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domingo, 25 de mayo de 2014

¡... Y Sergio Ramos arponeó a Moby Dick (la Décima)!

   


     Llamadle Sergio. Faltaba apenas un suspiro y otra vez parecía irse todo al traste. La gran Ballena Blanca (la Décima), tras cobrarse su no por habitual menos dramático tributo en vidas y bienes de nuevo entre las manos se les escapaba. La Décima, la gran Ballena Blanca, el símbolo del Absoluto, la cuadratura del círculo, algo así como la consumación de los Tiempos alrededor del doble y redondo dígito de la Perfección, cuya épica persecución y alcance, por lo temerario y arduo de la empresa, había devenido maníaca obsesión para aquella soberbia escuadra. Y es que delante de las narices anoche se les esfumaba.
     
   ¡Cuántas tripulaciones blancas no había destrozado con sus bárbaros coletazos Moby Dick, símbolo máximo también del Infortunio! ¡Cuántos intrépidos y afamados capitanes, de todos los rincones del orbe contratados, –Luxemburgos, Pellegrinis, Mous- no habían perdido la cordura, y hasta la compostura, tras su ansiosa busca. Para el mismo gran armador, Florentino Pérez, muerta hace bien poco su esposa, era éste acaso el último asalto en pos de la Bestia, tras el que, de perderlo, aguardara sólo hacia el fondo del mar desaparecer.
   
   La tenían ahí, aunque para llegar al postrero combate, muy valiosos marineros de la nómina viéronse inutilizados (Xavi Alonso, Pepe) y otros tantos seriamente disminuidos (Ronaldo, Benzemá, Bale). En el brutal cuerpo a cuerpo del enfrentamiento final, incluso el santo Iker había visto su prestigio arrumbado y por los suelos ante una cruel sacudida del Gran Cétaceo. Faltaba, ya digo, un suspiro y de nuevo a aquella esforzada tripulación –como en la obra de Melville, de las más diversas procedencias, representación también de la conjunta Humanidad-  ante el gran Pez sonreíales sólo la amarga Derrota.

     
   Llamadle Sergio, sí, Sergio Ramos, porque en ese instante compareció el Héroe. Monumental marinero, un Rodrigo de Triana que avistara luces nuevas –su tez curtida, a pesar de su juventud, en miles de mares y de soles infernales, sortijas y dijes bucaneros en la oreja y sobre el pelaje macarra, el azul de tatuajes bucaneros en la piel, lobo de mar con todos los galones al cabo- se alzó contra la luz cegadora de las fauces de la Bestia, y sobre el ultimísimo resquicio de la Batalla, se elevó, se elevó y se elevó por encima de todo y de todos para de un certero arponazo matar a Moby Dick, acarrear sus entrañas y alcanzar para todos la Gloria.  ¡La Décima, la Décima, la Décima! Llamadle Sergio.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

3 comentarios:

Luisa dijo...

Gracias por tu texto. Los madridistas que hemos tenido que soportar los comentarios como os han regalado la Décima, no la merecíais....lo agradecemos. Saludos.

Don dijo...

Es maravilloso ver como de un evento deportivo escribe usted una pequeña joya literaria.
Un saludo, don José Antonio, y suerte con su libro.

José Antonio del Pozo dijo...

-Luisa: gracias a usted, mis saludos
-Don: muchas gracias, ¿mi libro? no pesca apenas nada el pobre. ¿Y si se anima y me lo pide? Un abrazo