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sábado, 6 de octubre de 2012

Espejos cenitales


   
   Feliz como perdiz caminaba por el abarrotado vestíbulo del centro comercial. Nadie, por los gestos o por la expresión de la cara, anodina a más no poder, podría adivinárselo, claro, -de la misma manera que no notaba él las comedias, los dramas y las tragedias mayores o menores que estarían sin duda desarrollándose en el interior de cuantos le circundaban- pero era el hecho cierto que se sentía sin duda atravesado de júbilo.
      ¿El motivo? Pues que, de repente, mientras se dirigía a comprar suavizante para la lavadora, como una palmera gigante de fuegos artificiales, le había estallado en la chola la flor genial de una metáfora grandiosa para el poema que, en pago ideal por el gusto que le había dado su libro de memorias (ver blog 22-7-12), le tenía prometido en el blog a Diane Keaton
   
   …Tardes ocres de Central Park, esplendor caedizo del otoño neoyorkino, alfombrados de hojas amarillentas los senderos, Diane y Woody en un banco chismorreando alborozados sobre los estrafalarios viandantes, una ardilla revoltosa que de improviso ante ellos se plantaba, el susto y pánico de Allen, las risas en do mayor de Diane, ardilla que de un salto se posa sobre la maxifalda color calabaza de Diane, sobre sus muslos, una caricia mágica en el parque, como en un cuento infantil, la metamorfosis allí… sí, la tenía, la tenía, no llevaba lápiz para anotar la Imagen, no hacía falta, no se le iba a olvidar, ah, qué fantástico…
     
   En fin, una de esas nimiedades que a un bloguero anónimo pueden llenarle de una alegría incomprensible y medio loca, que pueden catapultarle sobre el marasmo de los días grises. Entonces tomó unas escaleras mecánicas que, en correlato con su insensato alborozo, le ascenderían hacia las alturas de una planta superior. Casi se le dibujaba ya el asomo de una sonrisa en la cara cuando elevó la mirada hacia arriba. Hubiera querido, quizás, encontrar allí el azul de un cielo… pero fueron espejos cenitales lo que halló.
   Cuando estos le devolvieron y le confirmaron, inflexibles y fiscales, desde un ángulo y desde el opuesto, la deforestación creciente de su perola, los estropicios irreversibles que obraba la Vida en su cogote, ese calvero yermo, esa descalabradura –oh, infausto aura- que abría el Tiempo en el cénit de su cabeza, que tan indefenso frente a tantos  peligros abstractos le dejaba… de golpe se le heló todo el contento que  traía.
  
  Cerró un instante los ojos. Notó de manera inequívoca entonces rodando escaleras abajo, como un preciado jarrón de vidrio haciéndose migas y pulverizándose contra los hierros, el precipitarse y el estruendo al quebrarse, hasta del todo desaparecer cualquier rastro suyo en la memoria, de la grandiosa metáfora, de la ardilla revoltosa, del Central Park en otoño, sí, en otoño.   


Post/post: gracias a  Bucan, a Jaime, a Mateo, a CLAVE, a Xad Mar, a Cesar, a Juan Carlos, a David Gerbolés Pérez, a Ly Rubio, a Winnie0, a Mónica, a Zorrete Robert, a Cesar, a MAMUMA, a Juante, a Winnie0, a Zorrete Robert, a La sonrisa de Hiperión, por mejorar con sus palabras y reflexiones este blog, por hacerme pensar con sus ideas, por bloggear a mi lado, GRACIAS.

4 comentarios:

CLAVE dijo...

¡AY! los espejos son a veces como un recordatorio de, aqui estoy para que te veas y bajes de ese ensueño de la ardilla, eso pasa por tener que comprar detergente que es lo menos romantico que hay...saludos...

CLAVE dijo...

( quise decir suavizante )

La sonrisa de Hiperión dijo...

Imágenes de película, las que no dejas en tus letras.

Saludos y un abrazo.

Monica dijo...

El tiempo pasa , te atraviesa y a veces deja una huellas imborrables.SALUDOS