Páginas vistas en total

lunes, 9 de febrero de 2015

Una rubia y yo en el Antro. EL DESENLACE

    
    
   La cuestión es que, por una vez, tras un lingotazo potente al gin tonic, me decidí a abordar a la rubita. El telón de fondo era, claro, la carnavalada habitual del Antro, ese dantesco coro de danzantes, más transparentes en su desgana bailonga que de costumbre tras los empachos navideños. Digo rubita no por joven, más bien porque era ella bajita como yo. Iba ataviada con camisa y falda corta verdes pippermint… y bueno, no estaba mal. Tampoco, entiéndeme, es que se tratara de una mujer de Topmodélica belleza; en ese caso,  de qué iba a andar yo tratando de enhebrarme con ella.
      
   Así es que, después del lingotazo, la encaré. Hola… qué tal… Se puso ella sobre la cara una discreta sonrisa de repertorio. Sus ojos, ooooh… eran también de un verde pippermint. Que digo que… cómo ves tú el panorama... a duras penas articulé, sin duda intimidado por tanto pippermint allí derramado sobre mi grisácea timidez. Giró ella durante un instante –que fue regio para mí- el desnudo cuello hacia la pista del Antro. Bueno… la gente tiene ganas de marcha, ¿no?, me dijo, llevándose a la vez el dedo a la punta de la nariz. Amagó ella un pasito lateral que yo ignoré.

     
   Me refiero… -y aquí ejecuté yo una briosa cabriola simbólica en la charla con la que calculé que deslumbraría a la rubita tanto como a mí su pippermint- … a si no crees tú que estamos viviendo unos tiempos históricos muy delicados, desastrosos, atravesados de peligros y dramas, no sé, piensa, la pavorosa crisis económica, la corrupción, la violencia latente, las amenazas de las ideologías extremas, la guerra en Ucrania… ¿no te recuerda un poco todo al terrible tiempo de entreguerras del siglo XX, cuyo desastre sumió en el suicidio colectivo a los pueblos europeos… uff, paré un poco la bola del speech para mirar el efecto del mismo sobre la rubita, pero ella seguía como petrificada en su sonrisa de repertorio, así es que, aunque pululaba y se paraba gente a nuestro alrededor puede que haciendo muecas, yo leí su sonrisa gioconda como olímpico semáforo-en-verde… verde pippermint, oh, sí, y ya es que del todo me embalé… Y por eso ahora más que nunca es imprescindible que los ciudadanos no escuchemos los cantos de sirena que nos ofrecen las ideologías más exaltadas y radicales, que so capa de idílicas revoluciones sólo traerán mugre, violencia y miseria, sí, que los ciudadanos recobremos la mesura, y no digamos ya la responsabilidad que ahora recae sobre los intelectuales y tal, que recuerden al menos ellos la Historia, que no hagan como los Gide y Aragon de un lado, y los Heidegger y los Celine del otro, tontos útiles, tan listos ellos, de los fanáticos, que quedaron prendados y loaron ellos, ¡ellos!, las ideologías más fanáticas y destructoras de la Historia que ahora renovadas vuelven, en fin, que por eso hemos de mirar bien atentos lo que ocurre, mirarlo todo con ojos… hum, qué ojos más relindos tenía la rubita, sólo que en ese momento, alguien me tocó en el brazo izquierdo y le tuve que atender, que era uno de esos típicos graciosetes que jamás te saludan, pero que ahora, te ven de cháchara con una mujer apetecible y se hacen los coleguis de toda la vida para arrimarse al evento y eso, e interponiéndome entre la rubia y él, con gestos del cuerpo y monosílabos cortantes le hice entender que lo que sobre todo yo quería es-que-se-fuese-él-pero-ya-mismo-a-tomar-por-donde-amargan-los-pepinos-imbécil-del-carajo y el tipo, aunque me sacaba la cabeza, oyes, debió a la perfección comprenderme, pues me dijo okey-okey y se largó, y a mí mismo mentalmente me felicité, reseteé en el cerebro mi sincero discurso de el-mundo-está-en-peligro para seguir encasquetándoselo, con intenciones enhebradoras, lo reconozco, a la rubita pippermint, sus ojos, ah, sus ojos verdes, así es que me giré hacia ella… y resultó… que allí mismo seguía ella… pero… maldición de maldiciones… ¡estaba morreándose de lo lindo ya! con un jovenzuelo guaperas de tres al cuarto que debía andar al acecho,  que incluso podía oir yo el chapotear de lenguas y labios marinados en sus salivas, y lo único que entonces a mí se me escapó fue… ohy luego …¡ay!... , y abandoné de inmediato el Antro, claro, alma que llevara satanás, casi dispuesto a hacerme yihadista y tal, la rubita, la rubita pippermint, oui.



ESTO ESCRIBIÓ UN PROFESOR DE LITERATURA SOBRE "LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS":

Es una pena que autores que merecen la pena, escriben bien, y tienen cosas que decir no entren en el circuito de las editoriales, en un país en el que hasta el concejal de festejos del pueblo más recóndito de la meseta consigue que le publiquen y distribuyan un libro. No sé si me explico. Pero las cosas están así, y sospecho que manuscritos de calidad que muchos querríamos leer están durmiendo en los cajones o los discos duros de sus anónimos autores.
            
   Por eso me llamó la atención la propuesta de José Antonio del Pozo, y decidí comprarle un ejemplar y leerlo con fruición. La verdad es que he disfrutado mucho. Una redacción clara, sin ínfulas, pese al título, que desgrana historias en las que muchos nos veremos identificados. A mí me gustaron especialmente varias historias. La primera, titulada “Triste de mí” en la que el protagonista, presa de un ataque de celos y despecho, ingiere litros de agua del grifo en Egipto con el consiguiente resultado intestinal. Fueron mis primeras carcajadas, y me dieron a entender que el libro que tenía entre las manos merecía la pena. O la aventura en Mari Gloria peluquería Unisex, que, como reza el autor “Ya empezamos mal”. O la locura adolescente de la Chica Rubia de Celeste Diadema, que como siempre prefiere al deportista malote antes que al insignificante empollón. Historias de sexo escondido, con la tía política insatisfecha, con la china que pide dinero en el metro mientras interpreta música, con la gordita que resulta ser deficiente y te cuesta una soberana paliza, o con la vecina de dulce olor, con la camarera... La graciosísima historia de Justus, que se embarca en una cruzada evangelizadora por puro deseo. Al final se queda con la chica y aparcan ambos la fe. En fin, historias con las que sentirse identificado, en un Madrid de todos, con paisajes variables pero no cambiantes, y que se van graduando con maestría: cada vez un poco menos hilarantes, cada vez un poco más oscuras, cada vez más reflexivas. Pero sin perder el sentido del humor, del pobre triunfador del karaoke que se ve perseguido por dos polacos calle abajo hasta terminar desplumado, literalmente, y con el culo al aire en una mañana gélida.
          
   Es un libro que hay que leer. Si tienes cuarenta, si los has tenido, y si pretendes tenerlos. Vas a disfrutar mucho con las historias porque debajo del surrealismo subyacen realidades con las que te vas a sentir muy identificado. Altamente recomendable, no debes dejar de leer “Las Historias de un bobo con ínfulas, que no son más que las vivencias ocurridas o no de un tío muy inteligente.

No hay comentarios: