrio de justicia social, se atrevió a enfrentarse a los susodichos sacamantecas. No le importó siquiera al Presidente reconocer implícitamente en el envite justicialista que él mismo, durante siete años, había tragado y permitido esas sangrantes prerrogativas, como si con denunciarlas él así  su responsabilidad en el caso quedara de súbito absuelta y la de aquellos definitivamente incriminada.  
    
     Pero al cabo, todo lo bien pagados que se quiera, los controladores sólo son trabajadores que desempeñan una muy delicada y responsable función. Si de verdad tanto le dolieran los privilegios y los millonarios, ordenaría el Presidente investigar el estrepitoso déficit en que han sumido a Aena, empresa en beneficios hasta su égida y ahora empantanada en ruinosa jungla, producto de dudosas inversiones costosísimas que de oro hicieron a muy concretas constructoras.
    
     Qué pensar entonces, cuando con militar contundencia se apunta a los controladores, de las estratosféricas soldadas de sobra conocidas que se apalancan los políticos, sin haber demostrado siquiera capacitación especial para ello. Por no hablar de las multimillonarias corrupciones de las que jamás vuelve a verse un denario. Que uno de los siniestros martillos de esos herejes (y de la educada oposición) haya sido precisamente Gaspar Zarrías, secretario de Estado, reconocido  perito en prácticas caciquiles, urdidas por él desde hace mil años como lucrante sanguijuela a lomos del Estado que todos mantenemos, le deja a uno de verdad a cuadros.
    
     Sabemos ahora, por ejemplo, que la ministra de Sanidad, con el pastizal que por sí solita la señora se levanta, ha ofrecido nada menos que el cargo de la dirección del Plan Nacional contra la Droga… ¡a una personal amiga suya!, cuya categoría laboral es la de auxiliar administrativa. Y que cuando esto mismo se le ha hecho notar, en privada ocasión, cierto, no se ha privado ella encima de alardear de… sus muy masculinas gónadas –decía Marx que la lengua era la cultura en estado vivo, y qué cultura tan feminista la de Pajín- para nombrar a quien a ella de allí le salga. Recordemos las hazañas de los tránsfugas del PSOE en Benidorm, su descomunal embuste allí, donde la Pajín tanto manda. Recordemos que arrebaña ahora incluso más tela marinera Bibiana Aido, como secretaria de Estado, que antes de imprescindible ministra para el tráfico de gansadas ¿Qué pensaría entonces uno de esos controladores militarizados que se haya limitado siempre a cumplir con su trabajo? 

                                                        

sábado, 11 de diciembre de 2010

Militarización

    

     Hemos comprobado todos la eficacia definitiva que la militarización del tráfico aéreo tuvo a la hora de quebrantar la voluntad de los controladores cimarrones. Resultó la manu militari decretada por Zp más que milagrosa mano de santo. En menos de veinticuatro horas el problema estaba resuelto. Se doblegó casi inmediatamente la voluntad de esos cientos de hombres y mujeres amotinados, a pesar de hallarse bien experimentados todos ellos, como su propia profesión les exige, en el autocontrol emocional y en el manejo de situaciones de riesgo.
    
     No debe ser nada sencillo resistir la amenaza que esos hombres debieron enfrentar. Tratemos de imaginarnos la situación: que uniformados militares y armados, después de interrogarte como ellos saben, delante tuya enarbolen y te muestren providencias palmarias –papeles retimbrados- del embargo inminente de tus bienes más íntimos y propios, que te amenacen a solas luego, como reo de sedición, con penas de presidio durante seis u ocho años, es decir, con arrancarte de tu pareja e hijos, además de tu propia libertad, para tan largo lapso, y con el tajante e irrevocable despido de tu medio de vida, después de malencararte la lista de artículos que estás infringiendo y de exagerarte los imperdonables estragos que para la vida de todo el mundo está acarreando tu omisión, todo eso a la vez y de golpe  por fuerza ha de ablandarle a cualquiera. Más que eso, como se vió, en horas redujo a la nada a aquella peligrosísima banda de… bueno, de “golpistas-chantajistas-terroristas…”, y añadamos aquí toda la lista de istas que la “intelligentsia” progre es capaz de regurgitar cuando de criminalizar a alguien que se les opone se trata.
    
     Por supuesto que si la intimidación militar y el decreto del Estado de Alarma los hubiera llevado a cabo un gobierno conservador, sin ser capaz su promotor siquiera de comparecer y anunciarlo, los prebostes de la Ceja y cía hubieran lanzado a las masas contra el gobierno, y a todos nos hubiesen persuadido de estar en vías de golpe de Estado y bajo las garrras ya de una sanguinaria dictadura.  ¿Dudaron acaso en motejar de TORTURADORES a los mismos jueces del Supremo (¡), y en patrocinar asonadas y encierros masivos, sólo  por osar por unanimidad aquél encausar a su favorito Juez Campeador?
    
