Pasmoso, desde luego, lo de Guardiola pidiéndose en el corazón del
Imperio cenotear con Woody Allen (un
provincianismo forretis similar al
de Big Garzón cuando anduvo de
parranda con Kissinger), pero, ¿no
resulta más pasmoso aún el que W Allen
aceptase el cenoteo? El mismo Señor que el día que le entregaban un Oscar se
fue a tocar el clarinete a un tugurio, acude encantado… ¡a la llamada del ex -entrenador
de un equipo de futbol de un país de cuyo nombre nadie quiere acordarse si no
es para trocearlo! ¿Qué fue de la mítica misantropía con que el neoyorquino
cineasta se adornaba?
Hombre, si en vez de Guardiola,
hubiérase tratado, qué se yo, de Shakira,
todavía podría entenderse el libidinal impulso del provecto genio americano…
pero ¿con Guardiola?, ¿cuál sería el
móvil que le animaría a romper su tan amada rutina? ¿De qué hablarían, aparte
de lo muchísimo que Pep lo admiraba,
y de las cuatro frases de repertorio que Trueba
le habría para la ocasión preparado? A palo seco resulta, desde luego, todo un
contradiós la situación. Puesta en un guión la tirarían a la basura por del todo inverosímil, vamos.
A no ser, claro, que es que hállese W
Allen, como tantos Amos del Universo ahora mismo, “necesitado de liquidez”
y previamente pasara la minuta por su graciosa compañía al lado de Pep, habida cuenta de lo publicitada
que resultó luego ser la dichosa cena. Lo que te debe de golpe
“intelectualizar” el zamparte, un suponer, un pato a la naranja al lado de Woody,
oyes. Se sabe que al festín acudió también el inefable Roures, el multimillonario trotskista propietario de la Sexta y de los derechos del fútbol
español. Fue él quien al parecer tramó la movida. Y su presencia, claro, es el
bucle preciso que enlaza a ambos genios, pues si por una parte es público que
ha “colocado” al hermano de Pep en
su Grupo, fue por otra co -productor del
bodrio alleniano “Vicky, Cristina,
Barcelona”, esa faena de aliño por la que Woody –postalitas de Barcelona
incluidas- se apañó un suculento pastizal.
De manera que la presencia del magnate Roures nos aclara un poco el
enigma. Con todo, lector, trata de representarte la escena: nada menos que el
huraño creador de “Hanna y sus hermanas”
compartiendo mesa, mantel y noche con un
tal Pep y con un tal Roures, más las respectivas. Da un poco
de pena el imaginarse al admirado W
Allen enfangado en esas fenicias componendas, como un nuevo Salvador
Dalí “ávida dollars” a sus años. ¿Toma el Dinero y corre, again,
Woody?
¿De qué hablarían, decíamos? De El apartamento, claro. Primero, de el de
Guardiola, tan cool. Luego del
inmortal de Billy Wilder, esa tan
amarga como extraordinaria historia sobre el arribismo social. Ahora que lo
pienso: desparpajo para pontificar sobre ello no les falta a ninguno de estos tres mosqueteros.
Post/post: gracias a Juante, a Winnie0, a Juan Carlos, a Santi, a Norma, a MAMUMA, a Inmaculada Moreno H, a Anónimo, por dejarme sus valiosas palabras en el blog - aunque no creo que envidia ante el Rico Guardiola sea el mío pecado-, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.
2 comentarios:
Interesante tertulia, sin duda. Y quién te dice a tí que de ese enriquecedor diálogo no sale una película que ensalce las virtudes que adornan al fútbol patrio?
Eso prueba el mal gusto de Pep, por no pedirse cenar con la Scarlett Johanson. A buen seguro que toca mejor el saxo que el señor Allen.
Pues yo creo que la cosa va por el declarado prosionismo del barça y su correspondiente pose antipalestina de cara a la galería de la ONU. Que estos adoradores del demonio y de su estrella de seis puntas (qué casualidad: la sexta también es algo del seis) no dan puntada sin hilo y la pela es la pela para el lobby yanqui por antonomasia, dueño y señor de Manhattan. Estos encuentros nunca son gratuitos; ellos saben bien por qué, aunque sea en el plano propagandístico.
Respecto a la envidia, más bien creo que es al revés de lo que decía el anónimo: los envidiosos son los que no se jartan de robar. O de practicar usura judía.
Un abrazo, amigo.
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