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sábado, 1 de febrero de 2014

De Hannah Montana a Miley Cyrus, el Reinado de la Mugre

     



   Las tan estúpidas como premeditadas “provocaciones”, ese surtido de bobas y continuadas obscenidades que la tal Miley Circus, en la cima del éxito planetario ella, despacha a los “media” y a las redes “sociales”, y que estos con íntima fruición urbi et orbe le repiquetean, son sólo otro ejemplo clamoroso más de lo que este bloguero de la nada ha dado en llamar –con nula acogida, está claro- el Reinado de la Mugre, como fórmula que mejor defina el espíritu –la negación del mismo más bien- de estos tiempos malhadados.
     
   El Reinado de la Mugre consiste sobre todo en la autosatisfecha celebración global del mal gusto, en el masivo regodeo en los más bajos instintos de la clientela, es decir, en la planetaria eucaristía de los sucedáneos propios, apenas a un paso de los originales, del porno, del satanismo y de la abyección moral, mucho más fáciles al parecer de colocar estos “productos” entre las orgullosísimas masas de las Sociedades de la Telebasura.  Si Lenin definía el comunismo como electricidad más soviets, definiré yo la Mugre como burricie más molicie, qué pasa.
     
   Así, que si Miley Cyrus se nos muestra un día medio en cueros y desmadrada, o morreándose a lo bruto con otra tía, o fumado porros “colocada” en plena gala, sacándonos la lengua en las poses no se sabe si más lúbricas que horripilantes, o pidiéndose pista con escandalosas declaraciones (“soy una zorra y eso me gusta”, “me ofrezco como mentora sexual de Justin Bieber”), en fin, revolcándose encantada en los lodos de una estética videoclipera paraviolenta, psicotrópica y feísimamente escabrosa.

   Ella misma reconoce luego que es todo calculadísima estrategia comercial. ¡Eso es lo que ahora triunfa! La seducción del Mal, sí, pero sin estilización alguna, seducción del Mal fatal, ahora. Y molesta mucho más en ella si cabe -y a la vez es una de las mejores pruebas de cargo de la regresión cultural denunciada-  por proceder de dónde procede. Todo lo que en la adolescente Hannah Montana resultaba ingenioso, irónico, inteligente, adorable, creativo, lleno de gracia, de forma funesta –en penosa regresión, en inversa metamorfosis la bella mariposa ha devenido horrible capullo-  se ha trocado en la modernísima Miley Cyrus: vulgarota a más no poder, previsible, soez, gansa y ordinaria hasta decir basta.

    (Y MAÑANA, lector, "Los presocráticos en el Antro")

1 comentario:

Uge dijo...

En tu magnífico comentario, José Antonio, sólo hecho de menos una palabra: estereotipo. Porque encima está chica, que no carece de talento aunque se empeñe en ocultarlo, no es en absoluto original.