     Visto el fulminante resultado de la militarización, pronto se jactaron los ideólogos gubernamentales del propio éxito. Normalidad, se retornó a la normalidad, repetían. Se justificó luego la inaudita presión intimidatoria sobre los controladores remisos como la respuesta… ¡ante un desafío al orden democrático!, Zp dixit, ¡ante un golpe de Estado económico!, el PSOE andaluz dixit. Que miles y miles de españoles vieron trastocados sus planes vacacionales resulta innegable, que alguna situación complicada debió afectarse, también. Ahora de ahí a hacer de esa protesta laboral… una ordalía apocalíptica, va un trecho injustificable, más cuando sabemos la muy precisa fecha en que el gobierno mismo promulgó el decreto que en marcha puso todo.
    
     Lo indudable es que la militarización funcionó, y que con este resorte a los controladores se les dobló la mano y la voluntad. Y claro, visto el éxito conseguido, al observador le queda la duda de cuantos otros, mucho más decisivos, amotinamientos y problemas podrían de similar manera resolverse: corrupciones millonarias y filoterrorismos varios, por poner sólo dos ejemplos.
    
     Me acordé en especial, lector, de la desdichada familia de Marta del Castillo: cómo le hubiera gustado a uno que, en ese caso sobre todo, se hubiese doblegado a los asesinos y a sus cómplices en su voluntad obstruccionista, y que al menos su cuerpo hubiera aparecido. Porque clama al cielo la desproporción entre el rotundo éxito obtenido en un caso y el estrepitoso ridículo que todo un Sistema obtuvo, a manos de unos simples jóvenes asesinos que de todos –incluido el Impresionante Rubalcaba que hasta Sevilla se desplazó y que a los padres prometió buenas nuevas- se rieron hasta la náusea. ¿No se podría, digo yo, “militarizar” un poco también a esos de verdad asesinos?


viernes, 10 de diciembre de 2010

Wikileaks: las revelaciones de un embajador cernícalo

    
     Y dijo la lumbrera diplomática de los Estados Unidos de América, tan admirables por tantas otras cosas que no sea por la inteligencia de sus embajadores, que es que es para nota el cúmulo de babeantes patochadas sin tregua de sus secretísimos cables, que no es de extrañar que a la vista de cosas como éstas deseen los contribuyentes norteamericanos mandarles a mamarla a Parla con toda su mamandurria, o como quiera que en Delaware llamen a lo que la Lewinsky practicábale en el despacho Oval a Mr Clinton:
-¿Zapatero? “Un astuto felino en la jungla que lleva mal que le den clases de algo”.
-¿Bono? “Un sabueso mediático”.
-¿Rubalcaba? “Muy capaz, serio, encantador, impactante, inteligente”.
-¿Blanco? “No fiable, no mira a los ojos cuando estrecha la mano”
-¿Chacón? “Lista, con el típico orgullo español, está desarrollando su sensibilidad política”.
-¿Moratinos? “Bienintencionado, su lealtad es con España, más que con Zapatero o con su propia carrera, idealista”.
    
      Lindezas así formaban la decisiva información confidencial que al parecer el embajador norteamericano cableaba a Washington como oro en paño reservado. Pues si el Departamento de Estado orienta su acción sobre el conocimiento del terreno que demuestran las susodichas filtraciones van apañados los que sobre sí soportan la máxima responsabilidad de las democracias liberales. Eso más parece obra de un cernícalo que de un analista de mínima enjundia. ¿Necesitan esos vacuos topicazos de Reader Deagest encriptada transmisión acaso?
    
     Vamos, que se imagina uno sin esfuerzo a los próceres nuestros (nuestros, nuestros) revolcándose de la risa a cuenta de la rendida fascinación que en su mediocridad peatonal han sido capaces de levantar en “el amigo americano”. Eso, con el portazo traicionero de Irak –a todos los aliados-, con la sentadita al paso de su bandera y con la proliferación de la estólida y anti-occidental Alianza de Civilizaciones incluidas, que si no, yo que sé, el señor embajador cernícalo va y pide el carnet en Gobelas, qué elemento. Sí, porque para ver a Zp como “felino astuto en la jungla” hay que estar pero que muy atiborrado de zetapeísmo, que ni los más fieles suyos, que sólo a Bambi en el bosque como mucho le asemejaban. Yo creo que la Lewinsky, con ser simple becaria, hubiera obtenido, si con plenos poderes nos la envían para acá, mucho más fiable información, y a mucho menor coste, que la aportada por este badulaque. ¿Y cuanto ganaba por despachar informes como estos el emisario de los USA que Bush mandó aquí?    
     
