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martes, 14 de julio de 2015

Los nombres de las calles, los nombres de las cosas

   


   Se entiende meridianamente la monomaníaca obsesión de los Políticos del Progreso –y el mundo socio-cultural que les es anexo- por una y otra vez modificar y apropiarse, hasta monopolizarlo y dictarlo, el nombre de las calles… y de las cosas: es que ahí radica el cogollo del meollo del repollo de su Poder, en esa apabullante hegemonía sombre el imaginario simbólico –expreso y latente, consciente e inconsciente- de los ciudadanos, especialísimamente sobre los apolíticos, que es a quienes sobre todo buscan, no para convertirles en fanáticos de lo suyo, no, pero sí para adosarles a la conciencia una supuesta visión natural y espontánea de las querellas políticas.
   
   Las cosas son lo que ellos dicen que son, lo que ellos nombran. Y sobre todo son el haz de significaciones y connotaciones, benéficas o terroríficas, según les interese, con el que buscan ellos pro domo sua aureolar sus palabras, que son las tramposas calles que llevan al reino orwelliano de la mentira. El hambre existe cuando yo lo decreto… y punto, y si tengo que magnificarlo hasta el delirio, lo hago… porque me permite, a despecho de mis propios privilegios materiales, presentarme como el que da de comer al Pueblo. Nada nuevo bajo el sol izquierdista, que desde la noche de los tiempos repite y repite incansable el mismo raca-raca-raca-raca.

   
   Tras la lucha por el nombre de las calles, pues, está la lucha por  por definir y colorear para todos la realidad, es decir, la batalla por la hegemonía ideológica. Que siga el mundo liberal-conservador -sus líderes, sí, pero también sus bases- ignorando y despreciando esa crucial lid, que sigan ignorando y despreciando a los creadores no izquierdistas, es decir, sin proponer ni promover un sólido bloque cultural alternativo, que sigan así, que acabaremos naturalmente siendo todos del Progreso.





  
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Son conocidas las purgas stalinianas. Purgó a sus coetaneos de partido. Purgó a la vieja guardia leninista, con Trotsky, piolet mediante. ¿ Qué pretendió con ello Stalin ? Hacer ver al pueblo que el era el unico y legítimo sucesor de Lenin. El era el unico que vivio "puramente" la revolución rusa y que todos los demás fuera de él de aquella epoca eran unos fascistas y como tales fueron juzgados en juicios publicos. Esto en imágenes se traduce en que las dos unicas efigies enarboladas en la plaza roja eran la suya y la de Lenin.

La purga carmeniana, y de la izquierda en general, del callejero, responde a similares fines: crear una realidad nueva, una historia nueva que irremisiblemente, por la fuerza de las cosas, sólo puedo desembocar en gobiernos de progreso.

Y así llevan más de 100 años: inventándose la historia... Gracias editorial Santillana, gracias La Sexta por hacer de correas transmisoras del falseamiento de la historia pasada y tergiversadores del presente.

misael

Lucía Conde Parmés dijo...

Muy buena la foto, en relación a la entrada.
Besos!