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viernes, 23 de mayo de 2014

La carrera de político

     


   Desde siempre, cuando de jóvenes blandíamos a los cuatro vientos nuestros más locos sueños profesionales, el recto juicio de nuestros padres, prudentes y sabios ellos pese a no tener la mayoría más formación que la del duro trabajo, con agudeza nos reconvenía: tú, acaba primero los estudios… y luego ya veremos. Se entendía con ello que la finalización de una carrera universitaria era el marchamo indubitable, la garantía y el aval incontestables que te abrían de par en par la oportunidad para alcanzar superiores puestos en la sociedad a los que por tu origen social te correspondían. 
    
   Era eso antes, porque lo que a menudo observamos hoy –al menos en los señeros puestos de la Política, desde cuyo ámbito decisivo debe ordenarse el mejor funcionamiento de la sociedad- son los casos frecuentes de destacados líderes… que apenas picotearon, abandonándolas, las carreras universitarias que un buen día emprendieron. No sé, a vuelapluma te digo: Elena Valenciano, José Blanco, Patxi López, Moreno Bonilla, la misma Susana Díaz, a la que llevaron diez años el acabar su Derecho.
     
   ¿Porque no eran ellos capaces de terminarlas? No lo creo. Al menos las de Letras, si insistes, las acaba aquí hasta el Tato más zote. Más bien porque todos ellos a la perfección se “olieron” que los títulos y méritos en abstracto en España, país tribal, valen nada, que las oficiales licenciaturas y las notas buenas valen cero, y que en cambio lo definitivo es aquí el medro en los contactos personales, el tener suerte en las relaciones, la busca sin tregua del benemérito Padrino que –Leguina dixit- te bautice y te introduzca en el mundo, junto con el aprendizaje y el entrenamiento profesionales, eso sí,  en las argucias y en las astucias propias de la carrera… de la picaresca, que es la real disciplina que aquí más cuenta. Por eso mismo ellos todos a la postre, de Política, es que se las saben todas.

   
   Y por esas mismas malas artes, Valenciano, que falsificó ante las instituciones europeas unos Títulos académicos que no poseía, quiere, pero que muy farruca, pasarle por los lomos examen de machismo a Cañete, teniendo a su vera ella al Homo Eguiguren. Examen de machismo-leninismo, sí. 




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

1 comentario:

bucan osez dijo...

España ha vuelto a ser un país de pícaros. Entre los políticos abunda la osadía de la ignorancia y de la mentira, como ese caso que cuentas de Elena Valenciano que colocó en su curriculum dos títulos a falta de uno, ambos falsos. Después lo quitó, cuando se descubrió y no pasa nada. O sea, es una mentirosa pero da igual. Y dijo que se podía ser político sin tener estudios y que ella lo hacía lo mejor que sabía.

Aquí se ignora que a la política hay que llegar aprendidos, como a los mandos de un avión, un barco o un tren.

Lo de Patxi López también fue de película de humor. Decía que era ingeniero y no había pasado del primer curso.

El problema está en los partidos políticos, donde los incompetentes se han hecho con el mando. Y lógicamente prosperan los más pícaros. Pobre país. Porque el socialismo, el comunismo y el nacionalismo está lleno de indocumentados y en conjunto son los más votados.