     Deberían los expertos psiquiatras pergeñar, pues, por encima incluso del célebre de Estocolmo, el “síndrome de los Madriles”, como prototípica desviación patológica de arrobamiento inmotivado del representante de la principal potencia democrática ante los amigos de Chávez, Evo, Castro y demás que te la metieron encima pero que muy bien doblada.
      
     ¿Quieren, señores del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, información certera de la verdadera naturaleza de quién ahora corta el bacalao al tran-trán en la monclovita gobernanza? Pues yo mismo, que ni a becario llego, gratis et amore, como el chivato traidor derechista y cateto que con uno va, se la ofrezco, porque todos lo pudimos ver, aunque no sé si todos en su verdad esencial repararon. Bueno,no tan gratis, que espero yo que a cambio de lo que aquí les dejo, do ut des, mi blog se difunda fulminante por las Américas todas y la legión de mis seguidores retratados aquí a la vera  de lo que escribo -y que tanto me inspiran- llegue a tres mil, y que mis maravillosos relatos inéditos hagan los pobres, igual que las folklóricas de antaño, las Américas y encuentren al fin editor que comprendan su maravilla única.
     Verán, ocurrió hace dos días. Rubalcaba ante la prensa, a propósito del Estado de Alarma: “Haremos todos los días una rueda de prensa”. Minutos más tarde en petit comité –pero ante sibilinos micrófonos testigos- Gallardón le inquiere: “¿váis a dar rueda de prensa cada día?”. Y el Señor del Faisán, categórico, responde: “Noooo”. Y Olé. Volvamos entonces al Wikileaks sobre él: ¿Capaz? Of course. ¿Serio? Se vé de sobra que no. ¿Encantador? De embajadores, desde luego; un encanto el señor Faisán. ¿Impactante? Ya nos le conocemos demasiado. ¿Inteligente? Según el informe Pisa, no mucho, aunque comparado con el Señor embajador, todo un crack, desde luego. Es moooi bueno. 
   

jueves, 9 de diciembre de 2010

Una película, un relato, una canción sobre la Puerta del Ángel

       
     
      Esperar que los del Sálvame y similares se ocupen en poner en valor la actuación de esa persona, Ángel, que sin pensárselo dos veces arriesgó su vida para salvar la de otra, arrojada entre los raíles del Metro, ciertamente es a estas alturas de la película una impertinencia. Qué cosas se le ocurren aquí al satélite, más de uno se pensará. Ya los telediarios lo dieron, se me podría además rebatir. Dieron el video de marras, sí, aunque más como recurso de suspense para sobresaltarnos epidérmicamente durante un instante, y que no pulsáramos aún al mando a distancia, que como serena ponderación del trascendental capital humano que ese valeroso gesto atesora –rayo de sol en el invierno de nuestro descontento- para el entramado básico de la sociedad actual, en constante proceso de desintegración.
    
     Así se “fabrican” ahora, por otra parte, los telediarios, como una retahíla de Impactos Tv que nos zarandeen los sentidos durante cincuenta y nueve segundos, que son los que al parecer resiste la concentración del espectador moderno sobre algo, antes de darle al mando en ávida busca de otra imagen sensacionalista, en loca carrera que nos distraiga sólo un instante del lógico sopor subsiguiente a tan constante agitación. Lo que aquí se demanda sobre todo es una reflexión de los profesionales que elaboran la información y el entretenimiento sobre la nociva mercancía que a diario enjaretan a las fauces de los ciudadanos a través de las pantallas, es decir, a través del más importante medio de comunicación, representación y socialización de los valores –a menudo de los vicios- con que cuenta la sociedad.
     Ese elevado ejemplo moral de Ángel no pasaría tan desapercibido, y dejaría su huella y la exigencia de su referencia en la orientación actitudinal de todos, si se resaltara y se encareciera como en sí merece, máxime en una sociedad bombardeada día y noche por radiantes modelos de irresponsabilidad social.
    
     Otro tanto podríamos decir de la hegemónica producción cultural. ¿Cuántas películas, cuántos relatos, cuántas canciones alrededor de la heroicidad de Ángel, o de gestos similares al suyo, que impregnaran la colectiva conciencia, que fueran así algo más que gotas en un océano de ruido y furia malsanas, se compondrán? Seducidos por la sedicente atracción del Mal, que es al parecer muchísimo más divertido que el Bien –y divertirse, sin saber muy bién cómo y de qué, parece ser el mandamiento central del mundo presente- los “creadores” suelen desde hace decenios –también porque colocan en el mercado mucho mejor esa mercancía- deleitarse en la morbosa plasmación de antisociales psicópatas, adobados por los “creadores” con un encanto transgresor irresistible, ante el que ellos mismos se derriten primero, y más tarde su legión de admiradores. En muchos talleres de relatos la primera lección no escrita al aspirante a escritor viene a ser: si te sale un “cabrón”, un auténtico “cabrón”, cojonudo, por nada lo sueltes.
   
     Es paradigmática a este respecto la diabólica fascinación que Hanibal Lecter –y su desquiciada, y no por casualidad, caníbal “ética”- a todos –incluida Clarice, la heroína detective del relato- nos producía, brillo maléfico y magnético ante el que la insulsez repeinada y pazguata del policía bueno disolvíase en la misma insignificancia que espera al inaudito arrojo salvador que en la Puerta del Ángel madrileña pudo verse. Hasta el punto de que el autor de la película reservaba al criminal Lecter incluso, para que nada se rindiera a su transgresor atractivo, nada menos que la autoría de la frase misma del enamoramiento sumo –que en la boca de un elemento como él debía un poco rechinar, ¡como si fuera el caníbal el único posible portador de la llama decisiva del amor!-: “el mundo, Clarice, es mucho más interesante con usted dentro”.  Quizás tampoco por azar la cosa –por lo demás, formalmente brillantísima a mi juicio- llamábase “El silencio de los corderos”. El nuestro, quizás.
     Por eso mismo ahora, no curados, sino sumergidos ya la mayoría en todos los espantos imaginables, el reclamar a los del Sálvame su brillantosa atención al Héroe  quizás resulte lo más trangresor hoy, una estupidez, vamos.

    

miércoles, 8 de diciembre de 2010

En el Sálvame no hablaban de tí

      
      De acuerdo, lector, los del Sálvame no le hicieron ni caso a mi carta de antesdeayer. Me asomé un rato a media tarde a ver si se obraba el milagro y ensalzaban la desprendida acción de ese anónimo salvador de vidas. Si acaso indagaban al menos en los problemas que debía conocer la existencia de quien, intoxicado de fracaso, se dejó caer entre las vías. En vano. Hablaban –es un decir- de un mafiosote prófugo de la Justicia, con aspecto de ciclán prostibulario, al que previamente habían dado estelar cancha a todo lo ancho de la brillante pantalla. Hablaban Uno y Otros –otra vez es un decir, gruñían acaso fuera más ajustado denominar a lo que ellos a través de la garganta repercutían- en formas y maneras tales que causarían espanto y merecerían escarnio por lo deshonrosas e irreproducibles de las mismas, si no nos tuvieran ya a todos envenenados y contagiados de su propia podredumbre.
    
     Me perdonarás, lector, pero deseé entonces que fueran los controladores de las conciencias en putrefacción que dirigen esos tinglados televisivos  quienes debieran verse a punto de ser arrollados de verdad por el tren. A ver si entonces aparecía el honorable Montilla, en trazas de Superhombre, tal como de él decían los carteles que el mes pasado le publicaban y que aquí vimos, y rescatábales a esos vivos entre los hierros a punto de ser seccionados en canal, en canal plus, of course.
    
     Observaba al público presente en el estudio, humildes ancianas en su mayoría, madrugadas muy temprano ese mismo día desde remotos parajes del país para acudir a la Televisión, y como si vinieran a adorar a alguien, dejábanles allí encima, -curiosa redistribución inversa- entre risotadas desencajadas los mejores productos de su terruño. Celebraban también con aparatosas muecas de regocijo, desinhibidas, sí, como escritoras del Cervantes también ellas, la baja estofa de aquel cúmulo de chocarrerías impublicables. Blasonaban además las figuras del abyecto astracán aquel de la muy millonaria audiencia que cada tarde les seguía. Daban ganas de dejarse mecer un poco en ese muladar apestoso que irradiaba la pantalla reluciente. Ah, qué gracia tiene la Princesa del Pueblo, qué envidiable sentido del humor tenían todos. Qué majetes.
    
     Tiene uno que entonces esforzarse en meditar: No. Todas esas personas no hace tanto tiempo eran capaces de interesarse por asuntos mejores y más elevados, existía en ellos un sano instinto de respeto y reverencia hacia contenidos superiores. Por más que del todo no los entendieran les revelaban esas obras superiores sus lagunas –las que todos tenemos- y les exigían un esfuerzo intelectual para aprender y en ese conato mejorarse. No para reducirles  a rústicos y rijosos zoquetes, orgullosos encima de serlo.
    
      Traté de imaginarme entonces –te lo confieso, lector mío, así de osada es mi vanidad inconmensurable- lo que cualquiera de los próceres de la cadena diría si por extraño prodigio cayera en sus ojos y en diagonal leyera la carta mía que aquí dejé antesdeayer a la atención del premiado señor de los Ondas: “bah, otro gilipollas”. No más palabras gastaría.